Categoría: Pintura

SOFONISBA ANGUISSOLA. Parte 2.

Pronto, la fama de la joven Sofonisba traspasó las fronteras de la península itálica, siendo en 1559 invitada a la corte de Felipe II como dama de honor de su tercera mujer, Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médici, por recomendación del duque de Alba y el duque de Milán, que conocían su habilidad y a su familia, viviendo en la corte española durante casi tres lustros. Pronto se convirtió en la dama de honor favorita de la reina Isabel, con la que compartía el gusto por las artes y la música, a la que además impartió clases de pintura, al igual que a sus dos hijas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.

Sofonisba llegó a las Españas en 1559, unos meses antes que Isabel de Valois, que pronto cumpliría 14 años. Se encontraron por primera vez en Guadalajara, conectando muy bien, a pesar de los 10 años de diferencia de edad -Sofonisba tenía 24-. La corte se trasladó a Toledo, en donde permaneció durante 16 meses, moviéndose posteriormente al Alcázar madrileño en 1561.

El Alcázar de Toledo. Grabado del siglo XVI. Pieter van der Verge.

El Alcázar de Madrid. 1561. Anton Van Wingaerde.

Sofonisba formaba parte ya del círculo de damas más íntimo de la reina-niña que había cumplido 16 años. Alrededor de la reina, se estableció un grupo de jóvenes pajes del príncipe CARLOS, que ayudaron a Isabel a sobrevivir en una corte tan austera como la de Felipe II, con personas de su edad.

Además de sus ocupaciones como dama de compañía y maestra de la reina, Sofonisba se mantuvo muy activa como retratista de los personajes que la rodeaban, la reina, el propio rey, su hermana la princesa Juana, su hijo el príncipe Carlos,  y más tarde, las infantas  Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, no recibiendo remuneración específica por cada trabajo, que no los firmaba, aunque se le concedió una pensión de cien ducados anuales, a la que se añadieron 800 liras imperiales de renta para su padre, Amílcare Anguissola. Durante mucho tiempo, se atribuyó la autoría de la mayoría de sus obras a otros artistas como  Juan Pantoja de la Cruz, Alonso Sánchez Coello o El Greco, fundamentalmente por no tener firma, aunque hacia 1990, año en el que asunto se estudió con minuciosidad, ya se fueron reconociendo la autoría de sus obras.

Sus retratos gustaron tanto en la corte española, que en ocasiones, se pidió al pintor de cámara Alonso Sánchez Coello, o a Juan Pantoja de la Cruz, que hicieran copias de lo retratado por Sofonisba.

Su fama llegó al Vaticano, pidiendo el papa Pío IV a la artista que realizara para él un retrato de la Reina de España Isabel de Valois. La obra no se conserva, pero se transcribe el intercambio epistolar entre el pontífice y la pintora que se guardan en los archivos vaticanos:

Santo Padre, he conocido por su Nuncio que desea un retrato de mi real Señora realizado por mi mano. Considero un favor singular que se me permita la posibilidad de servir a V.S. y he pedido el permiso de Su Majestad, que ha sido concedido rápidamente, sabiendo el afecto paternal qué su santidad le profesa. Aprovecho la oportunidad de enviárselo por este caballero. Será un gran placer para mí si he gratificado el deseo de su Santidad, debo añadir que, si el pincel pudiera representar la belleza del alma de la reina a sus ojos, sería maravilloso, yo, por mi parte, he utilizado la máxima diligencia para presentar lo que el arte puede mostrar… 

Madrid, 16 de septiembre de 1561. La más humilde sierva de Su Santidad. Sofonisba Anguissola.”

El Papa que no realizó pago alguno por el encargo, le envió diversos regalos y objetos devocionales, además de una carta de agradecimiento:

Dilecta hija en Cristo. Hemos recibido el retrato de nuestra querida hija de la Reina de España que nos ha enviado. Nos ha dado la máxima satisfacción tanto por la persona representada, a quien amamos como un padre por la piedad y las buenas cualidades de su mente, y porque está bien ejecutado y con diligencia por su mano. Agradecemos y le aseguramos que vamos a conservarlo como un tesoro entre nuestras posesiones más selectas, y elogiamos su maravilloso talento que es la menor de sus cualidades. Y por ello le enviamos de nuevo nuestra bendición. 

                                                                          Que Dios la guarde.

El retrato muy alabado, debió salir en algún momento de las colecciones del papa, pues lo cierto es que en ellas no está. Ese primer retrato de la reina que Sofonisba realizó para el Papa, fue una de las obras más copiadas en su tiempo, destacando entre los copistas Pedro Pablo Rubens Juan Pantoja de la Cruz.

A la izquierda copia del Retrato de Isabel de Valois de Sofonisba Anguissola por Rubens. Colección Privada.

A la derecha la copia de tres cuartos de Pantoja de la Cruz de la misma obra que se encuentra en el Museo del Prado.

Sofonisba retrató también a la princesa viuda de Portugal, archiduquesa de Austria e Infanta de España, madre de Sebastián I de Portugal e hija de Carlos I, Juana de Austria, en 1561. En el retrato aparece con una niña que porta tres rosas en la mano.

 

Sofonisba Anguissola. Serenísima princesa Juana hermana del rey nuestro Señor. 1561. Óleo sobre lienzo. Museo Isabella Stewart Gardner.Boston. USA. 

El papa Pío IV estuvo también muy interesado en conocer a la princesa Juana por su fama de persona religiosa, lo que la llevó a fundar el Monasterio de las Descalzas Reales en Madrid y por incorporarse, en secreto, a la orden de los jesuitas –las mujeres lo tenían prohibido-, pidiendo una copia del retrato de Juana de Austria -hermana de Felipe II-, personaje fundamental en la Corte, que mantuvo una estrecha relación con Isabel de Valois y con sus hijas las infantas y también con Sofonisba Anguissola, que acudía a ella como amiga y consejera. La copia se envió a Roma y tampoco ha aparecido. Posiblemente se devolvió posteriormente al Alcázar madrileño, quemándose en el incendio que se produjo en la Navidad de 1734.

A pesar de sus muchas ocupaciones Sofonisba encontraba algún tiempo para dedicarse a sí misma, realizando un nuevo autorretrato, El único que se conoce realizado durante su estancia en España, en el que se muestra tocando la espineta, junto a su ama Cornelia Appianiseguramente con la intención de enviarlo a su familia para dar noticias de ella.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato tocando la espineta. 1561. Óleo sobre lienzo. 50 x 42 cm. Collection Spencer en Althorp. Northamptonshire.Reino Unido.

 Sofonisba Anguissola. Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II.1561-1565. Óleo sobre lienzo. 206 x 123 cm. Museo del Prado.

La reina sostiene en la obra una miniatura de su marido, apareciendo el rey con ropa negra ornada con botones, luciendo el toisón de oro colgado al cuello, en imagen similar a como lo lucía durante su matrimonio con María Tudor siendo también rey de Inglaterra.

Hacia 1562 pintó los retratos El príncipe Carlos adolescente -Buckingham Palace, Londres-,  Juan de Austria -Pollock House, Glasgow, Reino Unido- y Alejandro Farnesio -National Gallery, Dublín, Irlanda-. En 1567 retrató nuevamente al príncipe Carlos -Colección Bauzá, Madrid-, que fue el modelo para las seis copias que le fueron encargadas a Sánchez Coello tras el fallecimiento del príncipe.

Sofonisba Anguissola. El rey Felipe II. 1565. Óleo sobre lienzo. 88 x 72 cm. Museo del Prado.

Este retrato de Felipe II estuvo atribuido a Juan Pantoja de la Cruz, según inventario del Alcázar de Madrid de 1686. Posteriores estudios desaconsejaron esta filiación, señalándose su semejanza con otras obras de la artista de Cremona. Todo ello se confirmó con más seguridad en 1990.

Cuando llevaba 12 años en la corte española, en 1571, casó Sofonisba con Fabrizio de Moncada, caballero de la nobleza siciliana, y dos años después dejó España  marchando a Sicilia con su marido. Isabel de Valois, su valedora, había muerto en 1568, y aunque la pintora tuvo también buena relación con la cuarta mujer de Felipe II, Ana de Austria, que casó con el rey en mayo de 1570, a la que también retrató, prefirió volver a Sicilia, de donde su cuñado era virrey. Cinco años más tarde, murió su marido, y tras un año de luto y otro de alivio, contrajo nuevamente matrimonio con Orazzio Lomellini, viviendo a caballo entre Génova y Palermo.

Sofonisba Anguissola. Retrato de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela., 1570. Nivaagaard Museum. Niva. Dinamarca.

Sofonisba Anguissola. Retrato de la reina Ana de Austria. 1573. Óleo sobre lienzo. 86 x 67,5 cm. Museo del Prado.

Sofonisba Anguissola. Isabel de Valois. 1599. Óleo sobre lienzo. 68 x 54 cm. Kunsthistorisches Museum. Viena. Austria.

Sus retratos destacan por el tratamiento de la luz, la minuciosidad, y el colorido vivo de algunas pinceladas que hacen resaltar los rostros, las manos y los detalles sobre la oscuridad de los fondos.

En Palermo fue visitada por Anton van Dyck en 1624, que le hizo un retrato en su cuaderno de viaje, anotando la edad de Sofonisba, -errada-, de noventa y seis años -tenía 89- pudiendo aún hablar con lucidez sobre pintura y continuar pintando, manteniéndose activa hasta 1625 –un año más tarde-, fecha en la que falleció en Palermo a los 90 años de edad.

Entre sus últimas obras se encuentra un Autorretrato pintado hacia 1610, en el que la pintora porta en su mano un papel con una dedicatoria al rey español.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato. 1610. Óleo sobre lienzo. Gottfried Keller Foundation.

Música. Renacimiento. PAVANA DE ALEXANDRE – Alonso Mudarra. Música para vihuela de Tres libros de música en cifras para vihuela. Sevilla, 1546.

SOFONISBA ANGUISSOLA. Parte 1.

Hace no demasiado tiempo, vi en un chat de amigos, el óleo de Felipe II pintado  por Sofonisba Anguissola, al referirse a la batalla de san Quintín. Así, aprovechando que el Genil pasa por Granada, me ha parecido interesante tratar de intimar un poco con tan importante maestra de la pintura.

En los tiempos que corren, en casi todos los órdenes y actividades de la vida, se sigue reivindicando -la mayor parte de las veces sin razón- la insuficiente valoración de la mujer dentro de cualquier campo intelectual, profesional, social uotro cualquiera, cuando de todos es sabido, que a nadie se le ocurriría levantar la voz, incluso ni pensar, ni aunque fuera solamente un poco, para mostrar un desacuerdo sustancial con la forma de actuar de alguna mujer, y mucho menos, tomar alguna medida para impedir que hembra alguna realice cualquier cosa que le venga en gana.

Siempre no fue así. En el área del arte, en siglos pasados, era poco recomendable anunciarse como artista femenina, ya que la cotización bajaba a niveles insufribles, por ser considerada, entonces, un ser inferior al hombre, además de que la pintura estuviera conceptuada como actividad manual poco apropiada para la mujer, a excepción de alguna protegida por ser de familia noble o de altos cargos eclesiásticos, a las que se  permitía iniciativas tales. En pleno Renacimiento, el círculo de mujeres artistas, se restringía a lo privado, en el contexto de conseguir una buena formación en música y pintura, como parte del ajuar femenino de las aristócratas.

Por ejemplo, Artemisia Gentileschi –hija del pintor toscano Orazio Gentileshi, uno de los máximos exponentes de la escuela romana del gran Caravaggio– ha pasado a la historia por haber denunciado la violación que sufrió por uno de los discípulos del taller de su padre. Por ese hecho, fue repudiada y vilipendiada públicamente, castigando así su determinación y valor.

Cuando visito el Prado, tras entrar por la puerta de los Jerónimos, siempre paso, en un primer momento, por la sala 055 para saludar a Felipe II, retratado por la magnífica Sofonisba Anguissola, y si voy con tiempo, saludo también a la mayor parte de la familia que en esa sala se suelen encontrar: Ana de Austria –cuarta mujer del rey- y a las dos hijas de Felipe II e Isabel de Valois, las infantas Isabel Clara Eugenia y a la infanta Catalina Micaela retratadas por Alonso Sánchez Coello.

Intentar localizar cuadros pintados por mujeres en el Museo del Prado, es obra mayor, ya que en sala, de algo más de 1.700 obras colgadas –otras 30.000 en los almacenes-, sólo hay ocho, cuyas autoras sean mujeres. Es un reflejo del desprecio que sufrieron a lo largo de la historia, ya que en primer lugar, no pudieron aprender en talleres y escuelas de arte como los hombres, y después, para las que lo consiguieron y llegaron a ser buenas artistas, se silenciaron sus nombres buscando el olvido. Quizá el Prado en el año 2500, exponga obras de 8 varones…, o se busque el concepto de la brillantez en lugar del quotismo verbenero, y estén expuestas/os las/los mejores artistas y obras, sin esconder a nadie como hizo la historia.

Hace unos meses, hicieron una exposición temporal en el Prado, reivindicando el buen arte de Sofonisba Anguissola y de Lavinia Fontana denominada AL RESCATE DE LAS MAESTRAS SOFONISBA ANGUISSOLA Y LAVINIA FONTANA.

La familia de Sofonisba, de origen cartaginés, utilizaba de tanto en cuanto nombres históricos de sus ancestros para bautizar de igual manera a algunos componentes de su estirpe; de ahí el nombre de su padre Almircar o el de Sofonisba, cuyo significado en numidio es la conservadora de príncipes, y que fue el apelativo de una reina de Numidia muerta a manos de su amante Masinisa, con el propósito de que no cayera viva en las garras de Escipión el Africano tras la batalla de Zama entre las fuerzas del imperio romano lideradas por el joven Publio Cornelio Escipión y las del cartaginés Aníbal Barca, en el 202  a.C., que fue el desenlace de la segunda guerra púnica a favor de Roma, aunque ya entonces Masinisa, se hubiera convertido en aliado de Roma.

Batalla de Zama. Cornelis Cort. 1567.

Sofonisba Anguissola nació en Cremona en 1535, hija de Almicare Anguissola, hombre de la baja nobleza, aunque sin demasiados recursos económicos, pero bien relacionado con los poderosos genoveses. Sofonisba fue la mayor de seis hermanas y de un varón.

Amilcare animó a sus seis hijas -Sofonisba, Elena, Lucía, Europa, Minerva y Ana María- a cultivarse en las artes y en la música. Cuatro fueron pintoras, pero Sofonisba fue la que más destacó. Elena se hizo monja y dejó la pintura, al igual que Ana María y Europa al casarse, y Lucía, posiblemente la mejor pintora de las seis, murió joven, aunque dejó algunas obras muy interesantes, como el retrato del médico de Cremona Pietro Manna. La otra hermana, Minerva, se dedicó a escribir, siendo una experta latinista. Asdrúbal el hermano varón, estudió música y latín, pero no pintó.

Lucía Anguissola. Pietro Manna, médico de Cremona. 1557. Óleo sobre lienzo, 96 x 76 cm. Museo del Prado.

Su padre consiguió en 1546 que admitieran a dos de ellas –SOFONISBA y Elena- como alumnas en el taller de Bernardino Campi, maestro manierista y gran retratista, que influyó en la joven Sofonisba, haciendo que destacara desde la adolescencia como magnífica dibujante. Sofonisba practicaba retratando del natural a los miembros de su familia, en situaciones cotidianas, con gran sensibilidad. Su trabajo más importante de aquella época –con 15 años- fue Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola: un retrato dentro de otro o doble retrato, realizado por la joven artista.

Sofonisba Anguissola. Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola. 1550. Óleo sobre lienzo. 111 x 110 cm. Pinacoteca Nacional de Siena. Italia.

Cuando Campi se fue a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios en el taller de otro maestro de Cremona. El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sirvió de precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes en las escuelas de arte de Cremona. A partir de 1549 continuó su aprendizaje durante tres años aproximadamente con Bernardino Gatti, maestro con gran conocimiento de la obra y de la corriente clasicista liderada por Rafael Sanzio y Giulio Romano.

A través de Gatti, recibió la influencia de Correggio, siendo este influjo parmesano el que hizo que tratara con acierto el acercamiento a los objetos, aportando la artista motu proprio el estudio psicológico de los modelos. Su actividad artística de juventud en Cremona también incluyó pequeñas obras religiosas, realizadas por su devoción derivada de su gran religiosidad.

En 1554 marchó a Roma para completar su formación, conociendo a Michelangelo Buonarroti -Miguel Ángel-, comenzando en esa ciudad a ser conocida en los círculos artísticos. Cuando Miguel Ángel le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo. El gran artista reconoció su talento, y la acogió de manera informal durante dos años, ofreciendo sus consejos, que fueron de gran utilidad para Sofonisba.

Sofonisba Anguissola. Niño mordido por un cangrejo. Probablemente 1553. Dibujo. Museo de Capodimonte Nápoles. Italia.

El cuadro representa a un niño  –probablemente su hermano Asdrúbal-que acaba de ser mordido por un cangrejo y está llorando junto a su hermana, que sostiene el animal con su mano izquierda. Los detalles anatómicos de sus cuerpos, cara y manos son equilibrados, excepto la cabeza del niño que es desproporcionadamente grande en comparación con la de su hermana. No aparecen en el cuadro las características propias de la pintura del Renacimiento. La luz es frontal y los colores son fríos predominando los amarillos, grises y marrones.

El dibujo estuvo en poder de Miguel Ángel, quien probablemente se lo regaló a su discípulo Tommaso Cavalieri, quien a su vez se lo entregó a Cosme de Medici como algo de gran valor, acompañando a un dibujo del gran maestro Miguel Ángel:

Estimado Sr. Duque

Teniendo yo un dibujo de mano de una noble cremonesa llamada Sofonisba “Angosciosa”, hoy dama de la reina de España, se lo envío junto con éste [se refiere a uno de Miguel Ángel] y creo que podrá estar a la altura de muchos, porque no es solamente bello sino que es además una invención y habiendo visto el divino Miguel Ángel un dibujo de ella con una joven que reía le dijo que le gustaría ver como dibujaba un niño llorando que era mucho más difícil y ella le envió éste que es un retrato de su hermano al que hacen llorar para dibujarle.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato. 1554. Óleo sobre madera. 19,5 x 12,5 cm. Kunsthistoriches Museum. Viena. Austria.

El gran historiador de arte Giorgio Vasari, escribió sobre ella, reconociendo sus méritos, alabando su forma de dibujar y pintar, como copista y como creadora de auténticas e imaginativas obras de arte.

No obstante, no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con más apoyos que el resto de las mujeres de su época, no se le permitió ir más allá de los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una mujer que viera cuerpos desnudos. Por eso, Sofonisba buscó realizar un nuevo estilo de retratos, con personajes en poses cotidianas e informales.

Sofonisba Anguissola. Lucía, Minerva y Europa Anguissola jugando al ajedrez.1555. Óleo sobre lienzo. 72 x 97 cm. Museo Narodowe. Poznan. Poznan. Polonia.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato frente al caballete. 1556. Óleo sobre lienzo. 66 x 57 cm. Lancut Castle. Lancut. Polonia.

Sofonisba Anguissola. Retrato de familia, Minerva, Almilcar, Asdrúbal Anguissola. 1557-1559. Óleo sobre lienzo. 157 x 122 cm. Nivágárds Malerisambling. Niva. Dinamarca. 

Sofonisba gustó de autorretratarse a todas las edades, explorando su rostro y su expresión corporal, desde que comenzó a pintar hasta los 90 años, lo que le ayudó a ser una extraordinaria retratista, cultivando también la pintura religiosa. Los miembros de su propia familia y ella misma, fueron los protagonistas más frecuentes de sus obras. Se puede encontrar en sus numerosos autorretratos, a Sofonisba leyendo, tocando algún instrumento musical o pintando. Todo ello es la representación clara de las actividades a las que estaba sujeta una mujer de su clase social. La joven destacó pronto por su habilidad como dibujante, convirtiéndose enseguida en una celebridad.

Sofonisba Anguissola. Giovanni Battista Casselli, poeta de Cremona. 1557-1558. Óleo sobre lienzo. 77,7 x 61,4 cm. Museo del Prado.

To be continued in part 2 and last.

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