Siguió el siglo XX, y en 1931 se proclamó la Segunda República, primero en Vigo, Eibar, Valencia y Cataluña, y por fin y después, en España. Parte 2.

La Restauración  borbónica había llevado consigo una profunda centralización administrativa y legal. Al desaparecer, saltaron los agazapados nacionalismos periféricos: los catalanes con su revolución burguesa y su identidad cultural eternas, y los vascos*, que deseaban dibujar un futuro más confortable tras la pérdida de los Fueros en la última guerra carlista. Aparecieron los partidos nacionalistas: el Partido Nacionalista Vasco (PNV), la Liga de Cataluña y la Unión Catalanista.

*Nota. El fin del gobierno foral en el País Vasco tras la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), hizo que el gobierno de Cánovas del Castillo pactase el llamado Primer Acuerdo económico vascogran anhelo vasco desde la anulación foral-, en el que se seguía dando cierta libertad económica a esta región, permitiendo a las autoridades locales recaudar ellos mismos los impuestos. Por otra parte, la derrota y supresión de los fueros aumentaron el sentimiento fuerista vasco, dando lugar a la creación del Partido Nacionalista Vasco en 1895 por Sabino Arana, que defendería las ideas católicas del carlismo y el regionalismo, que derivarían en el nacionalismo.

Los movimientos obreros se acercaron al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fundado en 1879, con el objetivo de lograr una participación electoral democrática auténtica. Básicamente, estos movimientos fueron: la Unión General de Trabajadores (UGT) –sindicato socialista-, fundado en 1888, los anarquistas de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE) y los anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), fundada en 1910.

La Monarquía reaccionó ante estos movimientos sociales con una fuerte represión, en especial contra el anarquismo, con episodios especialmente numerosos y graves en Cataluña.

La Iglesia católica evolucionó desde la inmóvil intransigencia inicial a la conciliación relativa; obligó al Estado a cumplir la Constitución -como no-, cuyo artículo 11 proclamaba la confesionalidad católica del Estado, reclamando así mismo, su derecho al adoctrinamiento religioso en la enseñanza reconocido por el Concordato, con la supervisión y censura de los contenidos a impartir. Tampoco permitió la Iglesia, la regulación del matrimonio civil, hasta que el Vaticano reconoció al Estado la potestad de regular los efectos civiles del matrimonio.

La sociedad se encontraba dividida en varias partes muy diferenciadas: la de los partidos tradicionalistas, monárquicos, fundados por Cánovas y Sagasta, que vivían de espaldas a la España real, la de la nueva burguesía, la de los republicanos y nacionalistas, que buscaban su lugar en el espacio nacional, y la de los proletarios  arracimados alrededor del PSOE, sindicados en la UGT, el sindicato anarquista y la CNT.

A partir de 1923, se sucedieron acontecimientos importantes, que al final desembocaron primero en la dictadura de Primo de Rivera, después en la dictablanda del general Berenguer y por fin en la Segunda República; los militares estaban descontentos con la política blandengue del gobierno frente al Protectorado de Marruecos -al margen de lo que mal que se había hecho en Annual-, al que se le pagaron 4 millones de pesetas de las de entonces, por la liberación de los trescientos y pico militares que llevaban 18 meses prisioneros desde el Desastre, con el pistolerismo de las calles,  el radicalismo de la clase obrera y la constitución en las Cortes de una comisión parlamentaria en septiembre de 1923 para investigar lo sucedido en Annual. Así, el día 13 de septiembre de 1923 el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera se pronunció en Barcelona, siendo inmediatamente reconocido por el rey -que no atendió a los ruegos de los políticos gubernamentales, ni de los contrarios-, que le encomendó la formación de gobierno, siendo jefe del mismo auxiliado por un Directorio Militar dejando sin vigencia inmediatamente la Constitución de 1876. Comenzaba una DICTADURA con rey, que duraría hasta el 28 de enero de 1930, dictadura sustentada por un partido político ÚNICO: la Unión Patriótica.  

Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera.

Emblema de la Unión Patriótica.

Directorio militar formado por ocho generales de brigada, uno en representación de cada región militar, y el contralmirante Magaz y Pers en en representación de la Armada.

Hechos destacables de este período pudieran ser, la sustitución del Directorio militar por uno civil en 1925 -tras finalizar la cuestión marroquí-, la creación de un Somatén Nacional para cuestiones de orden público, el Desembarco de Alhucemas ese mismo año -que fue una acción militar que acabó con las interminables guerras de Marruecos- la constitución en octubre de 1927 de una Asamblea Nacional legislativa y parlamentaria -cuyos componentes fueron nombrados por el rey-, la muerte de la reina madre en febrero de 1929, y por fin, la dimisión presentada por Primo de Rivera el 28 de enero de 1930, terminando así ese período.

Playa del Morro Nuevo durante  los días del Desembarco de Alhucemas.

Directorio civil.

El rey pidió al general Dámaso Berenguer la formación de un gobierno que llegó con la intención de volver al sistema parlamentario y a la Constitución de 1876: LA DICTABLANDA.

Ese mismo año se llevó a cabo el Pacto de San Sebastián entre los nacionalistas vascos y catalanes y los socialistas, para actuar contra la monarquía en el día a día, y especialmente en las elecciones. Se firmó en agosto -claro- en San Sebastián.

Al año siguiente -1931-, el general Berenguer fue sustituido por el almirante Juan Bautista Aznar-Cabañas, convocándose para el 5 y 12 de abril –primera y segunda vuelta- elecciones municipales. Aunque la suma del número de concejales obtenidos por los monárquicos -40.324- fue muy superior al de los logrados por los republicanos -36.282-, la mayoría de las alcaldías de las ciudades importantes -41 de las 50 capitales de provincia- fueron ganadas por los republicanos, y los políticos monárquicos, los miembros del gobierno -excepto dos-, los consejeros de palacio y los dos generales con mayor capacidad de mando en ese momento, Berenguer y Sanjurjo, consideraron que el resultado había sido una especie de plebiscito, implicando un apoyo indudable a la república y una repudia clara a la monarquía.

El hecho de que la victoria republicana hubiera sido urbana, pudo contribuir a esa sensación de derrota, pero lo que más influyó, fue la creencia de que los republicanos tomarían la calle, arrastrando a los españoles a un enfrentamiento sangriento.

Durante la noche del 12 al 13 de abril, el general Sanjurjo, a la sazón al mando de la Guardia Civil, puso de manifiesto que no contendría un levantamiento de los republicanos contra la monarquía. Enterados los republicanos de esta posición de la Guardia Civil, rechazaron el ofrecimiento de Romanones y Maura -con el consentimiento del rey- de unas elecciones a Cortes Constituyentes.

Los republicanos, conscientes del miedo del adversario y de la debilidad institucional, no sólo rechazaron la propuesta, sino que exigieron la marcha del rey antes de terminar el catorce de abril, convocando manifestaciones violentas organizadas, cuya finalidad era meter miedo en el cuerpo a los monárquicos: el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII, deprimido por la muerte de su madre y recordando el final de los Romanov, no deseando además una guerra civil, se marchó por la tarde, permitiendo que se proclamara la Segunda República española. Fue en coche hasta Cartagena  en donde embarcó en el Príncipe Alfonso rumbo al exilio.

Tras la marcha del monarca , el presidente del comité revolucionario, Alcalá Zamora, proclamó desde un balcón de la Puerta del Sol a las 19,00 horas, el nacimiento de la II República, ante la algarabía del pueblo madrileño; «Las elecciones del domingo han tenido un complemento grandioso con el requerimiento que ayer hizo la opinión pública para que el régimen monárquico desaparezca, y la implantación en el día de hoy de la República por un acto de voluntad soberana, de iniciativa del país sin el menor trastorno, completando aquella empresa de tal manera, que el mundo entero sentirá y admirará la conducta de España, ya puesta en otras manos con un orden ejemplar«, declaró Alcalá Zamora –ante la incertidumbre de lo que pueda pasar en un futuro nada claro, es mejor no decir majaderías, como se pudo ver en el devenir de nuestra historia, añado yo -.

Niceto Alcalá Zamora presidente de la república y Manuel Azaña presidente del gobierno.

Curiosamente, la noche anterior, del 13 al 14 de abril, se había proclamado la República en Vigo, en Eibar el día 14 a las seis y media de la mañana y en Valencia a lo largo de esa mañana de ese mismo día.

En Barcelona, alrededor de la una y media de la tarde del 14 de abril -varias horas antes de que se proclamara la república en España-, Luís Companys, uno de los principales líderes de Esquerra Republicana de Cataluña, partido que había obtenido una resonante victoria en esas elecciones municipales, desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, y ante no demasiadas personas, proclamó la república  y mandó izar la bandera republicana. Esta acción fue liderada por Companys, con el afán de hacerse con el bastón de mando de la alcaldía de Barcelona, cosa que no permitió Macià.

Alrededor de una hora después y desde el balcón de la Diputación, en frente del Ayuntamiento, donde ya ondeaba la senyera, además de la bandera republicana, el líder de ERC, Francesc Macià se dirigió a una gran multitud concentrada en la plaza de San Jaime y proclamó, en nombre del pueblo de Cataluña, «L’Estat Català, que con toda la cordialidad procuraremos integrar en la Federación de Repúblicas Ibéricas” (que amb tota la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques).

Plaza de San Jaime  de Barcelona la tarde del 14 de abril de 1931.

Música: Suspiros de España. Antonio Álvarez Alonso. Pasodoble.

To be continued in part 3 and last.