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EDAD DE HIERRO EN LA IGLESIA. GUELFOS Y GIBELINOS EN LA EDAD MEDIA.

La Iglesia católica fue uno de los pilares básicos de la sociedad medieval, encontrándose con frecuencia inmersa en una sucesión de luchas por el poder, conspiraciones y guerras dentro y fuera de su organización, que buscaban la primacía no sólo en lo espiritual, sino también en lo temporal.

En los primeros tiempos de la Iglesia, los obispos solían ser elegidos por los componentes de su comunidad, consagrados por obispos de diócesis vecinas. En el caso del Papa, obispo de Roma, los clérigos, bajo la supervisión de los obispos escogían un candidato, presentándolo al pueblo de Roma que lo confirmaba o no. Con el tiempo, esta potestad fue siendo absorbida por las familias nobles romanas, lo que llevó a tenebrosas estrategias para lograr los objetivos de cada familia, dándose el caso de elección simultánea de más de un obispo de Roma.

En este punto, sería interesante definir la figura del antipapa, ​ persona que, con la intención de ser reconocido como papa o tomar su lugar, usurpaba o pretendía hacerlo con las funciones y poderes que correspondían al Papa de la Iglesia legítimamente elegido, ocupando la silla de san Pedro cuando se encontraba en período de sede vacante a la espera de elección legal, adelantándose ilegítimamente a la elección o haciéndose nombrar durante un papado efectivo. El título de antipapa no implica en absoluto la fidelidad a una doctrina contraria o desviada de la fe católica, sino la usurpación de una jurisdicción que no le pertenece según las normas eclesiásticas.

Los antipapas, surgieron normalmente en el medioevo, en momentos de inestabilidad política de Europa o de la Iglesia, y aunque en alguna escasa ocasión, el nombramiento de un antipapa se produjo por diferencias doctrinales con el legítimo Papa -dos en el siglo III*-, en la mayoría de las ocasiones, los antipapas emergieron por intereses políticos de las familias nobles romanas, del pueblo de Roma, de los emperadores o candidatos al Sacro Imperio, o de reyes que buscaban la supremacía de su corona en Europa con aspiraciones de ver refrendada su posición con el visto bueno divino. A veces, el Papa legítimo fue preso o muerto, fracasando en otras ocasiones la elección fraudulenta, debiendo exiliarse los ilegítimos, o siendo encerrados o asesinados.

*El primer antipapa de la Iglesia fue Hipólito de Roma -más tarde santo- que fue proclamado por los clérigos romanos, al enfrentarse a los papas Ceferino y Calixto I -también santos de la Iglesia católica- condenando su laxismo –actitudes y comportamientos poco acordes con las normas morales-.

*También en el siglo III, cuando fue elegido Papa Cornelio en 251,  poniéndose a favor del perdón de los que habían renegado de su fe en las persecuciones romanas, fue repudiado por el clero romano que nombró a Novaciano como antipapa, aclamado por su ortodoxia teológica. Seis meses después, se condenó, excomulgó y desterró de Roma a Novaciano, que fundó la Iglesia de los puros.  El antipapa Novaciano murió en 258, martirizado en tiempos del emperador Valerio I.

La elección de los papas mediante cónclave de cardenales fue una mecánica relativamente tardía, que no se dio hasta el siglo XIII, en enero de 1276, tras la promulgación de la bula Ubi periculum en el concilio de Lyon de 1274, presidido por Gregorio X, en el que se establecieron las normas para la elección de los papas mediante cónclave de cardenales, utilizándose por primera vez para nombrar su sustituto, a su muerte en 1276. Aunque a veces, con anterioridad, la elección se había realizado con cierto grado de aislamiento, se puede considerar el de 1276, como el primer cónclave papal de la historia, en el sentido estrictamente jurídico de la palabra. Con anterioridad, en el concilio de Melfi, en 1059, se había establecido que el papa debería ser elegido por el colegio cardenalicio en lugar de por el pueblo.

Siguiendo las normas de la bula Ubi periculum, los cardenales debían estar recluidos en un área cerrada común, sin habitaciones separadas, no pudiendo ser acompañados por más de un servidor/asesor. La comida se suministraba por una ventana, recibiendo a partir del tercer día solamente un plato diario, y tras el quinto día, sólo pan y agua. Durante el desarrollo del cónclave, tampoco se devengaban los ingresos eclesiásticos.

Antes de Carlomagno, las altas jerarquías de la Iglesia se habían ido inmiscuyendo cada vez más en los asuntos seculares. A mediados del siglo VIII, los francos –Pipino el Breve y su hijo Carlomagno entre 754 y 774- vencieron al rey de los lombardos Astolfo que se había apoderado del exarcado de Rávena en el 751, al que pertenecía el ducado de Roma, haciendo los carolingios a partir de entonces a los papas, soberanos de un Estado propio. Abades y obispos se fueron convirtiendo en señores feudales o funcionarios imperiales, haciéndose con un poder político y económico envidiable, y a cambio, los reyes eran aceptados como protectores y gobernantes de la Iglesia en sus reinos, y el emperador carolingio como el defensor universal y protector del papado, pudiendo unos y otros, investir a los miembros del alto clero a su conveniencia. Para el rey, era mejor y de más fácil control, tener un obispo por él nombrado para gobernar un territorio, que, a un duque o un conde que fácilmente podía sufrir un ataque de ambición guerrera y revolverse contra el emperador.

Los papas, desde Carlomagno -coronado Imperator Augustus Romanum gubernans Imperium o serenissimus Augustus a Deo coronatus, magnus pacificus Imperator Romanorum gubernans Imperium por León III en diciembre del 800, en agradecimiento por haberle protegido en su corte cuando iba a ser asesinado, estuvieron a partir de ese momento estrechamente subordinados al emperador, dedicándose básicamente a las funciones puramente religiosas, propias de su potestad espiritual. Así se reconocía implícitamente la intervención divina en el nombramiento del emperador, a cambio de recibir el papado protección del Imperio.

La coronación de Carlomagno, fresco pintado por Rafael y sus ayudantes entre los años 1516 y 1517. Representa el momento en que Carlomagno es coronado emperador por el Papa León III, el 25 de diciembre del año 800.

Carlomagno se autonombró Imperator Augustus Romanum gubernans Imperium –Emperador que gobierna el Imperio Romano- para no intitularse Imperator Romanorum -Emperador de los romanos-. Utilizó una forma más moderada, para ser reconocido en el futuro, como emperador de lo que fuese, por el verdadero sucesor del Imperio Romano, el basileus bizantino. En enero de 812, el basileus Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como Emperador de Occidente, a cambio de Venecia, Istria, Liburnia y Dalmatia. A partir de entonces, los emperadores bizantinos se denominaron Basileus ton Romaion –Emperador de los Romanos– considerándose herederos de ese pueblo y superiores a los occidentales.

Basileus Miguel I Rangabé.

Los sucesores de Carlomagno no asumieron tampoco el título de Emperador romano, sino el de Imperator augustus. Algunos ejemplos: Luis I -coronado por el papa Esteban IV con título Ludovicus divina ordinante providentia Imperator augustus-, Carlos II el Calvo -coronado por Juan VIII  comoKarolus, ejusdem Dei omnipotensis misericordia omnipotenis Imperator augustus-, Carlos III el Gordo -coronado en Roma por el papa Juan VIII como Karolus ejusdem Dei misericordia omnipotenis Imperator augustus– u Otón I, primer emperador de la dinastía SAJONA, coronado por Juan XII  con el título deOtto divina favente clementia Imperator augustus-.

Imperio de Luduvico Pío- Luis I-, con zonas encomendadas a sus 4 hijos varones-.

 Tras el Tratado de Verdún en 843, División entre sus herederos vivos.

Unos años después -887- Carlos el Gordo de nuevo con todo.

Desde Carlomagno a Luis III el Ciego hubo 10 emperadores de la dinastía CAROLINGIA. A continuación, hubo uno, Berengario de Friuli, que gobernó de diciembre de 915 a abril de 924 de la dinastía LOMBARDA. Posteriormente 4 de la dinastía SAJONA, y a partir del tercer emperador de esta dinastía OTON III, los emperadores se denominaron Romanorum Imperator augustus.

La mujer de Otón II -2º emperador de la dinastía sajona-, Teófano Skleraina, que era princesa bizantina, no reconoció la superioridad del título del emperador de Bizancio basileus Romanion, sobre el de su marido y sus sucesores, que eran simplemente imperator o basileus, desigualdad que resolvió añadiendo la palabra Romanorum a la intitulación para elevar la categoría de su nueva estirpe, frente a la del emperador bizantino de entonces Basilio II. Los siguientes emperadores continuaron usando el título basileus Romanorum para afirmar la supremacía de su idea cesaropapista* frente a la hierocracia* papal.

Otón II

Icono restaurado de Вasilio II del siglo XI donde se le representa coronado por ángeles enviados por Dios y adorado por sus súbditos.

Sirvan como ejemplos Otón III, coronado por el papa Gregorio V en Monza –Otto divina favente clementia Romanorum Imperator augustus-, Enrique IV de la dinastía SALIA, coronado por el antipapa Clemente III en Roma –Heinricus divina favente clementia tercius Romanorum Imperator augustus-, o Federico I Barbarroja, segundo emperador de la dinastía Hohenstaufen, coronado por Adriano IV en Roma –Fredericus divina favente clementia Romanorum Imperator augustus-. A partir de Federico II Hohenstaufen, se añadió a la intitulación, semper. Este último fue coronado en Roma por Honorio III –Fridericus secundus divina favente clementia Romanorum Imperator semper augustus…

*En el cesaropapismo, el poder secular de un líder político se impone incluso en cuestiones religiosas, sobre el que pudieran aspirar a tener o a compartir, los líderes religiosos, subordinando los poderes de la Iglesia al Estado.

*La hierocracia -hiero=sagrado-, es una forma de gobierno donde los administradores estatales y los líderes de la religión dominante coinciden, aplicando políticas basadas en las ideas de la religión principal. El gobierno suele mandar en nombre de la divinidad correspondiente.

Tras los 4 Imperators de la dinastía sajona, reinaron 4 de la dinastía SALIA y 1 de la casa de SUPLINNBURGO, para llegar a la DINASTÍA HOHENSTAUFEN, en junio de 1133 con CONRADO III, dinastía que gobernó hasta FEDERICO II, con un vano de 6 años en el que la corona imperial fue ceñida por OTÓN IV de la CASA WELF –guelfo-.

La mengua ineluctable del poder imperial al final de la Alta Edad Media, marcada por el crecimiento imparable del poder feudal, resultó ominosa para la Santa Sede, que quedó sin el escudo protector del Imperio, en manos de la anarquía feudal, siendo sometida a poderes más próximos y menores que antaño, y también más mezquinos y miserables, como eran los clanes nobiliarios romanos.

En los últimos años del siglo IX, comenzó un largo periodo de especial decadencia y entropía de la sede romana, que se conoce como el siglo de hierro u oscuro del pontificado católico. Entre la última década del siglo IX y la mitad del siglo XI hubo más de 40 papas y antipapas, que se preocuparon fundamentalmente de sus intereses temporales, en lugar de hacerlo de los espirituales de sus feligreses. Papas y antipapas fueron puestos y depuestos por nobles romanos, reyes y emperadores, según conviniese al que ostentara el poder en cada momento. Fue el siglo de hierro del papado, una época terrible para la Iglesia, con papas corruptos, sin solución de continuidad, que se debían al señor que les había nombrado, y que cometían todo clase de depravaciones y pecados contra las leyes de Dios y de los hombres, destacando la simonía, las desviaciones sexuales y los asesinatos de los que obstaculizaban sus quehaceres, resultando al fin, pontificados muy breves y dignos de olvidar.

El inicio de la edad de hierro u oscura de la Iglesia católica puede señalarse con la muerte violenta del Papa Juan VIII -882-, que parece ser murió envenenado y posteriormente golpeado en la cabeza con un martillo. Coronó emperadores a Carlos II el Calvo en 875 y a su hermano Carlos III el Gordo en 881. Muchos de sus sucesores fueron destituidos, asesinados o encarcelados, con papados de muy corta duración. Fueron antipapas de este periodo Cristóbal, Dono II, Bonifacio VII –que asesinó a dos Papas: a Benedicto VI violentamente y de hambre a Juan XIV- Juan XVI, Gregorio, Benedicto X y Honorio II.

Papa Juan VIII.

También la historia sitúa en esta época la leyenda de la papisa Juana, no se sabe si fábula, apólogo o verdad, que trata de una mujer que habría sido Papa católica ocultando su verdadero sexo -quizá la primera que hubiera ido a los 8 M, incluso delante de ministra de igualdad-. El pontificado de Juana se estima entre 855 y 857, fecha que correspondió a Benedicto III. Otras hipótesis sitúan el papado de Juana entre 872 y 882, o sea Juan VIII.

Dada la influencia que ejercían los obispos sobre las personas de sus diócesis, los reyes pretendían tenerlos de su lado, pudiendo concederles las dignidades e investirlos, entregándoles las posesiones que conllevaban los cargos, para poder así asegurar su fidelidad.

El papado fue cayendo en manos de clanes nobiliarios, que conseguían la elección de pontífices afectos, que fueron en general individuos insignificantes, indignos o ambas cosas, pero sometidos a los que les llevaban a la más alta dignidad eclesiástica.

Los papas fueron coronando a los emperadores y sometiéndose a ellos hasta bien entrado el siglo XI, no pudiendo el poder eclesiástico luchar contra las intromisiones de los poderes seculares. Solo tras la reforma gregoriana, el papado se vio con fuerzas para defender sus intereses.

Con Enrique III el Negro -hijo de Conrado II y 2º emperador de la dinastía salía entre 1046 y 1056– se llegó al punto álgido del cesaropapismo con la dispensa multitudinaria y desenfadada de cargos eclesiásticos por el poder secular. A su muerte, surgió un movimiento para liberar al papado del sometimiento al imperio. En todo el mundo cristiano comenzó a reivindicarse la libertad de la Iglesia para nombrar a sus dignidades, tratando de enaltecer la moral de los eclesiásticos, condenando la simonía, y el nicolaísmo -matrimonio o amancebamiento de los clérigos-, obligando al celibato, en un intento de fortalecer la autoridad papal frente a la del emperador.

Enrique III  el Negro, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

En la segunda mitad del siglo XI surgió la corriente teológica-filosófica escolástica, que favoreció la subordinación de la razón a la fe. La escolástica, predominaría en las universidades medievales y en las escuelas religiosas hasta el siglo XV.

El cesaropapismo establecido por los primeros emperadores tuvo que ceder ante el peso de la hierocracia, que tuvo en san Gregorio VII a uno de los más brillantes defensores del poder universal del papado. El Papa Gregorio VII –Hildebrando di Soana– sentenció la supremacía del pontífice sobre los poderes temporales, incluyendo de forma explícita y especial al emperador.

Papa Gregorio VII.

Hildebrando di Soana fue elegido antipontífice por aclamación popular en abril de 1073, trasgrediendo la legalidad establecida en 1059 en el concilio* de Melfi  en el que se señaló que no se podía elegir papa por esta vía, sino por el colegio cardenalicio. A pesar de ello, fue consagrado papa.

En 1075, Gregorio VII publicó los DICTATUS PAPAE que recogían un ideario político-religioso de veintisiete axiomas, donde el papa expresaba sus ideas sobre cual debía ser el papel del pontífice en su relación con los poderes temporales. Podían resumirse, en que el papa es señor absoluto de la Iglesia, estando por encima de los fieles, los clérigos y los obispos, pero también de las Iglesias locales, regionales y nacionales, y por encima también de los concilios. También, que el Papa era señor supremo del mundo, debiéndole todos sometimiento, incluidos los príncipes, los reyes y el propio emperador. Y por último algo que podía cerrar cualquier fuga o escape: la Iglesia romana no erró ni errará jamás.

Esto originó una crisis en los poderes seculares que provocó el surgimiento de antipapas que hicieran frente a Gregorio VII, el cual prohibió la investidura de obispos por parte de los poderes laicos, prohibición reiterada en un sínodo celebrado en Roma en 1075; los clérigos se debían a la Iglesia y no podían ser vasallos ni de reyes ni del emperador. Nació así la Disputa o Querella de las Investiduras.

Esta prohibición no fue admitida por el Romanorum Imperator augustus Enrique IV -tercer emperador de los cuatro de la dinastía salia– que continuó nombrando los obispos de Milán, Fermo y Spoleto, por lo que el papa le amenazó de excomunión y de deposición como emperador.

Enrique IV.

Enrique IV celebró un sínodo* en Worms en enero de 1076, deponiendo a Gregorio VII. La excomunión dictada por el papa, ya firme, liberaba a los súbditos de Enrique del vasallaje y la obediencia, por lo que temiendo un levantamiento de los príncipes electores alemanes, que habían acudido a reunirse en una dieta con el Papa, decidió ir al encuentro de Gregorio VII, en Canossa, y humillarse, solicitando su perdón.

El encuentro entre el Papa y Enrique tuvo lugar en el castillo de la condesa de Canossa. Enrique se presentó ante el Papa como pecador, sabiendo que, de esta forma, el pontífice en su calidad de sacerdote no podría negarle el perdón. En enero de 1077, Gregorio VII absolvió a Enrique IV de la excomunión a cambio de que se celebrara una dieta* para debatir la problemática de las investiduras eclesiásticas.

Carlo Emmanuelle. Encuentro entre el emperador Enrique IV y el Papa Gregorio VII en Canossa en 1077. 1630.

Eduard Schwoiser. Humillación de Canossa de Enrique IV ante el Papa para pedirle su perdón. 1852.

NOTAS

*Sínodo es un encuentro que mantienen autoridades eclesiásticas. Sínodo procede de la palabra griega synodos, que se traduce como reunión, y es fruto de la suma de dos elementos, el prefijo syn, que es sinónimo de con o junto, y odos, que es equivalente a ruta o camino.

Un sínodo, por lo tanto, puede ser un concilio. En este tipo de reuniones, los obispos y otros líderes se reúnen para tratar temas de doctrina o de organización eclesiástica.

En el caso de la Iglesia católica, es posible distinguir entre tres tipos de sínodos:

El concilio provincial que es el que puede celebrar un obispo metropolitano cada dos décadas, el concilio nacional, que cuenta con la participación del episcopado de todo el país en cuestión y se desarrolla una vez que es autorizado por el Papa, y el concilio ecuménico, que es convocado por el Papa y abierto a todos los obispos.

También existe el sínodo episcopal que es un encuentro de aquellos obispos seleccionados de diversas partes del mundo para estrechar la relación y los vínculos con el Papa. Es importante diferenciar entre el sínodo episcopal y el concilio ecuménico, ya que ambos son encuentros de obispos con el Sumo Pontífice; el sínodo apunta a relación personal, consultas y a la asesoría papal, mientras que el concilio suele fijar definiciones dogmáticas.

* Dieta es una asamblea para deliberación formal dentro de una organización política. La palabra deriva del latín medieval dietas, con raíz en dies -día-. El término es utilizado en este sentido debido a la regularidad con que se reunían tales asambleas.

La dieta solía reunir a los distintos estratos de la sociedad -nobleza, clero, burguesía, etc.- con el rey o emperador.

Las asambleas del Sacro Imperio Romano Germánico recibían la denominación de Dieta Imperial -Reichstag-.

*Concordato es un acuerdo, convenio o tratado entre la Santa Sede y un Estado con el propósito de regular sus relaciones en diversas materias. Los concordatos pueden realizarse sobre temas generales o sobre cuestiones concretas.

En el V concilio de Roma, en el año 1078, se reiteró la condena a las investiduras llevadas a cabo por laicos. Sin embargo, Enrique dilataba la celebración de la dieta acordada, por lo que Gregorio VII  lanzó contra el emperador una segunda condena de excomunión y lo depuso, nombrando nuevo emperador a Rodolfo, duque de Suabia, casado con la hermana de Enrique IV, a la cual había raptado cuando Enrique era aún un niño.

Esta segunda excomunión y el nombramiento de Rodolfo no tuvieron demasiado éxito. Respecto a la excomunión, los obispos alemanes y lombardos apoyaron a Enrique en esta ocasión, quien, en un sínodo celebrado en Brixen en 1080, hizo proclamar nuevo papa al antipapa Clemente III, y respecto a Rodolfo de Suabia, se enfrentó a él en la batalla del río Elster Blanco, en donde Rodolfo, a pesar de su victoria, perdió la vida, terminando de este modo con las molestias de su cuñado raptor.

Antipapa Clemente III y emperador Enrique IV.

Marchó sobre Roma, y en 1084, tras entrar en la ciudad, celebró un sínodo en el que se decretó la deposición y excomunión de Gregorio VII, confirmando al antipapa Clemente III, como Papa, procediendo a coronar en Roma como emperadores del Sacro Imperio Romano a Enrique IV y a su esposa Berta de Saboya.

Gregorio VII se refugió en Sant´Angelo pidiendo ayuda a los normandos, que acudieron, obligando a Enrique a abandonar Roma, aunque la ciudad eterna fue saqueada e incendiada por los ejércitos normandos, acción que desencadenó el levantamiento del pueblo de Roma contra Gregorio, que se vio obligado a retirarse a la ciudad de Salerno en donde falleció poco después, el 25 de mayo de 1085.

La disputa sobre las investiduras finalizó mediante el concordato de Worms en 1122, en donde quedaron separadas -teóricamente, que no de hecho- las eclesiásticas, de las laicas de los señores feudales.

Entrega de los símbolos de poder de Enrique IV a Enrique V.

Al antipapa, Clemente III le sucedieron Teodorico, Alberto y Silvestre IV, con el visto bueno de Enrique V -último emperador de la dinastía salía y sucesor de Enrique IV-, una verdadera dinastía de antipapas, hasta el concordato de Worms. Más adelante, los enfrentamientos entre papado e imperio se recrudecieron con el emperador Federico I Barbarroja, y se pueden contar doce antipapas hasta finales del siglo XII, todos supeditados a los deseos del emperador.

Tras el período carolingio, es decir tras Luis III el Ciego, el centro de gravedad de Europa Occidental se había desplazado desde la zona de los francos al otro lado del Rin, convirtiéndose Germania en la gran potencia regional, adquiriendo los señores feudales una gran relevancia política, nombrando entre ellos un rey para que fuera nombrado emperador.

Durante siglos, estos reyes alemanes trataron de afianzar su posición frente al resto de señores feudales que los eligieron -creando dinastías-, deseando también devolver a Europa la gloria imperial, haciéndose coronar emperadores en Roma, por el papa, como muestra de reafirmación divina.

En el año 1125 falleció el emperador Enrique V -último salio-, cuyo mandato fue un enfrentamiento continuo con los príncipes sajones y turingios aliados del papa, ya que, entre otras cuestiones, el emperador había sido excomulgado por el pontífice. Enrique se casó con la princesa Matilde, hija de Enrique I de Inglaterra, pero no tuvieron hijos, por lo que se extinguió su dinastía, dejando el problema sucesorio lleno de incertidumbres.

Las verdaderas luchas entre los Welf y los Hohenstaufen dieron comienzo en 1125, tras la muerte de Enrique V, cuando Lotario II de la Casa de Supplinburgo, subió al trono de Germania y del Imperio.

Los candidatos a ocupar el puesto dejado por el último salio fueron Lotario, duque de Sajonia, que estaba apoyado por la casa de Welf, y los hijos de Federico I de Suabia, inicialmente el primogénito Federico II duque de Suabia y posteriormente su hermano Conrado, sobrinos de Enrique V, apoyados por los Hohenstaufen como legítimos herederos, por haber sido nombrado Federico, Rey de Romanos -era el título del heredero del Sacro Imperio- por su tío el emperador. Al no alcanzar un acuerdo, los welfos nombraron emperador a Lotario II y los Honhestaufen a Federico, pasando a dirimirse el derecho a la corona en el campo de batalla. Las hostilidades terminaron en 1135 con el triunfo de Lotario II, pero su gobierno fue efímero porque murió dos años después y, aunque había nombrado heredero a su yerno Enrique el Soberbio u Orgulloso, un WELF, –Enrique X, duque de Baviera casado con Gertrudis de Supplinburgo, hija de Lotario II-, al cual su suegro, además de a su hija le había entregado Sajonia-. Los electores, escamados ante tanta acumulación de poder, optaron por Conrado III, al haberse retirado de sus aspiraciones imperiales su hermano mayor Federico, inaugurándose así la dinastía Hohenstaufen en el Sacro Imperio.

Tumba de Lotario II.

Conrado III en la Chronica Regia Coloniensis.

Los Hohenstaufen, conocidos más tarde por ghibellini -gibelinos-, fueron una dinastía de monarcas de Alemania y Sicilia, originaria de la región de Suabia, de la que cuatro de ellos, fueron investidos con la corona del Sacro Imperio Romano Germánico.

El nombre, está tomado de un castillo de su propiedad en Suabia  –Waiblingen– ,y el primer representante de esta casa del que se tienen noticias fue Federico de Büren, cuyo primogénito Federico I de Suabia -primero conde y luego duque-, casó con la única hija del emperador salio Enrique IV y de Berta de Saboya, Inés de Alemania, recibiendo entonces Suabia como condado. En 1125, al morir Enrique V sin más descendencia que Inés, los Hohenstaufen de Suabia, recibieron las posesiones de los salios, por ser ella la única heredera.

Federico I de Suabia e Inés de Alemania tuvieron dos hijos varones, Federico II de Suabia y Conrado -más tarde emperador Conrado III-. Federico II apoyado por su hermano Conrado, intentó que la corona imperial fuera para él, pero como se dijo anteriormente, fue conseguida por Lotario II. A partir de ahí, desistió Federico e insistió Conrado, que, a los dos años, a la muerte de Lotario II, aunque este último nombrara Rey de Romanos a su yerno Enrique el Soberbio u Orgulloso, fue coronado como Conrado III, emperador.

El primogénito de Conrado, Enrique, murió antes que él, y el segundogénito Federico, fue recomendado por su padre a los electores para que no lo elevaran a la dignidad imperial, eligiendo sucesor y nombrando Rey de Romanos, al hijo de su hermano Federico II de Suabia y Judith de Baviera, Federico I Barbarroja.

Federico I Barbarroja con sus hijos.

Conrado III estuvo en el trono hasta su muerte en 1152, sucediéndole su sobrino Federico I Barbarroja, que sería quien llevaría el enfrentamiento entre güelfos y gibelinos a Italia dos años más tarde, al querer incorporar varios territorios del norte de la península itálica al Sacro Imperio. Los güelfos, formando parte de la Liga Lombarda, derrotaron a Federico I en 1176 en la batalla de Legnano, que tuvo lugar el 29 de mayo entre las localidades de Legnano y Borsano, en la región septentrional de Milán, en Lombardía, en donde las tropas lideradas simbólicamente por el Papa Alejandro III, bloquearon el camino a Pavía, en donde estaban gran parte de las fuerzas teutonas, impidiendo que se unieran al resto del ejército imperial.

La battaglia di Legnano de 1176, obra de Massimo d´Azeglio de 1831. 

A Federico I Barbarroja le sucedió su hijo Enrique VI, rey de Alemania y emperador del Sacro Imperio, y rey de Sicilia por su matrimonio con Constanza de Sicilia. Con Enrique VI comenzaron en Italia las guerras de los gibelinos con los partidarios del Papa, los güelfos, por sus propósitos de anexión de Sicilia al imperio, rechazados de plano por el pontífice.

Enrique VI.

Tras una actuación de gran crueldad por parte de Enrique VI, al reprimir una sublevación en Catania, su mujer Constanza se puso del lado de los rebeldes, los cuales sitiaron al emperador, obligándole a negociar. Murió en Mesina de Malaria. Su muerte y la de su mujer al poco tiempo, hicieron que su hijo Federico heredara el reino de Sicilia, entrando el imperio en un periodo de anarquía, por una parte con Felipe de Suabia, hermano de Enrique VI, y por otra Otón IV, de los Welf, hijo de  Enrique el León, luchando por el título imperial, el cual consiguió en primera instancia el representante de los Welf en 1209, durante 6 años, siendo depuesto en 1215 y conferida la corona imperial a Federico II -hijo de Enrique VI Hohenstaufen y Constanza de Sicilia-, tras la derrota de Otón en la batalla de Bouvines.  Federico II fue emperador hasta 1250 acabando con él, la casa de Hohenstaufen en la corona del imperio. Con el nieto de Federico II en 1268, Conradino, se extinguió la casa de los Hohenstaufen.

La casa de Welf es la rama más antigua de la casa de Este, familia noble italiana, que fueron duques de Ferrara y de Módena desde el siglo XIII, habiendo tomado su nombre del castillo de Este, cerca de Padua, en el siglo IX. La casa de Welf, más tarde casa de Baviera, es una dinastía a la que han pertenecido varios monarcas británicos y alemanes desde el siglo XI hasta el XX.

El primer miembro destacado de esta casa fue Güelfo IV que heredó de su tío el ducado de Carintia, y en 1070 se convirtió además en I duque de Baviera. Su hijo, Güelfo II de Baviera el Gordo, se casó con la condesa Matilde de Canossa -26 años mayor que él-, buscando fortalecer la relación entre su familia y el papa Urbano II durante la Querella de las Investiduras. En la campaña de Italia de 1090 del emperador Enrique IV, Matilde y Güelfo II lucharon contra el emperador. Güelfo II buscó con ese matrimonio incorporar a la familia los dominios de Matilde en la Toscana, Ferrara, Módena y Reggio.

Güelfo II de Baviera y Matilde de Canossa.

Al enterarse Güelfo II que Matilde había transferido en secreto sus bienes a la Iglesia antes de su matrimonio, la abandonó en 1095, y junto a su padre, se puso de parte del emperador Enrique IV, posiblemente a cambio de las promesas de suceder a su padre como duque de Baviera, y de la ayuda para recuperar la herencia transferida por su mujer a la Iglesia.

Tras la muerte de su padre, Güelfo II, heredó el ducado de Baviera, y naturalmente continuó su alianza con el emperador.  No volvió a casarse y murió sin hijos en 1120.

Le sucedió su hermano Enrique IX de Baviera, primero de los tres enriques de la dinastía Welf, convirtiéndose a partir de aquí en aliados papales: Enrique IX de Baviera el Negro -1120 a 1126-, Enrique X de Baviera el Soberbio -1126 a 1139-, que a punto estuvo de heredar la corona imperial de su suegro Lotario II, y al que el emperador Conrado III desposeyó de sus ducados, y Enrique XI de Baviera el León, que recuperó los ducados de Sajonia y Baviera arrebatados a su padre.

Enrique XI de Baviera el León se casó con Matilda, hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, hermana de Leonor Plantagenet -mujer de Alfonso VIII de Castilla-, de Ricardo Corazón de León y de Juan sin Tierra-.

 

Enrique X el Soberbio.

Enrique XI el León.

Tras la batalla de Legnano en 1176, formando los Welf parte de la Liga Lombarda, fue desposeído de sus ducados alemanes por el derrotado emperador Federico I Barbarroja y desterrado a la corte inglesa de su suegro. Regresó a Alemania tres años después, como duque de una parte de Sajonia y duque de Brunswick-Lunemburgo, muriendo en 1195.

En 1198 las querellas renacerían con fuerza, al intentar conseguir de nuevo los Welf, para su familia, el trono del Sacro Imperio con Otón de Brunswick -hijo de Enrique el León-.

El hijo de Enrique el León, Otón el güelfo de Brunswick, fue elegido rey de Alemania y coronado emperador del Sacro Imperio con el nombre de Otón IV, tras la muerte de Enrique VI Hohenstaufen sin descendencia, tras vencer a Felipe de Suabia -hermano de Enrique VI- y al niño Federico II -hijo de Enrique-. Ciñó la corona durante 6 años, siendo depuesto en 1215, siendo coronado Federico II -de nuevo y por último un Hofenstaufen– tras la derrota de Otón en la batalla de Bouvines en julio de 2014.

Otón IV de la casa de Welf con el papa Inocencio III.

La batalla de Bouvines en 1214. 

Los Welf de Brunswick-Luneburgo continuaron gobernando sus territorios hasta la caída de las monarquías germánicas tras la primera guerra mundial.

Federico II Hohenstaufen -emperador entre 1215 y 1250- fue el último emperador con pretensiones universales. Tras su desaparición, Europa, se disgregó de manera irreversible, aunque güelfos y gibelinos se siguieron enfrentando, y su influencia internacional en todo Occidente continuó al menos durante un siglo.

Tumba de Federico II en la catedral de Palermo.

DENOMINACIONES

Las denominaciones de güelfos –Welf– y gibelinos –Hohenstaufen- son una italianización de los apellidos de las dos familias alemanas que rivalizaron por el poder del Sacro Imperio Romano Germánico en los siglos XII y XIII: los Welf   y los señores de Waiblingen -ghibellino-, los Hohenstaufen.

La italianización de Welf a güelfo parece sencilla, así que intentaremos explicar la de gibelino, algo más compleja.

La ciudad de Waiblingen -originaria de los Hohenstaufen- aparece mencionada por primera vez en documentos carolingios del año 885, en la época de Carlos III el Gordo. Recibió su carta municipal en 1250, siendo propiedad de los reyes salios, de quienes la heredaron los duques Hohenstaufen de Suabia. Está íntimamente ligada al conflicto entre güelfos y gibelinos en los siglos XII y XIII.

Waiblingen.

Durante el asedio del castillo de Weinsberg –propiedad de los Hohenstaufen, aunque ocupado por los Welf– en 1140, los Hohenstaufen, liderados por Conrado III de Alemania y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, utilizaron wibellingen, una versión del nombre de su ciudad, Waiblingen, como grito de guerra; el grito de guerra wibellingen, derivó posteriormente en palabra pronunciada por los italianos como ghibellino.

 

Las mujeres de Weinsberg cargando con sus maridos a cuestas en una ilustración del siglo XVI.

Las tropas imperiales sitiaron el castillo, defendiéndose los sitiados con tanta fe, que Conrado desvió el río Sulm para privarles de agua e intentar evitar que las aves sobrevolasen el lugar, para impedir su caza. Eso tampoco doblegó a los asediados, así que el emperador lanzó un ultimátum a la plaza, advirtiendo que, si no entregaban el castillo, le prendería fuego con los defensores dentro. Los sitiados apelaron a su benevolencia para que, al menos, dejara salir a las mujeres. Conrado aceptó, y también cedió en la petición de ellas de llevarse sus bienes más preciados siempre que pudieran llevarlos ellas mismas, sin ayuda de animales o carros. A la mañana siguiente, se abrieron las puertas y los soldados atacantes vieron a las mujeres salir cargando en sus hombros a los hombres, ya fueran maridos, padres o hijos. Conrado, supo encajar bien lo llevado a cabo por las mujeres, y permitió su marcha, ya que se ajustaba a lo pactado y él, además, había recuperado su castillo. El pueblo rebautizó la fortaleza con el nombre de Weibertreu, que significa fe de la mujer.

Música: Nessum Dorma, -¡Qué nadie duerma!- de la ópera Turandot de Giacomo Puccini. Luciano Pavarotti.

ENSO: El Niño y la Niña y la Southern Oscillation, NAO, AO y Teleconexiones atmosféricas. Parte 2.

LA NIÑA es también un fenómeno que provoca primero la perturbación del sistema oceánico y posteriormente la de la atmósfera.

La Niña es el término con el cual se conoce el enfriamiento anormal de las aguas ecuatoriales del Océano Pacífico Tropical. Este enfriamiento, tiene gran influencia en las condiciones climáticas de muchas partes del mundo, aunque de manera distinta, y en algunas ocasiones opuesta, a como lo hace El Niño.

El calentamiento del área oeste del Pacífico, que se produce en condiciones normales, cuando la velocidad de los alisios se incrementa, hace que la masa de agua fría ascienda significativamente en la costa oeste de Sudamérica, para llenar el espacio ocupado nteriormente por el agua superficial cálida que se desplazó hacia el oeste.

Termoclina de La Niña.

Con la Niña, se puede observar cómo la intensificación de la fuerza de los vientos alisios hace que las aguas frías del Pacífico oriental penetren en la parte central de la masa marítima cálida, en una lengua de agua fría que continuara hundiéndose por ser agua menos pesada que la cálida -fría-, hacia el oeste del Pacífico, provocando una evaporación intensa que terminará en precipitaciones mucho mayores de las habituales en la parte oriental del continente asiático. La parte occidental de Sudamérica permanecerá más fría y seca de lo habitual.

Tanto la Niña como el Niño son fenómenos cíclicos irregulares en el tiempo.

La Niña. Flujo atmosférico.

La Oscilación del Atlántico Norte –NAO– es un fenómeno climático que se produce, como su nombre indica, en el norte del océano Atlántico, en donde las fluctuaciones por la diferencia de presión atmosférica entre la baja islandesa y la alta de las Azores o anticiclón de las Azores, modifican, los vientos del oeste y las formaciones tormentosas, controlando la fuerza y dirección de los mismos.

El índice NAO (North Atlantic Oscillation) mide la diferencia de presión atmosférica a nivel del mar entre Islandia y la zona de las Azores. Esa diferencia es la que provoca la oscilación atmosférica, que da lugar a un fenómeno climático en el océano Atlántico.

Tiene dos fases: la positiva y la negativa.

La Oscilación del Atlántico Norte –NAO- es una fluctuación a gran escala, y su influencia se extiende desde Norteamérica a Europa, alcanzando el Norte de Asia. Aunque el índice NAO varía anualmente, presenta una tendencia a permanecer en la fase positiva o negativa durante intervalos de varios años.

Cuando el NAO es positivo se produce una intensificación de la alta presión subtropical de las Azores y de la baja presión polar islandesa -aumentando significativamente la diferencia de presión-. Este incremento en la diferencia de presión da lugar a un aumento en el número e intensidad de las tormentas invernales, que, con dirección suroeste-nordeste, aunque no sometiéndose totalmente a los vientos del oeste dominantes de la zona templada, cruzan el Océano Atlántico, provocando inviernos calientes y húmedos en el norte de Europa,  inviernos fríos y secos en Canadá y el norte de Groenlandia, e inviernos suaves y húmedos en la parte este de Estados Unidos; en la mayor parte de la Península Ibérica disminuye la precipitación invernal.

Cuando el NAO es negativo, disminuyen las altas presiones subtropicales de las Azores y también la baja presión de Islandia. El menor gradiente en la diferencia de presión hace que la trayectoria de las tormentas se desplace oeste-este, empujada por los vientos dominantes del oeste de la zona templada del Hemisferio Norte, haciendo además que disminuyan las tormentas en número e intensidad. Ese aire húmedo desplazado hacia el Mediterráneo, lleva al sur de Europa un aumento de la precipitación, y frío al norte de este continente, experimentando la costa este de Estados Unidos entradas de aire frío y de nevadas, siendo sin embargo en Groenlandia las temperaturas en invierno más suaves.

También se puede mencionar otra oscilación de cierta importancia: La AO –Artic Oscillation–

El índice AO mide las diferencias de presión entre el Ártico y las latitudes medias del hemisferio norte.

Tiene una Fase positiva que se caracteriza por la presencia de borrascas y masas de aire frío en latitudes altas, y altas presiones en latitudes medias. El Vórtice Polar* es muy fuerte y el Chorro Polar* no presenta demasiadas ondulaciones. El aire frío queda entonces, por lo general, alojado en las regiones árticas y no hay grandes desalojos fríos hacia latitudes medias.

*El Vórtice Polar es un ciclón persistente a gran escala en las zonas polares terrestres, situado en la media y alta troposfera y estratosfera, envolviendo las altas presiones polares, formando parte del frente polar.

Vórtice  Polas Estable y Perturbado.

*El Chorro Polar a grandes rasgos es una una corriente de vientos muy intensos -entre 150 y 300 km/h- que circula a unos 9.000 metros de altitud y cuyo recorrido gira en torno al Polo Norte y de Oeste a Este -de Norteamérica a Europa y Rusia-.

El AO tiene también otra Fase negativa: la situación se invierte y el Vórtice Polar no es tan estable y ello provoca en el Chorro Polar una mayor tendencia a ondularse. Las altas presiones ganan presencia en las latitudes altas y es frecuente el paso de borrascas por latitudes medias-bajas, así como el impulso de aires fríos hacia el sur.

TELECONEXIONES

La TELECONEXIÓN en la ciencia atmosférica, es la interrelación entre las anomalías climáticas a grandes distancias.

Sería interesante señalar porque nos afecta a los españoles, lo que es la WeMO -Oscilación del Mediterráneo Occidental-, una TELECONEXIÓN regional que permite relacionar la diferencia de presiones entre el SW de la península ibérica y el norte de la itálica, útil para el estudio de las a menudo lluvias torrenciales en la costa mediterránea.

En la península ibérica, los principales patrones atmosféricos son las tres teleconexiones que tienen influencia en las precipitaciones: las que provocan NAO, WeMO y ENSO.

El NAO tiene unos efectos más importantes en la distribución de la precipitación invernal al oeste, centro y suroeste de la península ibérica. La WeMO afecta a la variabilidad de precipitación de la fachada mediterránea, especialmente en otoño y El Niño -ENSO- tiene unos efectos menos importantes en la distribución de la precipitación global peninsular, a pesar de que parece que tiene correlación con la precipitación de las Baleares y la fachada mediterránea.

DANA

El término DANA, es el acrónimo de Depresión Aislada en Niveles Altos. Es lo que antiguamente se conocía como gota fría.

El acrónimo se asocia a lluvias torrenciales, fuertes vientos e inundaciones descontroladas.

La DANA es una depresión atmosférica aislada en niveles altos que se produce por el choque de una masa de aire frío desprendido en altura con el aire caliente de la superficie. Este fenómeno, que tradicionalmente se ha denominado gota fría, da lugar a chubascos y tormentas intensas. Así, una masa de aire frío en el núcleo de la atmósfera que entra en contacto con aire más cálido cerca del suelo genera inestabilidad, lo que favorece la formación de nubes que causan tormentas fuertes.

Las causas pueden ser dinámicas -asociadas al fenómeno- y termodinámicas -por la diferencia de temperaturas-. En el hemisferio norte y en latitudes medias, lo normal es que las borrascas y los anticiclones, circulen de oeste a este, pero en ocasiones se forman ondulaciones y una de las ondas forma una especie de bolsa de aire frío y queda aislada con un movimiento errático.

El movimiento errático de la masa de aire frío dificulta la previsión de su trayectoria, señalando, además, que una DANA puede provocar mal tiempo, pero también altas temperaturas porque, si está ubicada muy al oeste, genera la entrada de viento del sur y subida de los termómetros.

Música: Corte de Albinoni.

ENSO: El Niño y la Niña y la Southern Oscillation, NAO, AO y Teleconexiones atmosféricas. Parte 1.

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