Hace algún tiempo, en la sobremesa de una magnífica paella a la que fui invitado por unos amigos en su casa de Roquetas de Mar, surgió el tema de los judíos, su historia, sus expulsiones de todos los países incluso del suyo desde la Antigüedad hasta la Baja Edad Media y en la Edad Moderna, las persecuciones constantes a lo largo de su existencia hasta desembocar en el Holocausto, su asentamiento por la Resolución 181 de Naciones Unidas en lo que bíblicamente es denominado Tierra Prometida, y su sinvivir desde entonces en ese territorio debido a la inquina árabe.
En breve, publicaré un punto de vista sobre el conflicto árabe israelí; antes, sería conveniente conocer bien la terminología.
Los hebreos son un antiguo pueblo semita -descendientes de Sem hijo de Noé- proveniente de Mesopotamia, establecido en el Levante Mediterráneo o Cercano Oriente.
Israelita es el gentilicio que corresponde a los habitantes del antiguo reino de Israel. Según la tradición, es todo miembro de las doce Tribus de israel, es decir, todos los descendientes de alguno de los doce hijos del segundo patriarca bíblico JACOB -hijo de Isaac y nieto de Abraham-, a quien Yahvé renombró como Israel.
Israelita también suele emplearse como sinónimo de judío.
Israelita, con significado de habitante del antiguo reino de Israel o de judío, no tiene el mismo significado queisraelí, gentilicio de los habitantes del actual ESTADO DE ISRAEL, sin distinguir etnias ni religiones.
Judío no es solo una forma de señalar a los que practican el judaísmo religión antigua y monoteísta, sino también, a los pertenecientes al antiguo Reino de Judá -parte sur del reino de Israel tras su escisión a la muerte de Salomón, 930 a. C.- y claro, a los que regresaron a Tierra Santa tras el Cautiverio de Babilonia -llevado a cabo por Nabucodonsor II a finales del siglo VI- gracias al decreto de Ciro el Grande en 538 a.C.
Por tanto, las 12 tribus de Israel no eran judías sino israelitas, gentilicio aplicable hasta el fin de la monarquía unida con los tres reyes Saúl, David y Salomón (circa 1020-930 a. C.).
Los términos hebreo, israelita y judío son a veces empleados de modo indistinto, como sinónimos, y no lo son.
Se puede considerar que los Patriarcas anteriores a Abraham fueron míticos, pudiéndose considerar el primer Patriarca histórico a Abraham.
Por tanto, hebreos son los descendientes de Abraham Avinu -nuestro padre- y de Isaac-padre de Esaú y de Jacob-.
Los judíos son hebreosisraelitas de la región de Judea, que provienen de Abraham (un hebreo) y Jacob (un israelita), a través de Judá ( judío).
Tras la muerte de Salomón (930 a. C.), una insurrección condujo a la división en dos reinos: el de Israel al norte con las tribus de Rubén, Simeón, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Efraín y Manasés (estos dos últimos hijos de José que había sido vendido por sus hermanos como esclavo, contando los demás a su padre que había muerto) y un reino al sur, Judá, con las tribus de Judá y Benjamín y parte de la de Leví.
Cuando la tierra de Israel fue repartida entre las tribus en el tiempo de Josué -durante estancia en Gosén, Egipto-, la Tribu de Levi, fue escogida para servir como clero de Israel, no recibiendo tierra, aunque le fueron asignadas varias ciudades.
Jacob concedió a los descendientes de José, Efraín y Manasés, el estatus de tribus con derecho propio, reemplazando a la Tribu de José. Cada una recibió su propia tierra y más tarde tuvo su propio campamento durante los 40 años que se vagó por el desierto y naturalmente tras el Éxodo, al llegar a la Tierra Prometida.
En el Reino del Norte estaban las 10 tribus que eran hebreos –por su génesis etnográfica– e israelitas -por su gentilicio de reino- pero no judíos, y en el Reino del Sur estaban los hebreos, israelitas y judíos que vivían en el reino de Judá.
En los últimos días del reino de Israel -siglo VIII a. C.- en el norte, la situación había llegado a ser insostenible ya que pagaban un muy alto impuesto al Imperio Neo Asirio contando con unos recursos muy limitados.
El rey Oseas dejó de pagar tributo, confiando en el apoyo de Egipto. Salmanasar V de Asiria respondió sitiando Samaria y apresando a Oseas. Después de tres años de asedio, capituló la ciudad en el año 722 a. C.
Murió Salmanasar, y el usurpador Sargón II se atribuyó la victoria y deportó a la gran mayoría de israelitas a Nínive, produciéndose lo que se ha dado en llamar la desaparición de las diez tribus perdidas.
El reino de Israel del norte había dejado de existir. Sargón no solo deportó sus habitantes a Nínive, sino que además trajo gentes de otros pueblos igualmente sometidos para repoblarla, formando una nueva provincia asiria con su gobernador al frente.
El otro hijo de Isaac, Esaú, hermano de Jacob dio origen al pueblo de Edom o idumeo.
EN RESUMEN:
Los israelitas son quienes habitaron Canaán o la Tierra de Israel, es decir, el territorio donde se establecieron los hijos de Jacob, e incluye a los jueces, a los monarcas del reino de Israel unificado, y de Israel y Judá tras su separación.
Los judíos son los habitantes del reino de Judá y todos aquellos hebreos que regresaron del exilio de Babilonia, junto con sus descendientes.
Muchos grupos étnicos se han proclamado descendientes de las tribus perdidas en Nínive, y algunos adoptan la idea mesiánica de que las tribus regresarán.
También a partir de entonces -dado que no se conocen descendientes de los israelitas que habían sido deportados a Nínive-, el pueblo de Israel del Norte es también conocido como pueblo judío; en términos religiosos, judíos son también los que practican el judaísmo, reconocidos como tales por los rabinos.
Ninguno de los tres términos enumerados es sinónimo deisraelí, vocablo que designa al habitante del moderno Estado de Israel. A dicho país se lo conoce a veces también como Estado Judío y Estado Hebreo sin emplearse en este caso particular el término israelita, que por lo general suele reservase para los hebreos de la Antigüedad y también para la autodenominación de algunas comunidades judías diaspóricas.
Desde el siglo XIX, hay judíos seculares y laicos, escépticos, agnósticos, y hasta ateos; es necesario señalar que Israel es un país fundamentalmente LAICO, de ahí los problemas que tiene el presidente del país, para seguir contando con el apoyo político de los ultraortodoxos, ante la posible militarización de algunos de sus componentes, cosa de la que estaban exentos desde el año 1948, gracias al acuerdo de Ben Gurión con la cúpula rabínica, todo ello debido a la presión actual de grupos políticos menos fundamentalistas, que exigen que los ultraortodoxos de las escuelas rabínicas cumplan con sus deberes militares como el resto de varones y mujeres.
Una yeshivá -plural yeshivot– es un centro de estudios de la Torá y el Talmud generalmente dirigida a varones del judaísmo ortodoxo, conocida también como escuela talmúdica.
Los ultraortodoxos, conocidos también como jaredíes, han mantenido y lo siguen haciendo, posturas cada vez más divergentes con las tendencias sociales y políticas actuales.
Los jaredíes llevaron a cabo con el resto de judíos repartidos por el mundo, hasta 1948, el mantenimiento del imaginario de la tierra que los judíos no habían tenido durante 2.000 años, al nutrir durante el exilio eterno y las diásporas infinitas, mediante el Talmud, la creación de comunidades de jaredíes y las yeshivot, de los mandatos religiosos que mantuvieron al pueblo unido en la religión, siendo ello un escudo en donde guarecerse, protegerse y sufrir todas las expulsiones, persecuciones y matanzas que solo cesaron con el nacimiento del Israel moderno.
El jaredí fue en su inicio un movimiento europeo que surgió contra las corrientes reformistas que nacieron en el seno del judaísmo en el siglo XVIII. Hoy, hay grandes comunidades jaredíes en Nueva York, Londres o California.
En Israel, los jaredíes son todos aquellos judíos que han construido un modo de vida centrado en el cumplimiento absoluto de todas las leyes y preceptos contenidos en el Talmud, lo que les hace estar inclusos en una yeshivá, estando por tanto sujetos a los criterios vinculantes, de los rabinos, viviendo aislados del resto de la sociedad.
En el año 1948, David Ben Gurión, el padre fundador del Estado de Israel, buscó el apoyo y el consenso de la comunidad jaredí, fundamentalmente para rendir un homenaje de siglos a la religión: Cuidamos al Libro y el Libro nos cuidó a nosotros.
Ben Gurión les otorgó a los rabinos fundamentalistas ciertas competencias y privilegios, aprobando algunas leyes que chocan con la esencia de la democracia occidental.
Les otorgó la potestad de decidir quién era judío y quién no, competencia absoluta sobre los matrimonios, regir sus conflictos y disputas mediante tribunales religiosos (prerrogativa que lógicamente no incluye los delitos y las faltas y todo lo concerniente al derecho penal) y se les concedió el privilegio más polémico de todos: la exención del servicio militar obligatorio si acreditaban estar inscritos en una yeshivá.
Eso hoy ha cambiado, ya que el Parlamento lo modificó, y la exigencia de los grupos políticos para que se efectúe el alistamiento de los ultraortodoxos de manera inmediata en el ejército, es un nuevo palo en la rueda para la gobernabilidad del país.
Hace unos días, quedamos para tomar algo un grupo de amigos de los de toda la vida, cosa que repetimos con alguna regularidad, constituyendo para mí, una de las reuniones más agradables a las que asisto.
Ya mediada la tertulia, salió el tema de la fe, Dios, el Universo y otros temas de este calado, al hablar uno de nosotros del libro Dios. La ciencia, Las Pruebas; El albor de una revolución de Michel Yves Bolloré y Oliver Bonnassies, y probablemente, dada nuestra provecta edad, quizá buscando la forma de hacer algún tipo de mérito, aunque sea reflexivo, de cara a la no muy lejana otra vida, que pudiera inquietar a alguno, o no.
A raíz de ahí, dos de nosotros -yo era uno, y el otro un amigo bastante leído- nos enzarzamos en una discusión sobre el origen y fin del Universo (de forma ya insufrible para los demás, ya que lo hacemos habitualmente sobre cualquier asunto), defendiendo yo la falta de demostración empírica de las teorías avanzadas sobre el asunto, y mi oponente dialéctico, su exactitud precisión y veracidad, aunque considerando que son teorías evolutivas, y por tanto cambiantes, aunque sin romper sus consideraciones básicas.
Al empezar a liarnos con las teorías sobre el origen del Universo -sin mentar las del fin-, recordé lo que supuso para el mundo, la Revolución Científica del siglo XVII con el cambio de paradigma, en donde se pasó, de las verdades imaginativas -más que las actuales sobre el Universo-, demostradas entonces imprecisas o directamente erróneas, que fueron ciertas durante muchos siglos y que terminaron con la Escolástica o el Geocentrismo, descubriendo la necesidad de la demostración empírica de las certezas para considerarlas tales.
Así pues, y para centrarme en el asunto, voy a tratar de resumir el cambio paradigmático que supuso la posibilidad de defender fehacientemente las verdades que de forma empírica se comenzaron a demostrar tras la Revolución Científica, y posteriormente, pasaré de puntillas sobre las últimas hipótesis NO DEMOSTRADAS, aunque aceptadas más o menos por unos y otros, sobre el origen y fin del Universo.
La Revolución Científica
Lo que escribo, se ha intentado sustentar en estudios académicos especializados, lo que permite fundamentar las afirmaciones expuestas. La revisión de textos clásicos y de investigaciones recientes, evidencia la continuidad y la transformación de las ideas a lo largo del tiempo, permitiendo comprender la complejidad de un proceso que, sin lugar a dudas, marcó un antes y un después en la historia del conocimiento humano.
En la interpretación del mundo y la naturaleza existían tres importantes tradiciones intelectuales:
El ORGANICISMO que explicaba el universo por analogía con el mundo de los seres vivos, el MAGICISMO, vinculado a las tradiciones pitagórica, neoplatónica, cabalística o hermética, que entendía la naturaleza como una obra de arte cuyas claves misteriosas debían ser desentrañadas a través de las matemáticas vinculadas a los números claves y al esoterismo, y el MECANICISMO que consideraba que el universo funcionaba como un reloj cuya exactitud se regía por leyes matemáticas; esta última sería la predominante entre los protagonistas de la Revolución Científica.
El siglo XVII constituyó una etapa de profundos cambios en el modo de comprender la naturaleza y el universo. Durante este período, se produjo una transformación en la metodología y en los fundamentos del saber, lo cual posibilitó la instauración del método científico como herramienta básica y necesaria para la investigación de la realidad.
La relevancia de la Revolución radicó en la identificación de un cambio paradigmático que, tras muchos años de consolidación del sacralizado pensamiento medievalbasado en la autoridad y en la tradición, dio paso a un enfoque empírico y racional, característico de la modernidad.
En primer lugar, se establecerán los antecedentes históricos y culturales que permitieron el surgimiento de la Revolución Científica, analizando después, los factores que impulsaron este proceso, los nuevos métodos de investigación, la influencia de factores aparentemente exógenos a la misma como la situación geográfica en donde se inició, la religión y el lenguaje, las aportaciones de las figuras fundamentales de la época, así como las conclusiones y consecuencias que tuvieron en el ámbito intelectual, social y cultural; se pretende, de este modo, ofrecer un recorrido integral y coherente, que evidencie la trascendencia de la Revolución Científica, destacando su influencia en la configuración del pensamiento contemporáneo y en la consolidación de la ciencia como disciplina autónoma.
Tras la época de la consideración clásica de la teoría aristotélica del mundo sublunar y lunar, el primero situado en la región que estaba situada por debajo de la Luna, constituida por los cuatro elementos propuestos por Empédocles, y el segundo constituido por el resto de esferas superiores a las que el éter dotaba de inmutabilidad, consideración que se prolongó sacralizada hasta el siglo XVI, comenzó el cambio científico y conceptual con la hipótesis novedosa que propuso Nicolás Copérnico, en 1543, con su obra De revolutionibus orbium coelestium, según la cual, el Sol, y no la Tierra, ocupaba el centro del universo y a su alrededor giraban estrellas y planetas. Copérnico discutió las implicaciones filosóficas de la teoría propuesta, y elaboró un estudio basado en observaciones astronómicas plasmado en elaboraciones geométricas, que permitirían calcular las posiciones pasadas y futuras de las estrellas y planetas.
Es necesario señalar, que la crisis del siglo XVII que, con características similares tuvo lugar en los distintos reinos europeos, en cada país y en cada región, tuvo efectos diferentes. Es decir, no fue homogénea en toda Europa, aunque sí que aumentó las diferencias entre los Estados y entre los sectores económicos y sociales.
El auge económico del norte, facilitó la puesta en marcha de la primera fase de la Revolución Científica, que estuvo enfocada a la recuperación del conocimiento de los antiguos, y que pudiera denominarse de Renacimiento Científico, que pudo llegar a su punto álgido con la publicación de Galileo del ensayo Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo en 1632. La culminación de la Revolución Científica puede considerarse alcanzada con la publicación en 1687 de Philosophiae naturalis principia mathematica de Isaac Newton, que formuló las leyes del movimiento y de la gravitación universal. El final del siglo XVII se consideró una época de crisis de la conciencia europea, abriendo la puerta al siglo XVIII, el Siglo de las luces o de la Ilustración, que es cuando se logró la culminación de la Revolución Científica.
El surgimiento de la Revolución Científica no puede considerarse un fenómeno aislado, sino el resultado de una larga serie de procesos históricos y culturales que, a partir del Renacimiento, propiciaron un ambiente adecuado para el cambio. Durante la Edad Media, el conocimiento, se encontraba estrechamente vinculado a la tradición aristotélica y a la doctrina eclesiástica, lo que restringía la posibilidad de innovar y de cuestionar los fundamentos establecidos. Sin embargo, el redescubrimiento de las obras clásicas y el auge del humanismo, abrieron nuevas perspectivas y posibilitaron el pensamiento crítico en todo su valor.
El Renacimiento implicó una revalorización de la antigüedad grecolatina, en la que se rescataron textos y conocimientos que habían sido relegados en el periodo medieval. Este resurgir de la cultura clásica propició el cuestionamiento de muchos dogmas establecidos y estimuló el interés por el estudio empírico de la naturaleza. La invención de la imprenta y la consecuente difusión de los saberes, a partir de ahora más trasnacional, fueron factores determinantes en la transformación del conocimiento, pues permitieron que las ideas innovadoras circularan más rápidamente entre la comunidad intelectual europea. El protestantismo del norte fue un impulso adicional para descubrir nuevos caminos que la Iglesia católica tenía cerrados desde hacía siglos.
Asimismo, el descubrimiento de nuevos mundos y el contacto con culturas ajenas al universo europeo, ampliaron los horizontes culturales, lo que obligó a replantear el entendimiento del mundo, y a cuestionarla visión centralizada y teocéntrica del Universo.
La apertura comercial y el intercambio de conocimientos con otras civilizaciones, contribuyeron además a la consolidación de una mentalidad más abierta y dispuesta a someter las ideas a la experiencia y a la observación directa.
La transición hacia el pensamiento moderno se vio favorecida por la convergencia de la recuperación de las fuentes clásicas con la invención de nuevos instrumentos técnicos de observación, y la consolidación de una actitud crítica frente a la autoridad tradicional. Estas condiciones sentaron las bases de un cambio de paradigma, que culminaría en la formulación del método científico, y en el abandono paulatino de los sistemas de pensamiento medievales.
El análisis de estos antecedentes, demuestra que la Revolución Científica fue creciendo como el resultado de una evolución gradual del conocimiento, en la que convergieron factores culturales, tecnológicos y epistemológicos. El paso de una concepción del universo basada en la fe y en la autoridad, a una visión fundamentada en la razón y en la observación empírica, constituyó sin duda, uno de los hitos más relevantes de la historia intelectual de Occidente.
Al tratar de los factores que impulsaron la Revolución Científica, podrá advertirse que fueron varios los elementos que contribuyeron a la consolidación del cambio epistemológico en el siglo XVII. entre ellos resultaron fundamentales, la ruptura con el pensamiento escolástico, la innovación en la tecnología, la aparición de nuevos métodos de investigación y la transformación del contexto político y social con la religión como parte importante del mismo, y en un ámbito lateral circunscrito al espacio británico y de las Provincias Unidas, señalar que el ambiente del cambio político británico, con la República y el Protectorado de Cromwell y el parlamentarismo, al igual que el de las Provincias Unidas con su independencia, fueron un perfecto caldo de cultivo para el desarrollo de la Revolución Científica y del pensamiento político, con la publicación de las obras de Hobbes, Milton, Harrington u otros.
La rigidez del sistema escolástico, que había dominado la interpretación del mundo durante siglos, se vio confrontada por el resurgir de las ideas renacentistas. La imposibilidad de explicar ciertos fenómenos naturales mediante las doctrinas heredadas, impulsó a la búsqueda de nuevas explicaciones basadas en la observación directa y en el razonamiento lógico. La insatisfacción con las respuestas tradicionales, impulsó la formulación de hipótesis, que, sometidas a la comprobación empírica, señalaron el camino hacia una nueva vía para el conocimiento.
Las innovaciones tecnológicas desempeñaron un papel decisivo en el proceso revolucionario. La invención y el perfeccionamiento de instrumentos como el Telescopio (Galileo Galilei, 1609) que permitió las observaciones astronómicas que refutaron el geocentrismo, el Microscopio (Antonie van Leeuwenhoek, finales del siglo XVII) que facilitó el estudio de microorganismos y células, revolucionando la biología, el Barómetro (Evangelista Torricelli, 1643), fundamental para la comprensión de la presión atmosférica, el Termómetro (Galileo y posteriormente Fahrenheit y Celsius), que mejoró la medición precisa de la temperatura, la Regla de cálculo (Edmund Gunter, 1620), herramienta matemática para cálculos logarítmicos, el Reloj de péndulo (Christiaan Huygens, 1656), crucial para la astronomía y la navegación, la Imprenta mejorada (siglo XV, Gutenberg), que permitió la difusión de libros científicos, las Tablas Astronómicas mejoradas (Johannes Kepler) que predecían los movimientos planetarios con precisión, apoyando el heliocentrismo, y tantos otros descubrimientos, posibilitaron la observación de aspectos del Universo que hasta entonces se encontraban fuera del alcance de la percepción humana. La utilización de estos aparatos permitió, por ejemplo, la identificación de Júpiter o la revelación de la complejidad estructural de organismos vivos, lo que cuestionó las nociones previamente aceptadas sobre el cosmos y la naturaleza. La precisión de estas nuevas herramientas, evidenció la necesidad de revisar los modelos explicativos tradicionales y de desarrollar teorías fundamentadas en datos observables y contrastados.
Estos avances no solo facilitaron descubrimientos en astronomía, física y biología, sino que también transformaron la forma en que se producía y validaba el conocimiento en general.
La aparición y evolución de nuevos métodos de investigación fueron en realidad la auténtica revolución de este periodo, que condujo a la consolidación del método científico. Pensadores como Francis Bacon –Novum Organum (1620)- propusieron la importancia de la experimentación y la inducción para v sobre el funcionamiento del mundo; la sistematización de la observación, la formulación de hipótesis y la verificación a través de experimentos controlados, permitieron que el conocimiento se construyera de forma progresiva y acumulativa, en contraposición a la mera recepción de saberes dictados por la autoridad de textos antiguos o de la concepción político/religiosa. Este método, se convirtió en la piedra angular de la ciencia moderna, estableciendo un criterio de objetividad y rigor que se extendió a lo largo de los siglos.
Junto a la corriente de renovación científica empirista de Galileo -nacida en Inglaterra-, Locke, o Kepler, surgió la racionalista de Descartes -tendencia continental-. Se pasaba de la escolástica medieval, basada en la autoridad de los textos antiguos de Aristóteles o Ptolomeo, al razonamiento deductivo y a una metodología empírica y experimental. En el siglo XVII, pensadores como Galileo Galilei señalaron la importancia de la observación empírica y el experimento controlado como base para el conocimiento.
Descartes y el racionalismo defendían que la geometría era el ideal de todas las ciencias y también de la filosofía, asegurando que solo mediante la razón se podían descubrir ciertas verdades universales, sin embargo, los empiristas, introdujeron la experimentación sistemática y el uso de instrumentos para validar hipótesis, sin despreciar lo proporcionado por la razón.
René Descartes, en Discurso del método (1637), promovió el método cartesiano, basado en la duda metódica y el uso de las matemáticas para describir la naturaleza.
Isaac Newton, sintetizó en su obra en 1687, las leyes del movimiento y la gravitación universal, usando un método matemático riguroso.
El método científico en definitiva fue una combinación de observación, experimentación y modelización matemática.
El contexto político y social de la época -en continua transformación-, también favoreció el avance del pensamiento científico; el fortalecimiento de los Estados y el aumento de la riqueza y la centralización del poder, sobre todo en el norte europeo, facilitaron el patrocinio de investigaciones y el establecimiento de Academias y Sociedades Científicas, ya que las Universidades en general, fueron refractarias a las nuevas teorías, y exceptuando algunos casos como el de Newton o Galileo, no permitieron tener espacios científicos para la investigación.
El mecenazgo, tanto por parte de la nobleza como de los monarcas, permitió que los investigadores contaran con los recursos necesarios para desarrollar sus estudios. De igual forma, la gradual secularización de la sociedad propició un ambiente menos restrictivo y hostil para la exploración intelectual, lo que contribuyó a la emancipación de la ciencia de las limitaciones impuestas por la doctrina religiosa.
Es necesario aquí, tratar el tema de la religión y las luchas derivadas de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica, ya que la Revolución Científica se desarrolló en un contexto de profundos cambios religiosos y políticos. El Concilio de Trento (1545-1563), convocado por la Iglesia Católica en respuesta a la Reforma de Lutero, tuvo un impacto significativo en la ciencia, tanto limitándola como estimulándola en ciertos aspectos.
También, es necesario estudiar el cambio de liderazgo económico del Mediterráneo a Las Provincias Unidas e Inglaterra, ya que fue otro factor básico de la Revolución Científica que comenzó en estos territorios.
El Concilio de Trento reafirmó la autoridad de la Iglesia en la interpretación de la Biblia y la teología, lo que tuvo varias consecuencias para el desarrollo científico, limitándolo mediante el refuerzo de la censura, estableciendo el Índice de Libros Prohibidos (Index Librorum Prohibitorum), que censuraba obras consideradas contrarias a la doctrina católica, incluyendo textos científicos; Galileo Galilei, fue condenado por la Inquisición en 1633, por su defensa del heliocentrismo de Copérnico, que contradecía la interpretación bíblica tradicional. También actuó negativamente mediante el control de la educación, especialmente sobre las universidades, restringiendo la enseñanza de teorías que contradijeran la doctrina católica. Las universidades católicas continuaron defendiendo el aristotelismo, rechazando el empirismo y el método experimental.
También a veces, la Iglesia actuó como impulsora de la Revolución Científica mediante el patrocinio de instituciones científicas como en el caso de la Compañía de Jesús, que promovió estudios matemáticos y astronómicos en sus colegios. Así mismo, la Iglesia católica promovió investigaciones astronómicas para corregir el calendario juliano, desarrollando el calendario gregoriano en 1582, basado en cálculos de astrónomos jesuitas, patrocinando también a algunos científicos, que justificaran sus investigaciones en la idea de descubrir el diseño divino del universo.
La Reforma Protestante cuestionó la autoridad de la Iglesia Católica, promoviendo el libre acceso al conocimiento, fomentando la lectura y el pensamiento crítico e impulsando la alfabetización con la lectura de la Biblia en lenguas vernáculas, ayudando de este modo a difundir el pensamiento científico. En territorios protestantes hubo menos censura, y en países como Inglaterra o las Provincias Unidas de mayoría protestante, aprovecharon las menores restricciones, para la publicación de textos científicos, lo que favoreció la expansión de nuevas ideas.
Es importante también señalar que el lenguaje de la ciencia fue experimentando un cambio fundamental. Antes de este período, el conocimiento se transmitía principalmente en latín, la lengua de la escolástica medieval, accesible solo a una élite académica y clerical. Sin embargo, con el avance de la ciencia moderna, surgió un cambio hacia el uso de lenguas vernáculas como el inglés, el francés, el italiano y el alemán. Este cambio, tuvo como consecuencia importante la accesibilidad al conocimiento, ya que científicos como Galileo Galilei, René Descartes o Robert Boyle, entre otros, comenzaron a escribir en sus lenguas vernáculas, pudiendo entonces muchas más personas comprender y participar en el debate científico. Esto unido a la transnacionalización de la información, facilitó la difusión de ideas y fomentó una cultura científica más amplia. También, surgió la necesidad de un lenguaje más preciso y sistemático para describir fenómenos naturales; la instauración de términos técnicos en matemáticas, física y biología, permitieron una mayor claridad en la comunicación de descubrimientos. Por ejemplo, Isaac Newton estableció un vocabulario matemático riguroso en Principia Mathematica (1687), que, aunque escrito en latín, pronto sus conceptos fueron traducidos a lenguas vernáculas.
Esto ayudó a fomentar una mentalidad más racional y empírica en distintos sectores de la sociedad, contribuyendo a la aparición de la Ilustración y al desarrollo de la educación científica en Europa.
En otro orden de cosas, como se apuntaba ut supra, el cambio de liderazgo económico del Mediterráneo a los ingleses y neerlandeses, fue muy importante para la Revolución Científica. Se juntaron la nueva relativa libertad de pensamiento de los protestantes de Inglaterra y de Las Provincias Unidas con la riqueza derivada del comercio y de las manufacturas.
Los factores que intervinieron en el cambio de la centralidad económica del Mediterráneo al noroeste europeo, interconectados, pudieron ser entre otros:
El descubrimiento de nuevas rutas comerciales, abiertas por España y Portugal con Asia y América, la conquista de los otomanos de Constantinopla en 1453 con la consiguiente dificultad para venecianos y genoveses para comerciar por ese mar y por las rutas terrestres que del Mediterráneo oriental partían hacia oriente, redujeron la importancia del Mediterráneo, trasladando el comercio hacia las rutas atlánticas, donde primero portugueses y españoles, y posteriormente holandeses e ingleses, tuvieron el control.
A partir del siglo XVII, Inglaterra y Las Provincias Unidas superaron comercialmente a españoles y portugueses, gracias a su innovación financiera, a la disponibilidad de grandes flotas mercantes y al establecimiento de compañías comerciales como las Compañías Holandesas de las Indias Orientales en 1602 y Occidentales en 1623, y la Compañía Inglesa de las Indias Orientales en 1600. El modelo mercantilista incentivó la acumulación de riqueza a través del comercio exterior y la explotación de colonias, aunque la competencia por el control de rutas comerciales llevó a conflictos como la Guerra Anglo-Holandesa y la lucha por el dominio del comercio con Asia. La nueva riqueza generada, coadyuvó de manera determinante al desarrollo de la Revolución Científica.
Sirvan como ejemplos la creación de instituciones científicas en Inglaterra como la fundación de la Royal Society (1660) en Londres, que marcó un hito en la institucionalización de la ciencia, promoviendo el empirismo y el método experimental, la Universidad de Leiden (1575) en Las Provincias Unidas o la Academia de Ciencias de París (1666), que fomentaron la experimentación colectiva y la difusión de descubrimientos, además de otras instituciones que fueron fundamentales en la enseñanza y en la producción científica, atrayendo a figuras como René Descartes y Christiaan Huygens.
Por tanto, fue la combinación del establecimiento de instituciones científicas, la libertad intelectual, la fuerza económica y las figuras científicas surgidas al calor de la libertad y de los medios de investigación, los que convirtieron a Inglaterra y las Provincias Unidas en motores fundamentales de la Revolución Científica.
También es interesante señalar que, en el ámbito sobre todo cultural, aunque el Barroco y la Revolución Científica fueron coetáneos, los países en donde más fuerza tuvo el primero es donde menos se desarrolló la segunda y viceversa.
Se realizaron grandes avances en matemáticas (logaritmos, algebra, geometría, análisis infinitesimal y otros) y en consecuencia la Revolución Científica, transformó no solo la manera de abordar el conocimiento sino también, la estructura social y cultural de la época, y la instauración de un método científico riguroso y empírico, que posibilitó el surgimiento de una visión del universo fundamentada en principios universales y verificables. Las aportaciones de pensadores y científicos evidenciaron la diversidad de enfoques y la complementariedad de las ideas que, en conjunto, propiciaron la consolidación del paradigma moderno.
La Revolución Científica fue un proceso complejo y multifacético, cuyo alcance trascendió el ámbito de la ciencia, para afectar profundamente la estructura del pensamiento y de la sociedad. El proceso de transformación del pensamiento, que se plasmó en el surgimiento del método científico y en la consolidación de nuevos paradigmas explicativos, constituye la base sobre la que se ha edificado la ciencia moderna.
Como resumen, se puede afirmar que la Revolución Científica del siglo XVII marcó el inicio de una nueva era, en la que la razón, la observación y la experimentación, se erigieron como principios rectores para la generación de saberes. La trascendencia de este cambio, se evidencia en el legado metodológico y epistemológico que sirvió de base a la Revolución Industrial y que se mantiene vigente en la actualidad, configurando un modelo de investigación y de pensamiento que ha permitido a la humanidad avanzar en la comprensión de la realidad y en el desarrollo de tecnologías transformadoras; fue un punto de inflexión en la historia del pensamiento, cuya influencia se mantiene vigente en la configuración del mundo moderno.
Dicho esto, como apunté inicialmente, trataré de exponer algunas de las hipótesis manejadas en la actualidad, con mayor o menor aceptación y con mayor o menor acierto por mi parte sobre el origen y el final del o de los universos, pero para mí, que como se ha podido observar soy pro demostración empírica de lo que pudiera considerarse certeza, no son más que teorías sin confirmar científicamente, entre otras cosas, porque el concepto Universo pudiera desbordar a la Ciencia, pudiendo todas las teorías ser válidas, hasta la de la existencia de una civilización superior en otro Universo paralelo, en tiempo y espacio diferentes, y generatriz o no del nuestro.
La teoría más conocida sobre el origen del universo, se centra en un cataclismo cósmico sin igual en la historia: el Big Bang. Esta teoría surgió de la observación del alejamiento a gran velocidad de otras galaxias respecto de la nuestra -siempre el hombre ha gustado de considerarse el centro de todo- en todas direcciones, como si hubieran sido repelidas por una fortísima y primigenia fuerza explosiva.
Es la teoría científica más sólida o de mayor aceptación sobre el origen del Universo, que propone que se originó a partir de un estado inicial extremadamente denso y caliente, expandiéndose y enfriándose a través del tiempo.
Antes del Big Bang, según los científicos, la inmensidad del Universo observable, incluida toda su materia y radiación, estaba comprimida en una masa densa y caliente en tan solo unos pocos milímetros de dimensión volumétrica. Este estado enigmático, se especula que existió tan sólo una fracción del primer segundo del tiempo.
La teoría mantiene que, en un instante -una trillonésima parte de un segundo- tras el Big Bang, el universo se expandió con una velocidad incomprensible, desde su origen del tamaño de una nuez, a un alcance astronómico. La expansión aparentemente ha continuado, pero mucho más lenta, según algunos y más rápida según otros, durante los siguientes miles de millones de años
Las evidencias que respaldan la teoría del Big Bang pudieran ser:
Expansión del universo: las observaciones de galaxias que se alejan unas de otras a gran velocidad, son un elemento clave de la expansión.
Radiación cósmica de fondo: la detección de radiación cósmica de fondo (CMB), una forma de radiación que emana de todo el universo y es el remanente de la época en que el universo era muy joven, es otra evidencia sólida del Big Bang.
Abundancia de elementos: la proporción de elementos ligeros (hidrógeno y helio) en el universo, es acorde con la teoría del Big Bang, sobre cómo se formaron estos elementos en los primeros instantes, tras la explosión.
Formación de estructuras: la teoría del Big Bang explica cómo las imperfecciones en la densidad de la materia en los primeros momentos del universo, evolucionaron para formar las galaxias y las estructuras que vemos hoy en día.
Con el lanzamiento del telescopio espacial James Webb, la comunidad científica pretende obtener más datos sobre el origen del Universo. Con esta nueva herramienta en el espacio, los astrónomos pretenden buscar en el Universo, tanto en el espacio como en el tiempo, cosas inéditas, habiendo obtenido ya en 2023, observaciones que han permitido saber más sobre el pasado de su formación y evolución; tras solo un año operativo, las observaciones del JW desvelaron secretos sobre los primeros días de la historia galáctica. Al menos dos de las galaxias descubiertas están más alejadas que cualquier otra observada hasta esa fecha, y el telescopio detectó otra media docena, a la espera de confirmación.
La Agencia Espacial Europea anunció también que ya tenían pruebas de siete galaxias que serían las más antiguas conocidas hasta la fecha. Según los astrónomos, estas formaciones de estrellas datarían de 650 millones de años después del Big Bang, que las haría las galaxias más tempranas que se han podido confirmar espectroscópicamente. A primera vista, parece que el universo primitivo fue más pródigo en la formación de estrellas y galaxias de lo que los científicos habían previsto hace muy pocos años,
Stephen Hawking opinaba, que como ocurre con muchos otros misterios del cosmos, los científicos no pueden saber con exactitud el modo en que el Universo evolucionó tras el Big Bang. Muchos creen que, a medida que transcurría el tiempo y la materia se enfriaba, comenzaron a formarse tipos de átomos más diversos, y que estos finalmente se condensaron en las estrellas y galaxias de nuestro universo presente.
El término Big Bang fue usado por primera vez en 1949 por el astrofísico británico Fred Hoyle durante una transmisión de radio. Hoyle, que era defensor de la teoría del universo estacionario, utilizó el término Big Bang como una manera de burlarse de la teoría de la expansión del universo. En realidad, el origen de esta teoría hay que buscarlo en un sacerdote belga, de nombre George Lemaître, que sugirió por primera vez la teoría del Big Bang en la tercera década del siglo XX -1927-, cuando propuso que el universo comenzó a partir de un único átomo primigenio. Esta idea ganó empuje más tarde gracias a las observaciones de las galaxias de Edwin Hubble, alejándose de nosotros -volvemos al nosotros y no entre ellas- a gran velocidad en todas direcciones, y a partir del descubrimiento de la radiación cósmica de microondas de Arno Penzias y Robert Wilson.
El brillo de la radiación de fondo de microondas cósmicas, que puede encontrarse en todo el universo, se piensa que es un remanente tangible de los restos de luz del Big Bang. La radiación es similar a la que se utiliza para transmitir señales de televisión mediante antenas, pero se trata de la radiación más antigua conocida y puede guardar muchos secretos sobre los primeros momentos del universo.
La teoría del Big Bang deja muchas preguntas importantes sin respuesta. Una, puede ser la causa original del mismo Big Bang. Se han propuesto muchas respuestas para abordar esta pregunta fundamental, pero ninguna ha sido probada, como la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura, que conforman la mayor parte del Universo, y la comprensión de los primeros momentos del universo antes de que la radiación cósmica de fondo se formara.
Hace casi un siglo, Albert Einstein -1879 a 1955-, buscó alternativas al modelo del Big Bangporque su desarrolloen el tiempo desde el comienzo, no le encajaba. A día de hoy, hay varias teorías sobre el origen del Universo en la literatura científica como la teoría del universo cíclico, la teoría de la inflación cósmica o la teoría de cuerdas y del multiverso.
La teoría del universo cíclico -del universo oscilante- propone que el universo experimenta una serie infinita de expansiones y contracciones (Big Bang y Big Crunch -se verá deorsum-), creando un ciclo continuo. A diferencia de la teoría del Big Bang, que sugiere que el universo nació de un punto singular y se expande continuamente, la teoría cíclica sugiere que cada expansión comienza con un Big Bang y termina con un Big Crunch, dando lugar a un nuevo Big Bang en el ciclo siguiente
La teoría de la inflación cósmica, ha sido una de las ideas más influyentes en la cosmología moderna. Fue propuesta para resolver varios problemas del modelo del Big Bang clásico, como la homogeneidad, la planitud y la ausencia de defectos topológicos.
La inflación cósmica postula que, una fracción de segundo después del Big Bang, el universo experimentó una expansión exponencial extremadamente rápida, mucho más veloz que la velocidad de la luz -lo cual no contradice la relatividad, ya que no se movía la materia, sino el propio espacio-tiempo-.
Fue propuesta por Alan Guth en 1981 y posteriormente mejorada por otros físicos como Andrei Linde, Andreas Albrecht, y Paul Steinhardt. Es una teoría ampliamente aceptada pero aún incompleta.
La teoría de cuerdas y la idea del multiverso son dos conceptos que provienen de la física teórica y la cosmología moderna. Aunque no son sinónimos, están conectados en algunos marcos teóricos, especialmente cuando se intenta unificar todas las fuerzas fundamentales del universo, incluida la gravedad, en una única teoría coherente.
La Teoría de Cuerdas propone que las partículas fundamentales -como electrones o quarks- no son puntos sin estructura, sino cuerdas unidimensionales vibrantes. Dependiendo de cómo vibren, estas cuerdas dan lugar a diferentes partículas con distintas masas y fuerzas, necesitando 10 o 11 dimensiones para ser matemáticamente consistente, propone que todas las fuerzas (gravedad incluida) surgen de la misma estructura fundamental e incluye gravedad cuántica, algo que otras teorías no logran incorporar adecuadamente.
El Multiverso es uno de los aspectos más controvertidos de la teoría de cuerdas y es que no considera un único Universo. El multiverso, en esencia, es una colección de universos que existen en paralelo y sugiere una enorme cantidad de posibles universos, cada uno con leyes físicas ligeramente distintas. Esto es lo que se conoce como el paisaje del multiverso de cuerdas.
Por ejemplo, el Multiverso tipo II surge de la inflación cósmica eterna. Diferentes regiones del espacio pueden expandirse y desinflarse con propiedades físicas distintas o el Multiverso tipo IV en el que todos los universos matemáticamente posibles existen en algún sentido.
Ni la teoría de cuerdas ni el multiverso son actualmente verificables experimentalmente, aunque en 2014, un equipo internacional de científicos detectaron ondas gravitacionales, deformaciones espacio-tiempo provocadas por el Big Bang, que sugieren que vivimos en realidad en un multiverso, es decir, un Universo con muchos universos. Estas ondas pudieran confirmar, las teorías sobre la inflación cósmica y la expansión exponencial que se produjo en una fracción de segundo después del de la gran explosión hace 13.800 millones de años.
También es importante señalar, que recientemente, el ex presidente del departamento de astronomía de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, ha publicado en la revista Scientific American la teoría menos explorada de que nuestro Universo pueda haber sido creado en por una civilización más avanzada que la nuestra.
Entonces nos podemos preguntar ¿Qué hay más allá de los límites del Universo observable? ¿Es posible que nuestro Universo sea sólo uno de los muchos de un multiverso mucho mayor? A estas preguntas, sin lugar a dudas, la humanidad intentará responder.
Sobre el posible fin del Universo, también hay varias teorías:
La teoría del Big Crunch es una hipótesis cosmológica que propone un posible destino final del universo. Es una de las teorías que intenta explicar cómo podría terminar el universo, basándose en su actual expansión.
El Big Crunch plantea que la expansión del universo (iniciada por el Big Bang) no durará para siempre. En lugar de seguir expandiéndose indefinidamente, la gravedad, eventualmente, detendría la expansión y haría que todo el Universo comenzara a contraerse. Esta contracción acabaría colapsando todo en un punto extremadamente denso y caliente, un proceso inverso al Big Bang.
Podría tener varias etapas:
Expansión desacelerada: a medida que la expansión se ralentiza por la gravedad, las galaxias comienzan a acercarse.
Detención de la expansión: en un momento del tiempo, la expansión cesa completamente.
Contracción: la gravedad domina y el Universo comenzaría a encogerse.
Colapso final: toda la materia y energía del Universo se condensaría en un punto infinitamente denso y caliente, como en el estado inicial, antes del Big Bang.
Es condición necesaria para que ocurra el Big Crunch, que la densidad del Universo sea mayor que la densidad crítica, es decir, que haya suficiente materia oscura para frenar la expansión y que la energía oscura -que actualmente acelera la expansión- no sea dominante o cambie su comportamiento con el tiempo. El Big Bounce es un complemento alternativo para el Big Crunch, que podría ser seguido por un rebote, creando un nuevo universo en un ciclo cósmico continuo.
La teoría del Big Freeze -Gran Congelación- es uno de los posibles destinos finales del universo según los modelos cosmológicos actuales. Se basa en la idea de que el universo continuará expandiéndose indefinidamente hasta que alcance un estado de muerte térmica, en el cual la energía disponible para realizar trabajo se agote por completo.
La teoría parte de dos observaciones clave:
El universo se está expandiendo, y no sólo eso: la expansión se acelera, según los datos del fondo cósmico de microondas y la observación de supernovas lejanas.
La segunda ley de la termodinámica implica que la entropía del universo -su desorden- tiende a aumentar, lo que lleva a una distribución cada vez más uniforme de energía.
Según esta teoría las galaxias se alejarán cada vez más entre sí, hasta que muchas de ellas estén fuera del horizonte observable, la formación de nuevas estrellas cesará, ya que se acabarán los materiales -gas y polvo-necesarios, las estrellas existentes se apagarán una vez consuman su combustible, la materia colapsará en objetos degenerados como las enanas blancas, las estrellas de neutrones y los agujeros negros y finalmente, incluso los protones podrían desintegrarse, dejando un Universo compuesto únicamente por radiación y partículas subatómicas dispersas.
El resultado final sería una especie de muerte térmica, con temperaturas cerca del cero absoluto, sin gradientes de energía, lo cual implica que ningún proceso físico significativo podrá ocurrir y el Universo se convertirá en algo frío, oscuro y estático.
La teoría del Big Rip -Gran Desgarro- es una hipótesis cosmológica que describe un posible futuro del Universo en el que la expansión acelerada causada por la energía oscura termina desgarrando literalmente todas las estructuras del cosmos, desde cúmulos de galaxias hasta átomos.
Desde que Edwin Hubble descubrió en 1929 que el universo se expande, los cosmólogos han buscado entender cómo evoluciona esa expansión. En 1998, observaciones de supernovas lejanas mostraron que la expansión del universo no solo continúa, sino que se acelera, en contra de otras teorías anteriores que se deceleraba. Esta aceleración se atribuye a la llamada energía oscura*, que constituye aproximadamente el 70% del contenido del universo.
El Big Rip es un escenario propuesto en 2003 por el cosmólogo Robert R. Caldwell y sus colegas, basado en un tipo especial de energía oscura llamado energía fantasma.
Si la energía oscuraaumenta con el tiempo, en lugar de ser constante como en la constante cosmológica de Einstein, su presión negativa se vuelve tan intensa que supera todas las fuerzas atractivas del universo. Como resultado, la expansión se vuelve tan acelerada que rompe primero las galaxias, luego los sistemas solares, luego los átomos y finalmente el espacio-tiempo.
*La Materia Oscura:
Es una forma de materia que no interactúa con la luz, por lo que no puede ser observada directamente, contribuye aproximadamente al 27% de la densidad de energía del Universo, se detecta por sus efectos gravitacionales sobre la materia visible y se cree que está compuesta por partículas no convencionales, como las partículas de interacción de débil masa.
*La Energía Oscura:
Es una fuerza repulsiva que impulsa la expansión acelerada del universo, contribuye aproximadamente al 70% de la densidad de energía del universo, su naturaleza sigue siendo un misterio y se cree que podría estar relacionada con una energía del vacío o una fuerza gravitacional repulsiva.
La principal diferencia entre la materia oscura y la energía oscura radica en su naturaleza: la materia oscura es una forma de materia, mientras que la energía oscura es una fuerza o tipo de energía.
Como conclusión, cabe pensar que es posible y casi necesario, ante la falta de certezas sobre nuestros orígenes o el fin del Universo, que busquemos la fe (el que no la tenga) -no solo la religiosa-, necesaria para la supervivencia de la raza humana, ya que las certezas universales podrían provocar el caos absoluto.
La armada española que partió de Lisboa en agosto de 1588 para desembarcar en Inglaterra, fue llamada peyorativamente LaInvencible por los ingleses, por considerar éstos, que Felipe II tuvo una actitud muy arrogante y un exceso de confianza no justificado en su seguro éxito. Lo cierto es, que el término fue acuñado por William Cecil, primer barón de Burghley, que buscó realzar la resistencia inglesa frente a una flota mayor -tampoco fue cierto-, y ese adjetivo, empleado con habitualidad por los historiadores, quedó así para siempre; la verdadera denominación española de esa flota fue la Gran y Felicísima Armada.
Haremos un rápido repaso de la situación de las casas reinantes de España, Inglaterra y Portugal por aquel entonces, y los motivos de la guerra hispano-inglesa de 1585-1604.
Enrique VII de Inglaterra, casado con Isabel de York tuvo cinco hijos: Arturo el heredero, Margarita –esposa de Jacobo IV de Escocia y por tanto abuela de María I Estuardo, reina de Escocia y madre del rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia-, Enrique -Enrique VIII-, María y Catalina.
Enrique VII de Inglaterra.
Arturo, hombre enfermizo, casó con Catalina de Aragón -la hija menor de los Reyes Católicos- pero el matrimonio al parecer no llegó a consumarse. A la muerte de Arturo en accidente y tras un intento inútil de Enrique VII, ya viudo, de casarse con su nuera, Catalina fue casada con el tercer hijo, Enrique, que ascendió posteriormente al trono inglés con el ordinal VIII; de este matrimonio nació María Tudor Aragón.
Enrique se divorció de Catalina, para lo que tuvo que separarse de la Iglesia Católica, fundando la Iglesia Anglicana, que luego sería protestante, contrayendo segundas nupcias con Ana Bolena, con la que tuvo otra hija, Isabel. A esta segunda mujer, Ana, mandó decapitarla, ya que debió considerarlo más sencillo y soportable que otro divorcio, casándose cuatro veces más, naciendo de su tercer matrimonio con Juana Seymour, su único hijo varón Eduardo, que le sucedería con el ordinal VI, que reinó entre 1547 y 1553. A la muerte de Eduardo VI, la corona pasó a su hermanastra María I Tudor, prima hermana de Carlos I de España, y segunda mujer y tía de Felipe II de España, que reinó desde 1553 a 1558; reina muy católica, que trató de deshacer lo que su padre había creado en relación con el protestantismo, persiguiendo a los seguidores de este movimiento a sangre y fuego, siendo conocida con el sobrenombre de Bloody Mary.
Enrique VIII de Inglaterra y Ana Bolena observados por Catalina de Aragón. Marcus Stone. 1870.
María Tudor fue sucedida en el trono por su hermanastra bastarda Isabel I Tudor, la Reina Virgen –aunque el knick name fue una paradoja, o por eso-, que reinó hasta 1603.
Isabel I, “La reina virgen”.
Isabel I, celosa del poder que in crescendo iban acumulando los Habsburgo -especialmente Carlos I-, comenzó a atosigar a la Corona española desde todos los frentes posibles.
La herencia recibida por Felipe II de la corona de Portugal –por ser hijo de Isabel de Portugal-, el 16 de octubre de 1581 en el castillo de Tomar -anexo al Convento templario de Cristo-, tras la batalla de Alcántara, en la que el Duque de Alba derrotó a las fuerzas del otro aspirante Antonio Prior de Crato, apoyado por la Corona inglesa, incitó aún más a Isabel a intentar desgastar al imperio español, poseedor de las Américas, Portugal, España y los Países Bajos, y como remate, Amberes tras la toma por los Tercios españoles, poseyendo además los Habsburgo la corona del Sacro Imperio Romano Germánico en la persona de Maximiliano II de Habsburgo, primo hermano de Felipe II, hijo de su tío Fernando -nacido en Alcalá de Henares-, primero Rey de Romanos, y después Emperador del Sacro Imperio y rey de Hungría y Bohemia, y archiduque de Austria.
Además de todo lo expuesto, Felipe II había firmado en 1584 con Francia, representada por el Duque de Guisa, el tratado de Joinville con la Santa Liga de París, para combatir el protestantismo.
Por todo ello, Isabel hizo que su apoyo a los rebeldes holandeses fuera si cabía, más firme –firmó el Tratado de Nonsuch en 1585, pactando una alianza militar anglo-holandesa contra España- enviando 7000 efectivos a la Unión de Utrecht , con armas y ayuda económica en la medida de sus posibilidades.
En 1585, y llevando ya Isabel 28 años de reinado y como consecuencia de los constantes ataques de los corsarios ingleses a la flota española, especialmente a los barcos que venían cargados de riquezas de América, y del constante apoyo inglés a las revueltas de las Siete Provincias Unidas de la Unión de Utrecht –las siete provincias rebeldes de los Países Bajos españoles ya que las otras diez de la Unión de Arras permanecieron leales inicialmente a la Corona española-, que se enfrentaron a España en la guerra de los 80 años, desatándose las hostilidades entre Inglaterra y España, dando comienzo la guerra anglo-española en 1585, que duraría 19 años.
A partir de ahí, Isabel I le dio a Sir Francis Drake el mando de una flota, con la misión de atacar los territorios españoles en las Indias, sus rutas comerciales, y los objetivos inopinados que fueran surgiendo y viera factible su consecución, además de aumentar su apoyo con fuerzas y ayuda económica a los rebeldes de las Provincias Unidas de la Unión de Utrecht, intensificando la persecución sangrienta a los católicos en Inglaterra y Escocia.
Drake zarpó al mando de una flota de 21 naves y 2.000 hombres, para hostigar las costas de España y Portugal, marchando luego a las Indias. Saqueó Bayona de Galicia e intentó entrar sin éxito a puertos de las islas Canarias, desde donde tomó rumbo a las Indias, después de haber atacado barcos en La Palma, El Hierro e incendiado Santiago, en Cabo Verde.
En los primeros días de 1586, llegó a la isla de La Española, tomando con más de 1.000 hombres Santo Domingo, pidiendo por su liberación un rescate de 25.000 ducados, y tras recibirlos, abandonó la ciudad incendiándola parcialmente. Lo mismo hizo con Cartagena de Indias a cambio de 107.000 ducados.
Tras declararse en su flota una epidemia de fiebre amarilla, regresó a Portsmouth, no sin antes incendiar varias ciudades que le pillaron de paso.
Mientras Inglaterra luchaba sólo contra España, los españoles tuvieron que pelear en muchos frentes, teniendo que mantener el Imperio hispano-portugués, combatiendo simultáneamente contra Francia, Inglaterra, las Provincias Unidas de la Unión de Utrecht y el Islam.
A pesar de tantos frentes, estas constantes acciones inglesas, fueron los motivos básicos que impulsaron a Felipe II a ordenar la constitución, organización y expedición de una Gran Armada, que con su actuación contra los territorios insulares del reino inglés, trasladaran los problemas a esas tierras, para que una vez con ellos en casa, dejaran de molestar en los mares a las flotas comerciales, y a las posesiones europeas, peninsulares y de ultramar españolas, que dada su extensión en los cinco continentes, tenía grandes dificultades para defender. Era necesario pasar de una posición pasiva a otra activa/ofensiva..
Al año siguiente de su vuelta del Caribe -1587-, recuperados sus hombres de la fiebre amarilla, Drake volvió a formar una flota constituida por cuatro barcos de la Marina Real inglesa: el Elizabeth Bonaventure, con Drake al mando, el Golden Lyon, capitaneado por William Burroughs, el Rainbow por el capitán Bellingham y el Dreadnought por el capitán Fenner, y veinte barcos más. Los costes de esta expedición fueron financiados por un grupo de comerciantes londinenses, que participarían de los beneficios, en la misma proporción en la que hicieron sus aportaciones, y la reina Isabel, como dueña de las cuatro naves de la Marina Real y por reina, recibiría el 50 % de los beneficios.
A la altura de Galicia y tras una gran tormenta fueron informados por dos naves holandesas, que en Cádiz se estaba preparando una gran flota española de guerra, lista para partir primero a Lisboa y luego a Inglaterra.
Comenzaron a navegar hacia el sur, atacando Cádiz, destruyendo gran parte de la flota española allí amarrada, devastando varias fortalezas del Algarve portugués, bordeando Lisboa para poner en serios aprietos a la flota de Álvaro de Bazán, que estaba en Lisboa, y que el marqués de Santa Cruz pudo rechazar, capturando varios barcos de la flota de Indias cargados de riquezas, entre ellos el San Felipe, con más de 110.000 ducados en oro y especias. Los daños causados por la flota inglesa a la Armada española de Cádiz, causaron una demora de más de un año en los planes españoles de invasión de Inglaterra.
Sir Francis Drake.
Al margen de lo expuesto y una vez excomulgada Isabel I por Pío VII en 1570, por protestante y por perseguir a los católicos, siendo además hija bastarda de Enrique VIII y Ana Bolena, y por tanto sin derechos a la corona inglesa -según la Iglesia-, y habiéndose casado Felipe II con la anterior soberana de Inglaterra María I Tudor -su tía segunda-, el rey español vio una ventana abierta, para además de lograr acabar con las acciones ofensivas inglesas, intentar de paso revindicar sus derechos, y arrebatar el trono de la pérfida Albión a Isabel, logrando además de este modo, el cese del asedio de Isabel sobre María I Estuardo, reina de Escocia -con anterioridad reina consorte de Francia por matrimonio con Francisco II de Francia-, por ser católica, y también, porque era una seria aspirante al trono de Inglaterra, al ser nieta de Margarita Tudor, hermana de Enrique VIII, que al fin terminó con la cabeza cortada, a instancia de Isabel I y entre sus lágrimas de pena, el 8 de febrero de 1587, lo cual tensó aún más la situación.
Felipe II.
En 1587, Felipe II tomó la decisión definitiva, y pidió la elaboración de planes para la invasión de Inglaterra, a D. Álvaro de Bazán, I marqués de Santa Cruz, uno de los grandes vencedores de Lepanto. Los planes fueron presentados y aprobados: la preparación y conducción de la flota le fue encomendada a D. Álvaro de Bazán, aunque el mando efectivo del desembarco y de la operación, se la dio el rey a su sobrino Alejandro Farnesio, III duque de Parma y Gobernador de los Países Bajos, hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Parma -hija ilegítima de Carlos I-, cosa que al marqués le dolió sobremanera, aunque debería haber sabido a esa edad de su vida, que es necesaria la sencillez para el triunfo y el valor para el fracaso, y más en los ambientes políticos y de familia de ese rango.
Alejandro Farnesio, III duque de Parma.
El duque de Parma debería llevar los Tercios españoles desde Dunkerque a Inglaterra a través de Calais. El rey fue convencido de esta opción, al ser mucho más económico llevar fuerzas a Inglaterra desde Dunkerque que desde España, además de que el más largo transporte, podría estar sujeto a bastantes más incidentes e imprevistos.
La decisión fue pues la constitución de una Gran Armada que partiría de Lisboa y se reuniría en Dunkerque con el duque de Parma. Los tercios españoles embarcados en Dunkerque, serían desembarcados en las costas inglesas, debiendo seguir hasta tomar Londres.
La Gran y Felicísima Armada comenzó a prepararse: serían un total de 130 barcos, debiendo zarpar de Lisboa en mayo de 1588, rumbo primero a Dunkerque y luego a Inglaterra, para derrocar a la reina Isabel I.
Hubo un error de planeamiento básico: cuando fuera avistada la Gran Armada española desde la costa inglesa se alertarían todas las fuerzas marítimas y terrestres del reino de Isabel, por lo que el desembarco por sorpresa, que debería ser realizado en barcazas que pudieran llegar a las playas –los navíos no podían hacerlo y por tanto no servían para ese transporte-, no podrían conseguir ese decisivo factor.
Don Álvaro comenzó los preparativos en Lisboa, pero le sorprendió la muerte por tifus en febrero de 1588, siendo nombrado para sustituirle al mando de la flota D. Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor, VII duque de Medina Sidonia, que expuso al rey su desconocimiento de asuntos de la mar, e incluso sus mareos a consecuencia de la navegación, pero Felipe II insistió, nombrándole Capitán General del Mar Océano, y segundo suyo, a D. Antonio Martínez de Leyva hijo del virrey de Nápoles y componente del Consejo de Guerra de esa Armada, naturalmente.
Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, VII duque de Medina Sidonia.
Un día de invierno -es más típico en primavera y otoño-, tuve la oportunidad de observar una galerna del Cantábrico en Santander, durante la noche, y pude ensoñar a los barcos de esa época, pequeños, medios o grandes, de madera, sin ayudas a la navegación, siendo volteados, triturados y descuadernados por las brutales olas y vientos, con un oleaje tal, que las embarcaciones podrían ser elevadas al cielo para luego caer al abismo, sin más consuelo que Dios y algún fanal, propio o ajeno, que en algún sube y baja, se podría conseguir avistar; la historia suele ser un camino lleno de estos héroes que nunca serán conocidos, siendo cosa extraña que a esos marinos, les diera tiempo a ser mayores, porque los valientes solían morir antes de la edad madura. Al terminar una brutal tempestad, habiendo liberado gran cantidad de adrenalina, los marinos se tornaban y lo siguen haciendo, en general locuaces, contándose una y otra vez sus aventuras llenas de exageraciones, fantasías, y aquello de quelos tiempos pasados fueron mejores y más duros: “esto ya no es lo que era”…
El 30 de mayo de 1588 partieron de Lisboa los 130 barcos: grandes galeones portugueses, urcas de construcción inglesa y holandesa, galeras y galeazas mediterráneas, pataches, zabras…es decir una flota muy heterogénea que se constituyó en siete escuadras.
Al poco tiempo de abandonar el puerto de Lisboa -el oficial de la Corona en Portugal-, el viento roló al NW, con marejada en superficie, y más tarde al N, con una tormenta de grandes proporciones. La navegación de bolina –navegar de bolina, navegar de ceñida, ceñir, bolinear o barloventear, es la acción de navegar a vela contra la dirección del viento (hacia barlovento)- era imposible por ser el viento huracanado y hasta los galeones eran zarandeados como juguetes en manos de la tempestad. A los pocos días, la flota desorientada y desperdigada. se encontraba a 70 millas al sur de Lisboa, es decir había retrocedido. La tempestad continuó y tras dos semanas de vientos cambiantes, se encontró a la altura de la Coruña, pero sin víveres ni agua, con algún barco naufragado y todos necesitando reparaciones.
El 19 de junio entraron en el puerto de La Coruña, donde permanecieron hasta el 22 de julio, fecha en la que partieron del puerto gallego 127 buques.
Al partir de La Coruña, la Gran Armada contaba a bordo con los siguientes efectivos: 19.000 soldados, 8.000 marinos, 4.000 galeotes -los condenados a remar-, algo más de 1,5 sacerdotes por barco, algo más de 1 médico cada dos barcos y 2.430 cañones.
La Armada se dividió en escuadras, con el nombre de la región, zona propietaria o reino en donde fueron construidas las naves:
Escuadra de Portugal, al mando del Duque de Medina-Sidonia: la nave capitana era el San Martín, de 1.000 toneladas y 98 cañones.
Escuadra de Vizcaya, al mando del almirante general Juan Martínez de Recalde.
Escuadra de Guipúzcoa, al mando de Miguel de Oquendo.
Escuadra de Castilla, al mando de Diego Flores de Valdés.
Escuadra de Andalucía, al mando de Pedro de Valdés.
Escuadra Levantisca, al mando de Martín de Bertendona, formada por naves de Italia, Venecia y Ragusa (Sicilia).
Escuadra de las urcas y las naves del Mediterráneo, al mando de Juan López de Medina.
Sin formar Escuadra:
Las galeras de Portugal, al mando de Diego Medrano.
Las galeazas de Nápoles, al mando de Hugo de Moncada.
Escuadrilla de zabras y pataches, al mando de Antonio Hurtado de Mendoza.
Los 127barcos que constituían la Armada a su salida de La Coruña, eran de los siguientes tipos:
20 Galeones: barcos de guerra, con dos cubiertas, el casco reforzado y cuatro o cinco palos.
4 Galeras: naves con una sola cubierta, propulsadas con remos, y a veces a vela, con dos o tres mástiles.
4 Galeazas: barcos de guerra grandes, lentos y pesados, a remo. No era una clase de barco adecuado para el océano Atlántico.
35 Naos: barcos con tres, cuatro o cinco palos, mercantes, y de aspecto y distribución similares a los galeones, aunque algo más anchos, con puente de proa y popa.
10 Carabelas: embarcaciones ligeras destinadas al avituallamiento de la flota.
20 Pataches: barcos de diversos tipos empleados como buques auxiliares.
25 Urcas: tipos de barcos de carga utilizados en los mares del Norte y Báltico, de desplazamiento lento y con casco barrigudo.
9 Zabras y pinazas: embarcaciones destinadas a funciones de remolque y comunicaciones: eran naves largas y ligeras que se desplazaban a remo y vela.
El 25 de julio, Medina Sidonia mandó un patache con mensaje a Alejandro Farnesio, para comunicarle que ya se dirigía hacia Dunkerque. De nuevo, la mar gruesa, el viento del norte y una gran marejada, impidieron el avance de la flota.
En este nuevo caos marítimo, desaparecieron las 40 naves de la escuadra de Andalucía mandadas por D. Pedro de Valdés. Eran los primeros días de agosto, mejorando el tiempo poco a poco, llegando una semana después el grueso de la Armada, a las islas SORLINGAS, al SW de Inglaterra. Las 40 naves perdidas seguían sin aparecer, aunque dos días después, un patache de los destacados a vanguardia, las avistó cerca de cabo Lizard en Cornualles, y la flota a pesar de lo sufrido, recuperó la moral y la fuerza.
Estaba la flota al SW de Inglaterra, navegando en despliegue de combate -con vanguardia, grueso y retaguardia- en dirección NE, con medidas de vigilancia extremas para evitar sorpresas, pero utilizando fanales para no perder la formación de noche, ya que la sorpresa fue dada por perdida, al observar una cadena de grandes fuegos de leña y brea, que se encendían en puntos altos sucesivos de la costa inglesa, para informar de la presencia de la flota española.
De este modo, fue avistada la bahía de PLYMOUTH, donde la flota inglesa se resguardaba, siendo por tanto muy vulnerable en ese momento y situación. El Consejo de Guerra de la Armada pidió a Medina Sidonia el ataque inmediato, dada la vulnerabilidad inglesa, pero el duque a pesar de la insistencia de todos los componentes del Consejo, se negó, exhibiendo la orden del rey, diciendo que la operación debía ser dirigida por Alejandro Farnesio, haciendo firmar a todos los componentes del Consejo el acuerdo de desestimación del ataque. Otro gran error de esta Gran Armada en lo militar -y también en lo civil-: desechar la iniciativa, que obligaría a asumir responsabilidades, aunque a veces no se ajuste lo que se ejecute EXACTAMENTE a la orden inicial -que constituye básicamente una idea general de la previsión de la maniobra-, y es virtud que debe adornar al mando, para poder aprovechar al máximo las vulnerabilidades del contrario y poder protegerse de las propias, proporcionándole ventajas mayores o desventajas menores en el cambiante desarrollo de una operación.
Se volvieron a enviar mensajes a Alejandro Farnesio, que seguía sin ser localizado, y por tanto sin contestar, y se dieron órdenes para pasar de largo Plymouth sin intervenir en modo alguno, continuando hasta entrar en contacto con el duque de Parma.
El 31 de julio con viento del W NW, fue avisado el almirante, de que una escuadra de unos 80 navíos ingleses -el cuerpo principal de la flota inglesa- navegaba a barlovento siguiendo la estela de los españoles. La flota inglesa en conjunto, era superior en número de barcos a la española, con 150, siendo mandada por el lord almirante Charles Howard, I primer conde de Nottingham.
Sir Charles Howard, I conde de Nottingham.
Medina Sidonia dio la orden de ponerse en orden batalla, desplegando en el trinquete del San Martín el estandarte real. De los tres bloques del despliegue de combate que se llevaba, vanguardia, centro y retaguardia, se pasó a la formación de combate de media luna.
Se realizaron varias descargas de fuego por ambas partes, buscando los españoles la aproximación para el abordaje –suerte en la que eran insuperables- pero los ingleses conociendo este extremo, rehuían cualquier acercamiento, hostigando a la Gran Armada con fuego de largo alcance –superior al de los españoles-, alejándose inmediatamente.
Esa fue la estrategia inglesa: hacer daño por el fuego lejano y rehuir la proximidad que pudiera terminar en abordaje, sabiendo que una permanencia prolongada en un teatro de operaciones extraño y lejano, podría agotar logísticamente mucho antes la capacidad española que la inglesa, que tenía posibilidades de abastecimiento a tiro de piedra, y al mismo tiempo y siempre, intentando buscar el barlovento a los españoles con sus barcos más pequeños y más rápidos y maniobrables.
Las pequeñas bajas causadas por el fuego y la lentitud de maniobra de los buques de la Gran Armada, elevó la moral inglesa, desesperando a los españoles, que encontraban a los ingleses siempre a barlovento y rehuyendo el contacto; es decir, aplicando la táctica del desgaste prevista.
A Farnesio le seguían mandado pataches con mensajeros que seguían sin encontrarlo y Medina Sidonia seguía cumpliendo a toda costa las órdenes de S.M. a cientos de kilómetros…, dejando de lado toda posible iniciativa…
La Gran Armada navegó hacia las costas de Calais y Dunkerque, donde fondeó. El alcalde y la ciudad de Calais, proveyeron de comida y agua a la flota española, poniendo a disposición del almirante español, los cañones de la ciudad, mientras, la flota inglesa recibía refuerzos de Dover -en el SE de Inglaterra- con número de barcos no inferior a 40, mandados por Henry Seymour, y una escuadra de rebeldes holandeses, mandados por Justino de Nassau, que se estableció en la zona de Dunkerque para cortar la salida española hacia el N.
Por fin encontraron al Duque de Parma en Brujas, no en Dunkerque como era lo acordado, y expresó la necesidad de aún 15 días más -con gran desesperación de la flota española-, para terminar de preparar los Tercios que iban a ser trasladados en barcazas a las costas inglesas, protegidas por los barcos de la Gran Armada.
A los dos días, la noche del 7 al 8 de agosto, los españoles observaron como 8 brulotes ingleses, aprovechando el viento del W, eran lanzados como barcos incendiarios y con explosivos contra la flota española atracada. Los españoles sin tiempo para levar anclas, picaron los cables de las mismas para intentar quitarse de en medio, pero temiendo ser arrastrados a los bajíos de GRAVELINAS, se dispersaron sin orden alguno; aprovechando esta circunstancia, los ingleses se lanzaron al ataque, comenzando la que se bautizó como batalla de Gravelinas.
Los combates se sucedieron sin cesar: el mayor alcance de fuego y la mayor velocidad en la maniobra de los buques ingleses chocó con la robustez y fuerza moral en el combate de los españoles. El San Martín de Medina Sidonia, inicialmente solo, y posteriormente auxiliado por 40 buques más, fueron capaces de soportar los embates de más de un centenar de barcos ingleses. Sin vencedor definitivo, y aprovechando que el viento roló favorablemente para los españoles, finalizó la batalla con sólo un barco español hundido y otro apresado en los bajíos de Gravelinas.
La batalla de Gravelinas -la más violenta de la campaña- permitió a los ingleses, impedir el cumplimiento del objetivo español de desembarcar a los Tercios en Inglaterra, aunque la flota española no hubiera sido realmente derrotada.
Los españoles, con viento desfavorable más tarde, se vieron obligados a salir al mar del Norte, sin agua, alimentos ni municiones, y totalmente desorganizados, aunque no rehuyeron ni en esos momentos, el combate con el inglés.
Después de lo acontecido a la Gran Armada, el trayecto de vuelta a España, se realizó bordeando la costa norte de las islas británicas, que resultaría más “fácil” para los galeones y las naos, y mucho más difícil para el resto de las naves, que estaban diseñadas para mares interiores, como el Mediterráneo.
Llegaron a los puertos españoles 102 barcos de los 127 que partieron de La Coruña, la mayor parte muy dañados, extrayendo la conclusión técnica de que eran más eficaces los barcos rápidos y maniobreros con fuego de largo alcance, que los barcos grandes y lentos en la maniobra.
El fracaso de la Gran Armada, permitió a Inglaterra momentáneamente, continuar sus ataques piratas a los territorios españoles, y a las flotas comerciales, a la vez que continuaron dando apoyo económico y militar a los holandeses contra España.
La Gran Armada no fue nunca derrotada y jamás rehusó el combate, aunque la historia fue falseada por los ingleses, especialistas en este tipo de libelo, siendo publicitada su historia por Anthony Wingfield en 1589, en un panfleto impreso en el taller de Thomas Woodcok, A true coppie of a discourse written by a gentleman employed in the late voyage of Spaine and Portingale.
De forma inmediata, Isabel I dio la orden de constituir una Contra Armada -Contraarmada- comandada por Sir Francis Drake en la parte naval de la flota y Sir John Norris sobre las tropas de desembarco, para atacar los puertos donde la flota española reconstruía sus barcos y se lamía las heridas, tratando de lograr las riquezas posibles en esos ataques.
Tuvieron ciertos problemas para conseguir las tripulaciones y las tropas de desembarco, debido al mal trato que recibieron los que combatieron a la Gran Armada española a su regreso; los ingleses padecieron miles de bajas en contra de lo que dijo su aparato propagandístico y NO fueron ayudados a su regreso, ni aun los enfermos. En palabras del almirante HOWARD al aire y a la reina: es penoso ver como padecen después de haber prestado tal servicio. Valdría más que Su Majestad la Reina hiciera algo por ellos, aún a costa de gastar un dinero y que no los dejara llegar a tales extremos. Si estos hombres no son mejor tratados y se les deja morir de hambre y miseria, difícilmente volverán a ayudarnos.
Sin embargo en España, al regresar la flota, habían sido movilizados innumerables recursos en muchos puertos españoles, con alimentos, hospitales, y materiales de reconstrucción de barcos.
En 1589, por fin pudieron poner en marcha l Contra Armada inglesa, partiendo de Plymouth con 150 barcos y 23.000 hombres, recibiendo Drake órdenes de la reina de atacar los puertos de Santander y San Sebastián en el Cantábrico, puertos en donde se reparaban numerosos buques de la Gran Armada, antes de continuar hacia Lisboa, ciudad que debería ser tomada, nombrando a D. Antonio Prior de Crato, hijo del infante Luís de Portugal y nieto de Manuel I el Afortunado –que estuvo casado sucesivamente con las infantas españolas Isabel, María (hijas de los Reyes Católicos) y Leonor (hija de Juana la Loca)-, rey de Portugal, para sustituir a Felipe II -que lo era desde 1581, por ser hijo de Isabel de Portugal, hija de Manuel I el Afortunado y María, hija de los Reyes Católicos-, y en caso de no poder quitar la corona a Felipe, destruir la ciudad y expoliarla.
Antonio, Prior de Crato, autoproclamado rey de Portugal.
A Drake le interesaban básicamente los botines, especialmente el que pudiera lograr en Lisboa, por tanto consideró que San Sebastián y Santander le desviaban mucho de su objetivo, y para disimular, sin ser acusado de incumplimiento de órdenes, decidió atacar el puerto y la ciudad de La Coruña, pensando que serían presas fáciles y rápidas de conseguir.
Estuvieron atacando La Coruña desde el 4 al 18 de mayo de 1589 con todos los efectivos disponibles, que cuadruplicaban la población de la ciudad. No pudieron tomarla, destacando en el mando de la defensa el marqués de Cerralbo y el capitán Juan Padilla, jugando un papel muy importante en la aportación defensiva del Castillo de San Antón. Al ver la imposibilidad de conquistar la ciudad, intentaron quemarla en sucesivas ocasiones, consiguiéndolo parcialmente en algunos barrios como el de la Pescadería, profanando por último, antes de retirarse, con disparos las imágenes sagradas, e incendiando el convento de Santo Domingo como forma de manifestar su enfado e impotencia.
Estatua de María Pita en la plaza de su nombre en La Coruña.
Puerta del Fuerte de san Antón en La Coruña.
En una de las últimos ataques de los ingleses, rechazados nuevamente, destacó la acción de María Fernández de la Cámara y Pita –María Pita– que en lucha cuerpo a cuerpo con un alférez abanderado inglés -dicen que hermano del almirante-, le clavó una pica en el pecho, dejándolo colgado de la muralla, sirviendo esta acción de gran ánimo a los defensores y horror a los de Drake, que decidieron retirarse.
La flota inglesa –La Contra Armada o Invencible inglesa- siguió hacia Lisboa en donde fracasó nuevamente, en su intento de provocar un levantamiento del pueblo portugués a favor de don Antonio Prior de Crato, autoproclamado rey de Portugal, en un intento de arrebatar la corona a Felipe II.
Al no existir un mando único de la flota, las diferencias entre Sir Francis Drake y Sir Jhon Norreys–Norris para los españoles–, uno jefe naval y el otro jefe de la fuerza de desembarco, sobre cómo realizar la operación, se acentuaron: el primero era partidario de atacar Lisboa desde el mar, entrando en el estuario del Tajo, y el segundo, partidario de un desembarco previo en la fortaleza de Peniche, leal a Antonio de Crato, y un avance por tierra hacia Lisboa. La opinión de Crato, creyendo que Portugal estaba con él, influyó en la decisión de desembarcar en Peniche. Fue un fracaso con grandes pérdidas inglesas, conducido por Norris, mientras Drake, sin mover un dedo, permanecía expectante a varias millas de la costa lisboeta.
El fracaso de la Contra Armada, que desplegó más de 150 naves de distintos tipos y perdió más de 40 navíos entre hundimientos y capturas durante el desarrollo de sus operaciones, obligó al regreso de la misma, causando grave quebranto financiero al tesoro isabelino, permitiendo a España reconstruir la flota española del Atlántico, logrando la salvaguarda marítima.
El desastre de la Contra Armada inglesa fue ocultado; hubo pérdidas dobles que las de la Gran Armada española, y Drake fue relegado a mandar las defensas de Plymouth, siéndole retirada por la reina la licencia para navegar hasta 1595, recuperando el permiso real para morir a manos españolas en un ataque a Panamá en 1596, sirviendo además esta circunstancia, para que no fuera posible llevar inmediatas expediciones inglesas a América del norte, lo que pudo contribuir a la ruina de Virginia.
La marina española fue triplicada, y a partir de 1590 consiguió transportar tres veces más mercancías entre América y Europa que en la mejor década de cualquier otra época anterior.
No obstante, los ingleses, que habían encontrado en la vía corsaria, una fuente de financiación relativamente sencilla, lo siguieron intentando. España aplicó un sistema de escolta y de información para sus buques, que frustraron la mayoría de los ataques corsarios a la Flota de Indias a partir de 1590: las expediciones bucaneras de John Hawkins y de Martin Frobisher fueron derrotadas en la batalla de Las Flores, en las Azores, siendo capturado el navío Revenge -el más importante de la flota inglesa-.
Así siguieron algunos años, con acciones ofensivas corsarias, bucaneras, filibusteras o piratas, gestionadas o realizadas por los ingleses, resueltas siempre a favor de los españoles: Pedro de Zubiaur dispersó una flota de 40 buques ingleses en 1592, incendiando la capitana y apresando 3 barcos, y en 1593, en la batalla de Blaye, derrotó a una pequeña flota inglesa, hundiendo a la capitana y a la segunda.
En 1595, Drake y John Hawkins –piratas, corsarios y traficantes de esclavos- organizaron una expedición contra los asentamientos españoles en las Indias. Al pasar por Las Palmas de Gran Canaria fueron derrotados y más tarde lo fueron en diferentes lugares del Caribe, en donde los dos marinos/piratas perdieron la flota y la vida en 1596.
Siguieron las dos Armadas hostigándose permanentemente; murió Felipe II en 1598 y Felipe III continuó con la guerra. En 1600 se iniciaron conversaciones de paz en Boulogne-sur-Mer sin éxito; en 1603 murió Isabel I y se iniciaron entonces entre Felipe III y Jacobo I de Inglaterra -y VI de Escocia- conversaciones de paz serias, que culminaron en el Tratado de Londres el 28 de agosto de 1604, de resultado ventajoso para los españoles, que continuaron siendo de momento, la primera potencia europea; más tarde, tras la derrota ante Francia en la guerra de los 30 años y el crecimiento de la flota holandesa, España pasó a ser una potencia más en Europa.
The Somerset House Conference, en 1604 pintado en óleo sobre lienzo, mantenida para negociar el final de la guerra anglo-española. Es un grupo con 11 representantes de los gobiernos de España, Inglaterra y de los Países Bajos españoles.
En el Tratado de Londres, Jacobo I se comprometía a no intervenir en los asuntos continentales, renunciaba a prestar algún tipo de ayuda a los Países Bajos, abría el canal de la Mancha al transporte marítimo español, prohibía a sus súbditos llevar mercancías de España a Holanda o viceversa, y suspendía las actividades de los piratas en el Atlántico, mientras España renunciaba a apoyar un rey católico para la corona de Inglaterra, garantizando la tolerancia religiosa a los ingleses, comprometiéndose a no contribuir al sostenimiento de la formación del sacerdocio católico irlandés y concediendo facilidades al comercio inglés en las Indias españolas.
La expedición de la Gran y Felicísima Armada en 1588, se encuadra en los primeros años de una guerra entre España e Inglaterra que duró 19 años, comenzando en 1585 y terminando en 1604, y que si bien fue un éxito inglés, al impedir el objetivo español de desembarco en Inglaterra, no fue una derrota para España. A lo largo de la guerra, España obtuvo la mayor parte de los triunfos, hasta llegar a la victoria final, por la que consiguió reforzar su control sobre los mares, obligando a Jacobo I Estuardo, rey de Inglaterra a firmar la paz de Londres con Felipe III en 1604, tratado favorable para los intereses españoles.
El arte ha dedicado incontables obras a Jesús y sobre todo a su pasión y muerte. Aquí tratamos de acompañar con algunas pinturas, los momentos más señalados de su Pasión.
Jesús llegó con los discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: “Sentaos aquí mientras voy a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo“. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero que no sea como yo quiero, sino como quieras tú” (Mt 26, 36-39). Jesús señaló a Pedro diciéndole que antes que cantara el gallo, le negaría tres veces.
Este pasaje ha sido relatado en numerosísimas obras de arte, de las que señalamos algunas.
La oración en el huerto. Giulio Cesare Procaccini. 1615-1620. Óleo sobre lienzo. 216 x 147cm. Museo del Prado. Madrid.
Procaccini señala en su obra, como en el Huerto un ángel conforta a Jesús, mientras Pedro, Juan y Santiago -estos dos últimos hijos de Zebedeo y Salomé-, duermen a su alrededor.
Cristo con rostro agitado -contrastando con el de serenidad del ángel-, solicita al Padre que aparte de él la agonía que le aguarda, ante la atenta mirada del ángel que alza su mano derecha hacia la divinidad. Las dos figuras están envueltas en una luz poderosa que aviva los colores de sus vestiduras blancas, verdes, rojas y azules, con distribución del óleo, aparentemente espatulado, característico de su pintura y de la escuela lombarda que encarna dentro del barroco italiano. El resto de la pintura está en penumbra como corresponde al momento solar que representa, excepto la gloria azulada y rosácea que aparece detrás del ángel.
En este sentido, y cada uno con las especiales características de las escuelas a las que pertenece, y de sus estilos propios, podemos apreciar algunos de las innumerables obras que relatan este suceso bíblico.
La oración en el huerto. TizianoVecellio di Gregorio, Tiziano. 1562. Óleo sobre lienzo. 176 x 136 cm. Museo del Prado. Madrid.
La oración en el huerto. Discípulo de la escuela de Giorgio Vasari. 1er tercio siglo XVII. Óleo sobre tabla. 119 x 153,5 cm. Museo del Prado. Madrid.
La oración en el huerto. Doménikos Theotokópoulos,El Greco. 1590. Óleo sobre lienzo. 102 x 131 cm. National Gallery. Londres.
Jesús en el huerto de Getsemaní. Andrea Vaccaro. 1660. Óleo sobre lienzo. 174,5 x 125 cm. Abadía de Montserrat. Provincia de Barcelona.
Cristo en el Monte de los Olivos. Michelangelo Merisi da Caravaggio. 1603. Óleo sobre lienzo. 154 x 222 cm. Bode Museum. Isla de los Museos. Berlín.
Estaba Jesús orando en el huerto de Getsemaní cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran tropel de gente con espadas y palos enviados por el sumo sacerdote y por los ancianos del pueblo judío.
El que iba a entregar a Jesús, les había dado esta señal: «Al que yo bese, ése es: prendedlo». Y enseguida se acercó a Jesús y le dijo: –Salve, Rabbí– y le besó. Jesús le dijo, ¡Haz lo que has venido a hacer! Entonces, se acercaron, cogieron a Jesús y lo apresaron. De pronto, uno de los que estaban con Jesús desenvainó un alfanje, e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja.
Jesús dijo: -Pedro vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Entonces, ¿Cómo se van a cumplir las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?En aquel momento le dijo Jesús a la gente: ¿Cómo contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis.
Boceto para El prendimiento de Cristo. Francisco de GOYA y Lucientes. 1798. Óleo sobre lienzo. 40,2 x 23,1 cm. Museo del Prado. Madrid.
La Captura o El prendimiento de Jesús. Caravaggio. 1602. Óleo sobre lienzo. 133,5 x 169,5 cm. Galería Nacional de Arte de Irlanda. Dublín.
Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron -Pedro le negó la primera vez-, siendo trasladado Jesús en primer lugar a casa de Anás que había sido sumo sacerdote con anterioridad y era yerno del actual presidente del Sanedrín, Caifás, porque su casa estaba en el mismo camino que la de Caifás, pero más cerca.
Pedro negó a Jesús por segunda vez en la casa de Anás, el cual interrogó a Jesús, siendo abofeteado duramente por un esclavo durante su estancia en esa casa, por contestar -según el esclavo- de forma poco adecuada a Anás.
Jesús en casa de Anás. José de Madrazo y Aguado. 1803. Óleo sobre lienzo. 176 x 226 cm. Museo del Prado. Madrid.
Cristo ante Anás. Duccio di Buoninsegna. 1308-1311. Témpera sobre madera. 99 x 53,5 cm. Museo dell´Opera Metropolitan del Duomo. Siena.
Después fue trasladado a la casa del sumo sacerdote Caifás, en donde Pedro negó a Jesús por tercera vez -cantó el gallo- y Caifás se rasgó las vestiduras de indignación, quitándose el problema de encima, enviando a Jesús a casa del gobernador Pilato.
Jesús había predicho que Pedro le negaría con reiteración, señalando que lo haría tres veces antes de que el gallo cantara a la mañana siguiente. Pedro después de la tercera negación, escuchó el canto del gallo y recordó lo dicho por Jesús mientras le miraba, y el negaba lo que anunciaba el maestro por creerlo imposible. Pedro entonces lloró amargamente.
Negación de Pedro. RembrandtHarmenszoon van Rijn. 1660. Óleo sobre lienzo. 154 x 169 cm. Rijksmuseum. Amsterdam.
Negación de Pedro. Gerard Seghers. 1620-1625. Óleo sobre lienzo. 157,5 x 227,3 cm. Museo de Arte de Carolina del Norte. Raleigh.
Cristo ante Caifás. Mathias Stomer. 1630. Óleo sobre lienzo. 89 x 142,2 cm. Milwaukee Art Museum. Milwaukee.
Improperios en la casa de Caifás; parte del políptico de Isabel la Católica. Juan de Flandes. 1496-1504. Óleo sobre madera. 25,8 x 20,4 cm. Galería de las Colecciones Reales Madrid.
Al llegar a casa de Pilato, hubo una primera entrevista privada. Pilato, al conocer que Jesús era galileo mandó trasladarlo al palacio de Herodes, ya que era asunto de su jurisdicción.
Jesús ante Pilato. Primer Encuentro. James Tissot. 1886-1894. Óleo sobre lienzo. 168 x 286 cm. Museo de Brooklyn. Nueva York.
Jesús en la obra va vestido con una sencilla túnica y se encuentra con serena dignidad frente a Poncio Pilato que está sentado en una plataforma elevada. La presencia de Pilato transmite autoridad al mismo tiempo que cierta curiosidad y quizá desasosiego, mientras que la actitud tranquila e inquebrantable de Jesús insinúa su fuerza interior.
La composición está cuidadosamente organizada, con las figuras dispuestas en una formación triangular que atrae la atención hacia el drama central. Los tonos apagados y el hábil uso de la luz crean una atmósfera sombría y triste, que enfatiza la gravedad de la situación.
Herodes, viendo a Jesús se alegró, porque hacía tiempo que deseaba conocerlo personalmente; había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna cosa especial, como un milagro de los que decían hacía con habitualidad. Le hizo muchas preguntas pero Jesús nada respondió, mientras los principales sacerdotes y escribas le acusaban con vehemencia. Entonces Herodes, hizo que sus soldados le menospreciaran y vistieran con ropas que ridiculizaban su posición de Rey de los Judíos, devolviéndoselo a Pilato.
Jesús en la corte de Herodes. Duccio di Buoninsegna. 1308-131o. Temple sobre madera. 50 x 57 cm. Museo dell´Opera Metropolitan del Duomo. Siena.
Llevado nuevamente ante la presencia de Poncio Pilato –segundo encuentro-, el gobernador sin saber muy bien que hacer, fue impulsado por los ancianos judíos para que Jesús fuera juzgado y condenado, acusándolo de pretender ser el Rey de los Judíos, afirmación que debería ser considerada traición al tratarse de un desafío directo a las autoridades romanas.
Jesús ante Pilato. Segundo Encuentro. James Tissot. 1886-1894. Óleo sobre lienzo. 277 x 157 cm. Museo de Brooklyn. Nueva York.
Pilato declaró tres veces su creencia en la inocencia de Jesús, hasta puso en el tablero la posible liberación de un malvado forajido llamado Barrabás a cambio de Jesús, para inclinar la balanza a favor de este último.
Los ancianos y el pueblo pidieron la liberación de Barrabás y entonces Pilato se lavó las manos y mandó primero azotar, y más tarde crucificar a Jesús, lo que la soldadesca -motu proprio- acompañó con la coronación, escupitajos y la imposición del manto.
Aquí comienza lo que la historiografía ha denominado Ecce Homo “He aquí el hombre”, traducción que en la Vulgata latina se dio al pasaje del Evangelio de san Juan (19:5); se trata de las palabras pronunciadas por Poncio Pilato cuando presentó a Jesús a la muchedumbre hostil, a la que dejó el destino final de Cristo –él se lavó las manos-.
Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
La escena sucedió tras la flagelación de Cristo atado a una columna y ser coronado con espinas.
ECCE HOMO. Antonio Ciseri. 1871. Óleo sobre lienzo. 360 x 292 cm. Galería de Arte Moderno. Florencia.
ECCE HOMO. Tiziano. 1543. Óleo sobre lienzo. 242 x 361 cm. Kunsthistorishes Museum. Viena.
En el arte cristiano se denomina Ecce Homo a una tipología de representaciones de Jesús en la que aparece tal como se describe en este pasaje evangélico, con o sin los demás personajes. Cristo aparecerá semidesnudo y atado, con una caña en las manos o no, que representa un cetro, con el manto regio y la corona de espinas.
Por fin llegamos a la exposición de varios ECCE HOMO -el último es el encontrado recientemente de Caravaggio y expuesto en el Prado tras comprobar su autoría- para terminar con una obra del insigne artista con su obra El entierro de Cristo.
ECCE HOMO. Tiziano. 1547. Óleo sobre pizarra. 69 x 56 cm. Museo del Prado. Madrid.
ECCE HOMO. José de Ribera –Lo Spagnoletto-. 1634. Óleo sobre lienzo. 97 x 81 cm. Academia de Bellas Artes de san Fernando. Madrid.
ECCE HOMO. Peter Paul Rubens. 1612. Óleo sobre lienzo. 125,7 x 96,5 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo.
ECCE HOMO. Bartolomé Esteban Murillo. 1660. Óleo sobre lienzo. 52 x 41 cm. Museo del Prado. Madrid.
ECCE HOMO. Juan de Juanes. Alrededor de 1570. Óleo sobre tabla. 86,4 x 58,5 cm. Museo de Bellas artes de Valencia.
ECCE HOMO. Caravaggio. 1604. Óleo sobre lienzo. 128 x 103 cm. Palazzo Bianco. Génova.
ECCE HOMO -El perdido y hallado-. Michelangelo Merisi da Caravaggio. 1606-1609. Óleo sobre lienzo. 111 x 86 cm. Colección particular.
Aquí, la figura más cercana al espectador, que se inclina sobre el parapeto delantero es Poncio Pilato, que termina ofreciendo a Jesús al pueblo –Ecce Homo– y parece abrumado por la decisión que debe tomar. Sin encontrar pruebas de los cargos contra Jesús, el gobernador romano pone su destino en manos de la multitud, que lo condena a morir con gritos que piden su crucifixión. Con la iluminación característica de Caravaggio, Cristo ocupa el centro de la composición. Las gotas de sangre caen por su pecho mientras un soldado a su izquierda le retira de los hombros un manto rojo que contrasta con su pálida piel. Cristo ocupa el plano en una línea diagonal replicada por la caña. El soldado detrás de Cristo, con la boca abierta, quizá gritando a la multitud o acompañándola, subraya el dramatismo del momento. El blanco de sus ojos expresa emociones, que no se sabe si son de odio o de miedo.
Los tres personajes son típicos modelos empleados por Caravaggio en algunos cuadros, y los gestos dramáticos son característicos del estilo de la narración pictórica del artista.
Tras estos sucesos, Jesús fue conducido a la crucifixión y posterior descendimiento y entierro.
Cristo Crucificado. Alonso Cano. Circa 1645. Óleo sobre lienzo. 220 x 126 cm. Museo del Prado. Madrid.
Santo Entierro. Caravaggio. 1602-1604. Óleo sobre lienzo. 300 x 203 cm. Museos Vaticanos. Roma.
Música: Requiem de Mozart – Lacrimosa – Karl Böhm – Sinfónica de Viena.
Que la luz del balcón ilumine tu lado izquierdo, ordenó Gustav a Ádele. Me desnudo?, preguntó ella con el visible deseo de hacerlo reflejado en sus ojos bazos.No, sólo te deseo sin ropa para mí; en este retrato intentaré plasmar tu belleza para que el mundo pueda apreciarla, y me envidie y te adore.Read More
Michelangelo Merisi nació el 29 de septiembre de 1571 en la ciudad lombarda de Caravaggio, situada al norte de Italia, este de Milán. Los padres eran de clase media-alta, trabajando su padre Fermo Merisi como arquitecto y administrador de los Sforza da Caravaggio, rama menor de los Sforza milaneses, y su madre, Lucía Aratori que provenía de familia noble y adinerada.
Al primer duque de Milán Francesco I Sforza, le sucedió su hijo Galeazzo María y a este su inepto primogénito Gian Galeazzo, que nunca gobernó de hecho, asumiendo la gobernanza del ducado el tercer hijo de Francesco I, Ludovico el Moro Sforza quien obtuvo el título de duque a la muerte de su sobrino Gian Galeazzo.
Anulada la rama mayor de los Sforza tras la muerte de los dos hijos de Ludovico el Moro sin descendencia, quedaron varias ramas menores, una de las cuales, la de los Sforza-Caravaggio, estuvo encabezada por Juan Pablo, hijo natural de Ludovico y de Lucrecia Crivelli, hija de los marqueses da Caravaggio.
Tras la muerte del padre de Caravaggio como consecuencia de la peste menor que asoló Milán circa 1580 -cuyo héroe fue san Carlos Borromeo que murió de esta enfermedad en 1584-, el jovenMichelangeloentró a trabajar como aprendiz del pintor lombardo Simone Peterzano en 1584. Siete años después moría su madre. Pero el joven Caravaggio no se conformaba con ser aprendiz, viajando a Venecia donde conoció las obras de Giorgione -Giorgio da Castelfranco- y de Tiziano –Tiziano Vecellio di Gregorio-; después marchó a Roma para establecerse como artista independiente.
La situación con la que se encontró fue difícil: sin dinero y sin amigos, tuvo que instalarse en uno de los peores barrios de la ciudad. Allí pasó hambre rodeado de mendigos, prostitutas y borrachos. Vivió un tiempo en una profunda pobreza tratando de vender sus primeras pinturas. Esos años causaron muchos estragos en Caravaggio. El artista se volvió violento y a menudo se metió en peleas que le causaron severos problemas con la justicia. También, durante este tiempo, padeció diferentes enfermedades como la malaria.
Por fin pudo conocer a Giuseppe Cesari, el “pintor de flores y frutos” de la cámara del papa Clemente VIII, quien le ofreció trabajo en su taller de pintura. Allí Caravaggio, realizó varias obras entre las que se pueden destacar Muchacho pelando fruta, su primera obra conocida, y un supuesto autorretrato que tituló Baco enfermo y Niño con cesto de frutas.
Muchacho pelando frutas. Caravaggio. 1592. Óleo sobre lienzo. 64 x 51,4 cm. Fundación Roberto Longhi. Florencia.
Baco enfermo. Caravaggio. 1593. Óleo sobre lienzo. 66 x 52 cm. Galería Borghese. Roma
Niño con cesto de frutas. Caravaggio. 1593. Óleo sobre lienzo. 66 x 52 cm. Galería Borghese. Roma.
La economía de Caravaggio no era demasiado boyante cuando conoció al pintor Próspero Orsi, que le metió en un círculo de gente importante como coleccionistas de arte, conociendo en esa época también al arquitecto Onorio Longhi que lo introdujo en los bajos fondos y las peleas callejeras, y al joven siciliano Mario Minniti, que le sirvió de modelo, y años más tarde fue su ayudante en Sicilia. Parece ser que Caravaggio fue bisexual pero no el icono gay que algunos trataron de colocarle.
El cardenal Francesco María del Monte, un importante coleccionista y mecenas que buscaba nuevos artistas, quedó tan impresionado con estos cuadros que los compró él mismo, invitándole además a entrar a su servicio, instalándole en el palacio Madama, comenzando entonces a ser reconocido ya como gran artista, extendiéndose su fama y consiguiendo los encargos más importantes de la ciudad. De esa época fueron los cuadros: La buenaventura y Partida de cartas.
La buenaventura. Caravaggio. 1594. Óleo sobre lienzo. 115 x 150 cm. Museos Capitolinos. Roma.
Una segunda versión de esta obra se encuentra en el Museo del Louvre.
Jugadores de cartas. Caravaggio. 1594. Óleo sobre lienzo. 94,2 x 131,2 cm. Museo de Arte. Kimbell. Forth Worth. UK.
En la obra puede observarse con la naturalidad que se desarrollan las trampas en la partida, cuando el observador apunta a uno de los jugadores las cartas del otro: la trampa y la bronca serían una constante en su desgraciada vida.
Durante esta época, Roma fue también centro de la cultura musical, un lugar donde acudían músicos de toda Europa, así, la primera obra que Caravaggio pintó exprofeso para Del Monte fue la titulada Los músicos. Un año más tarde y también para el cardenal pintó Cesto con frutas.
Los músicos. Caravaggio. 1595. Óleo sobre lienzo. 87,9 x 115,9 cm. Museo Metropolitano de Arte. Nueva York.
Cesto con frutas. Caravaggio. 1596. Óleo sobre lienzo. 46 x 64 cm. Biblioteca Ambrosiana. Milán.
La capilla Contarelli de la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma, debe su nombre a la adquisición en 1565 de esta por el prelado francés Mathieu Cointrel -Contarelli es la italianización-. El propósito de Cointrel era decorar la capilla en honor a San Mateo. Cointrel contrató primero a Muziano , pero murió sin ver el trabajo, habiendo dejado dicho en su testamento que debía terminarse y la partida presupuestaria correspondiente. La segunda fase fue encargada a Giuseppe Cesari , quien realizó los frescos de la bóveda. Finalmente los lienzos los terminaría realizando Caravaggio, del taller del anterior. Para la capilla Contarelli pintó El martirio de San Mateo y La vocación de San Mateo.
Capilla Contarelli. Iglesia de San Luis de los Franceses. Roma.
El martirio de san Mateo. Caravaggio. 1600. Óleo sobre lienzo. 323 x 343 cm. Iglesia san Luis de los Franceses. Roma.
La vocación de san Mateo. Caravaggio. 1600. Óleo sobre lienzo. 323 x 343 cm. Iglesia san Luis de los Franceses. Roma.
Tras una visita de Del Monte a su amigo Vincenzo Giustiniani, ambos decidieron encargar al artista una pintura con un tema musical diferente, El tañedor de laúd, una de las obras más bellas y poéticas de Caravaggio.
El tañedor de laúd. Caravaggio. 1596. Óleo sobre lienzo. 94 x 119 cm. Museo Hermitage. San Petersburgo.
Existen tres versiones de esta obra, otra en la colección Wildenstein. NY. y la tercera en Badminton House. Gloucestershire. UK. La mejor es la de Hermitage.
Como homenaje a su mecenas el cardenal del Monte, gran aficionado a la música, Caravaggio pintó esta obra. Se puede afirmar que el joven modelo es casi el mismo que aparece como figura central en Los músicos. La partitura musical que toca el joven parece ser obra de Jacques Arcadelt, francés amigo del cardenal. En principio, se pensó que el cuadro representaba a una joven dama, pero la evolución del estudio pictórico afirma que se trata de un muchacho con evidentes rasgos de androginia. Así, Caravaggio logró una de sus mejores obras, donde la música es representada con un ideal de perfección, por un modelo de ambos sexos con los labios entreabiertos y el movimiento de la mano que nos muestra la forma de representar el natural que perseguía el artista.
En la zona izquierda del cuadro se aprecia un jarrón con flores que idealiza la belleza de la naturaleza con sus frutos, y en paralelo, la belleza de la partitura que se idealiza en el canto del joven que interpreta el madrigal, obra relativa al amor idealizado, que triunfa sobre el amor físico.
Del Monte compartía con otros personajes importantes como Borromeo o Fernando de Médicis muchos intereses científicos, y en 1598, Caravaggio pintó en honor de este último La cabeza de Medusa, un tema muy vinculado a Florencia y a los Médicis.
La cabeza de Medusa. Caravaggio. 1597. Óleo sobre lienzo. 60 x 55 cm. Galería de los Uffizi. Florencia.
A finales de la década de 1590, el cardenal Del Monte adquirió en Roma la villa Ludovisi y encargó a Caravaggio la decoración del techo, en donde pintó la obra Júpiter, Neptuno y Plutón.
Júpiter, Neptuno y Plutón. Caravaggio. 1597. Óleo sobre yeso. 300 x 180 cm. Villa Ludovisi. Roma.
La pintura decora la bóveda de una pequeña sala en el Casino di Villa Boncompagni Ludovisi en Roma, a la que se accede por una estrecha escalera de caracol y representa a Júpiter, Plutón y Neptuno, con el globo terrestre en el centro rodeado por los signos del zodiaco.
Francesco del Monte, tuvo mucho que ver con la realización de esta única pintura muralde Caravaggio. El artista rechazó la técnica del fresco utilizada por Leonardo da Vinci, de óleo sobre estuco, que había iniciado con tan poca fortuna Leonardo da Vinci en La Última Cena, utilizando el óleo sobre yeso que consideró más apropiado para este tipo de pintura. Mientras la obra de Leonardo se deterioró en seguida tras ser finalizada, la pintura de Caravaggio se ha mantenido en buen estado pese al abandono que pesó sobre misma.
La pintura permaneció ignorada hasta 1969, año en que fue descubierta y rehabilitada. El tema de la pintura es una compleja alegoría de las teorías del alquimista Paracelso, a la que era tan aficionado y seguidor el cardenal del Monte. Según Paracelso, el mundo se componía de tres elementos: el aire-sulfuro, el agua-mercurio y la tierra-sal. Tradicionalmente, ciertos dioses olímpicos representaron estos elementos, y es por esta razón que protagonizan la obra: Júpiter con su águila y los ropajes revoloteando, significando el poder del viento. Neptuno con su caballo representa el aguay al otro lado, asiendo un atizador y con el can cerbero de tres cabezas está Plutón, el rey del Infierno y, por tanto, de la tierra. La acción tiene lugar en el orbe que manipula Júpiter y en cuyo interior se han mezclado los tres elementos para dar lugar al Sol, la Tierra y los signos zodiacales.
A pesar de su trabajo para las élites, bien remunerado, Caravaggio sacaba a relucir a menudo su carácter violento, que llevaba de taberna en taberna, liderando una banda callejera de delincuentes que estaba presente en todos los altercados de la ciudad. En 1598, el conflictivo artista fue detenido por llevar armas sin licencia, aunque fue puesto en libertad al no haberse producido ningún incidente y manifestar que trabajaba para el cardenal Del Monte.
Durante ese tiempo Caravaggio ganó gran fama como artista, pero también fue muy criticado, ya que, para representar escenas bíblicas, usaba como modelos a gente de la calle y de las tabernas en lugar de a personas distinguidas. Sus obras eran extraordinariamente realistas y rompían con los estándares de composición de los artistas pasados; detalles como la vejez, los pies descalzos y sucios y las expresiones de horror sobresalían en sus obras.
Su característica forma de pintar fue, como todo lo revolucionario, en principio no entendido y después imitado. En primer lugar, renunció a todo tipo de idealismo, representando a profetas y santos como gente real, sirviéndose de modelos de la calle, captando perfectamente la fuerza psicológica de sus personajes, resaltando sus rostros con una intensa luz y envolviendo los fondos en tinieblas.
Probablemente los modelos eran la misma gente con la que había convivido tantos años en los barrios bajos, de cuestionable reputación. Algunas pinturas incluso, estaban ambientadas en tabernas y cantinas, y los modelos eran los borrachos y los apostadores de los bares, así como las prostitutas de mayor o menor estatus social.
Para pintar a la virgen María utilizó como modelo a prostitutas, por lo que muchas de sus obras, a pesar de tener una excelente técnica, fueron rechazadas. Esto obligó a Caravaggio a reconducir la elección de sus modelos. Algunas de las obras rechazadas fueron La inspiración de San Mateo y La Muerte de la Virgen, pinturas consideradas vulgares, ordinarias y obscenas, que en vez de idealizar las figuras religiosas, como era costumbre, les daba demasiada humanidad y realismo.
La inspiración de san Mateo. Caravaggio. 1602. Óleo sobre lienzo. 195 x 295 cm. Iglesia san Luis de los Franceses. Roma.
La muerte de la Virgen. Caravaggio. 1604. Óleo sobre lienzo. 369 x 245 cm. Museo del Louvre. París.
A finales del siglo XVI y principios del XVII, las cortesanas ya no ostentaban el elevado estatus del que habían disfrutado en el Renacimiento, pero todavía existían cortesanas influyentes como Fillide Meladroni que había logrado amasar una fortuna considerable y posó como modelo para diversas obras de Caravaggio, entre las que destaca Santa Catalina de Alejandría. Otra pintura de Caravaggio relacionada con el mundo de la prostitución fue Magdalena penitente, una obra para la que utilizó de modelo a la cortesana Anna Bianchini.
Santa Catalina de Alejandría. Caravaggio. 1598. Óleo sobre lienzo. 173 x 133 cm. Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.
Magdalena penitente. Caravaggio. 1597. Óleo sobre lienzo. 122,5 x 98,5 cm. Palazzo Doria-Pamphili. Roma.
Sentada en un reclinatorio o silla de oración, Caravaggio resalta la humildad cristiana de la pecadora arrepentida a través de una insólita perspectiva ligeramente elevada, con la que, empequeñeciéndola, la ensalza. Enmarcada en un fondo de sombras sobre el que se entreabre un pequeño haz de luz, la escena captura ese instante de sufrimiento o alegría del alma, en que una lágrima da testimonio de la verdad del corazón y del dolor de una verdadera contrición y de la tranquilidad tras el perdón.
En 1597 ya era Caravaggio celebérrimo. En 1599 convaleciente, se ignora si de enfermedad o de alguna herida, que sería lo más probable, comienza su carrera delictiva y el 28 octubre de 1600 consta por vez primera fichado por la policía romana, creciendo a partir de entonces sus actos punibles por la justicia: en 1601 dio una estocada al capitán Flavio Canonico, de la guardia del Castillo de Sant’Angelo, lo que, se resolvió en un acto de conciliación. En 1603, estuvo sujeto a proceso judicial interpuesto por su colega Baglione, su futuro biógrafo, por delito de libelo. En 1604 hirió a un mozo de hostería, apedreó a la policía e insultó a un cabo de la milicia, a lo que se unieron otros excesos con mujeres. En 1605 fue arrestado por tenencia ilícita de armas. En 1606 en un partido de pallacorda -tenis de entonces-, se encaró con Ranuccio Tomassoni, un joven aristócrata. Tuvieron una pelea yCaravaggio le causó la muerte, aunque parece que su intención no fue esa. El papa Pablo V, cuyo retrato acababa de pintar el propio Caravaggio, se vio obligado a sentenciarlo a muerte.
Retrato de Pablo V. Caravaggio. 1605. Óleo sobre lienzo. 203 x 199 cm. Galería Borghese. Roma.
El pintor huyó a Nápoles y vivió mirando en cada esquina para evitar a las autoridades. De Nápoles viajó a Malta, donde fue nombrado caballero de la Orden de Malta. También allí su comportamiento pendenciero le causó más de un problema, por lo que fue expulsado de la orden y obligado a dejar la isla. De su estancia en Malta cabe resaltar La Decapitación de San JuanBautista, San Jerónimo escribiendo, San Juan Bautista en la fuente y Retrato del maestre Alof de Wignacourt.
La decapitación de san Juan Bautista. Caravaggio. 1608. Óleo sobre lienzo. 361 x 520 cm. Concatedral de San Juan. Valletta. Malta.
Esta obra, una de las mejores del artista -sino la mejor- narra la orden de Herodes de decapitar a Juan Bautista por el capricho de Salomé, la hijastra de Herodes, a instancias de su madre, episodio relatado en los evangelios de Mateo y Marcos.
Se caracteriza por el equilibrio de la composición, introduciendo el artista referencias del escenario, situando la austera arquitectura del siglo XVI de la prisión como telón de fondo. En la ventana, dos figuras silenciosas son testigos de la escena, proyectando al espectador hacia dentro de la pintura y no hacia fuera como ocurre con El martirio de San Mateo.
Aquí se presenta un compendio del arte de Caravaggio, con personajes habituales en sus pinturas -la anciana, la joven, el canalla desnudo, el noble de barba…-, sus sombras y luces, con los tonos luminosos y oscuros que provocan sentimientos profundos en el observador. En la obra se relata el cruel drama, que resulta efectivo a pesar de limitar Caravaggio toda señal de énfasis emocional excesiva. El pintor firmó en la sangre de San Juan, como sello personal del drama, en la que podría ser su mejor obra.
San Jerónimo escribiendo. Caravaggio. 1607. Óleo sobre lienzo. 117 x 157 cm. Concatedral de San Juan. Valletta. Malta.
San Juan Bautista en la fuente. Caravaggio. 1608. Óleo sobre lienzo. 100 x 73 cm. Collezione Bonello. Valletta. Malta.
Retrato del maestre Alof de Wignacourt. Caravaggio. 1607. Óleo sobre lienzo. 195 x 134 cm. Museo del Louvre. París.
De vuelta a Nápoles en 1609 fue víctima de una agresión en la Osteria del Cerriglio -siempre en medio de todas las broncas- que le dejaría la cara desfigurada, dándole algunos incluso por muerto; dormía armado y creía que todos conspiraban contra él.
De su época napolitana caben destacar David con la cabeza de Goliat- en la que se autorretrata a sí mismo en la cara de Goliat-, San Juan Bautista reclinado, La Negación de San Pedro y San Juan Bautista.
David con la cabeza de Goliat. Caravaggio. 1607. Óleo sobre lienzo. 90,5 x 1116 cm. Museo de Historia del Arte. Viena.
San Juan Bautista reclinado. Caravaggio. 1610. Óleo sobre lienzo. 124 x 159 cm. Colección privada. Munich.
La negación de san Pedro. Caravaggio. 1610. Óleo sobre lienzo. 94 x 125 cm. Museo Metropolitano de Arte. Nueva York.
San Juan Bautista. Caravaggio. 1610. Óleo sobre lienzo. 159 x 124 cm. Galería Borghese. Roma.
La imagen del santo era una de las favoritas de Caravaggio. San Juan Bautista es representado más joven que en otras obras del mismo santo y autor. La obra fue terminada por el maestro poco antes de su muerte. San Juan Bautista aparece como un hombre muy joven, con una pose sencilla y relajada y con una mirada reflexiva, como si fuera un pastorcillo apoyado sobre una tela de color rojo, con ambas manos en una cornisa, mientras que en el fondo, una oveja come una hoja de parra. La tradición de representar al profeta bíblico como un joven, en lugar de como un hombre maduro y sabio, se fraguó desde el Renacimiento. San Juan aparece inmerso en sus pensamientos y su aspecto quizá desprende tristeza.
En 1610, Caravaggio recibió por fin permiso para volver a Roma tras ser indultado. De regreso, tras una escala en Porto Ércole -Sicilia- fue encarcelado al ser confundido con otra persona,y el barco que le tenía que llevar a Roma zarpó sin él. Su salud, muy resentida por su mala vita, empeoró con las desdichas; con disentería y muy débil, cuentan quecomenzó a correr por la playa persiguiendo al barco que tenía que haberle llevado a Roma. Cayó al suelo exhausto, y sin ayuda y en pocos días murió: el 18 de julio de 1610.
Su última obra, El martirio de santa Úrsula, es tal vez la más oscura y lúgubre de su producción, fiel reflejo de su estado de ánimo en aquellos días.
El martirio de santa Úrsula. Caravaggio. 1610. Óleo sobre lienzo. 106 x 179,5 cm. Banca Comercial Italiana. Nápoles.
Muchos creen que murió debido a las condiciones que soportó en la cárcel, contrayendo una enfermedad, otros piensan que fue asesinado por alguno de sus múltiples enemigos, y otros, los más, que se volvió loco por su sufrimiento y murió de insolación.
Igual que en su obra, la vida de Caravaggio estuvo marcada por una lucha entre la luz y la oscuridad. Fue un artista con una capacidad deplasmar la miseria que le rodeaba a través de personajes que se confundían entre lo sagrado y lo profano. Excesos y delincuencia marcaron la vida de Caravaggio, un hombre con múltiples contradicciones, que pasó gran parte de su vida huyendo de sí mismo: soy un hombre que busca ayuda, un artista que pide misericordia.
La técnica de Caravaggio ha sido reconocida en todo el mundo. Se le ha llamado El maestro de la sombra y de la luz debido a su particular técnica conocida como Chiaroscuro y el resultado de su estilo fue el Tenebrismo, CREANDO ESCUELA a comienzos de el Barroco: los contrastes a través del fuerte uso de luz y de las sombras con el propósito de crear volumen y dramatismo, fueron una nueva forma de idealización y de mostrar el sufrimiento.
Su Tenebrismoque es el nombre que la historiografía del arte ha dado al estilo o corriente de la pintura correspondiente a la fase inicial del Barroco -comienzos del siglo XVII-, que se caracterizó por el violento contraste de luces y sombras mediante una forzada iluminación que se hace llegar con un foco de luz marcando una diagonal en la pared del fondo, como proviniendo de un tragaluz de un sótano –luz de sótano o luz de bodega-. Su nombre proviene del latín, tenĕbrae, tinieblas.
Los principales exponentes de esta Escuela fueron Caravaggio y José de Ribera -Lo spagnoletto-, y se ha llegado a considerar el Tenebrismo como una corriente propia de la escuela española, que surgió a comienzos del siglo XVII, aunque siempre sería como resultado del impacto del caravaggismo y el uso de su técnica del claroscuro, aunqueen la pintura española fuera iniciada la técnica de la luz en la segunda mitad del siglo XVI por El Greco, El Divino Morales, Pedro de Campaña, Luca Cambiaso, Navarrete el Mudo y otros, conjunto de artistas que recibieron la denominación de luministas-quizá equivocada, o no-.
En España el primer núcleo propiamente tenebrista se desarrolló en la Escuela valenciana de Francisco Ribalta, de donde surgió Ribera -aunque la totalidad de su obra la realizó en Nápoles-. También influencia tenebrista tuvo la Escuela sevillana de Herrera el Viejo y Francisco Pacheco -suegro de Velázquez- de donde saldrían Velázquez y Zurbarán.
OTRAS OBRAS ENTRE LAS MEJORES
La cena de Emaus o Los discípulos de Emaus. Caravaggio. 1606. Óleo sobre lienzo. 141 x 175 cm. Academia de Bellas Artes de Brera. Milán.
Judith decapitando a Holfernes. Caravaggio. 1599. Óleo sobre lienzo. 144 x 173,5 cm. Colección privada. Francia.
La flagelación de Cristo. Caravaggio. 1607. Óleo sobre lienzo. 286 x 213 cm. Museo Capodimonte. Nápoles.
Narciso. Caravaggio. 1598. Óleo sobre lienzo. 110 x 92 cm. Galería Nacional de Arte Antiguo. Roma.
La conversión de san Pablo. Caravaggio. 1601. Óleo sobre lienzo. 230 x 175 cm. Basílica Santa María del Popolo. Roma.
Madonna y el Niño con santa Ana. Caravaggio. 1606. Óleo sobre lienzo. 292 x 211 cm. Galería Borghese. Roma.
La sepultura o el entierro de Cristo. Caravaggio. 1603. Óleo sobre lienzo. 300 x 203 cm. Museos Vaticanos. Roma.
Salomé con la cabeza de l Bautista. Caravaggio. 1609. Óleo sobre lienzo. 116 x 140 cm. Galería de las Colecciones Reales. Madrid.
Para terminar, el famoso Caravaggio calificada su autoría recientemente, que fue expuesto en el Prado durante unos meses.
ECCE HOMO -El perdido y hallado-. Michelangelo Merisi da Caravaggio. 1606-1609. Óleo sobre lienzo. 111 x 86 cm. Colección particular.
La figura más cercana al espectador, que se inclina sobre el parapeto delantero es Poncio Pilato, que termina ofreciendo a Jesús al pueblo –Ecce Homo– que parece abrumado por la decisión que debe tomar. Sin encontrar pruebas de los cargos contra Jesús, el gobernador romano pone su destino en manos de la multitud, que lo condena a morir con gritos que piden su crucifixión. Con la iluminación característica de Caravaggio, Cristo ocupa el centro de la composición. Las gotas de sangre caen por su pecho mientras un soldado a su izquierda le retira de los hombros un manto rojo que contrasta con su pálida piel. Cristo ocupa el plano en una línea diagonal replicada por la caña. El soldado detrás de Cristo, con la boca abierta, quizá gritando a la multitud o con ella, subraya el dramatismo del momento. El blanco de sus ojos expresa emociones, que no se sabe si son de odio o miedo.
Los tres personajes son típicos modelos empleados por Caravaggio en algunos cuadros, y los gestos dramáticos son característicos del estilo de la narración pictórica del artista.
El Ecce Homo de Caravaggio, perdido y recuperado, apareció en 1631, sin poderse saber quién encargó la tela, aunque los expertos están seguros de que el cuadro apareció entre los bienes de Juan de Lezcano, secretario del virrey de Nápoles. La obra fue adquirida por el conde de Castrillo, virrey de Nápoles, y más tarde enviada a Madrid, donde aparece en las colecciones de Felipe IV en 1666. Un siglo y medio más tarde se encontraba en el inventario de las obras del valido de Carlos IV, Manuel Godoy, que pasaron a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en donde al parecer se perdió luego la pista de esta obra.
La reaparición del cuadro comenzó en marzo de 2021, cuando un propietario anónimo, a través de una casa de subastas madrileña -Ansorena-, sacó a la venta por un precio de salida de 1.500 euros la obra La coronación de espinas, lo que entonces se creía que era la pintura de un discípulo de José de Ribera.
Ribera fue un pintor valenciano que desarrolló la mayor parte de su carrera en Italia y según el Museo del Prado su estilo es marcadamente italiano. La confusión podría entenderse, debido a que, como destaca la propia pinacoteca, Ribera adoptó una forma extrema del naturalismo de Caravaggio, que se manifiesta en el uso de fuertes contrastes de luz .
Tras todo el revuelo causado por la pintura que pasó de valer 1.500 a 36 millones de euros y que fue protegida con toda urgencia por las autoridades culturales, se conoció el nombre de los propietarios, la familia Pérez de Castro, descendientes de Evaristo Pérez de Castro, uno de los redactores de la Constitución de 1812. Casi inmediatamente, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hizo pública una pista sobre la identidad de la obra, desvelando que en 1823, la Academia había aprobado su permuta por un San Juan Bautista de Alonso Cano propiedad del político Pérez de Castro.
La ficha de esta obra en la Academia de San Fernando menciona las deliberaciones de la junta directiva al respecto, y la confianza en “que la Academia quedaría bien indemnizada si la permuta se hacía con un Ecce Homo que se creía de Carabaggio, y no constando que perteneciese a ningún particular ni corporación, se aprobó el cambio por las ventajas que ofrecía a la Academia“. (Pérez de Castro era directivo de la Academia, claro).
Desde 2021, siempre con la prohibición de abandonar España, y hasta su adquisición por un coleccionista anónimo (británico y residente en España), la pintura ha permanecido bajo custodia de la galería de arte Colnaghi, con la colaboración de Filippo Benappi (Benappi Fine Art) y Andrea Lullo (Lullo Pampoulides), siendo además restaurada por Andrea Cipriani y su equipo, bajo la supervisión de expertos de la Comunidad de Madrid.
Sobre ella se ha efectuado una investigación de expertos ingenieros nucleares especializados en la aplicación de técnicas científicas al estudio y conservación del patrimonio cultural, y sus conclusiones, junto a las de otros estudios llevados a cabo por catedráticos de Historia del Arte, historiadores del arte y eruditos en la materia, han venido a coincidir en que, por técnica, estética e iconografía, esta obra corresponde a Caravaggio. (Me recuerda por la millonada, a la Dama Dorada de Klimt -que si queréis os refresco la historia cualquier día-, aunque eneste caso solo se ha valorado en 36 millones porque no puede salir de España).
Si al comienzo de la navegación de altura, los navegantes hubieran imaginado, que un balón lanzado por una persona situada en un polo en dirección a una situada en un punto del ecuador, cuando éste llegara al punto de destino, el receptor estaría mucho más al este por el movimiento de rotación de la tierra w-e, todo hubiera sido más comprensible; hasta entonces, la navegación solía ser de bajura y guiada por los mapas portulanos.
La falta de este conocimiento pudo haber condenado a la expedición del siglo XIII de los hermanos genoveses Ugolino y Vivaldi, que se dirigían hacia las hasta entonces desconocidas islas Canarias a perderse; una vez allí, sin conocer los vientos y el giro que provocaban en el Atlántico, fueron incapaces de vencer la ceñida del estrecho de Gibraltar y de regresar a su punto de partida.
Los navegantes del final de la Baja Edad Media fueron descubriendo por el método analítico, en sus propias carnes, los movimientos regulares y dominantes de los vientos, siendo más o menos conocidos desde el comienzo de la Edad Moderna, aunque no sería hasta 1686 cuando Edmund Hadley publicara un mapa detallado, que incluyó tanto los vientos alisios como los monzones, elaborado con datos proporcionados por los marinos comerciales ingleses.
En su honor, el espacio que abarca las latitudes entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio, se denomina célula de Hadley.
El motor principal de la circulación del aire es el calentamiento de la superficie terrestre en la franja ecuatorial. El aire asciende, y además de originar las lluvias tropicales, se dirige en altura como contralisio hacia ambos polos. En la latitud de los trópicos, parte de ese aire desciende por enfriamiento, y el resto continúa en la dirección que llevaba hasta descender formando un anticiclón en los polos.
El aire que baja en la zona de los trópicos a la superficie, toma dos direcciones: si se dirige a la franja ecuatorial se denomina alisio y si lo hace hacia las zonas subpolares, contralisio -vientos del oeste-; este último, choca a los 60º de latitud, con el viento que baja de los polos.
En el ecuador el aire que se calentó y ascendió , originó una zona de bajas presionesque será ocupada por aire menos caliente -pesa más- que traen los alisios desde los trópicos formando parte de la circulación de Hadley.
La distribución del aire origina en cada hemisferio, dos zonas de altas presiones, una en la región subtropical y la otra en los 90°, dos zonas de bajas presiones: la depresión tropical y la de los 60° de latitud, siendo estas zonas de bajas presiones de importancia fundamental para la distribución de las precipitaciones atmosféricas.
La influencia de existencia de zonas de mar y tierra es fundamental en el esquema circulatorio, así como de la influencia de la rotación de la Tierra.
Los monzones serían otra historia, y son interpretados como grandes intercambios de aire entre tierra firme y océano, siendo los factores que los generan de tipo térmico.
Se originan por tanto dos grandes sistemas circulatorios: el sistema de los alisios entre los trópicos y el ecuador y los sistemas de las latitudes medias y polares.
La convergencia de los vientos alisios de ambos hemisferios da origen a la zona de convergencia intertropical -CIT-.
La palabra alisios, se forma con la raíz latina alis que fue utilizada a lo largo del siglo XIII en la lengua francesa para denominar una naturaleza delicada, amable y medida, como la de estos vientos, que actúan de forma regular y soplan con mesura, siendo los vientos superficiales de la célula de Hadley, con dirección del noreste hacia el suroeste en el Hemisferio norte, y del sureste en el Hemisferio sur, entre los 23º 27´ de latitud norte y 23º 27´de latitud sur, soplando de manera regular desde las altas presiones subtropicales -cresta subtropical- hacia las bajas presiones ecuatoriales -zona de convergencia intertropical-. Los vientos alisios soplan desde el nivel de mar hasta los 1.500 o 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. A partir de 6.000 m de altitud se invierte la dirección de los vientos.
El movimiento de rotación de la Tierra oeste-este desvía a los alisios hacia el oeste, por el llamado efecto Coriolisy de ahí su dirección oblicua hasta converger en la zona ecuatorial.
El efecto Coriolis describe como la rotación de la Tierra desvía los vientos y las corrientes marinas superficiales. A diferencia de la tierra -que también se mueve, aunque lentísimamente-, el aire y el agua se mueven libremente en ausencia de obstáculos. El efecto Coriolis causa que la posición de un objeto en libre movimiento, cuando la tierra gira de oeste a este, parezca que cambie de lugar, aunque es un cambio relativo.
La dirección de las principales corrientes marinas coincide con la de los principales vientos planetarios, pero esta coincidencia no se debe a que las corrientes marinas generen la de los vientos planetarios, ni que estos últimos produzcan aquellas, pudiéndose comprobar que tanto la dirección de los vientos planetarios como la de las corrientes marinas, están influidas por el movimiento de rotación terrestre pero con efectos distintos sobre unos y otras, según el tipo de corrientes de que se trate -frías o cálidas-, o el tipo de vientos planetarios en su respuesta ante el relieve, la configuración de las costas o la continentalidad de su origen.
Tanto las corrientes ecuatoriales como los vientos alisios siguen la misma dirección general este-oeste, como se ha dicho, y la franja comprendida entre los 5º de latitud norte y 5º de latitud sur, centrada en el ecuador terrestre, que corresponde a la amplitud de la corriente ecuatorial -cinturón ecuatorial-, se denominó, durante mucho tiempo cinturón de vientos variables y calmas. Situado en un área de bajas presiones, los débiles gradientes de presión, apenas tendrían fuerza suficiente para poner el aire en movimiento. Estas áreas de calma reciben el nombre de doldrums.
En ambos casos, la razón está en la fuerza centrífuga del movimiento de rotación terrestre, que también es la que ha determinado a largo plazo el abombamiento ecuatorial del globo terrestre en sus partes sólida, líquida y gaseosa, abombamiento más acentuado en las partes de menor densidad de cada una de las tres zonas -litosfera, hidrosfera y atmósfera-.
Al norte y al sur de las calmas ecuatoriales, en una franja que está comprendida entre los trópicos, se encuentra el cinturón de los vientos alisios. Estos vientos como se ha dicho son la consecuencia del gradiente de presión existente entre las altas presiones subtropicales y el cinturón de bajas presiones ecuatoriales.
Estos vientos se caracterizan por la regularidad de su velocidad -unos 20 km/h aproximadamente- con mayor intensidad en invierno, época en la que inciden con mayor ángulo con los paralelos (30-35º en invierno y únicamente 20º en verano). Fueron denominados trade winds, al asegurar el movimiento uniforme en la navegación a vela, en contraste con las calmas ecuatoriales, difíciles de atravesar.
Los alisios están mejor definidos en los océanos Atlántico y Pacífico, ya que en la región del océano Indico, la cercanía del continente asiático los desordena.
Los vientos del oesteconstituyeron la contrapartida de los alisios en su viaje de regreso al continente europeo, vientos generados entre las altas presiones subtropicales y las bajas presiones subpolares. Estos vientos aparecen en superficie soplando con dirección del oeste. Como en el caso de los alisios, los continentes, sobre todo en el hemisferio norte -hay mucha mayor masa litosférica que en el hemisferio sur-, distorsionan profundamente la dirección de los vientos.
Su fuerza es bastante considerable y era utilizada por los navegantes a vela que hacían el recorrido desde el océano Atlántico hasta el continente australiano, Nueva Zelanda o las islas del Pacífico por el cabo de Las Tormentas, y para regresar a Europa desde América.
Por último, en las regiones de superior latitud, comprendidas entre las bajas presiones subpolares y las altas presiones polares, los vientos vuelven a cambiar su dirección dominante, por la del este, igual que la de los alisios.
A partir del conocimiento, en mayor o menor medida de los vientos planetarios y de las corrientes, se pudieron dar pasos muy importantes en la historia de la navegación y de los descubrimientos: los imperios español y portugués no pudieron arrancar hasta que descubrieron cómo funcionaban los vientos alisiosprimero y los contralisios después, así como las zonas de calma tropical que tanto hicieron desesperar a los navegantes de la época, ya que partían con suministros muy limitados, que además, se pudrían al prolongarse las permanencias por encima de lo calculado. Otros obstáculos encontrados en los viajes ultramarinos como el mar de los Sargazos, sin comida, y sin perspectivas de avanzar hacia sitio alguno por ausencia de vientos, provocaban desánimo y frecuentes amotinamientos.
El conjunto de maniobras y de barcos de nuevo diseño para moverse por el Atlántico, tras la conquista de los portugueses de Ceuta en 1415, el descubrimiento de Madeira y las Azores, y de los españoles de las Canarias, impulsó a portugueses y españoles a tratar de conocer vientos y corrientes de este océano, así como a mejorar los barcos y medios de navegación, lo que les permitiría doblar el cabo de Las Tormentas a unos, llegando a Japón en 1543 y a otros, dar la vuelta al mundo que comenzó Magallanes en 1519 y terminó Juan Sebastián Elcano en 1522.
Además del conocimiento de las corrientes marítimas y de los vientos, se tuvo que buscar un tipo de embarcación que se adecuara a los largos viajes que se proyectaban para dar satisfacción al ansia de descubrir nuevos territorios, en busca sobre todo de riquezas y nuevos mercados, y contar con las ayudas técnicas a la navegación que permitieran llevar una determinada derrota, y poder situarse con mayor o menor precisión en la inmensidad de los océanos.
La carabela era un tipo de barco de tamaño medio que, por su bajo calado y sus velas triangulares -latinas-, se hizo ideal para la exploración, por ser rápida, maniobrable, y necesitar una tripulación reducida.
La carabela fue desarrollada a partir de un barco de pesca portugués de mediados del siglo XV, investigación patrocinada por Enrique el Navegante, infante portugués, hijo de Juan I de la Casa de Avis y Felipa de Lancaster, que ansiaba descubrir nuevos mundos y acceder a los mercados comerciales desconocidos.
Enrique reunió en Sagres, al sur de Portugal, un grupo de cartógrafos, navegantes, astrónomos y diseñadores de barcos, y les encargó diseñar un barco capaz de navegar en alta mar.
Hasta entonces, los barcos europeos tenían dotaciones de remeros, o velas fijas, o ambos, para su propulsión; la embarcación de velas cuadras era la más común.
Las primeras carabelas fueron relativamente pequeñas, no pesando más de 80 toneladas. Tenían timón de popa y castillo en popa, y en algún caso de proa, siendo cuando esto ocurría mayor el de popa.
Las carabelas solían tener una relación eslora-manga de 3,5:1, teniendo las primeras alrededor de 30 metros de eslora, siendo de bajo calado. También eran muy maniobrables y rápidas; estas características las hacían efectivas para explorar mares desconocidos y aguas costeras poco profundas, donde los barcos más grandes podían varar en los bancos de arena o ser dañados por las rocas. También la carabela, podría hacer frente a oleajes importantes y a tormentas en mar abierto.
En general tenían dos o tres mástiles, y como se señaló anteriormente, montaron inicialmente velas latinas. La vela latina era triangular y estaba inspirada en las velas de los veleros árabes, particularmente del dhow, embarcación con una única vela.
Los barcos, que hasta entonces usaban una vela cuadra, solo podían navegar con el viento de popa, pero la vela latina, más flexible, permitía que el barco navegara de bolina en zigzag con viento en contra hacia barlovento en los menores ángulos posibles.
A la izquierda la carabela Niña con velas triangulares, en el centro la nao Santa María capitaneada por Colón con velas cuadras en mayor, trinquete y cebadera en el bauprés, y latina en el palo de mesana. A la derecha la carabela Pinta, que cambió algunas de sus velas latinas en la Gomera.
La carabela latina necesitaba una tripulación no demasiado numerosa, lo que constituía un factor importante en los largos viajes de exploración, cuando las enfermedades o los enfrentamientos violentos, podían reducir significativamente el número de personal disponible en la expedición.
Una de las desventajas de la carabela era que no podía llevar mucha carga, como otros tipos de barcos como la carraca, que podía cargar hasta 2.000 toneladas.
Esta limitada capacidad de carga, obligó a rediseñar la carabela, creando la carabela redonda, con mayor espacio para la carga, más grande y ancho que una carabela normal, pudiendo pesar en carga hasta 300 toneladas.
La carabela redonda normalmente tenía tres mástiles con velas cuadras para conseguir mayor velocidad y bauprés con cebadera, que era una vela también cuadra que iba colgada de una verga debajo del bauprés.
También se construyeron algunas carabelas con cuatro mástiles diseñadas como barcos de guerra. En este caso, tres mástiles cargaban velas latinas y uno velas cuadras; fue la precursora del galeón del siglo XVI. La construcción de carabelas de mayor tamaño pudo ser una respuesta al creciente número de ataques que sufrían los barcos portugueses y españoles por parte de los holandeses e ingleses: un barco más grande podría llevar más cañones.
Galeón.
Aunque este tipo de navío no precisaba remos, en las carabelas usadas por Enrique el Navegante o Fernando de Magallanes, la cubierta podía albergar cuatro remos larguísimos, para los casos en los que fueran necesarios, y cada uno debía ser manejado por cuatro hombres que, para moverlos, tenían que caminar adelante y atrás sobre la cubierta.
Con carácter general, a las embarcaciones dotadas de cubierta y velas, pero sin remos se les denominaba naos. En los siglos XIV, XV y primera mitad del XVI, la denominación se refirió a un tipo más concreto de buque que se distinguía por tener un elevado francobordo, tres mástiles con velas cuadras y castillos de proa y popa.
Las naos fueron una evolución de las cocas medievales, barcos mercantes de casco redondo y un solo mástil con vela cuadra; heredaron tres de las características de las cocas: casco redondo, timón de codaste* y castillo de popa, pero a diferencia de las cocas llevaron uno o dos mástiles más: el mayor, la mesana y el trinquete inclinado hacia delante, además del bauprés en proa.
Coca.
La diferencia entre carabela y nao era que las carabelas tenían un francobordo* más bajo, usaban velas triangulares -latinas- la mayor parte de las veces, aunque algunas carabelas castellanas tuvieron velas cuadradas y, tenían castillo de popa, pero no de proa en general.
Nao.
*Francobordoes la distancia vertical que hay entre la cara inferior de la cubierta de trabajo en el costado hasta la línea de flotación.
Francobordo.
*Codastees el elemento estructural, de acero o de madera, en que termina el buque por la popa: la continuación de la quilla, en el que terminan las planchas o tablones del forro exterior. que sirve de soporte de giro del timón.
Timón de codaste.
Además del avance técnico en la construcción de los barcos, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, el arte de navegar, pasó a ser la ciencia de la navegación. Los portugueses, en primer lugar, y después los españoles, desarrollaron herramientas, que ayudaron, aunque fuera de manera imprecisa, a la geolocalización de los barcos, herramientas que fueron perfeccionándose con el tiempo.
-Las cartas de navegación servirían de escasa ayuda si no se supiera trazar el rumbo que la nave debía seguir en la navegación de altura, ya que las corrientes y los vientos desviaban la nave de su ruta, por lo que era muy importante conocer los ángulos, que formaban entre sí los vientos representados en las cartas. Esta tarea la realizaban los naocheros a los que Alfonso X definió en sus Partidas como “aquellos por cuyo seso se guían los navíos por la mar“.
-Con el compás, se medían y trasladaban las distancias en la carta marina, y de las tablas de navegar, llamadas de Martelogio, que servían para indicar la posición en el mar, después de calcular los desvíos respecto al rumbo deseado. Mediante una triangulación, se calculaba el desvío sobre la ruta trazada, el avance efectivo, la distancia, y el nuevo rumbo a tomar para volver a la ruta original. Las Tablas de Martelogio evitaban tener que hacer los cálculos matemáticos, y, a una derrota determinada, indicaban el rumbo a seguir. Las primeras Tablas de Martelogio documentadas datan de 1436, y empezaron a ser absolutamente necesarias cuando se abandonó la navegación de cabotaje para pasar a la de altura, no teniendo entonces las referencias geográficas de los mapas portulanos, pasando grandes períodos de tiempo por alta mar sin referencias geográficas.
-En estos casos, la única referencia que tenían era la astronómica, por lo que se navegaba a la estima, basándose en una serie de conocimientos, técnicos y empíricos, proporcionados por la experiencia, y en la información que les proporcionaba la aguja de marear -después brújula- que era una aguja de hierro que tenía la propiedad, tras ser imantada con calamita, de indicar el norte magnético. Se colocaba sobre un corcho o pluma de ave, que flotaba libremente sobre el agua.
Poco a poco la aguja se colocó en un círculo graduado -la Rosa de los Vientos- dentro de una caja, para su protección. Su uso se generalizó en la primera mitad del siglo XIV.
Los navegantes fueron apreciando que el polo astronómico, indicado por la estrella Polar, no coincidía con el polo magnético, indicado por la aguja de marear, por lo que era necesario tener en cuenta tal desajuste -declinación magnética-. Durante la Edad Media, el polo magnético de la Tierra osciló entre los cinco y los quince grados nordeste. De ahí la importancia de la observación astronómica, ya que la altura de las estrellas y el ángulo formado con el observador, indicaban la latitud en la que encontraba la nave.
-El astrolabio náutico, marinero o de anillo era un instrumento que representaba la bóveda celeste, y servía para fijar la posición y el movimiento de los astros, constituyendo un instrumento de geolocalización utilizado para averiguar la latitud de un lugar mediante la altura del meridiano del Sol o de una estrella de declinación conocida. Aunque se llamó así, era más bien un inclinómetro con alidada, capaz de medir ángulos verticales. Solían ser de construcción robusta. Este instrumento fue más utilizado en la investigación terrestre que en la mar.
Astrolabio.
-El cuadrante es un instrumento derivado del astrolabio y se utilizaba en sustitución del mismo. Era una especie de astrolabio plano, consistente en un arco graduado, de noventa grados, con un brazo móvil y que se usaba normalmente en el mar.
En uno de sus lados tenía dos mirillas para dirigir la visual al astro conocido. Del vértice colgaba una plomada que caía verticalmente permitiendo la lectura angular a partir de la misma sobre el arco graduado. Servía para medir la altura de los astros -ángulo formado por el horizonte y la visual dirigida al astro- lo que permitía hallar la latitud.
Cuadrante.
-Se utilizaba también el sextante, que era el cuadrante simplificado de sesenta grados, cuya primera mención data de 1322.
-El Nocturlabio era un instrumento utilizado para determinar la hora en función de la posición de una determinada estrella, asunto importante para el cálculo de las mareas; algunos incorporaban mapas de mareas de los puertos más importantes a utilizar.
La observación de las estrellas y su correcta interpretación mediante el uso de cuadrantes, sextantes y nocturlabios, hicieron que la navegación nocturna fuera un hecho frecuente durante la Edad Media.
-La ballestilla cuya invención se atribuye a Levi ben Gerson (1288-1344) que lo menciona en uno de sus textos. Se trata de una derivación del kamāl, instrumento utilizado en navegación en el océano Índico. Su importancia en navegación viene dada por su manejo sencillo, ya que sirve para lo mismo que los otros dos instrumentos señalados. La palabra castellana «ballestilla» se documenta por primera vez en el tratado de Alonso de Chaves Quatri partitu en cosmographia.
Ballestilla.
Era utilizado para medir la altura del sol y otros astros conocidos sobre el horizonte mediante una vara de madera sobre la que se desliza una vara cruzada más pequeña. El marino aplicaba el ojo en un extremo de la vara larga, dirigiéndola hacia el astro cuya altura quería medir cuya posición quería medir, deslizando la vara cruzada hasta que la parte inferior de ésta coincidía con el horizonte y la superior con la estrella. La altura de la estrella se leía en una graduación de la vara principal. Se medía así la latitud.
-La sonda náutica o escandallo era un instrumento de gran simplicidad para conocer la profundidad, es decir, la distancia vertical entre el fondo del lecho marino y una parte determinada del casco de la embarcación. La sonda de Alonso de Chaves estaba hecha de cáñamo, medía cincuenta brazas de largo y debía tener un peso de plomo de al menos diez libras.
-La ampolleta o reloj general de arena, instrumento básico usado en la mar para medir el tiempo cuando no existían relojes más precisos.
-La escala altimétrica usada en la resolución de problemas de agrimensura por su relación con la geografía y la cartografía.
Y sobre todo, fueron básicas lasCartas Náuticas, planos o mapas a escala, de las zonas en que el buque iba a navegar, que eran y siguen siendo la representación a escala de aguas navegables y regiones terrestres adjuntas. Indican las profundidades del agua, naturaleza del fondo, detalles de la costa incluyendo los puertos, peligros a la navegación, localización de faros y otras ayudas a la navegación, aunque la representación de una esfera en una superficie plana, implica ciertas deformaciones de la realidad.
Con el tiempo, y a medida que se fueron inventando diversos tipos de proyecciones cartográficas, las cartas fueron evolucionando hacia una mayor precisión, exactitud y detalle; en el siglo XV eran cartas muy trabajadas, pero de rusticidad manifiesta.
Se han apuntado anteriormente alguna de las motivaciones que impulsaron a los descubrimientos portugueses y españoles de los siglos XV y XVI. Se debe señalar también como fundamental, la excelente situación geográfica de la Península Ibérica y la familiaridad de los marinos portugueses y castellanos con el Atlántico.
Otros reinos europeos con salida al mar como Francia o Inglaterra (los Países Bajos eran por entonces de la Casa de Borgoña), tenían medios técnicos y humanos, iguales o mejores que los portugueses, castellanos o aragoneses, pero no poseían las motivaciones políticas ni comerciales de ellos, por lo que se incorporarían con retraso a esa gran tarea de exploración, conquista y colonización, que se desarrollaría a lo largo del siglo XVI.
Las Islas Canarias que tuvieron un papel tan relevante en los viajes al Nuevo Mundo, fueron descubiertas en 1312, y a pesar de las numerosas visitas a las mismas de genoveses, catalanes, castellanos, portugueses y franceses, hasta 1402 no se emprendió su conquista y colonización. La conquista de las islas, se inició por las más pequeñas, acabando noventa años después con la de Tenerife -1496-. Fue el normando Juan de Bethencourt, con la aportación de los hombres, y Gadifer de la Salle, militar francés, que proporcionó el barco, los que lideraron la expedición en 1402, ocupando Lanzarote, donde se fundó el primer fuerte. La falta de hombres, hizo que la expedición buscara refuerzos en Andalucía -Castilla-, y se acogiera a la protección del rey Enrique IIIel Doliente, con lo que la Corona castellana establecía un inicio de soberanía sobre el archipiélago. Posteriormente, se conquistaron Fuerteventura -1403- y El Hierro -1406-, iniciándose, en 1454, la conquista de Gran Canaria y Tenerife, sin éxito, por la fuerte resistencia de la población autóctona guanche, hasta la época de los Reyes Católicos.
El poblamiento de Madeira, empezó poco después de su descubrimiento -1425- y el de las Azores, deshabitadas, en 1439. Se poblaron con mano de obra esclava, para llevar a cabo el cultivo de la caña de azúcar, recientemente introducido en la isla pr los portugueses.
En 1383, al morir sin sucesión Fernando I de Portugal, hijo de Pedro I y de la reina Constanza Manuel, se disputaron la corona, un hijo habido de Pedro I y su amante Inés de Castro, llamado Juan, y el rey de Castilla Juan I casado en 1383 en segundas nupcias con Beatriz de Portugal, hija legítima del fallecido rey Fernando I y por tanto, aspirante legítima a la corona.
El aspirante portugués, fue apoyado por los ingleses de Juan de Gante -hijo de Eduardo III de Inglaterra– casado con Constanza de Castilla, hija del Pedro I el Cruel, al que le fue arrebatada la corona de Castilla en la batalla de Montiel por su hermanastro ilegítimo Enrique II el de las Mercedes, el instaurador en Castilla -y más tarde en Aragón con Fernando de Antequera- de la Casa de Trastámara. Juan de Gante, apoyaba al ilegítimo portugués Juan, para reivindicar la corona de Castilla que decía pertenecerle por legítimo derecho de sucesión a su mujer Constanza.
El enfrentamiento acabó en la batalla de Aljubarrota en 1385, en la que salió vencedor el bando del portugués Juan de Avis, apoyado por los ingleses. La paz se firmó con el establecimiento de una nueva Casa real, la de Avis con el rey Juan I, que fue el fin de los Borgoñas portugueses, y Juan I de Castilla tuvo que prometer a su hijo, el futuro Enrique III el Doliente en matrimonio a la hija de Juan de Gante, Catalina de Lancaster.
La victoria de los Avis, no sólo supuso un cambio de dinastía y el surgimiento del espíritu nacionalista portugués frente a Castilla, sino la entrada en escena de fuerzas nuevas, con fuertes intereses mercantiles, que darían un golpe de timón a la política exterior portuguesa.
Un infante de Portugal hijo de Juan I de Avis, Enrique el Navegante fue el que impulsó la política marítima de descubrimientos.
Los comerciantes portugueses frecuentaban los puertos marroquíes, de donde traían cereales de los que eran deficitarios, y aprovechando las dificultades que atravesaban los Banu Marín –meriníes– en sus últimos estertores, intentaron establecerse en el norte del país bereber.
Sin llegar la población portuguesa al millón de habitantes, la nueva dinastía pensó en establecer una cabeza de puente en Ceuta, desde donde pudiera emprenderse la conquista del territorio marroquí y controlar el paso del Estrecho desde África, después de que Castilla hubiera logrado dominar la parte peninsular tras de batalla del Salado en 1340, en donde Alfonso XI de Castilla con la ayuda de Alfonso IV de Portugal conquistó Tarifa, Gibraltar y Algeciras.
Portugal había concluido su Reconquista al ocupar el Algarve 50 años antes, pero Castilla no podía pensar en ninguna empresa africana seria, ya que todavía, no había concluido la suya, por la existencia del reino nazarí de Granada.
La empresa africana portuguesa estuvo perfectamente planificada, para lo que, en primer lugar, se estableció un tratado de paz con Castilla en 1411, al tiempo que la Santa Sede le concedía los beneficios de una Cruzada para su aventura africana en 1413, marcando la toma de Ceuta en 1415 el inicio de la gran etapa de descubrimientos portugueses en África, que culminarían con el establecimiento de la ruta marítima hacia la India, al doblar el Cabo de las Tempestades en enero de 1488.
Todo el plan de descubrimientos y conquistas portuguesas estuvo, desde un principio, auspiciado por la Corona y dirigidas por el Infante Enrique el Navegante que fundó en Sagres una escuela de cartografía y de estudios de náutica, dirigiendo desde allí toda la actividad exploradora, hasta su muerte, convirtiendo a Lagos en el puerto de salida y llegada de las exploraciones.
Tras el fracaso de la toma de Tánger en 1437, se abandonó la idea de la conquista de Marruecos, y se pensó en el establecimiento de una serie de presidios -plazas fuertes-, a lo largo de la costa oeste africana que sirvieran de apoyo a la navegación, en un intento de llegar a las fuentes del oro y de esclavos, que lograrían tras franquear Cabo Bojador -1434- y Cabo Blanco -1441-. De allí se trajo el primer grupo de esclavos negros, y en sus cercanías se construyó en1448 el fuerte de Arguim, que protegería el comercio de esclavos y oro a cambio de productos europeos.
En 1444, se llegó a la desembocadura del río Senegal, y ese mismo año se recibieron en Lagos doscientos treinta esclavos africanos, de los que la quinta parte fueron para el Infante Enrique, en virtud del monopolio que sobre dicho tráfico se le reconoció en 1443. Desde su muerte, llegaban a Portugal dos o tres expediciones anuales de esclavos, potente fuente de ingresos, y mano de obra necesaria para las plantaciones de caña de azúcar de Madeira y Azores y, desde 1450, también para el archipiélago de Cabo Verde.
Portugal se convirtió en el primer país europeo que practicó el tráfico de esclavos, al que pronto se unió Castilla y otros países, para satisfacer las necesidades de mano de obra en América.
La llegada de los portugueses al África costera sahariana y subsahariana, donde podían aprovisionarse, directamente y sin intermediarios de oro y esclavos, hizo que castellanos, franceses y algunos genoveses intentaran seguir sus pasos. Los portugueses intentaron blindar los derechos del monopolio africanos con la Bula Romanus Pontifex que les otorgó Nicolás V, en 1455, reconociendo el derecho exclusivo de Portugal a las exploraciones africanas. Esta fue la razón por la que Colón planteara su viaje a las Indias, buscando las rutas atlánticas.
Entre los años 1460 y 1475, tras franquear Sierra Leona y producirse la muerte de Enrique el Navegante, se inspeccionaron más de dos mil kilómetros de costa africana hasta el golfo de Guinea. También se descubrieron las islas de Santo Tomé, Annobón y Príncipe, así como Fernando Póo y Gabón, rebasándose el Ecuador.
Se trasladó de Lagos a Lisboa la compañía que dirigía todas las exploraciones, hecho que supuso el despegue económico de Lisboa.
En 1482, se fundó en la costa de Ghana, la fortaleza y factoría de La Mina que, junto con la de Arguim, constituyeron los centros principales del control del comercio de esclavos y oro africanos. Las conquistas portuguesas fueron reconocidas por Castilla mediante el Tratado de Alcaçobas, firmado, en 1479, y ratificado en Toledo en 1480, por los Reyes Católicos y Alfonso V de Portugal. En este Tratado, se reconoció a Castilla la posesión de las Canarias y la prohibición de navegar al sur del Cabo Bojador, y a Portugal, su dominio sobre las Azores, Madeira y todo lo descubierto y por descubrir al sur de dicho cabo.
El papa Sixto IV, sancionó lo acordado mediante la Bula Aeterni Regís de 1481, confirmando lo establecido en la Romanus Pontifex de Nicolás V. Alejandro VI, Papa Borgia, solucionó definitivamente esta cuestión mediante su famosa Bula Inter caetera de 1493, por la que se trazaba una línea vertical de polo a polo, situada a 100 leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde, adjudicando a España todas las tierras situadas al oeste de la misma, y a Portugal las situadas al este.
Al no estar las Azores y Cabo Verde al este de la línea marcada, los portugueses reclamaron, firmándose Tratado de Tordesillas en 1494, por el que se trasladó la línea de demarcación a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, por lo que Brasil quedó dentro de la zona de Portugal.
Desde ese momento, los portugueses fueron poniendo a lo largo de la costa africana sus famosos padroes o mojones de piedra, en los que se indicaba el año del descubrimiento, el monarca portugués reinante, y el descubridor, lo que constituiría una prueba indiscutible de la autoría portuguesa.
En 1487, gracias a los conocimientos obtenidos y a la mejora de los barcos a lo largo de estos años, se acometió la empresa del viaje a la India doblando el Cabo de las Tormentas, costa africana que se prolongó hacia el sur, mucho más de lo estimado inicialmente: Bartolomé Díaz, salió de Lisboa con tres carabelas de unas 50 toneladas cada una.
A principios de enero de 1488, alejándose mucho de la costa atlántica africana, se dobló, sin saberlo, el sur de África, volviendo a tocar la costa, esta vez del Índico, unos quinientos kilómetros más al norte, dándose cuenta, por su posición, de que había doblado el Cabo de las Tormentas, al que a su regreso a Lisboa en diciembre de 1488 se denominó de Buena Esperanza.
Los portugueses con la información obtenida prepararon cuatro navíos, con ciento cincuenta hombres al mando de Vasco de Gama, con la intención de llegar a la India. La expedición salió de Lisboa, el 8 de julio de 1497.
A la altura de Sierra Leona, se dirigió hacia el Oeste –alisios-, haciendo una enorme voltaque casi lo llevó a Brasil, para posteriormente dirigirse hacia el Cabo de Buena Esperanza. En Mozambique contrató un piloto árabe, llegando a la costa india de Malabar, el 20 de mayo de 1498. La expedición, tras la pérdida de dos navíos y setenta hombres, regresó a Lisboa, el 10 de julio de 1499. Tras un viaje de dos años, se había logrado, por primera vez, comunicar por vía marítima Europa y la India.
LA VOLTA Y LA DOBLE VOLTA.
Los portugueses habían ido aprendiendo, con aciertos y fracasos, el régimen de vientos y corrientes que se debían utilizar para la navegación a vela por las costas africanas, familiarizándose con el régimen de los vientos alisios y contralisios. Hasta ese momento, se navegaba a bolina, es decir en contra de viento, buscando el ángulo menor posible, por lo que la navegación era lenta y penosa, sobre todo en el viaje de regreso. El descubrimiento de la volta y la doble volta fue el gran hallazgo de los marinos portugueses.
Era relativamente fácil navegar de bajura hacia el sur, hasta Cabo Bojador, pero era muy difícil hacerlo desde allí hacia el norte, especialmente si se había doblado dicho cabo. Los portugueses descubrieron que al norte del Ecuador los vientos giraban en una especie de círculo este-oeste-este, en el sentido de las agujas del reloj, y que, internándose hacia el oeste en el Atlántico, hacia el Mar de los Sargazos, a la altura de Lisboa, los vientos volvían a soplar hacia el este, lo que les permitía regresar de nuevo hacia la costa portuguesa, siempre con viento de popa o de estribor. Los portugueses descubrieron que el régimen de vientos era constante a lo largo de nueve meses al año en la franja costera que va desde Oporto, en el norte hasta las costas del Sahara en el sur, por lo que los viajes de ida o vuelta, debían hacerse adaptándose a este régimen de vientos; se había descubierto el método que utilizarían los barcos en sus travesías atlánticas, hasta la invención del vapor.
Bartolomé Díaz, intuyó que, al sur del Ecuador, los vientos giraban en sentido inverso, por lo que se internó en el Atlántico llegando casi a Brasil, virando desde allí hacia el sureste para rebasar el Cabo de las Tormentas muy al sur de la costa africana. La combinación de los dos sistemas, era la doble volta, un gran ocho que se realizaba en pleno Atlántico.
Mapa de corrientes y vientos en el Océano Atlántico. Se muestra la ruta de la Volta do Mar y la Doble Volta.
La volta do mar, descubierta y popularizada por los portugueses y también usada después por los castellanos, supuso la posibilidad de lograr los grandes objetivos de la exploración marítima y de los descubrimientos a partir de finales del siglo XV.
Los castellanos la usaron para cruzar el Atlántico hacia el Nuevo Mundo y más tarde, también, para cruzar el Pacífico de Manila a Acapulco.
El descubrimiento de América por Cristóbal Colón sorprendió a los portugueses, y fue fruto del empuje del futuro almirante, del desarrollo técnico, y de la información que sobre el régimen de vientos y de la volta, había ido adquiriendo Colón de los portugueses.
Colón había nacido en 1451, en Génova, y desde sus años de juventud su vida estuvo ligada al mar. A los 25 años en Portugal, realizó un viaje a la factoría de La Mina, dedicándose a partir de ese momento a obtener información sobre el régimen de vientos, madurando el loco proyecto de viajar a Catay -denominación de Marco Polo a la región asiática que comprendía los territorios situados entre las cuencas de los ríos Yantsé y Amarillo, en la actualidad, parte de China- por occidente, a través del mar, dada la esfericidad de la Tierra.
Colón pensaba que, tal como había indicado Marco Polo erradamente, la distancia entre China y Japón era de 1.500 millas. A este error, habría que añadir otro mayor, y era que Colón atribuyó a cada grado de Ecuador una longitud de 45 millas, cuando en realidad son 69 millas. El error acumulado llevó a reducir a 2.400 millas la distancia marítima real entre Canarias y Japón, que en realidad es de 10.600 millas.
De esta manera, Cipango -Japón-, estaría ubicado poco más allá del Mar de los Sargazos según este cálculo. Convencido de estas suposiciones, presentó su proyecto en 1484 a Juan II de Portugal, hijo de Alfonso V -el que mantuvo la guerra civil en Castilla por la sucesión de Enrique IV de Castilla, que terminó con la victoria de Isabel la Católica y la paz de Alcaçovas en 1479- y, de nuevo en 1488, siendo el proyecto rechazado por razones técnicas, dado que una nave no podría cargar suficientes alimentos y agua para cubrir las 10.600 millas, que la comisión portuguesa que lo estudió, de manera certera, calculó que tendrían que recorrer hasta Cipango y por razones políticas, ya que Portugal estaba a punto de doblar el Cabo de las Tormentas, y sería echar por la borda todo el esfuerzo, que tantos hombres, tiempo y dinero había costado.
Inasequible al desaliento. Colón ofreció su proyecto a Francia e Inglaterra que, en aquellos momentos, carecían de medios y elementos para, ni tan siquiera, poder evaluar el proyecto. Entre las dos propuestas a Portugal, murió su mujer, viajando Colón a Andalucía en 1485, en donde, a través de los franciscanos de La Rábida -que vieron en la aventura del genovés la posibilidad de evangelizar nuevos pueblos-, conoció al duque de Medinaceli, un valedor del proyecto, que se ofreció incluso a correr con los gastos de la empresa.
La primera entrevista con los futuros Reyes Católicos, ocupados en la guerra de Granada, tuvo lugar en 1486. El rey Fernando no era partidario de la empresa, pero la insistencia de la reina Isabel hizo que se nombrara una comisión de expertos para su estudio. El regreso a Portugal de Bartolomé Díaz a finales de 1488, con la noticia del hallazgo del paso hacía Asia, y los informes desfavorables de la comisión portuguesa, frenaron el proyecto. Colón ofreció nuevamente su proyecto a Francia e Inglaterra con un nuevo rechazo por incapacidad.
A finales de 1491 Colón volvió a insistir ante la reina Isabel, que cada vez se mostraba más dispuesta a aceptar el proyecto. En marzo de 1492, se produjo la ruptura de las conversaciones por las exageradas exigencias del genovés, que ante la incertidumbre y el coste del proyecto eran difíciles de aceptar, ausentándose éste del campamento de Santa Fe.
La posterior llamada de la reina, tras la capitulación de Granada -2 de enero de 1492- hizo que, finalmente se acordaran las Capitulaciones de Santa Fe -abril de 1492-, por las que se reconocía a Colón el título de Virrey, Gobernador General y Almirante, y el 10 % de las riquezas de todo tipo que se generaran en las tierras que se descubrieran, para él y sus sucesores. Lo concedido tan generosamente a Colón, fue probablemente consecuencia del momento de euforia vivido por la toma de Granada. (nota para un amigo).
Lo desmedido de lo acordado, necesitó para su corrección numerosos pleitos, que duraron más de 55 años entre la Corona y los descendientes de Colón para que las cosas volvieran a cauces racionales.
Los preparativos duraron tres meses, siendo definitivas las intervenciones de los hermanos Pinzón y los Niño para formar y reclutar las tripulaciones y abastecer los navíos: las carabelas Pinta y Niña, de unas setenta toneladas, y la nao Santa María, de unas cien toneladas, que sería la nave capitana, constituirían la flota.
Primer viaje de Colón.
A bordo de todas ellas iban ochenta y siete personas. El 3 de agosto de 1492 zarparon de Palos y, tras una escala en Canarias que se manifestaría como punto ideal de partida para los viajes trasatlánticos, el 9 de septiembre comenzó la gran aventura que concluiría el 12 de octubre, con la llegada a la isla caribeña de Guanahaní -San Salvador-.
El itinerario trazado en este primer viaje, corregido, en parte en el segundo, tanto el de ida como el de vuelta, marcaron el camino que seguirían las flotas españolas durante más de trescientos años: la tenacidad y los errores de Colón hicieron posible el descubrimiento de un Nuevo Mundo.
El descubrimiento de la técnica de la volta do marfue crucial para el retorno de Colón y de todos los navegantes en los viajes de futuros descubrimientos: Colón nunca hubiera regresado de América sin utilizar la volta domar navegando a vela hacia el norte desde el Caribe a través de las latitudes del caballo * para coger los dominantes vientos del oeste de las latitudes medias.
*Las Latitudes del caballo o Alta subtropical son zonas de altas presiones atmosféricas subtropicales situadas a los dos lados del ecuador (aproximadamente de 30º a 38º Norte y Sur). Esta región está bajo una cresta de alta presión llamada Alta subtropical. Es una zona que recibe pocas lluvias y tiene vientos variables mezclados con calmas.
Guanahaní -San Salvador- estaba situada en el archipiélago de las Bahamas y allí tomaron posesión de las tierras en nombre de Isabel y Fernando -Reyes Católicos en bula del Papa Alejandro VI Borgia en 1496-. El 28 de octubre llegaron a la Isla de Cuba -bautizada Juana inicialmente- y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El día 6 de diciembre arribaron a la Isla de la Española -hoy República Dominicana y Haiti-.
La Santa María encalló el 24 de noviembre construyendo con sus restos el Fuerte de Navidad. Tras dejar a 39 españoles en esta fortificación, siguieron costeando hasta unirse con Martín Alonso Pinzón el 6 de enero de 1493, navegando juntos hasta la península de Samaná.
Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a pesar de no haber encontrado todo lo que buscaban. El viaje de regreso fue tranquilo hasta llegar a las Azores, en donde se encontraron con dos fuertes tormentas debiendo abandonar La Pinta en la localidad gallega de Bayona al mando de Pinzón para repararla. El día 15 de marzo, Cristóbal Colón, al mando de La Niña, entró triunfal en Palos de la Frontera. Martín Alonso llegó con La Pinta poco después muy enfermo, muriendo a los pocos días.
Tras llegar al puerto de Palos, Cristóbal Colón se trasladó a Barcelona para informar personalmente a los Reyes Católicos de sus descubrimientos. Fue recibido por Isabel y Fernando con todos los honores.
Los cuatro viajes de Colón.
OCEANO PACÍFICO
En el océano Pacífico, la circulación completa de los vientos, que incluía tanto los vientos alisios de levante como los vientos de poniente de mayor latitud, fue desconocida por los europeos hasta el viaje de Andrés de Urdaneta en 1565.
La ruta del galeón de Manila desde Manila a Acapulco, dependió de la aplicación del fenómeno del Atlántico al océano Pacífico: al descubrir el Giro del Pacífico Norte, los capitanes de los galeones de regreso tenían que llegar a las latitudes de Japón antes de poder cruzar el océano con seguridad. El posible movimiento para el comercio del galeón Manila-Acapulco se debió al descubrimiento de la ruta de regreso. La flota fue separada por los vientos, siendo algunos barcos dirigidos en dirección sur, pero Urdaneta pensó que los vientos alisios del Pacífico podrían girar como hacían los del Atlántico.
Si en el Atlántico, los barcos hacían la volta do mar hacia el oeste para recoger los vientos que los llevarían de vuelta a Madeira, si se navegara hacia el norte en el Pacífico antes de dirigirse al este, pensó Urdaneta, se recogerían los vientos alisios que les llevarían de vuelta a la costa oeste de América del Norte. Cruzó los 38 grados norte antes de girar al este y la maniobra dio sus frutos, arribando a la costa de California, para, a continuación, seguir costeando hacia el sur hasta Acapulco. La mayor parte de su tripulación murió en el largo viaje inicial, para el que no se habían aprovisionado suficientemente.
Galeón de Manila.
Desde ese momento los galeones españoles de Manila utilizaron los vientos alisiosdel norte hacia el oeste y los vientos del oeste hacia el este.
De este modo, desde Castilla se había construido una ruta comercial con el extremo oriente en Filipinas.
Ruta de Filipinas a Acapulco en Méjico.
Rutas comerciales portuguesas en azul y españolas en blanco.
Se debe querer alcanzar lo que a uno le satisface y desea, y se debe querer sólo, a quien quiera que se le quiera. J.A.
Cada día tras despertarme -cuando mi mente desea hacerlo-, y mientras desayuno, pongo el canal de televisión donde repiten cíclicamente las noticias, y a esta edad, en la que mi cometido básico –además de sobrevolar desde bastante lejos a mis descendientes- es el dolce far niente, aunque el niente nunca sea absoluto, al ver las noticias que dan comienza el sin vivir: el precio de la luz va a subir hasta tal punto, que no podrá encenderse ninguna bombilla a no ser que no se coma, la violencia machista ha llegado a la víctima nonagésima cuarta y estamos en otoño, el frío que nos invadirá a partir de casi ya- aunque hace un otoño soleado y caluroso-, será el preludio de la octava glaciación, acompañada de terribles vientos que provocarán grandes desastres, y para que lo sepan, alerta naranja cruda,
Donald ha hecho cuatro más de las suyas desde ayer, sin descansar ningún día, como hizo el Señor en el séptimo, la economía va como un cohete pero cada día somos y hay más pobres desasistidos; dos niños se han suicidado debido al bullying escolar –pero nadie sabe nada y todos han activado los protocolos-; dos profesores y un sacerdote han abusado de treinta y tres niños, han aparecido montones de cadáveres de algunas pateras que pretendían llegar a nuestras costas, han sido apresadas varias células yihadistas que iban a realizar un atentado en la capital, más de medio millón de niños se mueren en Sudán por una hambruna tremenda (con fotos de muchos niños de grandes cabezas y estómagos inflamados, con raquitismo)…quiero quedarme de nuevo dormido…aunque con la INQUIETUD y el DESASOSIEGO que ha entrado en mi cuerpo, no puedo.
De forma extraña y molesta, y casi de manera inaudita, suena suena el teléfono fijo -tuve que pensar unos segundos para recordar que aun existe- y al diga que me sale sin ganas, sigue un imperceptible silencio roto enseguida por una cantarina voz que pregunta por mi nombre y apellidos con el don delante…Mire no quiero comprar ni cambiar nada, especialmente en este momento, digo, pero ella, inasequible al desaliento, se lanza tumba abierta a enumerar las enormes ventajas de una compañía telefónica que prácticamente, además del servicio te paga por apuntarte…!A estas horas esto es insoportable, pienso mientras cuelgo sin contestar!
Imagino lo mismo que le pasa a otros, que además de esto, han tenido que dejar a los niños en el cole a las 08,45, salir pitando para el trabajo, oír en la radio en el programa de Alsina, que Pisarello, Irene Montero y Ada Colau decidieron ayer a las 01,24 de la madrugada que se iban a la toma de posesión de la presidenta mejicana… ¡Dios! y después tendrán que aterrizar en una reunión con un jefe que quiere resultados como sea…y a mí no me cuentes tus penas que yo también tengo muchas, les dirán, y será verdad probablemente.
Oteo por la ventana el cielo y veo que no es día de golf -cada día voy menos-, así que me aseo, visto y salgo a la calle con la tablet en el bolsillo para dar una vuelta y leer el periódico digital en una confortable cafetería con wifi que tengo cerca. Al salir, no siento los males anunciados, quizá el aviso naranja cruda sea amarillo canario, la bombilla del portal luce, hay una ligera brisa, y veo la temperatura en un reloj digital en una plaza próxima, 14º…Bueno son las 10 y no parece una cosa tremenda para octubre. No veo moros en la costa, dos chicas jóvenes con sendos cochecitos de bebé se dirigen a una cafetería próxima, se supone que para continuar hablando mientras desayunan de nuevo, dos adolescentes pasan fumando con cara de haber hecho pirola, mientras dos municipales se mueven alrededor de la grúa que se lleva el coche de un joven trajeado…No consigo librarme de la INQUIETUD.
Me pregunto por qué no se aplicará el mundo las teorías hedonistas, si bien no las cirenaicas, pero sí las de Epicuro.
En fin, vivimos la antítesis del hedonismoy sus dos escuelas fundamentales en la Grecia antigua: la cirenaica y la epicúrea.
El hedonismo es la teoría que propone la consecución del placer como fin y fundamento de la vida por asociarla con el bien. Toda la vida debe orientarse a la búsqueda del placer e intentar por todos los medios suprimir de nuestras vidas el sufrimiento y el dolor.
Paseo un rato respirando con placer el aire fresco y quizá limpio –ha llovido los últimos días- y al cabo de un buen rato regreso, no muy convencido de abandonar el paseo, y entro en la cafetería. Hay bastante gente y descubro que solamente hay una mesa libre, aunque demasiado grande para mí sólo, redonda y con cinco sillas, y aunque me parece de excesiva capacidad para mi escasa ocupación, aligero el paso y me siento.
Enciendo la tablet y visito los titulares de dos diarios, aunque ya sé que acabaré en el de siempre. Se acerca un camarero, pido café con leche con sacarina… ¿en mediana, me pregunta?…Lo que quiera…,le contesto, y un vaso de agua, por favor.
Ya inmerso en las noticias, percibo la proximidad de dos hombres barbudos, más mayores que yo, robustos y con aspecto de recién salidos de la antigüedad: ¿le importa si nos sentamos? Yo muy a lo mío, les contesto que no y sigo con las patéticas noticias. Levanto la vista y veo a dos personas de edad indefinible con aspecto de ya muy vividos, y con largas barbas blancas, que recordaban las de la imaginería clásica más remota, en donde casi no existían hombres con mejillas lampiñas.
Sebastiano Conca. La idolatría de Salomón. Óleo sobre lienzo. 1570-1571. Museo del Prado. Madrid.
Sin yo preguntar nada, se dirigen a mí con un buenos días y se presentan como Aristipo de Cirene y Epicuro de Samos…iba yo a contestar lo de “y yo Alfonso XII en el palacio de Oriente”, pero me callo en un alarde de prudencia impropio de mí, y sólo hago un mmm –onomatopeya de duda o de poder resultar interesante- que rápidamente corrijo con un puf –la de mucha duda-. Hemos pensado que quizá estuviera interesado en filosofar, lo que sin duda le proporcionaría un estado de felicidad siempre deseable. Sin saber que decir, observé que mi duda era aprovechada por Aristipo (435-350 a.C.), que continuó para relatarme como Platón (427-347 a.C.) coetáneo suyo y médico del alma y gran filósofo, escribió una carta dirigida a todos los seres humanos, que comienza con palabras certeras y apasionadas que me recitó sin pestañear: Nadie por ser joven dude en filosofar ni por ser viejo de filosofar se hastíe. Pues nadie es joven o viejo para la salud del alma. El que dice que aún no es edad o que ya pasó la edad de filosofar es como el que dice que aún no ha llegado o que ya pasó el tiempo oportuno para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo. Éste para que, aunque viejo, rejuvenezca en bienes por el recuerdo gozoso del pasado, aquél para que sea joven y viejo a un tiempo por su serenidad ante el futuro. Necesario es, pues, meditar sobre lo que procura la felicidad, porque cuando está presente todo lo tenemos y, cuando nos falta, todo lo hacemos por poseerla. Gozoso recuerdo de la experiencia, frente a la nostalgia de la poesía lírica, y serena contemplación del futuro, frente a la amenaza de la fortuna trágica, son los dos rasgos esenciales de esta actitud universal y al alcance de todos que es el arte de tomarse la vida con filosofía, porque tomarse la vida con filosofía y contemplar gozosamente el sentido de la existencia humana es aprender a disfrutar el arte de vivir sencillamente como un hombre. Como dijo Plinio el Joven, con cuya hermosa frase termino: “Aliquando praeterea rideo, iocor, ludo… homo sum”.
Quedé impresionado con el relato de memoria de la carta, que alguna vez leí en filosofía del derecho de quinto curso de la carrera -ahora se estudia en tercero-, y me sentí atraído por su hablar pausado que rezumaba tranquilidad, aunque yo estuviera muy preocupado por su falta de cordura, desde luego nada violenta. Epicuro de Samos (341-270 a.C) asentía frecuentemente en silencio, continuando el de Cirene…
En la escuela cirenaica nos ocupamos básicamente de la ética, exponiendo que los deseos personales, deben ser satisfechos a la brevedad posible, sin importar los intereses de los que nos rodean (Primero mis dientes, luego mis parientes). Fue fundada por mí –Aristipode Cirene, discípulo de Sócrates-, a finales del siglo IV a.C. Creo que la felicidad humana, que debe buscarse en torno al placer, consiste en librarse de toda inquietud, siendo el camino para lograrlo la autarquía personal, es decir cada uno por sí mismo. El bien se identifica con el placer, pero básicamente con el placer espiritual o sea, de las emociones internas.
Respecto a la forma de adquirir conocimiento, tenemos una posición sensualista, en la que se reconoce como única fuente del conocimiento los sentidos, y además, volviendo al camino autárquico, es subjetivista, ya que no reconoce más conocimiento que el personal.
Aristipo de Cirene.
Tuve bastantes seguidores que prolongaron estas teorías durante todo el período helenístico –desde la muerte de Alejandro Magno 323 a.C. hasta el suicidio de Cleopatra 30 a.C.-, siendo los más conocidos Teodoro el Ateo, Hegesias, Antipatro de Cirene y Aniceris.
Teodoro siguió el camino marcado por mí –seguía Aristipo sin pestañear- pero sin creer en los dioses –de ahí el apellido de Ateo-, y señalaba que los dioses eran hombres venerados por sus cualidades y su aportación al bien común, pero hombres al fin y al cabo –evemerismo–, mientras Hegesias no se sintió demasiado identificado conmigo, ya que los placeres de este mundo le parecían pocos y difíciles de conseguir, siendo los dolores más frecuentes que los placeres, dependiendo estos últimos del azar y la fortuna material de cada cual.
Por tanto, predicó las bondades, ventajas y beneficios de la muerte, induciendo al suicidio, por lo que Ptolomeo I -fundador de la estirpe ptolomea en Egipto tras la muerte de Alejandro, ya que era uno de sus principales diádocos-, cerró su escuela de Alejandría y prohibió sus escritos.
Yo seguía sin dar crédito a lo que me estaba ocurriendo…
Aristipo terminó su larga e ininterrumpida charla, se retrepó en la silla con postura de cansancio, mientras que yo, que no sabía que hacer ni decir, –aunque me pareció docto e interesante lo expuesto-, me apresuré a hacer señales al camarero que ronroneaba por las mesas, para pedir la cuenta y salir pitando, pero miraba al mundo sin ver la seña de mi brazo. ¡Ya no sólo soy transparente para el sexo femenino!
Callado Aristipo, comenzó a hablar el que se había presentado como Epicuro de Samos.
La escuela epicúrea fue fundada por mí, Epicuro de Samos, filósofo que nací a mediados del siglo IV a.C., siendo lo más destacado de mi doctrina –yo seguía sin abrir la boca y de vez en cuando levantaba el brazo buscando al camarero, pero cada vez con menos convicción-, el hedonismo racional y el atomismo -doctrina que explica la formación del mundo por la concurrencia y unión fortuita (azar) de los átomos, concebida un siglo antes por otros filósofos-, y exponemos que la felicidad consiste, en vivir en continuo placer, evitando los excesos, y aunque pudiera pensarse en el placer solamente como algo que excita los sentidos, considero que no todas las formas de placer se refieren a lo anterior, pues lo que excita los sentidos son los placeres sexuales y sensoriales, y existen otras formas de placer como los que se refieren a la ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción. También aserto, que ningún placer es malo en sí, sólo los medios para lograrlos pudieran ser malos.
Epicuro de Samos.
Nuestra doctrina –no sé si habló en mayestático o quiso repartir méritos– se manifiesta en contra de la existencia del destino, estando la naturaleza regida por el azar –o ausencia de CAUSALIDAD-, sólo siendo así posible la verdadera libertad sin la cual el hedonismo –y casi nada- tiene razón de ser.
Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo y ambos deben ser buscados con racionalidad y prudencia, y satisfechos con inteligencia –en caso contrario llegaremos al sufrimiento posterior-, procurando llegar al estado de ataraxia –estado de ánimo que se caracteriza por la tranquilidad del alma y la total ausencia de pasiones, deseos o temores-.
Critico, –aquí volvió al singular- tanto al desenfreno como a la renuncia a los placeres de la carne, y animo a la búsqueda del término medio, alentando a los goces carnales, siempre y cuando no pudieran suponer un dolor –anímico o físico- en el futuro.
Nuestras teorías afirman que la filosofía debe ser un instrumento al servicio de la vida de los hombres y que el conocimiento por sí mismo no tiene ninguna utilidad, si no se emplea en la búsqueda de la felicidad, o proporciona satisfacción en sí misma. De la religión podemos decir, que casi siempre, y envuelta en un hálito de bondad, suele proporcionar amargura, al estar fijando generalmente una forma de actuación cartesiana, que casi nunca es placentera: los mitos religiosos pueden entristecer la vida de los hombres.
Rafael Sanzio. La escuela de Atenas “El Jardín”. 1510-1511. Fresco. Palacio Apostólico. Ciudad del Vaticano.
A los 35 años, después de que hube hecho dos años de servicio militar y varios intentos de montar academias filosóficas en diferentes poleis, regresé a Atenas, donde fundé mí definitiva escuela de filosofía “El Jardín”, en donde fueron admitidas personas de toda condición y clase, incluso mujeres y esclavos, lo que en aquella época era muy extraño para una escuela filosófica y en donde impartí enseñanza hasta el final…Yo escuchaba encantado, pero a punto de salir corriendo, al oír a aquellos dos provectos señores, que me contaban haber nacido hace 2.400 años…
Nuestra filosofía consta de tres partes prosiguió el de Lemos: la Gnoseología o Canónica, que se ocupa de los criterios por los cuales llegamos a distinguir lo verdadero de lo falso; la Física que estudia la naturaleza; y la Ética que supone la culminación del sistema y a la que se subordinan las dos primeras partes.
Canónica: es la parte de la filosofía que examina la forma en la que conocemos, y podemos distinguir lo verdadero de lo falso. Las sensaciones son la base de todo el conocimiento, y se produce cuando las imágenes que desprenden los cuerpos llegan hasta nuestros sentidos. Ante cada sensación, el ser humano reacciona con placer o con dolor, dando lugar a los sentimientos. Los sentimientos percibidos con claridad a base de repeticiones constituyenlas ideas generales de nuestro sentir para lo bueno y lo malo.
Física: toda la realidad está formada por dos elementos fundamentales, los átomos, que tienen forma, volumen y peso, y el vacío, que no es sino el espacio en el cual se mueven esos átomos.
Las distintas cosas que hay en el mundo son fruto de las distintas combinaciones de átomos. El hombre es un compuesto de átomos y hasta el alma está formada por un tipo especial de átomos, siendo por tanto el alma, material. El cuerpo y el alma mueren simultáneamente.
La realidad como los átomos que la forman, es eterna. El caos no es el origen, y todo existirá hasta el infinito, pero coexiste un elemento fundamental, el azar en el movimiento de los átomos en su caída en el vacío, es decir lo que puede producir la desviación de las causas y los efectos, con la que queda asegurada la libertad.
Ética: es la culminación de nuestra sistema filosófico, que no es sino el logro de la felicidad, basada en la autarquía –cada uno por sí mismo- y laataraxia. Puesto que la felicidad es el objetivo de todo ser humano, la filosofía debe interesar a cualquier persona.
La ética pensamos que se basa en dos polos opuestos: el miedo, que debe ser evitado, y elplacer, que debe ser buscado como necesario.
LOS MIEDOS básicos del hombre son: el miedo a la muerte –no tiene sentido, ya que la muerte es la ausencia de sensibilidad-, el miedo al dolor, el miedo al fracaso en la búsqueda del bien –carece también de sentido, ya que el futuro no depende completamente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente, ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca– y el miedo a los dioses –concepto tampoco real, ya que los dioses son seres demasiado alejados de los los humanos, y no se preocupan por nuestras vicisitudes, por lo que no tendría sentido temerles-.
Me atrevo a señalar tres tipos de PLACER por su objeto, dijo:
Los naturales y necesarios: alimentarse, beber, estar abrigado y seguro; el hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
Los naturales e innecesarios: la conversación, la gratificación sexual y el arte; se pueden intentar conseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá. No se debe arriesgar la salud, la amistad ni la posición económica en la búsqueda un deseo de placer innecesario, pues esto sólo conducirá a un sufrimiento futuro.
Los innaturales e innecesarios: la fama, el poder y el prestigio; hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es siempre efímero.
Y también establecemos, continuó, una división entre los PLACERES que satisfacen el cuerpo y el alma:
Placeres del cuerpo: aunque considero que son los más frecuentes, nuestra propuesta es la renuncia al desenfreno en la utilización de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal.
Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son duraderos y además pueden eliminar o reducir quizá los dolores del cuerpo.
El análisis de los diferentes placeres y la prudencia de cada cual, pueden permitir caminar hacia una vida feliz, lo cual constituye el objeto de la filosofía. Podemos señalar en consecuencia, como placeres fundamentales, la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento. Cuando decimos entonces, que el placer es un fin, no nos referimos a los placeres de los que proporciona el goce y la alegría, sino en hallarnos libres de sufrimientos del cuerpo y de turbación del alma”.
Giré la cabeza para volver a llamar al camarero, y al buscar con la mirada de nuevo a los dos hombres, me encontré con la visión de mi piano, que está justo a la izquierda de la mesa donde leo y escribo, el armario de la pared abierto, y bajo la balda de las toallas -bien colocadas-, la de las camisetas de deportes desordenadas, como si alguien hubiera metido la mano en busca de placeres o para ocultar dolor y sufrimientos…, mi mirada perdida soñando, y un libro abierto delante de mí: El candelabro enterrado, de Stephan Zweig, donde narra la historia de un judío que hizo del objetivo de su vida, el preservar la menorá, sufriendo.
Se debe querer alcanzar lo que a uno le satisface y desea, y se debe querer sólo, a quien quiera que se le quiera.
En marzo de 1095, el papa Urbano II convocó un concilio en Piacenza, en el norte de Italia, al que acudió una embajada del emperador bizantino Alejo I Comneno, con el objetivo de pedir ayuda para detener el avance turco, que si no era frenado, amenazaría a toda la cristiandad.
El papa Urbano II vio una oportunidad para unir la iglesia oriental con la occidental y, al mismo tiempo, significarse en Europa como un líder político además de espiritual, así que decidió ayudar a Alejo I y, para ello, convocó el Concilio de Clermont, en donde se proclamó la Primera Cruzada.
Urbano II en el Concilio de Clermont.
En 1096 siguiendo el llamamiento del papa, partió una primera expedición, conocida como la Cruzada de los pobres, liderada por los miembros del clero bajo, Pedro el Ermitaño y Walter el Indigente . Estaba integrada por unos cuantos miles de personas del pueblo y algunos miembros de la baja nobleza, sin recursos, organización, ni experiencia militar. Atravesaron Europa saqueando a su paso lo que necesitaban para sobrevivir y lograron llegar a Constantinopla en el verano de 1096, pero fueron masacrados en el primer enfrentamiento con las tropas turcas, a lo que ayudó el emperador bizantino que los despachó hacia los turcos con prontitud, deseando aliviarse del problema que le causaba su permanencia en Constantinopla.
Mientras tanto, se organizaba otra expedición, encabezada por miembros de la alta nobleza, con amplia experiencia militar y abundantes recursos. A esta expedición, se sumaron todos aquellos que quisieron participar, liderados por caballeros nobles experimentados.
Los principales líderes fueron Godofredo de Bouillón, acompañado de sus hermanos Eustaquio y Balduino, quienes aportaron un ejército de 40.000 hombres. También participaron Raimundo de Tolosa, un experimentado y rico noble provenzal y Bohemundo deTarento miembro de la nobleza normanda, asentada en el sur de Italia. Estos caballeros encabezaron tres columnas que se reunieron en Hungría y desde allí se dirigieron a Constantinopla, a donde llegaron en enero de 1097.
La Primera Cruzada se mantuvo desde 1096 hasta 1099 y comprendió todas las batallas de los cruzados cristianos contra los musulmanes en Oriente Próximo y Anatolia. La Cruzada finalizó con la victoria cristiana, que culminó con la conquista de Jerusalén en 1099.
La predicación que había hecho en Clermont Urbano II, provocó un estallido de fervor religioso tanto en el pueblo llano como en la pequeña nobleza, pero no así en los reyes, que se abstuvieron de participar en esta primera ocasión.
En esta cruzada se realizaron grandes matanzas de musulmanes y judíosen los lugares conquistados, en donde se establecieron los Estados cruzados, también llamados Estados latinos de Oriente. Estos pequeños enclaves cristianos fueron el Reino de Jerusalén, el Condado de Edesa, el Condado de Trípoli y el Principado de Antioquía, manteniendo algunos la presencia del cristianismo durante dos siglos.
Como consecuencia de las fricciones políticas, se deterioraron las relaciones entre Occidente y el Imperio bizantino, comenzando una disputa que terminarían con el saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada en 1204.
También se expandió un espíritu de fervor cristiano e intolerancia religiosa que causó matanzas de musulmanes en la península ibérica y de judíos sobre todo en Francia.
La Segunda Cruzada (1147-1149) fue una campaña militar organizada por el Papa Eugenio III y los nobles europeos para reconquistar la ciudad de Edesa, que había caído en 1144 en manos de los turcos selyúcidas. A pesar de la intervención de un ejército de 60.000 hombres y de la presencia de dos reyes europeos, la cruzada no tuvo éxito y originó tensiones adicionales entre el Imperio bizantino y Occidente. La Segunda Cruzada también incluyó campañas importantes en la Península Ibérica y el Báltico contra los musulmanes y los paganos respectivamente. Ambas campañas secundarias fueron exitosas aunque el objetivo principal, liberar el Oriente Latino de la amenaza de la ocupación musulmana, no se logró, de manera que a lo largo de los siguientes dos siglos serían convocadas nuevas cruzadas, todas con éxitos solamente marginales.
El Papa Eugenio III convocó formalmente la Segunda Cruzada en diciembre de 1145. Los objetivos de la campaña se plantearon sin concreción, no mencionándose explícitamente la recuperación de Edesa ni a Zengi, sino que fue una llamada amplia para proteger los logros de la Primera Cruzada y a los cristianos y las santas reliquias de Levante. Esa ausencia de un objetivo concreto tendría repercusiones en la elección de los objetivos militares por parte de los cruzados. Para potenciar la convocatoria, se prometió a los cristianos que se unieran el perdón de sus pecados, incluso si morían durante el viaje a Levante. Además, sus propiedades y sus familias serían protegidos en su ausencia y asuntos como los intereses de los créditos serían suspendidos o cancelados. La convocatoria, respaldada por Bernardo, abad de Claraval, y la lectura pública de una bula papal, tuvieron un éxito notable, y 60.000 cruzados se aprestaron para la marcha.
Los cruzados que debían viajar por mar a Oriente podrían ser utilizados en la península Ibérica, al tener que retrasar su partida debido al más lento avance de los ejércitos por tierra. La ruta marítima era mucho más rápida y por tanto se podría dar un buen uso lateral a los del transporte marítimo mientras tanto. Una flota de unas 160-200 naves genovesas llenas de cruzados navegó hasta Lisboa para ayudar al rey Alfonso Enríquez de Portugal a conquistar la ciudad que estaba en manos musulmanas, objetivo que se logró en octubre de 1147. Algunos cruzados continuaron con éxito la lucha contra los musulmanes en la Reconquista de los reinos cristianos, destacando las conquistas de Almería, en octubre de 1147, liderada por el rey Alfonso VII de León y Castilla, y Tortosa, en diciembre de 1148.
Asedio de Lisboa, 1147.
Otro escenario bélico para los cruzados escandinavos fue el Báltico, en donde al margen de conquistar entre junio y septiembre de 1147, Dobin y Malchow -hoy nordeste de Alemania-, la campaña no fue brillante en conjunto y el Báltico, seguiría siendo campo de batalla para los cruzados en los siglos siguientes.
Edesa capital del condado de su nombre, localizada en la Mesopotamia superior, era un importante centro cultural y comercial. La ciudad que había sido conquistada por los cristianos en la Primera Cruzada, cayó en manos de Imad ad-Cin Zengi, gobernante musulmán independiente de Mosul y Alepo, en diciembre de 1144. Tras la conquista, los cristianos occidentales fueron asesinados o vendidos como esclavos, mientras que a los orientales se les permitió quedarse. Era necesaria una respuesta.
Las fuerzas fueron lideradas por el emperador del Sacro Imperio Conrado IIIy por el rey de Francia Luis VII. A principios del verano de 1147, el ejército cruzó Europa hacia Constantinopla y de allí hacia Levante, donde a las tropas francesas y germanas se unieron las italianas, escandinavas y más cruzados franceses que habían viajado por mar. Los cruzados se dieron cuenta de la urgencia de la respuesta militar, cuando Nur ad-Din, sucesor de Zengi, derrotó al líder latino Joscelino II en su intento de reconquistar Edesa, que fue nuevamente saqueada para celebrar el nuevo dominio de Nur ad-Din. Todos los varones cristianos de la ciudad fueron ejecutados, y las mujeres y niños vendidos como esclavos, igual que había sucedido con sus correligionarios dos años antes.
Cuando los contingentes francés y germano llegaron a Constantinopla en 1147, descubrieron que Manuel I Conmeno había firmado un armisticio con los turcos; la parte francesa del ejército quiso atacar por su cuenta Constantinopla. Por su parte, los cruzados germanos tenían sus propios problemas, debido a que una riada terrible había acabado con muchos de ellos. Finalmente fueron persuadidos de seguir rápidamente su ruta hacia el este, por las noticias de que un gran ejército musulmán se estaba preparando para impedir su entrada en Levante.
El ejército germano liderado por Conrado III fue el primero en sufrir la falta de planificación y no apoyarse en los consejos locales: mal preparado para la dura estepa semiárida, sin un suministro adecuado de víveres y subestimando el tiempo necesario para alcanzar su objetivo; en Dorylaion, un contingente de selyúcidas, los forzó a retirarse a Nicea, con el propio Conrado herido.
Luis VII quedó impresionado al enterarse del fracaso de los germanos, pero siguió adelante y logró derrotar a un ejército selyúcida, en diciembre de 1147, gracias a la superioridad de su caballería, pero la alegría duró poco, porque en enero de 1148. los franceses sufrieron una dura derrota en la batalla del monte Cadmo. Posteriormente hubo varias victorias de menor importancia para los cruzados, en su camino hacia la costa meridional de Asia Menor, pero fue un comienzo desastroso.
Luis VII y su deteriorado ejército alcanzaron finalmente Antioquía en marzo de 1148. A partir de allí, continuaron hacia el sur, ignorando la propuesta de Raimundo de Antioquía de luchar en el norte de Siria. La relación entre ambos era peor que desastrosa, ya que al parecer, la mujer de Luis, Leonor de Aquitania, mantenía relaciones con su tío Raimundo. En cualquier caso, se convocó un consejo de los líderes occidentales en Acre, y se escogió el objetivo de la Cruzada: no sería la destruida Edesa, sino Damasco, en manos musulmanas, la amenaza más próxima a Jerusalén y un buen trofeo.
El ejército cruzado llegó a Damasco a finales de julio de 1148 e inmediatamente comenzó el asedio. Después de sólo cuatro días, las dificultades planteadas por las defensas y una grave escasez de agua obligaron a los atacantes a abandonar el sitio. Una vez más, la mala planificación y la logística deficiente pusieron en evidencia el desastre de los cruzados. La lucha en torno a la ciudad había sido feroz, con numerosas víctimas por ambos bandos pero sin ningún avance real.
El fiasco del asedio después de tan breve tiempo, llevó a algunos, especialmente a Conrado III, a sospechar, que los defensores habían sobornado a los residentes cristianos para que no actuaran y otros recelaron de una interferencia bizantina; quizá el celo de los defensores se debiera a que esta ciudad había sido capital del Califato Omeya entre 661 y 750, una ciudad con muchos vínculos con la tradición islámica.
También la presencia a 150 kilómetros, de un gran ejército musulmán enviado por Nur ad-Din, y la escasez de recursos hicieron que los líderes cruzados optaran por retirarse; Conrado III regresó a Europa en septiembre de 1148 y Luis VII, seis meses más tarde.
Tal como habían temido los cruzados, Nur ad-Din siguió consolidando su imperio y conquistó Antioquía en junio de 1149, tras la batalla de Inab, decapitando a su gobernante, Raimundo de Antioquía -Leonor entonces, se separó de Luis VII y casó con Enrique II Plantagenet-En 1150, el conde de Edesa, Raimundo, fue capturado y encarcelado, y el estado latino de Edesa desapareció. A continuación, Nur ad-Din ocupó Damasco en 1154, unificando la Siria musulmana. Manuel Irespondería con campañas exitosas entre 1158 y 1176, pero era evidente que los musulmanes iban a ser una amenaza permanente para los bizantinos y el Oriente Latino. Cuando Shirkuh, general de Nur ad-Din, conquistó Egipto en 1168, el camino quedaba expedito para una amenaza aún mayor para la cristiandad. El gran líder musulmán Saladino, sucedió a su tío Shirkuh en 1174 como sultán de Egipto, y 13 años más tarde y debido al mal gobierno de Guy de Lusignan, sucesor de Balduino V “el Leproso”, Jerusalén cayó en manos musulmanas en 1187, tras la derrota de Lusignan en la famosa batalla de Los Cuernos de Hattin en 1187, que sería el detonante para la Tercera Cruzada.
Saladino. 1185. Ismail al Jazari.
Tras la conquista de Jerusalén por los musulmanes, el papa Gregorio VIII proclamó que la caída de la Ciudad Santa había sido un castigo por los pecados de los cristianos de toda Europa, y comenzó a publicar bulas para motivar la puesta en marcha de la Tercera Cruzada.
La Tercera Cruzada, que se llevó a cabo entre 1187 y 1191, fue conocida como la Cruzada de los Reyes, en un intento de los cristianos europeos de reconquistar Tierra Santa. No logró su objetivo, aunque consiguió éxitos parciales.
Felipe II de Francia–primero Francia porque Inglaterra era su vasalla– y Enrique II de Inglaterra -que le había quitado a su hijo Ricardo Corazón de León su prometida Alicia de Francia, convirtiéndola en su amante-, casado ya con Leonor de Aquitania, iban a liderar esta Tercera Cruzada.
Leonor de Aquitania había sido mujer del francés Luis VII con el que tuvo dos hijas, y ahora con Enrique II de Inglaterra tenía 8 hijos, entre ellos Ricardo Corazón de León, Juan Sin Tierra y Leonor Plantagenet, la mujer de Alfonso VIII de Castilla. Ahora el hijo y sucesor de Luis VII, Felipe II y Enrique tuvieron que aparcar sus diferencias para llevar a cabo la nueva cruzada, aunque la muerte de Enrique en 1189, dejó la corona en manos de su heredero Ricardo Corazón de León. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I Barbarroja de la casa Hohenstaufen también respondió a la llamada de la cruzada, y dirigió un ejército poderoso a través de Europa y Anatolia, pero él se ahogó en el mar antes de llegar a Tierra Santa. Muchos de los componentes de su ejército abandonaron la empresa.
El Dux de Venecia reclutando soldados para la Tercera Cruzada. Jean Leclerc. 1621. Óleo sobre tela. 120×90 cm. Palazzo Ducale. Venecia.
Después de expulsar a los musulmanes de Acre, una de las ciudades más antiguas del mundo, constituida en 1500 a.C., el sucesor en el mando de los alemanes de Federico Barbarroja, Leopoldo V El Virtuoso de la familia Babenberg -duque de Austria, entre 1177 y 1194 y duque de Estiria de 1192 a 1194-, y Felipe II de Francia abandonaron la cruzada y salieron de Tierra Santa en 1191, debido a gestos impropios de un rey, llevados a cabo por Ricardo Corazón de León, como fue quitar y tirar a un foso la bandera de la casa de Austria, que ondeaba en Acre, y poner la suya (esto le costaría un año de prisión y 150.000 marcos de plata posteriormente).
Muerte de Federico I Hohenstauffen Barbarroja ,Gustave Doré. S XIX. Plumilla.
Saladino no pudo derrotar a Ricardo en ningún enfrentamiento militar, asegurando éste las ciudades costeras de Acre y Jaffa, además de constituir el reino de Chipreque luego vendería a la orden del Temple, y ésta a Guy de Lusignan, tras perder éste el reino de Jerusalén. Sin embargo, el 2 de septiembre de 1192, Ricardo firmó un tratado de no agresión con Saladino por 3 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días, por el que Jerusalén permanecería bajo control musulmán, pero permitiendo a los peregrinos cristianos visitar la ciudad.
Ricardo salió de Tierra Santa el 9 de octubre de ese año. Los éxitos de la Tercera Cruzada permitirían a los cruzados mantener un reino considerable con su sede en Chipre y la costa de Siria, aunque su incapacidad para recuperar Jerusalén daría lugar a la iniciación de una Cuarta Cruzada seis años más tarde. El regreso de Ricardo a su Inglaterra fue muy largo por naufragar en las costas del Adriático cerca de Venecia, y allí ser hecho prisionero por el duque de Austria y entregado a Enrique VI de Alemania, que lo tuvo un año encarceladohasta recibir un rescate de 150.000 marcos de plata que pagó su madre Leonor de Aquitania,ya que su hermano Juan sin Tierra, no sólo no hubiera pagado nada, sino que además le había arrebatado el trono durante su ausencia, de acuerdo con Felipe II de Francia, aunque Ricardo lo recuperaría a su regreso.
Ricardo I Plantagenet Corazón de León. Merry-Joseph Blandel. 1841. Óleo sobre tela. 114×170 cm. Palacio de Versalles.
Y fue en 1198, un año antes de la muerte de Ricardo, cuando el Papa Inocencio III, comenzó a predicar una nueva Cruzada, la Cuarta. Al margen de los motivos aducidos, las intenciones de unos y otros, y los objetivos finales logrados, la consecuencia más importante no fue otra que la creación del IMPERIO LATINO, que naturalmente no se encontraba entre los objetivos iniciales.
Inocencio III estaba deseoso de establecer la autoridad de la Santa Sede en todo el orbe cristiano, teniendo gran interés en los asuntos de los Estados cristianos de Oriente, para poder desde allí intentar anular o disminuir la autoridad de los patriarcas ortodoxos, especialmente la del Ecuménico de Constantinopla, que era el primus inter pares entre todos ellos.
Por otro lado, en la última década del siglo XII había ido intensificándose la rivalidad entre Enrique VI de Alemania –de la dinastía Hohenstaufen, sucesor de Federico I Barbarroja– y el emperador bizantino Isaac II Ángelo, al cual le fue exigido el pago de los gastos generados por la participación de las tropas de Federico I Barbarroja –su padre– en la Tercera Cruzada, ya que uno de los motivos de la misma, fue coadyuvar a la protección del Imperio Bizantino del acoso musulmán. Enrique, su hijo y sucesor, exigía de Bizancio la entrega de la región de los Balcanes y el pago de los daños sufridos por la expedición de Barbarroja. Su política en Oriente, al aceptar el vasallaje de los reyes de Armenia y de Chipre, fue de deliberada hostilidad hacia Bizancio.
Entra dentro de lo lógico que Enrique considerara la posibilidad de dirigir una nueva potencial cruzada contra Constantinopla, sin embargo no pudo ser porque falleció en 1197 en Mesina. Su hermano y sucesor al trono alemán, Felipe II de Suabia, además de los mismos motivos de su hermano, tenía especiales intereses de gran importancia en Bizancio, ya que estaba casado con Irene Ángelo, hija del emperador bizantino Isaac II Ángelo, que había sido depuesto en 1195 por su hermano Alejo III Ángelo. Irene Ángelo –la rosa sin espinas, la paloma sin malicia–, viuda del rey Roger III de Sicilia, le podría proporcionar la llave para obtener la corona del Imperio Bizantino, o al menos, el manejo del mismo mediante otro posible emperador, en caso de que él no lo lograra, su cuñado Alejo IV, hermano de su mujer y de momento invitado y residente en su corte.
La ciudad-estado de Venecia, principal potencia marítima en el Mediterráneo oriental, tenía fuertes intereses comerciales en los territorios bizantinos, y muy especialmente en su capital Constantinopla, y vía abierta hacia el mar Negro y a las rutas de las especias por el este. Desde finales del siglo XII gozaban de privilegios especiales para comerciar en el Imperio Bizantino, pero en 1171 el emperador Manuel I Conmeno ordenó la detención de los comerciantes venecianos y la confiscación de sus bienes, lo cual provocó la suspensión de la actividad comercial entre Venecia y Bizancio, inactividad que se prolongó por espacio de quince años, siendo especialmente duro para Venecia, ya que los bizantinos continuaban comerciando con Génova y Pisa. En 1185, Venecia acordó con el emperador Andrónico I Conmeno, reanudar las relaciones comerciales, exigiendo el abono de compensaciones por las propiedades confiscadas en 1171, que nunca llegó a hacerse efectiva. Bizancio, explotaba hasta ese momento y en beneficio propio, la rivalidad comercial de Venecia con otras ciudades-estado italianas, como Génova y Pisa. Venecia necesitaba asegurarse la supremacía comercial en Oriente, desplazando definitivamente a sus rivales.
Con estos mimbres, se comenzó a predicar una nueva cruzada. Su llamamiento, sin embargo, tuvo poco éxito entre los monarcas europeos. Los alemanes, aun deseándolo, estaban enfrentados al poder papal, en tanto que Francia e Inglaterra se encontraban combatiendo la una contra la otra. Finalmente, se acordó la organización inmediata de un ejército cruzado en un torneo organizado en Ecri por el conde Teobaldo de Champaña en noviembre de 1199.
Teobaldo fue nombrado jefe de este ejército, del que también formaban muchos señores del norte de Francia y de los Países Bajos, añadiéndose algunos caballeros alemanes -entre ellos BALDUINO IX DE FLANDES, más tarde primer emperador del IMPERIO LATINO– y varios nobles del norte de Italia, como Bonifacio, marqués de Monferrato.
El control bizantino sobre los Balcanes era escaso y en consecuencia, las dificultades por cuestiones de seguridad, para marchar por tierra a Oriente eran grandes. Por mar era lo idóneo, pero la expedición de los cruzados carecía de flota para trasladarse a la zona de Jerusalén.
Los cruzados enviaron negociadores a los poseedores de flotas capaces para 35.000 hombres y 4.500 caballos (luego fueron menos) como Venecia o Génova para contratar el transporte. Guillermo de Villehardouinllegó a un acuerdo con la República de Venecia en abril de 1201 para el transporte de la expedición hasta Egipto por 85.000 marcos de plata.
Se desembarcaría en Egipto, desde donde se avanzaría por tierra hasta Jerusalén. En 1201 murió Teobaldo de Champaña, y los cruzados eligieron como nuevo jefe de la expedición a Bonifacio de Monferrato. Éste, firme partidario de los Hohenstaufen, conoció en la corte de Felipe II de Suabia a Alejo, hijo del defenestrado emperador Isaac II Ángelo que había sido depuesto y ordenado ser cegado por su hermano Alejo III Ángelo, que deseaba contar con la ayuda de los cruzados para recuperar el trono imperial que le había sido arrebatado por su hermano, y a su hijo Alejo por herencia.
Cuando en junio de 1202 llegó el momento del embarque, los cruzados no habían podido reunir la cantidad de plata solicitada por los venecianos. Éstos, se negaron a realizar el transporte si no recibían la cantidad acordada, por lo que el ejército cruzado tuvo que pasar dos meses acampado en la isla de San Nicolás de Lido, a la espera de conseguir fondos, hasta que finalmente llegaron a un acuerdo el Dux de Venecia Enrico Dandolo y Bonifacio de Monferrato, para aplazar el pago de la deuda, si previamente los cruzados conquistaban para Venecia la ciudad de Zara -hoy Zadar en la actual Croacia-, capital de Dalmacia, que hasta 1183 había sido de Venecia, acogiéndose posteriormente a la protección papal y de Emerico de Hungría. Bonifacio de Monferrato aceptó, embarcando el 8 de noviembre de 1202, conquistando la ciudad para Venecia quince días después, siendo momentáneamente el ejército cruzado y los venecianos excomulgados por Inocencio III, por robarle su protectorado, aunque posteriormente absolvió a los primeros, manteniendo la excomunión para los segundos.
Estando los cruzados en Zara, llegó un mensajero de la corte de Felipe II de Suabia, llevando una oferta del pretendiente al trono bizantino, Alejo hijo del depuesto Isaac II. Si el ejército cruzado se desviaba hasta Constantinopla y le ayudaban a recuperar su trono, usurpado por su tío Alejo III, no sólo estaba dispuesto a garantizar el pago de la deuda que los cruzados habían contraído con Venecia, sino que además se comprometía a aportar a la cruzada un contingente de 10.000 soldados, así como fondos y provisiones, para proseguir hacia Tierra Santa.
Tanto Monferrato como el Dux Dandolo aceptaron la oferta. Otros, los menos, se opusieron, exponiendo que habían ido a la cruzada para luchar contra los musulmanes, abandonando el ejército cruzado y embarcando hacia Siria. La mayoría continuó en el ejército cruzado y cuando Alejollegó a Zara, embarcaron, arribando a las costas de Constantinopla a finales de junio de 1203.
Torre Galata. Estambul.
Tras varios ataques sin éxito a ciudades en la costa asiática del Bósforo, el ejército cruzado desembarcó en Gálata –hoy sigue estando allí la famosa torre y la cadena que cerraba la entrada del Bósforo a Costantinopla por mar, pero ahora con restaurante y ambiente chill out, aunque no es la originariamente bizantina, la Megalos Pyrgos, ya que ésta fue destruida precisamente por esa Cuarta Cruzada en 1204– en el lado europeo del Cuerno de Oro.
Después de algunos intentos para entrar en Constantinopla, el 17 de julio de 1203 se consiguió abrir brecha en las murallas. El emperador Alejo III huyó llevándose grandes riquezas a la ciudad tracia de Mosynópolis. La nobleza imperial sacó de la cárcel al ciego depuesto emperador Isaac II Ángelo y lo repuso en el trono, sobre todo, como gesto de cara a los invasores. Tras negociaciones entre ambas partes, se decidió que Isaac y Alejo –el que debía pagar a los venecianos– fueran coemperadores, este último con el nombre de Alejo IV Ángelo, siendo coronado en Santa Sofía el 1 de agosto de 1203.
Toma de Constantinopla. Tintoretto. siglo XVI. Palacio Ducal de Venecia.
Para intentar poder cumplir con los acuerdos pactados con venecianos y cruzados, Alejo se vio obligado a poner fuertes nuevos impuestos. También se había comprometido a conseguir que la Iglesia Ortodoxa aceptase la supremacía del Papa y adoptase el rito latino, pero se encontró con una gran oposición. Confiscó bienes eclesiásticos para poder pagar a los venecianos, pero todo fue insuficiente. Durante el resto del año 1203, la situación fue volviéndose cada vez peor. Venecianos y cruzados contrariados por el impago y el incumplimiento de los acuerdos existentes, el pueblo bizantino cada vez más descontento con el nuevo emperador por los impuestos desmedidos. y por último los constantes enfrentamientos callejeros entre cruzados –tropa en guarnición– y bizantinos, obligaron en última instancia, a acordar la salida de los cruzados de la ciudad, constituyendo esta situación de desorden, el caldo de cultivo de las revueltas que condujeron a la caída de Alejo IV.
El yerno de Alejo III –el que había huido–, que tenía un puesto importante en la Corte, se convirtió en el cabecilla de los descontentos y organizó, a principios de 1204, constantes revueltas. En el mes de febrero, los venecianos y cruzados dieron un ultimátum a Alejo IV, quien tuvo que manifestar la imposibilidad de cumplir lo pactado. Hubo un levantamiento y tras deliberación de tres días del Senado, sacerdotes y pueblo, se eligió emperador –cargo irrenunciable– a Nicolás Kanobos que no aceptó el poder imperial y se refugió en Santa Sofía. Tras once días, el yerno de Alejo III, casado con su hija Eudoxia Ángelo, que durante las revueltas había apresado a los coemperadores Isaac II y Alejo IV, acudió a Santa Sofía a ofrecer al emperador encerrado Nicolás un puesto importante en su administración, ya que se había autoproclamado emperador con el nombre de Alejo V Ducas. Ante la negativa de Nicolás, fue sacado de Santa Sofía , arrastrado y estrangulado en sus preciosas escaleras de mármol. Alejo V también mandó estrangular a Alejo IVy matar –que pareciera por edad– a Isaac II.
Alejo IV Ángelo
Ante esta situación, en el mes de marzo de 1204, cruzados y venecianos debatieron sobre la situación y como resolverla. La decisión fue unánime y clara: conquistar la ciudad –debería ser por la fuerza–, cobrarse las deudas con los bienes que pudieran saquear y colocar en el trono a un emperador LATINO.
La siguiente cuestión era quién debería ser el candidato al trono imperial, no logrando inicialmente un acuerdo. Bonifacio de Monferrato, el jefe de la expedición, no era del gusto de los venecianos, y al fin se decidió crear un comité compuesto por seis delegados cruzados y seis venecianos para elegir al emperador.
Atacaron la ciudad el 6 de abril de 1204, pero fueron rechazados. Seis días después lograron abrir una brecha en la muralla consiguiendo al mismo tiempo que ardiesen barrios enteros mediante proyectiles incendiarios. Desmoralizados los defensores, permitieron la entrada en Constantinopla de los cruzados. Alejo V huyó a Mosynópolis, ciudad donde estaba su suegro, Alejo III. Los nobles bizantinos ofrecieron la corona a Constantino Lascaris pero murió en combate a los pocos días de ser coronado y a continuación a Teodoro I Lascaris, yerno también de Alejo III, pero éste la rechazó y marchó a Nicea junto a gran parte de la nobleza y de los patriarcas de la Iglesia ortodoxa. Allí se fundó el imperio de Nicea , sintiéndose depositarios de la legitimidad bizantina.
Entrada de los cruzados en Constantinopla. Eugéne Delacroix. 1840. Óleo sobre lienzo. 410×493 cm. Museo del Louvre. París
La ciudad fue saqueada –el saqueo fue brutal según las crónicas– no librándose las iglesias, palacios, ni monasterios, Finalmente, se restableció el orden y se procedió a la distribución del botín según lo que se había pactado previamente: tres octavas partes para los venecianos, otras tres octavas para los LATINOS y un cuarto para el futuro emperador. A pesar de las pretensiones de Bonifacio de Montferrato, el comité eligió emperador a Balduino IX de Flandes –uno de los principales jefes de las huestes cruzadas–. primer emperador del IMPERIO LATINO con el nombre de Balduino I. El mundo llamó a esta distribución, “Partitio terrarum imperii Romaniae”.
Por tanto, el IMPERIO LATINO o Imperio latino de Constantinopla –Imperium Romaniae–, fue el estado fundado por cruzados y venecianos en los territorios capturados al Imperio de Bizancio en 1204, manteniéndose hasta 1261, cuando uno de los sucesores de los antiguos emperadores bizantinos, Miguel VIII Paléologo, lo reconquistó para Bizancio.
El Imperio Latino así formado, no logró establecer su control sobre todo el antiguo territorio bizantino, por lo que surgieron estados sucesores del dominio bizantino en Nicea, Épiro y Trebisonda. Nicea era la más próxima al Imperio Latino, donde residía el último emperador de Bizancio –Teodoro I Lascaris–, muchos componentes de la antigua nobleza bizantina y los patriarcas ortodoxos, siendo por tanto, la que se pudiera encontrar en mejor posición en un futuro, para intentar restablecer el Imperio bizantino.
Además de estos tres enemigos: lo que sería en breve el Imperio de Nicea -parte noroeste de Anatolia-, el Despotado de Épiro –parte occidental de Grecia– y el Imperio de Trebisonda –localizado en la parte sudoriental del mar Negro, limitando con la actual Georgia–, el Imperio tuvo como enemigos a Bulgaria, a los turcos selyúcidas del Sultanato del Rum y a algunos señores lombardos rebeldes de Tesalónica –Tesalónica fue comprada por Bonifacio de Montferrato a los venecianos, nombrándose rey, aunque fue un reino LATINO vasallo del Imperio Latino, de vida efímera–.
También para terminar de definir la situación de gobierno, tras la fundación del Imperio, cabe señalar como anécdota, la creación del Ducado de Atenas. Una vez más Bonifacio de Montferrato, ocupó esta vez Atenas sin grandes problemas y junto a Tebas, se la cedió a Otón de la Roche, caballero borgoñón de familia menor y compañero de cruzada. Le nombró inicialmente Gran Señor de Atenas y Tebas y luego Duque, aceptando su vasallaje.
Imperio Latino tras su proclamación en 1204.
El Imperio Bizantino fue dividido en la Partitio terrarum imperii Romaniae, firmada el 1 de octubre de 1204, por acuerdo entre los cruzados y Venecia en tres partes: los tres octavos venecianos incluyeron además Creta, Rhodas, Corfú, Negroponte, Cephallonia y otras islas. Para el Imperio Latino, los tres octavos de la partición, más los dos octavos del nuevo emperador latino, fuerzas que podrían quizá sumarse, además de ejercer el control sobre algunas zonas de Grecia mediante el vasallaje: del Reino de Tesalónica por Bonifacio de Monferrato, del Ducado de Atenas y Tebas por Otón de la Roche –a su vez vasallo del Rey de Tesalónica–, del Ducado del Archipiélago o de Naxos por Ruy de Montfort, y directamente vasallaje del Imperio, el Principado de Acaya –sobre la costa del norte del Peloponeso lindando con el golfo de Corinto-, el Ducado de Filipópolis –en la ciudad Plovdiv de la actual Bulgaria y sus alrededores, cuyo señor fue el Duque Renier de Trit–, y el Ducado de Filadelfia –en la ciudad turca de Alasehir y terrenos circundantes–. Además controlaba por ocupación física todos los territorios europeos y asiáticos que rodeaban al mar de Mármara, y los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos, aunque quedaron numerosos territorios en manos de aristócratas bizantinos griegos, que consideraban sus territorios estados sucesores del Imperio bizantino, y que pretendían la reconquista del imperio perdido: el Despotado de Épiro, el Imperio de Nicea y el Imperio de Trebisonda.
El Dux de Venecia no fue considerado vasallo del Imperio, permitiéndole sus tres octavos del antiguo Imperio y una parte importante de Constantinopla asegurar su influencia en el gobierno del nuevo.
A partir de aquí comenzaron las luchas entre todas las partes, que en algunas ocasiones apoyaban una opción y de forma inmediata a la contraria, intentando claramente su mejor posicionamiento. Nicea, Trebisonda y Épiro buscando recuperar el antiguo Imperio para ellos, Bulgaria y el sultanato del Rum, tratando de combatir al que en cada momento se iba haciendo más fuerte, para socavar su poder, y el Imperio Latino tratando de mantener lo que había logrado y ampliarlo hasta lograr la totalidad del Imperio Bizantino.
Teodoro I Láscaris de Nicea no logró un éxito inmediato –fue derrotado en Poemaneum y Bursa (Prusa antiguamente) por el Imperio latino en 1204–, pero posteriormente le arrebató a éste, la parte noroccidental de Anatolia, aprovechando que las tropas de Balduino I debían hacer frente a los búlgaros que les atacaban por el oeste. Teodoro I de Nicea tuvo victorias contra sus oponentes sucesores de Trebisonda, colocándose como el más importante de los estados sucesores bizantinos. En 1206, viéndose fuerte, se auto-confirmó como emperador, coronándose en Nicea.
Teodoro trató de reforzar sus derechos nombrando un nuevo Patriarca de Constantinopla en Nicea y para cerrar posiciones con el Imperio, se casó con María de Courtenay en 1219, hija del emperador Pedro II de Courtenay y de la emperatriz latina Yolanda de Flandes, pero murió siendo fue sucedido por su yerno Juan III Ducas en 1222.
En 1224 el reino de Tesalónica fue conquistado por el Despotado de Epiro que posteriormente, cayó en manos de Bulgaria en 1235, con el visto bueno de Juan III de Nicea que buscaba aliados contra los latinos, a toda costa.
En 1242, el Imperio Mongol desde el este, invadió el Sultanato del Rum de los selyúcidas, al este de Nicea, y curiosamente pararon allí respetando las fronteras nicenas.
Juan III se casó con Constanza de Hohenstaufen hija de Federico II emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1245 -quizá este fue el motivo de la detención mongola-. Negoció entonces con los mongoles y derrotó a sus ex aliados búlgaros, continuando sus conquistas sobre los latinos hasta su muerte en 1254.
Teodoro II Láscaris siguió su política de conquistas durante cuatro años, muriendo en 1258. Su hijo Juan IV Ducas Láscaris le sucedió, pero siendo un niño, reinó bajo la regencia del general Miguel Paleólogo. Miguel se proclamó co-emperador con el nombre de Miguel VIII, y consiguió derrotar conjuntamente al déspota de Epiro –cuando los búlgaros fueron derrotados por Juan III renació el despotado–y al príncipe latino de Acaya en la batalla de Pelagonia.
Ya en 1247, los nicenos habían rodeado eficazmente Constantinopla, y solo las tres líneas de fuertes de defensa de la ciudad los mantuvieron a raya, señalando la mencionada batalla de Pelagonia en 1258, el principio del fin del dominio latino en Grecia. En 1260 Miguel VIII de Nicea comenzó el asalto a Constantinopla. El 25 de julio de 1261, con la mayoría de las tropas latinas fuera en otros frentes, el general niceno Strategopoulos encontró una entrada sin vigilancia en la ciudad –acordada con los defensores, claro– y entró con sus tropas, restaurando el Imperio bizantino para su señor, Miguel VIII Comneno Ducas Ángelo Paleólogo, con el que se inició la dinastía de los Paleólogos. Una vez dentro, incendió el barrio veneciano (a sus ojos responsables de la toma de la ciudad en 1204). Miguel fue reconocido emperador pocas semanas más tarde, restaurando el Imperio Bizantino. El niño Juan IV Juan Ducas Láscaris, el infante heredero de Teodoro II, fue cegado siendo todavía un niño, y enviado a una fortaleza del Mar de Mármara. Este acto de crueldad granjeó a Paleólogo los odios populares, sobre todo en Asia Menor.
Miguel VIII Paleólogo.
Los habitantes del Imperio restaurado consideraron al Imperio de Nicea como el verdadero sucesor del Imperio Bizantino, aunque aún seguían existiendo el Imperio de Trebisonda y el principado latino de Acaya. Trebisonda permaneció independiente hasta la conquista otomana en 1461 (Tras la conquista en 1453 del Imperio Bizantino por Mehmed II, aún siguió el Imperio de Trebisonda ocho años como tal). Acaya fue pronto reconquistada por Bizancio.
Murallas de Constantinopla.
El Imperio restaurado, que ya nunca nunca tuvo el antiguo esplendor, debió hacer frente desde entonces a la nueva amenaza que representaban los turcos otomanos que surgieron en sustitución de los derrotados selyúcidas, que tras doscientos años, y aún con las tres líneas de defensa inexpugnables durante más de mil años – foso y las dobles muralla teodosias- acabaron conquistando el Imperio en 1453, apoyados por los famosos cañones búlgaros y la traición del responsable de la cadena de la torre Gálata, que permitió la entrada de los barcos otomanos al Cuerno de Oro.
Torre Gálata.
1) DÉSPOTADO
El término original griego despotēs significaba simplemente “señor”. Equivalente al título latino dominus.
La mayor parte de los despotēs fueron yernos de los emperadores bizantinos, que acostumbraban proclamar a sus hijos mayores co-emperadores –symbasileus–. Despotēs fue título cortés sin funciones ni poderes específicos, a pesar de significar honor inmediato al del emperador.
Después de la Cuarta Cruzada, el título pasó a utilizarse en los Estados sucesores del Imperio bizantino, y lo otorgaba cualquier monarca que tuviera título imperial, incluyendo Nicea, Trebisonda, Épiro, los búlgaros u otros. El título despotēs también podía ser otorgado por un emperador a un extranjero noble por lazos familiares o por servicios prestados. Por ejemplo, en el Imperio de Trebisonda el título fue otorgado a los herederos al trono, como diferencia con todos los demás cargos.
No siempre aquellos déspotas se portaron correctamente con el pueblo y personas a su servicio, motivo por el que paulatinamente el vocablo fue haciéndose más popular en el sentido de aquel que abusa de su poder o autoridad.
Las primeras referencias en castellano a la palabra, en la forma ‘déspoto’, las encontramos en un escrito del siglo XVI del historiador palentino Gonzalo de Illescas que se refiere de ese modo al rey de Rusia, aunque no fue hasta el siglo XIX cuando se comenzó a utilizar el término ‘déspota’ en el sentido que hoy en día le damos; es decir, desde hace dos siglos es cuando la palabra déspota, adquirió la connotación negativa que hoy le damos.
Como curiosidad: los reyes de España, son Reyes de Jerusalén y Duques de Atenas y Neopatria –región de Tesalia alrededor de la ciudad de Neai Patrai conquistada por los almogávares en el siglo XIII-.