EL IMPERIO LATINO. ANTECEDENTES. Parte 1

La Segunda Cruzada convocada en 1145 por el Papa  Eugenio III, contó con la participación de  Luís VII de Francia -marido de Leonor de Aquitania que luego casó con Enrique II de Inglaterra y tuvo 8 hijos entre a Leonor, mujer de Alfonso VIII de Castilla-, del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III  y de numerosos nobles, cuyos ejércitos marcharon por separado a través de Europa, siendo derrotados por los turcos  selyiúcidas al atravesar Anatolia. Tras estas derrotas, Luis VII y Conrado III con los restos de sus ejércitos continuaron hacia Jerusalén –ocupada por  los cristianos desde 1099, año en que se constituyó el reino de Jerusalén tras la conquista de la ciudad–  organizando un desacertado ataque sobre Damasco. La cruzada fue un fracaso para los ejércitos cristianos y una gran victoria para los  musulmanes, que cuarenta años más tarde y debido al mal gobierno de Guy de Lusignan, sucesor de Balduino V «el Leproso», hizo que Jerusalén cayera en manos de Salah ad- Din Yusuf ibn Ayyub –Saladino– y sus musulmanes en 1187.

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Saladino. 1185. Ismail al Jazari.

Tras la conquista de Jerusalén por los musulmanes, el Papa Gregorio VIII, proclamó que la caída de la Ciudad Santa, había sido un castigo por los pecados de los cristianos de toda Europa, y comenzó a publicar bulas para motivar la puesta en marcha de la Tercera Cruzada.

La Tercera Cruzada (1187-1191), conocida como la Cruzada de los Reyes, fue un intento de los cristianos europeos de reconquistar Tierra Santa.  No logró su objetivo, aunque consiguió éxitos parciales.

Felipe II de Francia –primero Francia porque Inglaterra era su vasalla– y Enrique II de Inglaterra -que le había quitado a su hijo Ricardo su prometida Alicia de Francia,  convirtiéndola en su amante-, casado con Leonor de Aquitania, pusieron fin a sus múltiples conflictos –Leonor de Aquitania había sido mujer del francés con dos hijas y ahora ya tenía 8 hijos con el inglés, entre ellos Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra– para llevar una nueva cruzada, aunque la muerte de Enrique en 1189 dejó a los ingleses bajo el gobierno de Ricardo Corazón de León. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico I Hohenstaufen, Barbarroja, respondió a la llamada de la cruzada, y dirigió un ejército poderoso a través de Europa y Anatolia, pero  él se ahogó en el mar antes de llegar a Tierra Santa. Muchos de los componentes de su ejército abandonaron la empresa.

El Dux reclutando para las Cruzadas

El Dux de Venecia reclutando  soldados para la Tercera Cruzada. Jean Leclerc. 1621. Óleo sobre tela. 120×90 cms. Palazzo Ducale. Venecia.

Después de expulsar a los musulmanes de Acre una de las ciudades más antiguas del mundo, creada 1500 AC, el sucesor en el mando de los alemanes de Federico Barbarroja, Leopoldo V «el Virtuoso» de la familia Babenberg -duque de Austria, entre 1177 y 1194 y duque de Estiria de 1192 a 1194-, y Felipe II de Francia abandonaron la cruzada y salieron de Tierra Santa en 1191, debido a feos gestos  realizados por Ricardo I de Inglaterra Corazón de León, como fue quitar y tirar a un foso la bandera de la casa de Austria de Leopoldo, que ondeaba en Acre, y poner la suya (esto le costaría un año de prisión y 150.000 marcos de plata posteriormente).

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Muerte de Federico I Hohenstauffen Barbarroja ,Gustave Doré. S XIX. Plumilla.

Saladino no pudo derrotar a Ricardo en ningún enfrentamiento militar, asegurando éste varias ciudades costeras muy importantes: Acre y Jaffa, además de constituir el reino de Chipre que luego vendería  a la orden del Temple, y ésta a Guy de Lusignan. Sin embargo, el 2 de septiembre de 1192, Ricardo firmó un tratado de no agresión con Saladino por 3 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días,  por el que Jerusalén permanecería bajo control musulmán, pero permitiendo a los peregrinos cristianos visitar la ciudad. Ricardo salió de Tierra Santa el 9 de octubre de ese año. Los éxitos de la Tercera Cruzada permitirían a los cruzados mantener un reino considerable con su sede en Chipre y la costa de Siria, sin embargo, su incapacidad para recuperar Jerusalén daría lugar a la iniciación de una Cuarta Cruzada seis años más tarde. El regreso de Ricardo a su Inglaterra fue muy largo por naufragar en las costas del Adriático cerca de Venecia y ser hecho prisionero por el duque de Austria y entregado a Enrique VI de Alemania, que lo tuvo un año encarcelado hasta recibir un rescate de 150.000 marcos de plata que pagó su madre Leonor de Aquitania, ya que su hermano Juan Sin Tierra, no sólo no hubiera pagado nada, sino que además le había arrebatado el trono durante su ausencia, de acuerdo con Felipe II de Francia, aunque Ricardo  lo recuperó a su regreso.

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Ricardo I Plantagenet Corazón de León. Merry-Joseph Blandel. 1841. Óleo sobre tela. 114×170 cms. Palacio de Versalles. 

Y es en 1198 cuando el Papa Inocencio III comienza a predicar una nueva Cruzada, la Cuarta. Veamos los motivos aducidos, las intenciones ocultas o manifiestas de unos y otros, y los objetivos finales logrados, de los que la consecuencia más importante no fue otra que la creación del IMPERIO LATINO.

Inocencio III estaba deseoso de establecer la autoridad de la  Santa Sede en todo el orbe cristiano, teniendo gran interés por los asuntos de los Estados cristianos de Oriente, y sobre todo anular o disminuir la autoridad de los patriarcas ortodoxos, especialmente la del Ecuménico de Constantinopla, que es primus inter pares entre todos ellos.

Por otro lado, en la última década del siglo XII había ido intensificándose la rivalidad entre Enrique VI de Alemania –de la dinastía Hohenstauffen, sucesor de Federico Barbarroja– y el emperador bizantino Isaac II Ángelo, al cual le fue exigido el pago de los gastos generados por la participación de las tropas de Federico I Barbarroja –su padre– en la Tercera Cruzada, ya que uno de los motivos de la misma, fue coadyuvar a la protección del Imperio Bizantino   del acoso   musulmán. Enrique, su hijo y sucesor, exigía de Bizancio la entrega de la región de los Balcanes y el pago de los daños sufridos por la expedición de Barbarroja. Su política en Oriente, al aceptar el vasallaje de los reyes de Armenia y de  Chipre, fue de deliberada hostilidad hacia Bizancio.

Entra dentro de lo lógico que Enrique considerara la posibilidad de dirigir una nueva potencial cruzada contra Constantinopla. Sin embargo no pudo ser porque  falleció en 1197 en Mesina. Su hermano y sucesor al trono alemán, Felipe II de Suabia,  además de los mismos motivos de su hermano, ya expuestos, tenía especiales intereses de gran importancia en Bizancio, ya que estaba casado con Irene Ángelo, hija del emperador bizantino Isaac II Ángelo, que había sido depuesto en 1195 por su hermano Alejo III Ángelo. Irene Ángelo –la rosa sin espinas, la paloma sin malicia–, viuda del rey Roger III de Sicilia, le podría proporcionar la corona del Imperio Bizantino, o al menos el manejo de su posible emperador, Alejo IV hermano de su mujer y de momento invitado y residente en su corte.

La ciudad-estado de Venecia, principal potencia marítima en el Mediterráneo oriental, tenía fuertes intereses comerciales en los territorios bizantinos, y muy especialmente en su capital Constantinopla, y vía abierta hacia el mar Negro y a las rutas de las especias por el este. Desde finales del siglo XII gozaban de privilegios especiales para comerciar en el Imperio Bizantino, pero en 1171 el emperador Manuel I Conmeno ordenó la detención de los comerciantes venecianos y la confiscación de sus bienes, lo cual provocó la suspensión de la actividad comercial entre Venecia y Bizancio, inactividad que se prolongó por espacio de quince años, siendo especialmente duro para Venecia, ya que los bizantinos continuaban comerciando con Génova y Pisa. En 1185, Venecia acordó con el emperador Andrónico I Conmeno en Constantinopla, reanudar las relaciones comerciales, exigiendo el abono de compensaciones por las propiedades confiscadas en 1171, que nunca llegó a hacerse efectiva. Bizancio, explotaba hasta ese momento y en beneficio propio la rivalidad comercial de Venecia con otras ciudades-estado italianas, como Génova y Pisa. Venecia necesitaba asegurarse la supremacía comercial en Oriente, desplazando definitivamente a sus rivales.

Con estos mimbres, se comenzó a predicar una nueva cruzada. Su llamamiento, sin embargo, tuvo poco éxito entre los monarcas europeos. Los alemanes, aun deseándolo,  estaban enfrentados al poder papal, en tanto que Francia e Inglaterra se encontraban combatiendo la una contra la otra. Finalmente se acordó la organización inmediata de un ejército cruzado en un torneo organizado en Ecri por el conde Teobaldo de Champaña en noviembre de 1199.

Teobaldo fue nombrado jefe de este ejército, del que también formaban muchos señores del norte de Francia y de los Países Bajos añadiéndose algunos caballeros alemanes -entre ellos BALDUINO IX DE FLANDES, más tarde primer emperador del IMPERIO LATINO- y varios nobles del norte de Italia, como Bonifacio, marqués de Monferrato.

El control bizantino sobre los Balcanes era escaso y en consecuencia, las dificultades por cuestiones de seguridad, para marchar por tierra  a Oriente eran grandes. Por mar era lo idóneo, pero la expedición de los cruzados carecía de flota para trasladarse a la zona de Jerusalén.

Los cruzados enviaron negociadores a los poseedores de flotas capaces para 35.000 hombres y 4.500 caballos (luego fueron menos) como Venecia o Génova para contratar el transporte. Guillermo de Villehardouin llegó a un acuerdo con la República de Venecia en abril de 1201 para el transporte de la expedición hasta Egipto por 85.000 marcos de plata.

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Itinerarios de las ocho  cruzadas.

Se desembarcaría en Egipto, desde donde se avanzaría por tierra hasta Jerusalén.  En 1201 murió Teobaldo de Champaña, y los cruzados eligieron como nuevo jefe de la expedición a Bonifacio de Monferrato. Éste, firme partidario de los Hohenstaufen, conoció en la corte de Felipe II de Suabia a Alejo, hijo del defenestrado emperador Isaac II Ángelo -depuesto y ordenado ser cegado por su hermano Alejo III Ángelo-, quien deseaba contar con la ayuda de los cruzados para recuperar el trono imperial que le correspondía por herencia.

 To be continued in second and  not last chapter.