UTOPÍA POLÍTICA Y SOCIAL en las Edades Antigua y Media. Parte 1.

Dedicado a mi buen amigo CMPV deseando su total restablecimiento.

De modo coloquial, utopía, es algo deseable pero inalcanzable, algo que está más allá de nuestras posibilidades presentes y futuras –si no dejaría de serlo-, tanto en el plano de los anhelos personales, como en los que afecten a un conjunto social.

La palabra utopía –de origen griego “ou”=no, “topos”=ciudad y con el sufijo ία  usado para formar abstractos femeninos de cualidad-, significa literalmente «no-lugar”. Parece ser un neologismo usado por primera vez por Tomás Moro en su obra De Optimo Rëpüblicae Statu déque Nova Insula Utopia, en la que Utopía  fue el nombre dado a una isla ficticia y a la comunidad que la habitaba, cuya organización política, económica y cultural perfectas, contrastaba con la sociedad inglesa de la época.

El ser utilizada la palabra en su creación como algo que no era real, ni llegaría a serlo, pudiera explicar la connotación negativa que acompaña el uso secular de esta palabra. Contra una propuesta, y al ser contestada como utópica, es probablemente el eufemismo utilizado para descalificar la misma, no debiendo ser así.

El recurso de la utopía ha sido una constante en la historia de la humanidad, ya que ir construyendo el devenir de la existencia de la misma para poder sobrevivir, ha llevado siempre a una elección entre diferentes posibilidades, y al existir éstas, existe la libertad, y por tanto puede haber espacio para la utopía.

La utopía se puede originar en la insatisfacción con lo existente, siendo un motor de transformación, aunque nunca se llegue a alcanzar. Todas las actividades del hombre, traslucen un fondo utópico de actualización de su potencialidad, en las que se apunta a lo que se puede llegar y no se llega, impulsándonos casi siempre hacia ese horizonte imposible, que en caso de alcanzarlo, dejaría de ser utópico.

Las utopías se entienden como proyectos de modificación importante de un determinado orden o modus operandi o vivendi establecido, siendo por tanto revolucionarias, apareciendo generalmente en momentos de crisis de las tradiciones, de los sistemas, de los procedimientos, de las ideologías o del orden social existente, buscando lograr soluciones a los problemas.

En el orden social, partirían de las concepciones básicas del bien común, de la naturaleza del hombre y de los valores éticos y políticos, para configurar una idea de un nuevo orden, permitiendo realizar una función crítica en cada momento del existente, posibilitando proponer alternativas y el modo de realizarlas mediante la constitución de instituciones que pudieran llevarlas a cabo; deben ser presentadas como propuestas claras de aplicación social de ciertos ideales, y de cómo funcionarían en su ejecución las reglas de convivencia que se impusieran, las instituciones, las planificaciones…

La utopía social, podría ser por tanto, un modelo ideal de sociedad alternativo al existente, que presentara los valores e instituciones necesarios, para proporcionar a la misma un modelo de vida bueno y feliz.

La humanidad, en su historia no se ha conformado con su realidad de cada momento, y de ahí su evolución, proponiendo siempre nuevas formas de vida social y política.

Hipodamo de Mileto, fue un arquitecto contemporáneo de Pericles  -siglo V a.C.-, utópico inicialmente, que trató y estudió el problema de la organización urbana, y que según Aristóteles la resolvió –plan hipodámico-, inventando el trazado geométrico reticular de las ciudades, y configuró el Pireo como un tablero de ajedrez, algo considerado hasta entonces como utópico.

Aristóteles estableció que la pobreza era mala en sí misma, fuente de conflictos sociales que una sociedad justa debería evitar. El lado histórico de la teoría aristotélica de la pobreza, plantea que la democracia promueve alguna clase de bienestar, sin embargo, en su faceta utópica, expone sus pensamientos sobre una sociedad ideal, donde el crecimiento de la clase media reduciría la lucha entre ciudadanos ricos y pobres. Se encuentra en la filosofía política clásica, lo que puede denominarse economía utópica del bienestar.

A través de la obra de Aristóteles, en especial en La Constitución de Atenas y La Política, podemos hacernos una idea de la democracia ateniense. Aparece como un modelo jurídico-político, que aún hoy podría tenerse en cuenta como una utopía a considerar: la justicia tributaria y la justicia social, tuvieron en la democracia ateniense y en la visión de Aristóteles un notabilísimo desarrollo.

En la Antigüedad también, Platón en La República, que es la reflexión sobre lo qué es la justicia y cómo se expresa en el hombre, aborda la utópica organización de la ciudad-estado ideal. Debería estar dividida jerárquicamente en tres clases: en la parte más baja, los obreros y artesanos; en la parte intermedia los guerreros; y en la más alta, los dirigentes, formados en la filosofía para alcanzar el Bien Total; estos últimos salían del grupo de los guerreros, por lo que se podría decir que sólo existían dos clases sociales, el grupo superior de guardianes –guardianes combatientes y guardianes filósofos, en cuya cima se podría encontrar el filósofo rey- y el grupo inferior de productores. No hace mención explícita a los esclavos, aunque implícitamente son señalados como propiedad familiar y en un escalón que ni considera.

 

En Las Leyes –obra constituida por diálogos, ya en la madurez de Platón- en su teoría de la sociedad, dibujó la imagen de un estado aristocrático ideal, en el que era  básico el trabajo de los esclavos: los filósofos gobernarían el Estado,  los guerreros velarían por su seguridad, y por debajo de estas dos categorías de ciudadanos libres, se encontrarían los artesanos y en el fondo, los esclavos, que sólo eran una propiedad para producir.

El Estado debe surtir a los habitantes de la ciudad-estado de alimentación, vivienda y vestido; si se cubrieran éstas, aunque fuera de modo austero, se podría alcanzar la felicidad.

Durante la Edad Media, San Agustín de Hipona, reflexionó sobre el estado psicológico del hombre y sus necesidades –quizá, y visto desde la perspectiva de hoy sin mucho acierto en lo primero-, así como en sus deseos más profundos,  en su obra La ciudad de Dios. Comparó una ciudad terrena con La Celestial, donde se viviría en un estado ideal.

San Agustín, sin mucho conocimiento de la debilidad de la carne humana, señalaba, que en su utópica ciudad no debería faltar ningún bien, ni habría mal alguno. El día se dedicaría a alabar la grandeza del Creador, para de este modo, conseguir la armonía entre cuerpo y espíritu. San Agustín propuso un modelo de sociedad basado en el amor a Dios, el desprecio de uno mismo y la comunión ideal de los virtuosos. MÁS UTÓPICO, IMPOSIBLE, conociendo al ser humano.

Durante el Renacimiento –tiempo de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna-, a través de distintas utopías, se criticaron los cambios de la época y se describieron las aspiraciones y necesidades de las sociedades, sobre todo las de las clases menos afortunadas. En este período de la historia, son de destacar tres utopías: la de Tomás Moro –la más importante-, la de Francis Bacon y la de Tomás Campanella.

El teólogo, político, humanista filósofo y lord canciller de Enrique VIII, Tomás Moro, escribió en 1516 –reinando en Inglaterra la hija de Catalina de Aragón y Enrique VIII,  María Tudor Aragón y Castilla, Bloody Mary-, Utopía, obra de contenido social que tiene dos partes bien diferenciadas: la primera, en modo de conversaciones, es una descripción de la situación de miseria material y moral en la que se encontraba la Inglaterra de su tiempo, y una  segunda en la que describió la isla de Utopía desde un punto de vista geográfico, económico, político y social. En esta obra, Moro presentó una sociedad ideal,  con total igualdad económica entre sus componentes y por tanto, sin existencia de propiedad privada, sin competencia, siendo los réditos del trabajo recogidos por la comunidad, y redistribuidos por la misma, no existiendo el dinero, estando la economía basada en el intercambio de prestaciones, trabajo y trueque.

La estructura política sería democrática, basada, previo juramento de los electores de votar en conciencia al más apto, en la elección secreta de los representantes.

Siendo la institución básica de esta sociedad utópica, la familia, ésta, debería encontrarse totalmente planificada en todos los aspectos de la vida en común: comidas colectivas, jornada laboral igual para todos, educación –basada en la formación profesional y en la estima por el sistema de vida en común-, y la tolerancia en los aspectos religiosos, políticos y sociales.

La utopía política del filósofo Tomás Campanella -dominico teólogo y filósofo italiano que nació en el siglo XVI- fue descrita en su obra La ciudad del soldurante su estancia en prisión por conjura antiespañola, en donde describió como ideal, una sociedad gobernada por sacerdotes, donde reinara la fraternidad. Los bienes económicos debían pertenecer a la colectividad y no a las élites, no debía existir la propiedad privada, y sería necesario elegir al gobernante más sabio -pone de ejemplo a Platón-, debería existir una tecnocracia jerárquica* -lo cual pudiera estar en contraposición con la teoría del gobernante  más sabio-, debiendo desarrollarse el sistema de ocio para todos, pues sólo se trabajaría cuatro horas al día. Se acercaba bastante a la utopía de Tomás Moro, pero a lo bestia.

*El término tecnocracia, fue en principio utilizado para resolver por métodos científicos los problemas sociales, en lugar de intentar hacerlo por los enfoques tradicionales económicos, políticos o filosóficos.

La ciudad del sol

Francis Bacon, un pensador autor de la primera utopía científica o tecnológica, describió en su obra Nueva Atlántida, la isla utópica de Bansalem, más allá de América. Esta isla, estaría gobernada por intelectuales y científicos, que vivirían en la casa de Absalón. Bacon propuso en esta utopía descubrir a través de la ciencia, los secretos de la naturaleza, reorganizar el saber y mostrar el autoritarismo tecnocrático.

To be continued in part 2.