LAS UTOPÍAS Y LAS DISTOPÍAS.

De modo coloquial, utopía, es algo deseable pero inalcanzable, algo que está más allá de nuestras posibilidades presentes y futuras –si no dejaría de serlo-, tanto en el plano de los anhelos personales, como en los que afecten a un conjunto social.

La palabra utopía –de origen griego “ou” =no, “topos” =ciudad y con el sufijo ία usado para formar abstractos femeninos de cualidad-, significa literalmente «no-lugar”. Parece ser un neologismo usado por primera vez por Tomás Moro en su obra De Optimo Rëpüblicae Statu déque Nova Insula Utopia, en la que Utopía fue el nombre dado a una isla ficticia y a la comunidad que la habitaba, cuya organización política, económica y cultural perfectas, contrastaba con la sociedad inglesa de la época.

Al ser utilizada  la palabra en su creación como algo que no era real, ni llegaría a serlo, pudiera explicar la connotación negativa que acompaña el uso secular de esta palabra. Contra una propuesta, y al ser contestada como utópica, es probablemente el eufemismo utilizado para descalificar la misma, no debiendo ser así.

El recurso de la utopía ha sido una constante en la historia de la humanidad, ya que ir construyendo el devenir de la existencia de la misma para poder sobrevivir, ha llevado siempre a una elección entre diferentes posibilidades, y al existir éstas, existe la libertad, y por tanto puede haber espacio para la utopía.

La utopía se puede originar en la insatisfacción con lo existente, siendo un motor de transformación, aunque nunca se llegue a alcanzar. Todas las actividades del hombre, traslucen un fondo utópico de actualización de su potencialidad, en las que se apunta a lo que se puede llegar y no se llega, impulsándonos casi siempre hacia ese horizonte imposible, que en caso de alcanzarlo, dejaría de ser utópico.

Las utopías se entienden como proyectos de modificación importante de un determinado orden o modus operandi o vivendi establecido, siendo por tanto revolucionarias, apareciendo generalmente en momentos de crisis de las tradiciones, de los sistemas, de los procedimientos, de las ideologías o del orden social existente, buscando lograr soluciones a los problemas.

En el orden social, partirían de las concepciones básicas del bien común, de la naturaleza del hombre y de los valores éticos y políticos, para configurar una idea de un nuevo orden, permitiendo realizar una función crítica en cada momento del existente, posibilitando proponer alternativas y el modo de realizarlas mediante la constitución de instituciones que pudieran llevarlas a cabo; deben ser presentadas como propuestas claras de aplicación social de ciertos ideales, y de cómo funcionarían en su ejecución las reglas de convivencia que se impusieran, las instituciones, las planificaciones…

La utopía social, podría ser por tanto, un modelo ideal de sociedad alternativo al existente, que presentara los valores e instituciones necesarios, para proporcionar a la misma un modelo de vida bueno y feliz.

La humanidad, en su historia no se ha conformado con su realidad de cada momento, y de ahí su evolución, proponiendo siempre nuevas formas de vida social y política.

Hipodamo de Mileto, fue un arquitecto contemporáneo de Pericles -siglo V a.C.-, utópico inicialmente, que trató y estudió el problema de la organización urbana, y que según Aristóteles la resolvió –plan hipodámico-, inventando el trazado geométrico reticular de las ciudades, y configuró el Pireo como un tablero de ajedrez, algo considerado hasta entonces como utópico.

Aristóteles estableció que la pobreza era mala en sí misma, fuente de conflictos sociales que una sociedad justa debería evitar. El lado histórico de la teoría aristotélica de la pobreza plantea que la democracia promueve alguna clase de bienestar, sin embargo, en su faceta utópica, expone sus pensamientos sobre una sociedad ideal, donde el crecimiento de la clase media reduciría la lucha entre ciudadanos ricos y pobres. Se encuentra en la filosofía política clásica, lo que puede denominarse economía utópica del bienestar.

A través de la obra de Aristóteles, en especial en La Constitución de Atenas y La Política, podemos hacernos una idea de la democracia ateniense. Aparece como un modelo jurídico-político, que aún hoy podría tenerse en cuenta como una utopía a considerar: la justicia tributaria y la justicia social, tuvieron en la democracia ateniense y en la visión de Aristóteles un notabilísimo desarrollo.

En la Antigüedad también, Platón en La República, que es la reflexión sobre lo qué es la justicia y cómo se expresa en el hombre, aborda la utópica organización de la ciudad-estado ideal. Debería estar dividida jerárquicamente en tres clases: en la parte más baja, los obreros y artesanos; en la parte intermedia los guerreros; y en la más alta, los dirigentes, formados en la filosofía para alcanzar el Bien Total; estos últimos salían del grupo de los guerreros, por lo que se podría decir que sólo existían dos clases sociales, el grupo superior de guardianes –guardianes combatientes y guardianes filósofos, en cuya cima se podría encontrar el filósofo rey- y el grupo inferior de productores. No hace mención explícita a los esclavos, aunque implícitamente son señalados como propiedad familiar y en un escalón que ni considera.

En Las Leyes –obra constituida por diálogos, ya en la madurez de Platón- en su teoría de la sociedad, dibujó la imagen de un estado aristocrático ideal, en el que era básico el trabajo de los esclavos: los filósofos gobernarían el Estado, los guerreros velarían por su seguridad, y por debajo de estas dos categorías de ciudadanos libres, se encontrarían los artesanos y en el fondo, los esclavos, que sólo eran una propiedad para producir.

El Estado debe surtir a los habitantes de la ciudad-estado de alimentación, vivienda y vestido; si se cubrieran éstas, aunque fuera de modo austero, se podría alcanzar la felicidad.

Durante la Edad Media, San Agustín de Hipona, reflexionó sobre el estado psicológico del hombre y sus necesidades –quizá, y visto desde la perspectiva de hoy sin mucho acierto en lo primero-, así como en sus deseos más profundos, en su obra La ciudad de Dios. Comparó una ciudad terrena con La Celestial, donde se viviría en un estado ideal.

San Agustín, sin mucho conocimiento de la debilidad de la carne humana, señalaba, que en su utópica ciudad no debería faltar ningún bien, ni habría mal alguno. El día se dedicaría a alabar la grandeza del Creador, para de este modo, conseguir la armonía entre cuerpo y espíritu. San Agustín propuso un modelo de sociedad basado en el amor a Dios, el desprecio de uno mismo y la comunión ideal de los virtuosos. MÁS UTÓPICO, IMPOSIBLE, conociendo al ser humano.

Durante el Renacimiento –tiempo de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna-, a través de distintas utopías, se criticaron los cambios de la época y se describieron las aspiraciones y necesidades de las sociedades, sobre todo las de las clases menos afortunadas. En este período de la historia, son de destacar tres utopías: la de Tomás Moro –la más importante-, la de Francis Bacon y la de Tomás Campanella.

El teólogo, político, humanista filósofo y lord canciller de Enrique VIII, Tomás Moro, escribió en 1516 –reinando en Inglaterra la hija de Catalina de Aragón y Enrique VIII,  María Tudor Aragón y Castilla, Bloody Mary-, Utopía, obra de contenido social que tiene dos partes bien diferenciadas: la primera, en modo de conversaciones, es una descripción de la situación de miseria material y moral en la que se encontraba la Inglaterra de su tiempo, y una  segunda en la que describió la isla de Utopía desde un punto de vista geográfico, económico, político y social. En esta obra, Moro presentó una sociedad ideal,  con total igualdad económica entre sus componentes y por tanto, sin existencia de propiedad privada, sin competencia, siendo los réditos del trabajo recogidos por la comunidad, y redistribuidos por la misma, no existiendo el dinero, estando la economía basada en el intercambio de prestaciones, trabajo y trueque.

Tomas Moro libro y  su ciudad de la Utopía.

La estructura política sería democrática, basada, previo juramento de los electores de votar en conciencia al más apto, en la elección secreta de los representantes.

Siendo la institución básica de esta sociedad utópica, la familia, ésta, debería encontrarse totalmente planificada en todos los aspectos de la vida en común: comidas colectivas, jornada laboral igual para todos, educación –basada en la formación profesional y en la estima por el sistema de vida en común-, y la tolerancia en los aspectos religiosos, políticos y sociales.

La utopía política del filósofo Tomás Campanella -dominico teólogo y filósofo italiano que nació en el siglo XVI- fue descrita en su obra La ciudad del soldurante su estancia en prisión por conjura antiespañola, en donde describió como ideal, una sociedad gobernada por sacerdotes, donde reinara la fraternidad. Los bienes económicos debían pertenecer a la colectividad y no a las élites, no debía existir la propiedad privada, y sería necesario elegir al gobernante más sabio -pone de ejemplo a Platón-, debería existir una tecnocracia jerárquica* -lo cual pudiera estar en contraposición con la teoría del gobernante  más sabio-, debiendo desarrollarse el sistema de ocio para todos, pues sólo se trabajaría cuatro horas al día. Se acercaba bastante a la utopía de Tomás Moro, pero a lo bestia.

*El término tecnocracia, fue en principio utilizado para resolver por métodos científicos los problemas sociales, en lugar de intentar hacerlo por los enfoques tradicionales económicos, políticos o filosóficos.

La ciudad del sol

Francis Bacon, un pensador autor de la primera utopía científica o tecnológica, describió en su obra Nueva Atlántida, la isla utópica de Bansalem, más allá de América. Esta isla, estaría gobernada por intelectuales y científicos, que vivirían en la casa de Absalón. Bacon propuso en esta utopía descubrir a través de la ciencia, los secretos de la naturaleza, reorganizar el saber y mostrar el autoritarismo tecnocrático.

Ya en La Edad Moderna, la utopía social no sería considerada como un pensamiento filosófico exclusivamente ajeno al desarrollo histórico y a la vida social, sino que representaría un futuro ideal hacia cuya realización debería caminar la historia y la vida. La utopía se convirtió en un ideal realizable, al entrar la idea de progreso de la mano de la Modernidad.

Con los avances de la ciencia y la técnica, y con las posibilidades de transformación de la realidad, gracias a esos adelantos, se apoderó de la conciencia de la época la idea de que también existen en las relaciones sociales un progreso hacia un mundo mejor. Con los ideales de la Ilustración, el ser humano se sintió dueño y señor de su propio destino –una vez más se puso de manifiesto la limitación intelectual del hombre a pesar de sus capacidades-, creyendo que el proceso histórico de nuestra existencia, podría ser el camino a través del cual la sociedad pudiera superar sus injusticias.

La Modernidad trajo una visión optimista, en la confianza de que la razón, la ciencia y la técnica, permitirían solucionar los problemas. La historia se entendió –y de hecho se sigue haciendo, pero a mucha mayor velocidad-, como un progreso indefinido y continuo, en el que el presente debe ser mejor que el pasado, y el futuro mejor que el presente.

Un ejemplo de utopía ilustrada es la dibujada por Jean-Jacques Rousseau en su historia novelada «Emilio» escrita en 1762 y que fue considerada la mejor de sus obras. La obra trata asuntos políticos y filosóficos relativos a la relación del individuo -la educación- con la sociedad.

Jean-Jacques Rousseau nació en Suiza en 1712 y murió en la Picardía francesa en 1778; fue escritor, filósofo, pedagogo, naturalista, músico mediocre , y un ilustrado, que presentó grandes diferencias con otros grandes representantes de la Ilustración, siendo considerado al final de sus días un prerromántico.

Rousseau sostuvo que el hombre es bueno por naturaleza, y señaló que puede conservar su bondad natural aunque participe en una sociedad corrupta. En la obra citada el Emilio o De la educación, propone un sistema educativo que permita al “hombre natural y bueno” convivir en esa sociedad corrupta.

A caballo entre la Edad Moderna y la Contemporánea aparece la utopía de Charles Fourier (1772-1837) –filósofo y economista francés-, el FURIERISMO, sistema social  que aspiraba a una organización armónica de la sociedad, animada por la unión de las pasiones humanas, libremente satisfechas. Su núcleo básico era la falange, que la constituían un conjunto de seres humanos que reunidos de acuerdo a sus inclinaciones que habitaban en un falansterio, grupo unitario de producción y consumo que excluía la propiedad y la familia, organizado armónicamente para la libre satisfacción de las necesidades humanas. Este movimiento, puede ser considerado la piedra de inicio del socialismo utópico.

Francois Marie Charles Fourier.

Tras la finalización de la Revolución Francesa,, dio comienzo la Edad Contemporánea, emergiendo entonces las ideas socialistas, que surgieron por el convencimiento de que el hombre es capaz de transformar la sociedad a pesar de la desilusión que produjeron los resultados de la citada revolución, que había declarado la igualdad de todos los hombres, además de la fraternidad y libertad, pero que nada hizo para cambiar a mejor las condiciones de vida de las clases trabajadoras.

Se pueden agrupar en tres bloques, las utopías propuestas por los pensadores de ideología socialista:

El Socialismo Utópico, propugnado por Karl Heinrich Marx -filósofo, economista, sociólogo, ​ periodista, intelectual y militante comunista, prusiano de origen judío- y Friedich Engels –filósofo, periodista, empresario textil, revolucionario y teórico socialista-: la mejor manera de eliminar la explotación, es crear comunidades que vivan de forma tal, que unos seres humanos no dominen a otros, creando ellos dos comunidades de este tipo; creían en la bondad humana y daban mucha importancia a la educación como elemento básico para llegar a las sociedades no dependientes. Crearon escuela y muchos autores siguieron esta estela filosófica: el conde de Saint Simon, Robert Owen y Charles Fourier entre otros.

El Socialismo Científico o Comunista; realizar un análisis de la historia para saber cuales han sido sus leyes de funcionamiento, y una vez determinadas éstas, saber quién y con qué medios se puede transformar una sociedad, constituye una forma de análisis a la que se ha denominado «materialismo histórico», base del «socialismo científico«. Para la igualdad teórica del comunismo, que es una forma de organización social, económica y política que tiende a la colectivización de los medios de producción, a la distribución de los bienes de consumo según las necesidades de cada uno, y a la supresión de las clases sociales, son necesarias transformaciones económicas que llevarán previamente a una revolución, de la que surgirá paulatinamente una sociedad sin propiedad privada y sin clases.

Las teorías comunistas, partiendo especialmente desde el  marxismo  abogan por suprimir todos los principios de una sociedad capitalista, estableciendo los de una sociedad socialista, para paulatinamente construir una organización social comunista.

Los creadores de esta corriente también fueron Marx y Engels –coetáneos, ocupando prácticamente completo el siglo XIX-, quienes evolucionaron desde su propuesta filosófica del Socialismo Utópico al Socialismo Científico, es decir enterrando la utopía. Sin embargo, marxistas como el alemán Ernst Bloch –que vivió posteriormente a Marx y Engels, en el siglo XX- creyó necesario recuperar la utopía como motor del cambio social, creyendo que la conciencia humana, no sólo es producto de su ser, sino que está dotada de un “excedente”, considerando al socialismo y al comunismo como instrumentos para trasladar esos excedentes a los hechos, por hallar su expresión en las utopías.

Simultáneamente que los movimientos Utópico y Científico de Marx y Engels surge el Socialismo Anarquista, que pretendió suprimir toda forma de autoridad, porque entendía que todos los seres humanos son igualmente libres. Para crear una sociedad justa, es necesario crear una organización comunitaria en la misma, no individualista como la capitalista, no colectivista como la comunista, siendo necesario para ello, la abolición del poder, la educación y el apoyo mutuo, porque la supervivencia no se logra si no es con individuos que se ayuden entre sí y no con actitudes individualistas e insolidarias.

Aunque Gerard Winstanley –The Law of Freedom, siglo XVII- y William Godwin –Essay about Political Justice, final del siglo XVIII- empezaron a exponer la filosofía del anarquismo, no fue hasta el siglo XIX cuando se vio emerger el anarquismo como teoría completa explicada plenamente y aplicado plenamente. Los principales referentes del desarrollo de esta filosofía de vida fueron:

Max Stirner, alemán, que en lugar del capitalismo propuso una unión de egoístas”, que pudiera ser una asociación o asociaciones de individuos únicos, que colaboren como iguales, para llevar al grado máximo su libertad individual y satisfacer sus deseos, incluyendo todos, los emocionales y los materiales. El individualismo, por definición, no incluiría ningún programa concreto para cambiar las condiciones sociales.

Pierre-Joseph Proudhon, francés, el primero que se declaró anarquista, y teorizó sobre la conveniencia del mutualismo y federalismo para el desarrollo anárquico, que  tuvieron una influencia profunda en el crecimiento del anarquismo como movimiento de masas, describiendo en sus obras que un mundo anarquista debería estar coordinado para poder ser eficaz y funcionar, constituyendo una fuente filosófica vital para el anarquismo social y el individual.

Mikhail  Alexandróvich Bakunin, ruso, es la figura central en el desarrollo de las ideas y del activismo anarquista moderno, haciendo énfasis en el colectivismo, la insurrección de las masas y la revuelta espontánea,  y en la creación de una sociedad libre y sin clases sociales. Dio gran importancia a la naturaleza social de la humanidad y de la individualidad, despreciando el individualismo abstracto contemplado por el liberalismo. Sus ideas fueron dominantes durante el siglo XX dentro de grandes movimientos del mundo radical obrero. Muchas de sus ideas son la base de lo que posteriormente sería el sindicalismo. Bakunin, influyó en muchos movimientos sindicalistas en España.

Mikhail Alexandróvich Bakunin.

Piotr Kropotkin, ruso, adoptó inicialmente los puntos de vista del socialismo revolucionario, comenzando así sus primeros acercamientos a las ideas marxistas. Más tarde, se convertiría en uno de los defensores de la doctrina radical del anarquismo. Después de participar en la I Internacional como marxista, se convirtió en seguidor del ideólogo anarquista Mijaíl Bakunin, trabajando con las mismas ideas, que llevó a la práctica, siendo encarcelado en varias ocasiones por sus actividades anarquistas. Tras ser liberado en Francia, se trasladó a Inglaterra, donde residió y trabajó durante más de treinta años.

Naturalmente, ha habido, hay y seguro que habrá, defensores y detractores del PENSAMIENTO UTÓPICO.

Los detractores, señalan que la imposibilidad de realización de las utopías ha causado grandes males anímicos y físicos al ser humano, al no reconocer los límites que impone la realidad antes de abordar la utopía. También argumentan, que la aplicación de ideas para lograr utopías ha perjudicado más a los que más debería haber beneficiado, porque normalmente, para la aplicación de utopías sociales son necesarios la implantación de regímenes totalitarios con fuertes dosis de planificación, recurriendo a la violencia para el establecimiento de la misma, con recortes enormes de libertades y mayores desigualdades. Algunos toman el poder para la aplicación utópica,  y se convierten en la nueva clase social privilegiada…, «porque para intentar alcanzar la utopía es necesario eliminar cualquier oposición»; la implantación utópica, suele llevar consigo la mochila del Totalitarismo -distinto de la Dictadura-, el más terrible de  todos los despotismos, que siempre suele llevar el disfraz de la Libertad, y es que el desempeño sin control e impuesto como necesario -con la excusa de conseguir el objetivo utópico- de la autoridad, genera más ambición de la misma, lateralizando entonces el objetivo  inicial para el que se aplicó.

De ahí, que los críticos utópicos, propugnen la necesidad de abandonar las utopías, sustituyéndolas por la resolución de problemas concretos, que sean realmente abordables.

Entonces, ¿hemos llegado al fin de la utopía social? Los filósofos actuales analizan los acontecimientos sucedidos y les hace ser pesimistas, ya que el avance de la ciencia que se preveía la panacea ha solucionado muchos problemas, pero también, como anunciaron los anti utópicos, ha llevado a situaciones de desastre como las catástrofes nucleares o la destrucción del medio ambiente. También, que los intentos de conseguir una sociedad igualitaria, ha convertido a algunas sociedades en regímenes totalitarios y fuertemente burocratizados.

Por otra parte, la sociedad de mercado, que se muestra con frecuencia como la “única utopía realizable”, es incapaz –o no quiere- de hacer frente a una situación general, en la que muchos de los habitantes de nuestro planeta se encuentran en condiciones de extrema pobreza.

Por último, las posibilidades y la velocidad de comunicación entre pueblos y personas llevan a ir unificando cada vez más las costumbres, las culturas y el conocimiento, homogeneizando las identidades individuales y colectivas, contribuyendo a la falta de imaginación para hacer frente a los problemas.

DADO el agotamiento de la perspectiva utópica según los detractores del pensamiento utópico, ¿debemos renunciar a la utopía?

No se debería negar la posibilidad de la aplicación utópica, porque se considere que ya se ha realizado o que nunca se podrá realizar. Ambos extremos son erróneos: no se trata de convertir el pensamiento utópico en una teoría científica que debe aplicarse y cumplirse con precisión, ya que entonces desaparecería la iniciativa; se trata de intentar abrir nuevos caminos desde la utopía, descubriendo posibilidades diferentes en lo que sea realizable.

El modelo de una sociedad justa en el siglo XXI que sirviera como horizonte de referencia para el pensamiento utópico, debería estar sustentada sobre dos pilares básicos:

El pilar ético con los valores básicos de libertad, igualdad y solidaridad,  de los derechos humanos y el respeto al medio ambiente para establecer la posibilidad de un mundo duradero.

El contenido utópico, con utopías que incluyan propuestas concretas sobre cómo organizar la sociedad, la economía, la sociedad civil, el trabajo,  la vida en común, etc…

Todo debe conjugarse para que la utopía pueda cumplir su función básica de ayudarnos a superar lo existente en cada momento. Ser utópico, pudiera ser sinónimo de realista, ya que se debe buscar descubrir nuevas posibilidades que sean realizables; renunciar a la posibilidad de aplicar la utopía, sería ser conformista.

LAS DISTOPÍAS.

Una distopía es un relato que nos describe un lugar y situación imaginarios, que podría convertirse en real, donde las personas llevan una vida deshumanizada y siempre bajo el imperio del miedo; se denomina también utopía negativa y antiutopía.

En un momento en que los avances técnicos han crecido exponencialmente con relación a lo que había hace 30 años, se escriben historias y se hacen películas futuristas, en las que se ve a los  habitantes de Nueva York, en el año 2098 por ejemplo, con chaquetas de cuero con clavos, peinados punks y todo muy sucio y pobre, y quitando a algunos privilegiados –la mayor parte funcionarios y algún riquísimo- todos viviendo en los túneles del metro y pasando grandes penurias, o tipo películas Mad Max, un mundo prácticamente acabado; eso son distopías, que ya han recibido la consideración de género literario y cinematográfico.

Las utopías deben proponer alternativas que mejoren las cosas, mientras las distopías simplemente describen una situación que no parece la mejor para el ser humano y a la que se llegará si no cambia la forma de actuar del mundo. Las distopías son pesimistas, ofreciendo imágenes de futuro, involutivas, hacia tiempos de antes de las revoluciones industriales o directamente hacia el desastre total.

Las distopías tratan de crear situaciones que produzcan temor, mostrando las debilidades de nuestro mundo, cómo la explosión demográfica, las carreras armamentísticas, la degradación del medio ambiente, el mayor poder de la ciencia que aumenta por días hasta poder absorbernos, y la lucha por el poder entre las multinacionales tecnológicas y los gobiernos -estos últimos, cada vez más irrelevantes en favor de las primeras-, produciendo todo ello miedo ante un futuro incierto: las obras de Un mundo feliz, de Aldous Huxley –publicada en 1932-1984, de George Orwell –publicada en 1949- y Farenheit 451, de Ray Bradbury –publicada en 1953-, son distopías clásicas de la primera mitad del siglo XX.

CONCLUSIÓN PERSONAL DE LO QUE PUDIERA Y DEBIERA SER:

Se pasó de la lucha y venganza del proletariado –desde principios del siglo XX– contra el intento de mantenimiento de los estatus establecidos por los conservadores o inmovilistas –lucha y defensa que hicieron avanzar al mundo-, a la política del postureo y de  la imagen actuales. 

Ahora, en la mirada de los ciudadanos de un lado y de los del otro, de todos, en el fondo, ya sólo hay miedo por el futuro -distopía-, y para la gestión de nuestro miedo, cualquiera puede ser malo o bueno o inerme.

Los políticos de un lado gritan desaforados por la revolución, y los del otro por lo contrario, pero todos lo hacen sin conocimiento alguno de lo que depararía lo que demandan con tanto ardor; de ahí quizá nuestros miedos.

Lo que ocurre, es que cuando se es joven, la manta se lía sola a la cabeza con facilidad y sin mucha reflexión, en la confianza –dada la juventud- de que habrá tiempo para rehacerse del fracaso si lo hubiere, pero  debe ser tenido en cuenta, que en esos movimientos con escasez de prudencia a nivel de conducción de las sociedades, se va a arrastrar también a los que ya no tendrán tiempo para recuperarse, y a los que aún no les ha dado tiempo ni a ser jóvenes…

Un cínico/irónico diría o podría pensar, que necesitamos una nueva demagogia o varias, pero no necesitamos demagogia alguna. Lo que realmente hace falta, es un grito político que haga frente a la aflicción de fondo que invade al ciudadano, pero no para romper sistemas, sino para hacerlos evolucionar contra el paralizante instinto de conservación que amenaza con consolidar las ruinas económicas, morales y de valores que  tenemos ahora, a la que nos conducen con obstinación los de un lado y los de otro.

Alguien debe incluir el futuro en su programa político; no sólo para extraer la contaminación de las ciudades, ni para permitirnos viajar por fibra óptica a velocidades insospechadas, ni para que la fiesta Word Pride sea la más chupi del universo, ni para que haya ley de huelga  que permita las presencias holográficas, ni que no la haya, ni para subvencionar a los vagos, ni para expulsar a las pateras o lo contrario…ni aún para que a los políticos, y a los que roban se les pueda impedir robar. El futuro, abandonó la Política y DEBE REGRESAR: ya sólo se utiliza para las predicciones distópicas, cosa que produce melancolía desmesurada…

La Democracia, ha liquidado conceptualmente la revolución/evolución social y política, y la solución de los graves problemas sociales no podrá llegar con las herramientas políticas y técnicas hoy utilizadas, sino con las que se creen a partir de ahora. Nacen nuevos políticos condenando nuestros males, pero sin creatividad, sin ofrecer soluciones plausibles, sin crear utopías…o sea más de lo mismo. Puede verse en Europa como los que van llegando al poder: ultraderechas, verdes, populismos de izquierda y media pensión…, en cuanto llegan a los Gobiernos…languidecen…aunque tengan que seguir vociferando su discurso, para no dar imagen de desestimiento.

Sin política es difícil que haya futuro, y la política de hoy se ha vaciado de tal modo, que habrá que conceptualizar una nueva forma de hacerla para poder caminar hacia el porvenir;volver a las utopías, y por tanto al reaccionarismo de revoluciones firmes, aunque  pacíficas naturalmente, para cambiar los sistemas políticos de la Democracia actual. PUEDE que la democracia, tal y como hoy se entiende, ya esté condenada a su desaparición, o quizá NO…

La historia no debe ser olvidada:  Roma se pasó tras 249 años de Monarquía -7 reyes-, y 482 de República, con utopías, y más tarde el Imperio hereditario se disolvió porque dejaron de tenerlas…