BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO: el Convento de los Capuchinos y el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Parte 2.

El convento de las Santas Justa y Rufina de Sevilla, conocido como convento de los capuchinos,  fue fundado en el siglo XVII, sobre la ermita de estas santas, en el lugar donde la tradición cuenta que se encontraban enterrados sus restos, terminando su construcción en 1630. El 24 de junio de 1703, el fraile Isidoro de Sevilla tuvo una visión de la Virgen vestida de pastora, la Divina Pastora, iniciando la devoción a esta Virgen, que se extendió por toda España, Italia y América. Los capuchinos pertenecían a la orden franciscana, como rama menor, existiendo en Sevilla en esa época siete conventos franciscanos, que con el de los capuchinos harían ocho. Tras iniciar la construcción de las dependencias conventuales, los frailes encargaron a Murillo 19 obras. A estas 19, se sumaría la Virgen con el Niño,  procedente del convento de los mercedarios calzados, y la Santa Faz que no figura como encargada por los capuchinos, pero si constó en su inventario a partir  de 1750, completando así 21 obras del artista en el mencionado convento..

Iglesia de los capuchinos hoy: están estudiando encargar copias de las obras que originalmente estuvieron allí, para darle el mismo aspecto que  tuvo en su día.

Los capuchinos por fuera, hoy.

Los capuchinos, imaginando el peligro que suponía para las obras de arte de su convento el mariscal Soult durante la invasión francesa de la ciudad, trasladaron todas las obras a Cádiz en barco, y posteriormente a Gibraltar, menos tres que fueron incautadas por el mariscal, llevadas al Real Alcázar –Museo Napoleónico– junto a otras 996 obras de arte más, en donde permanecieron durante la invasión. Tras la expulsión de los franceses –que devolvieron las tres obras incautadas-, las pinturas regresaron al convento, junto a los frailes, que volvieron a instalarse en el inmueble en 1813. En la ida y vuelta a Cádiz y Gibraltar, desaparecieron dos obras de las 21 de Murillo  -no sólo los franceses robaban-, San Miguel Arcángel y la Santa Faz. Al instalarse de nuevo en su convento en1813, comenzaron a proyectar ampliaciones que se llevaron a cabo con fondos del cabildo catedralicio, añadiendo dos capillas laterales. Para agradecer la ayuda económica, el convento donó a la Catedral el cuadro del Santo Ángel de la Guarda , quedando por tanto en los capuchinos sólo 17, ya que con El jubileo de la Porciúncula pagaron a Bejarano la restauración de las restantes-,  debiendo años más tarde abandonar el convento al aplicarse la desamortización del Ministro Mendizábal de 1835, usándose desde entonces la iglesia como capilla, y el convento para usos varios. Las obras de arte pasaron a manos del Estado, el cual las depositó en el  entonces recién fundado Museo de Bellas Artes de Sevilla, donde han permanecido hasta hoy. 

En 1894 el Ayuntamiento, devolvió el convento a los frailes capuchinos, que lo reconstruyeron, siendo sede de la hermandad de la Divina Pastora, pero ya sin las obras de arte.

Y volvamos a Murillo: entre 1665 y 1668, el artista ejecutó uno de los más importantes encargos de su carrera, el de los capuchinos, -ya venía el pintor acompañado de fama porque en 1644 había realizado obras muy importantes para el convento de san Francisco-, pintando para el convento e iglesia, los lienzos del Retablo Mayor, altares y retablos laterales de la Iglesia del convento, junto a otras pinturas destinadas a distintas dependencias con un total de 19 obras como se ha dicho ut supra.

Nueve cuadros integraron en su día el Retablo Mayor y todos volverían tras algunas aventuras a Sevilla, exceptuando El jubileo de la Porciúncula  y La Santa Faz que pasaron a manos privadas, pero han vuelto prestados para ser expuestos en esta conmemoración del nacimiento del artista. La posición de la Santa Faz  en el retablo original, fue encima de la Virgen de la Servilleta, debajo del Jubileo de la Porciúncula.

El jubileo de la Porciúncula, las Santas Justa y Rufina, San Leandro y San Buenaventura, San Antonio de Padua con el Niño, San Félix de Cantalicio con el Niño, San Juan Bautista en el desierto, San José y el Niño, la Virgen de la servilleta y la Santa Faz, fueron las nueve pinturas del retablo mayor. La Santa Faz  fue recortada y adaptada a un marco ovalado, ya que se sabe por un grabado fechado en 1792,  que originalmente fue rectangular y que Murillo había representado también el paño con dos nudos en los extremos superiores.

Distribución del Retablo Mayor en 1750: la Virgen de la Servilleta abajo y la Santa Faz encima y debajo del jubileo de la Porciúncula.

 

En la zona más próxima al retablo mayor, y al no tener esta iglesia nave transversal, se situaban otras cuatro obras: dos de gran formato que representaban el inicio y el fin de la vida de Cristo, La Anunciación y La Piedad, de formas y dimensiones diferentes el uno del otro –siendo gemelos-, justificado este extremo, por un corte sufrido en siglos pasados, debido probablemente al mal estado de la parte superior de la pintura. Los otros dos que se encontraban en la zona superior del presbiterio, eran San Miguel Arcángel y el Ángel de la Guarda. El primero estuvo perdido desde 1810, hasta que hace unos treinta años pasó a formar parte de un museo de Viena, que lo ha cedido a Sevilla para la ocasión. El segundo, que también ha sido cedido al museo para el evento, se puede encontrar habitualmente en la Catedral de Sevilla –es el que fue dado a la Catedral como agradecimiento por la ayuda financiera para la ampliación del convento capuchino-.

Murillo pintó seis cuadros de diversa temática para decorar las capillas secundarias de los capuchinos:

En la Nave del Evangelio –la de la izquierda si se miraba la iglesia desde la entrada- se encontraban tres lienzos de gran formato: San Antonio de Padua y el Niño,  La Concepción de Nuestra Señora con el Padre Eterno   y San Francisco abrazado con Cristo crucificado.

En la Nave de la Epístola –la de la derecha- otras tres obras de gran formato: La adoración de los pastores, San Félix de Cantalicio con el niño en brazos y Santo Tomás de Villanueva dando limosna a los pobres.

En el coro,  la segunda inmaculada de esta iglesia y la más notable, a pesar de ser comparada con La Colosal: La Inmaculada Niña o del Coro. Algunos expertos dicen que la cara de esta inmaculada es la de la hija del artista,  que ingresó en un convento.

Las 17 obras de Murillo que quedaron cuando la desamortización, pasaron al Museo de Bellas Artes de Sevilla, que se encuentra a tres calles del Guadalquivir, y pegado a la calle Alfonso XII, en la Plaza del Museo, en donde en 1248, tras la conquista de Sevilla por Fernando III El Santo, se levantó un edificio de estilo mudéjar, fundado por San Pedro Nolasco, para ser  convento propiedad de  los  hermanos mercedarios de la Merced Calzada. En el siglo XVII, se derribó, construyendo un nuevo templo en nueve años y el resto del edificio en siglo y medio, siguiendo el diseño del tracista Juan Oviedo y de Lavandera. El conjunto está articulado en torno al templo: tres hermosos patios/claustros y una gran escalera,  constituyen esta bella muestra del manierismo andaluz de dos plantas. El edificio, fue fundado como Museo de Pinturas en 1835 y abrió sus puertas al público con obras procedentes de conventos y monasterios desamortizados, en 1841. El Museo es contemplado por Murillo, desde una escultura en bronce, en el centro de la plaza, que de él realizó el madrileño Sabino de Medina en 1864.

Antigua capilla del convento de la Merced. Hasta 2026, en lugar de la Inmaculada Colosal que se ve al fondo, estará el Jubileo de la Porciúncula.

Este magnífico Museo de Bellas Artes –el segundo de España por su importancia-, que forma la parte más sustancial del itinerario sobre Murillo en Sevilla, tiene como tema principal de su discurso museográfico, la pintura sevillana del siglo XVII, aunque el conjunto aglutina obras procedentes de las desamortizaciones –sobre todo-, colecciones particulares formadas en los siglos XIX y XX y luego donadas, y adquisiciones de las administraciones públicas.

Y volviendo al artista, se puede decir que lo principal de su obra está en este museo, expuesto en la planta baja, en lo que fue el templo –antigua Iglesia del convento de la Merced-, dedicado completamente a Murillo y a la Escuela Sevillana del Barroco, existiendo en la segunda planta, una sala menor -número 7-, dedicada a Murillo y sus discípulos. Una parte del conjunto actual de las obras de Murillo en la sala principal, ha sido denominada Murillo y los capuchinos, aunque hay otras obras de rango universal llegadas de otros lugares -se irá viendo-, cómo La Inmaculada ,“La Colosal”, procedente del convento de San Francisco.

To be continued in part 3.