Mis deidades veraniegas: Tanit y Patricia. Parte 1.

Nuestros anhelos amorosos se desbocaban cada noche hasta la extenuación, sintiendo que la vida se nos iba, regresando con una nueva caricia, volando al fin hacia un sueño que llegaba sin darnos cuenta, y que recibíamos cubriéndonos con una fina sábana hecha de sentimientos imposibles de tejer con palabras. Éramos como las olas del mar, que cuando llegan a la orilla parece que lo van a abandonar, pero luego siempre vuelven y son recogidas, aunque sin regularidad ni puntualidad, y de forma desordenada.

Me desperté a hora temprana, como viene siendo habitual en mí a estas alturas de la vida, abrazado a ti, en nuestra cama del hotel Al Mandari de Tetuán, en donde nos alojamos en nuestro viaje para visitar Río Martil, procurando no removerme, ni hacer ruido, para que pudieras continuar durmiendo, y yo poder seguir observando tu cuerpo desnudo libremente. El talle estrecho, tus pechos pequeños y erguidos de adolescente, tus largas piernas y tu piel brillante, inmarcesibles, pensando que me faltaría el aire cuando no te tuviera, doliéndome las manos al contenerlas para no acariciarte y perturbar tu sueño y provocar de este modo el fin de mi grata contemplación, que me hacía sentir constantemente ganas de tenerte de nuevo.

Acariciaba la piel de tu vientre con suavidad, mientras observaba las imperceptibles arrugas que la vida había ido dibujando allí donde terminan los ojos, que te proporcionaban una belleza singular, que me emocionaba, al combinarla con el constante dibujo de la sonrisa que siempre tienes en tu boca, hasta dormida.

Aunque ya lo dijo Ptahotep  hace más de 4.000 años (siglo XXIV a.C. Ptah está en plenitud-, escriba y chatyvisir- del faraón Dyedkara-Isesi de la V dinastía),  en sus Máximas: la vejez es mala para casi todo, excepto para las cualidades humanas que más necesitan de la reflexión y de la serenidad; y yo creo, que debemos intentar adornar la nuestra, para intentar minimizar esa maldad, con la mayor clarividencia posible, que nos irá proveyendo de lo necesario, para que con seguridad, podamos conducir estas últimas etapas de la vida del modo mejor, incluso en lo que pudiera parecer difícil.

Al cabo, comenzaste a estirarte y bostezar, atrayéndome hacia ti, haciéndome sentir con tus labios y tu cuerpo tu deseo, que me llevó nuevamente al cielo, a lomos de un viento exento de egoísmo y lleno de amor, para entregarme a ti como el más devoto de tus idólatras.

Después, decidimos levantarnos y desayunar en la habitación, y yo que hace tiempo he dejado los despertares rápidos y tempranos, los de lazada de cordones apresurados, y salida casi en pijama y despendolado para llegar con puntualidad al trabajo, sin besos de despedida, ni tiempo para el recuerdo de la última noche, lo hice remoloneando y abrazándote por la habitación, hasta la llegada del desayuno.

Tras estar listos con ropa ligera, gafas de sol y prenda de cabeza, pedimos un coche con chófer para trasladarnos a Martil, a donde volveríamos al día siguiente, para ver el amanecer en su playa.

Martil es conocida básicamente por ser la playa de Tetuán. Es una ciudad situada en la desembocadura del río del mismo nombre, en una amplia playa que va desde cabo Negro al norte, hasta Azla, cerca del cabo Nazari, al sur. Está incluida en una nueva provincia junto a las ciudades de Fnideq y Mediq.

Situada a unos 40 kilómetros al sur de Ceuta y a 10 Km. al nordeste de Tetuán y a la misma distancia al sur de Mdiq, se llega por la carretera de Ceuta-Tetuán, tras tomar un desvío en el cruce de cabo Negro, o directamente desde esta última, por la carretera de Tetuán-Martil.

En la antigüedad el río Martil fue navegable hasta Tamuda, una ciudad romana frente a Tetuán; el asentamiento de Martil fue destruido en el siglo XV y refundado por Alí al Mandari gobernador de la ciudad marroquí de Tetuán y previamente jefe militar de Granada, muerto en la primera mitad del siglo XVI-, convirtiéndose en el puerto comercial y militar de Tetuán y único puerto de cierta importancia de Marruecos en el Mediterráneo, con actividad comercial, y base de las diferentes flotas corsarias entre los siglos XVI y XVIII.

Con la apertura del puerto de Tánger, disminuyó su actividad como puerto comercial, comenzando a ser lugar de descanso y solaz de los tetuanís y puerto pesquero. La actual ciudad de Martil fue fundada en el año 1914, tras la constitución del Protectorado español en 1913, y construida por ingenieros militares españoles.

Tras la independencia de Marruecos el crecimiento fue notable, contando en la actualidad con alrededor de 70.000 habitantes. Hoy, Martil es administrativamente una comuna urbana perteneciente a la provincia de Tetuán, rodeada por las comunas rurales de Mallalien al norte, Tetuán Sidi Al Mandri al oeste y Azla al sur.

Recordé mi viaje del año 1967, y por mucho esfuerzo que hice para recordar aquellos parajes vacíos, pude sentir que el turismo había llegado a la zona con el viento del desarrollo de las últimas décadas, habiéndose producido un crecimiento espectacular y probablemente -por el aspecto- desordenado, y es que en estos últimos años, las inversiones en turismo han aumentado de forma exponencial, realizándose importantes promociones inmobiliarias para el desarrollo turístico.

La playa -que da al Mediterráneo-,  es de arena fina y blanca, y en la zona al norte de la desembocadura del río Martil, llamada Beni Zalem, proliferan las urbanizaciones, hay campos de golf, campings, etc…, y es en donde se encuentran las mejores zonas de baño. El río Martil desemboca en la zona sur de la ciudad, llamada Beni Maden, que es pantanosa, siendo las playas de esta área de peor calidad.

Visitamos la zona de Beni Zalem y sus playas, surgiéndonos la duda de si volver a dormir a Tetuán, o comprar un kit de reposición de ropa y limpieza de dientes, y quedarnos a dormir en Martil, ya que planeábamos estar en la playa no después de las 05,30, porque amanecía a las 06,14.

Buscamos alojamiento y una vez conseguido, despedimos al conductor, dándole instrucciones para recogernos a las 09,30 del día siguiente.

En el hotel, pedimos información sobre qué lugares eran interesantes para visitar, para las cuestiones logísticas de comer –pescado-, tomar algo y poder descansar a lo largo del día.

Iniciamos la visita turística por El Fuerte Martil, torreón artillado de estilo marroquí, sin puertas, en el que sólo se puede entrar por alguna ventana con escala; lo coronan varios pequeños torreones, y en sus alrededores se han construido algunos edificios que restan vistosidad al monumento. El Fuerte sirvió para proteger y controlar la entrada al río Martil, siendo tomado por fuerzas españolas en la GUERRA DE ÁFRICA en  1859/1860.

A continuación, nos dirigimos a la iglesia católica de Nuestra Señora de la Concepción, de estilo barroco hispanoamericano con una hermosa cúpula central, convertida en biblioteca universitaria y centro cultural. Frente a ella hay una plaza de estilo andaluz rodeada de casas blancas, bancos, jardines y un bonito empedrado, a semejanza de los pueblos costeros andaluces. Junto a la iglesia está el Centro Cultural Lerchundi, obra cultural de la Iglesia católica en Marruecos.

Con un calor más que bastante, decidimos refugiarnos en algún sitio para tomar unas cervezas bien frías que pudiéramos enlazar con una comida ligera a base de pescado, por lo que siguiendo las indicaciones del hotel, nos dirigimos al Restaurant Achourafae, en donde ya nos habían realizado la reserva. Tras una buena, escueta y limpia comida, tuvimos que vencer nuestra pereza, haciendo gala de una diligencia simpar, para continuar la visita turística.

Visitamos sin minuciosidad el barrio español -bastante deteriorado-, en donde quedan restos de casas españolas de estilo andaluz, con una calle peatonal y una gran plaza circular. Nos llamó la atención, la gran cantidad de gente joven con pinta aceptable -para nuestros cánones-, que hablaban árabe y se desenvolvían como nativos, hasta que nos enteramos de que Martil, es una ciudad en cuyas proximidades se encuentra la sede de la Universidad Abd al-Malik al-Saadi, de letras y ciencias humanísticas, y una facultad de derecho que se inauguró en los primeros años del siglo XXI.

Paseando por la calle Mohamed V, peatonal y zona comercial por excelencia, decidimos coger un taxi para ir a Cabo Negro, la zona turística más conocida de la comarca, subiendo hacia el norte en dirección a Ceuta unos 10 kms. Las urbanizaciones desde Martil se suceden sin solución de continuidad frente al mar, rematando en una de lujo, junto a Cabo Negro, con una paradisíaca playa y un bonito campo de golf, que nos proporcionó algunos momentos de risas felices, al recordar cuando nos conocimos en un campo de prácticas, mandando juntos la bola a las nubes…

To be continued  in part 2.