El equipo del Señor.

Haciendo el Camino de Santiago del Norte –costa-, y llegando a Villaviciosa, me recordó -no era necesario- algún amigo, el día 26 de mayo por whatsapp, con las bromas reglamentarias, que esa tarde se celebraba el transcendental encuentro que  daría el campeón de la Champion 2018. Así, a las 20,00 estaba ya sentado en un bar cercano a la pensión de pernocta, con cuarenta y cinco minutos de antelación para asegurar sitio, y con el e-book y un gin tonic para pasarlos.

Comenzó el partido tras un espectáculo que parecía el principal, y tras el pitido inicial, confieso que atravesé  un sinvivir durante los primeros treinta minutos, temiendo lo peor a cada instante, no pasando la cosa a mayores, gracias a las acertadas intervenciones del cancerbero Navas, aunque intuí la necesidad de ayuda divina para resolver la complicada situación, que se presentaba casi imposible.

Mi relativamente buena relación con el Señor esos días, me animó a pedirle ayuda, y desde el primer momento se me antojó como la más eficaz, la neutralización de Mohamed Salah: así que pensé inmediatamente en Sergio para llevar a cabo la operación, aunque en seguida reflexioné sobre las consecuencias rojas o amarillas que suelen conllevar sus acciones, y pedí la autolesión leve del marroquí que le impidiera continuar agobiando al equipo blanco que llevaba desde el comienzo del encuentro encerrado en su área; mi petición fue atendida con presteza en el minuto 25, con ligera intervención de Ramos, aunque sin castigo para el central.

Sustituido el delantero en el minuto 30 por Lallana, disminuyó la presión roja sobre el área madridista, pero nada parecía aclarar el panorama de los blancos que no se acercaban con claridad a la puerta contraria; Carvajal tuvo que ser sustituido por Nacho en el 32, con lo que se perdió un venablo por la derecha, especialista en asistencias en momentos difíciles del estilo Marcelo; reiteré mis peticiones al Señor, dibujando la posibilidad de algo de fortuna para los hasta entonces incapaces delanteros madridistas, o algún fallo clamoroso defensivo que permitiera abrir el marcador a favor del equipo español,  recibiendo un roger del Altísimo, terminando en empate la primera parte del choque.

Al empezar la segunda, insistí nuevamente en mis peticiones, quedando Isco sólo delante de Karius en el minuto 47, enviando la bola al larguero. ¡Dios! No me dio tiempo a terminar la exclamación, cuando Karius, elegante, sacó el balón en el minuto 50, rebotando en el pie de Benzemá y entrando en la meta de los reds (de otra forma hubiera sido imposible). ¡Gracias Señor!

                    

Pero poco duró la alegría. Cuatro minutos más tarde, la defensa blanca, haciendo gala de su malhacer de toda la temporada –parece un queso gruyère-, se comió un punterazo por velocidad de Mané, insuflando este gol mucho ánimo al equipo inglés, que de nuevo acorraló a los blancos.

El partido enloqueció, con ataques alternativos que proporcionaron alguna oportunidad a los dos equipos, siendo la más clara, la de Isco, cuyo remate fue detenido por Karius, y ahí Zidane, decidió cambiar al número 22 por Bale en el minuto 60.  Con la salida del expreso de Cardiff, el Madrid se animó ofensivamente, y tras una asistencia de Marcelo en el 66, Bale remató en inefable chilena que Karius admiró mientras entraba. ¡Qué se acabe ya Dios mío! O si eso no puede ser, otro empujoncito por favor. Fui respondido con otro roger algo más seco como “que te estás poniendo muy pesado”, pero pensé que aunque se molestara, valía la pena si hacía algo…

En esas cavilaciones estaba, cuando en el 70, tiró Mané al palo izquierdo de la meta defendida por Keylor. ¡Qué sin vivir! Se rehízo el equipo blanco y en el 81  Karius volvió a realizar otro paradón a Benzemá…Dos minutos más tarde, Bale desde 19 días y 500 noches, disparó, y el Señor tapó los ojos al meta de los reds.

Cristiano se subía por las paredes por no ser él el goleador y estrella del partido, así que en el minuto 93 cogió la bola, corrió, armó la pierna, y el Barça pagado por Florentino, interpuso un espontáneo en su camino hacia el gol, que le impidió tirar y marcar.

Tras finalizar el encuentro, cuando los madridistas saltaban de alegría y se abrazaban –menos Ronaldo-, el Señor me recriminó mi contumacia con una frase que me explicó todo y todas -las 13-: “no hace falta que seas tan pesado porqué YO SOY DEL MADRID, aunque desde hoy, comenzaremos a renovar completamente el equipo, que ya estoy  cansado de regar la flor del culo del mister…, quizá empezando por él…»