AIDA Parte 1.

Los primeros datos en relación a la actual Etiopía, proceden de mercaderes egipcios que la visitaron desde el año 3000 a. C., quienes dieron a esa tierra, al sur de Nubia y de Kush, los nombres de Punt y  Yam: era la «tierra de los dioses», de donde los egipcios se proveían de incienso, mirra, ébano, marfil y esclavos.

Posible ubicación del reino de YAM.

Posible ubicación del reino de PUNT.

Desde que conozco la Historia, nuestro pueblo lleva en su genética, la tendencia a expandirse por Nubia, el desierto de Libia, Sudán y Etiopía; el término Etiopía en la Antigüedad, no señalaba lo mismo que hoy día: los antiguos griegos utilizaban la palabra Aithiopia (Αἰθιοπία), que significa «el país de los rostros quemados» para, en un sentido amplio, referirse a cualquier lugar situado al sur de Egipto.

Vivíamos en la época del denominado Imperio Nuevo, dinastía XIX, 784 años después del primer orto helíaco de Sirio después de Menes -1198 a.C.- con la capital en Tebas, en el centro del país, aunque en aquellos momentos, la Corte y los sacerdotes de Amón se encontraban en Menfis, al norte, cerca del delta.

En las frecuentes incursiones, que nos eran ordenadas por el Faraón por las tierras de Etiopía, mi amigo Radamés fue siendo promovido a los más altos cargos del ejército egipcio, por sus demostrados –de forma continuada- valor, sagacidad y prudencia, llevando consigo a Menfis y Tebas gran cantidad de tesoros y esclavos.

Una de las esclavas capturadas en la última incursión, en la que Radamés era ya uno de los mandos de mayor rango del ejército del faraón, y que decía llamarse Aida, a pesar de los harapos que la adornaban, atraía continuamente las miradas de todos los egipcios, tal eran su extraordinaria  belleza, sencillez y majestuosa actitud, hasta el punto que el general Radamés, fijó su atención en ella, reclamándola para formar parte de los seleccionados para el servicio de la Corte faraónica.

Al llegar a Menfis, Aida entró a formar parte del servicio de la Corte como esclava de la princesa Amneris, hija del faraón. La bella esclava mantenía en secreto su linaje –era hija del rey etíope Amonasro– para evitar las presiones que pudieran realizar sobre su padre si hubieran conocido este extremo, mientras éste, planeaba su rescate, preparando la invasión y ocupación de Egipto.

Mientras, en el palacio menfita, Radamés se enamoraba cada día un poco más de Aida, teniendo que luchar contra ese sentimiento, ya que al margen de ser una esclava etíope, él,  era objeto del amor de la hija del faraón, Amneris, la cual no permitiría en modo alguno compartir los sentimientos de Radamés con nadie, sospechando ya la princesa, del enamoramiento mutuo del general y su esclava.

Ramfis, el sumo sacerdote de Egipto, mandó llamar a Radamés, para conocer su opinión acerca de la actitud y situación en ese momento de los etíopes con respecto a Egipto, pareciéndoles a ambos, que la guerra sería inevitable, ya que estaban movilizando y armando a la población, expresando  Radamés su esperanza, de que en caso de que el enfrentamiento se produjera, fuera el nombrado comandante en jefe del ejército egipcio. 

Radamés soñaba tanto con el mando del ejército faraónico y obtener la victoria en el campo de batalla, porque  así podría utilizar esa circunstancia, para conseguir el amor de Aida, a la que amaba en secreto, y cuyos sentimientos hacia ella ya no podía controlar.

El enamorado esperaba que con la gloria que anhelaba conseguir, podría tomar a Aida, coronarla  y subir con ella a un trono junto al sol, sin preocuparse entonces de la princesa Amneris, que estaba loca de amor por él, acosándole constantemente; Aida -que también estaba enamorada de Radamés -aunque igualmente lo mantenía en secreto- también soñaba y deseaba con locura la gloria del general  para verle feliz, aunque tuviera sentimientos encontrados, ya que el triunfo de Radamés supondría  la derrota de su padre Amonasro y de su pueblo.

Por fin el faraón y el Sumo Sacerdote, nombraron a Radamés general en jefe, entregándole los símbolos sagrados del mando, bendecidos por los dioses, partiendo con sus tropas hacia la batalla, de la que regresó victorioso con gran número de prisioneros, entre los que Aida descubre a su padre el rey Amonasro, aunque todos los etíopes se habían conjurado para señalar que su rey había muerto en el combate, trasmitiendo a Aida la necesidad de mantener este secreto.

To be continued in part 2 and  last.