QUÉ LE VA PASANDO AL ALMA DE MI MENTE CUANDO VA LLEGANDO LA MINORÍA ABSOLUTA CRECIENTE DE MIS NEURONAS. Parte 3

El alma ya se ha razonado que está en el cerebro. ¿Cómo se siente el alma entre neuronas?

Ya hemos visto que el cerebro es física y química, y las consecuencias de esos procesos físico-químicos son las ideas. Entre estas ideas, surge siempre con fuerza una pregunta  entre los seres humanos que es:  ¿hay y se mantiene algo “vivo” después de la muerte? El hombre está dispuesto a admitir el carácter inevitable de la muerte, y tiene asumido  que sus átomos físicos mueran, pero no quiere admitir que todo concluya ahí: ¿el yo/alma/mente/espíritu es también componente cerebral? ¿Es también material físico o químico? ¿El yo puede desaparecer del cerebro?

Desde la época de Willis hasta nuestros días, los conceptos mente, cerebro  y alma  han cambiado mucho y se ha avanzado muchísimo en los estudios anatómicos, neurológicos y fisiológicos. En aquella época, prácticamente no había métodos de localización cerebral y todo lo que se podía hacer era postular hipótesis. En la actualidad se van localizando áreas cerebrales con funciones precisas y con muchísima exactitud, utilizando fundamentalmente métodos de estimulación eléctrica -y en algunos casos, magnética- para identificar áreas cerebrales concretas…Se pueden observar los cambios cerebrales y su impacto en el comportamiento o en el yo.

Es decir, puede apreciarse cuando se observan las  dolencias cerebrales degenerativas, que el yo cambia…¿Es que puede cambiar el alma? Una persona puede transformarse completamente si sufre una demencia senil o Alzheimer, pudiendo no parecer la misma persona ni pudiendo a veces apenas  recordar su yo anterior. De hecho, se pueden  observar cambios físicos en el cerebro de estas personas, que a su vez han cambiado sus comportamientos..

El «yo » es un concepto muy importante en nuestra cultura y la simple idea de que el yo pueda desaparecer causa auténticas desazones. Nuestra idea del yo es mucho más profunda que el simple reconocimiento de uno mismo. ¿A qué categoría pertenece la idea del yo? ¿Es simplemente una convicción que hemos generado? ¿Es una idea imaginativa que supone que hay algo más que redes neuronales y neurotransmisores? ¿Cómo surgió esta idea del yo?

El cerebro actúa de un modo distinto al habitual cuando pensamos en nosotros mismos. Se ha estudiado desde una perspectiva neurológica, a través de gammagrafías cerebrales y hay ciertas regiones cerebrales que parecen coordinar un tipo especial de pensamiento al pensar en nosotros .

Puede ser que el yo sea la manera especial que tiene el cerebro de identificar todo lo que tiene que ver con nosotros mismos. El yo puede entenderse como un proceso o una organización cerebral. Al menos, así es como los científicos empiezan a considerarlo, y cuando se altera esta organización o proceso, empiezan los problemas del yo. Es entonces cuando la persona ya no se parece a lo que era, porque no puede retomar su memoria autobiográfica. Simplemente, la persona no recuerda quién es. Quizá la manera de regular las emociones al pensar en uno mismo, también cambie y  por tanto emocionalmente se parezca o sea ya otro ser. En cualquier caso y como sugirió Einstein, la conciencia y el cerebro siguen siendo el gran misterio de la Humanidad.

Los neurólogos se enfrentan a la  paradoja de tener que estudiar el cerebro, analizarlo y comprenderlo, a través de su propio cerebro. La herramienta de análisis es al mismo tiempo el objeto de lo que se analiza. Quizá por ello se  haya comenzado la  tarea de sistematizar el estudio aplicando métodos científicos.

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El cerebro es capaz  de crear una máquina que lo  supere ya que parece que la inteligencia artificial tiene ganada la batalla al intelecto en aspectos tales como razonamiento lógico, cálculo e incluso la capacidad de aprender de experiencias del pasado y poder anticipar sucesos futuros. Algunos científicos opinan que en algún momento, estos cerebros artificiales, podrán ayudarnos a conocer como funciona nuestra propia inteligencia, nuestro yo y claro entonces, el comportamiento del alma.

¿Quizá sea posible, en un futuro próximo, mantener alguna de las potencias del alma con cerebros artificiales? Para nuestra memoria, el mantenimiento de nuestra voluntad, e incluso el entendimiento tendríamos nuestra cloud privada conectada al cerebro. También sin duda, será posible razonar en nuestra parcela artificial hasta ciertos límites. De lo que sí existen dudas es de la posibilidad del funcionamiento artificial  de la conciencia, pero todo podrá llegar.

Sin duda, la principal capacidad del cerebro es la de razonar, analizar y extraer conclusiones, lo que permite alterar nuestra conducta en el futuro y comprender la pasada. Sin embargo, los científicos han  demostrado de «aquella manera», que ni el pensamiento  racional está exento de un cierto nivel intuitivo, ni el pensamiento pasional  esté exento de nivel de raciocinio .

Es decir, los elementos que influyen a la hora de adoptar un juicio son diversos, debiendo el cerebro actuar como aglutinante de todos ellos,  llevando a cabo  una decisión. Se  ha demostrado que las decisiones intuitivas, inmediatas, resultan en muchas ocasiones más acertadas que aquéllas que surgen fruto de la reflexión. La explicación está en una serie de pautas y patrones cognitivos fruto de nuestra experiencia cotidiana que nos ahorran multitud de procesos reflexivos. Como input para el error es que estas decisiones intuitivas puedan aferrarse a errores pasados y supongan la base de muchos de nuestros prejuicios.

También ya es conocida la capacidad del cerebro para engañarse. El cerebro no refleja la realidad tal y como es, sino que se articula en función de conocimientos previos, y vivencias, de manera que la visión que nos ofrezca sea razonable, aunque no necesariamente verdadera. Es decir, el cerebro no necesita la verdad, sino su verdad. Así ocurre especialmente en el caso de los recuerdos, cuya fiabilidad no es excesiva, y cada cual recuerda lo que quiere y como quiere, pero también ocurre con la interpretación de imágenes confusas, de hechos y actitudes. En definitiva, el cerebro crea su propio mundo y actúa en función de esa imagen.

Sin embargo a veces , las alteraciones del cerebro pueden ser voluntarias: hablamos de la posibilidad de que terceras personas puedan condicionar nuestra forma de pensar y de actuar. Pensemos en los “lavados de cerebro” de laboratorio -de efectos tremendos-, y aunque no fueran con elementos físicos o químicos, y con efecto más limitado, lavados de cerebro light  de política, religión, deportes, música, moda…, parecen condicionar de tal modo a determinadas personas, que cualquier rastro de pensamiento individual está más allá de toda expectativa.

Cuando observamos a alguien que padece la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de daño cerebral, realmente puede verse cómo el yo de esa persona va desapareciendo o al menos modificándose: Se destruye o se modifica paulatinamente a medida que el cerebro se va destruyendo y que el yo, simplemente, se va deshaciendo como un azucarillo. Personas que parecen otras -mayor agresividad, ningún recuerdo vivido, desapego de los seres antaño queridos…-por su nuevo comportamiento y a veces pudieran parecer incluso hasta  nadie. Observando ese proceso, es cuando se podría pensar, que tras una  muerte repentina, el alma o el yo se vaya a otro lugar, como a través de una puerta.

Vamos perdiendo las potencias del alma cuando en el cerebro  van degenerando  las neuronas…nuestro yo se va deshaciendo parcialmente, y pudiera llegar un punto imposible de persona con vida y con su yo disuelto totalmente, sólo con el funcionamiento de su verdad -sólo suya-, sin memoria, ni entendimiento, ni voluntad. No se debe sufrir si llega el caso a nuestros seres queridos: ellos ya no son ellos. El yo de algunos de nuestros seres cercanos mayores y naturalmente el nuestro, debido a las degeneraciones neuronales, puede irse yendo poco a poco por el desagüe de lo aún desconocido.

Ahora entiendo como mi cerebro, y por consiguiente mi yo, evolucionan, iba a decir negativamente pero corregiré, hacia los valores que me van correspondiendo por la edad, con menores potencias en el alma que antaño: !menos memoria, la voluntad languideciendo y el entendimiento menos vivaz!