Pendemos de un hilo? Y del futuro qué?

Nos referimos al decir “pender de un hilo”, a situaciones que están al límite, a punto de finalizar, fracasar o irse al garete*: su futuro en la empresa  pende de un hilo; está en coma y su vida pende de un hilo…

¿Qué hilo es ése?

La expresión se generó a partir de las mitologías griega –Moiras– o romana –Parcas (para nosotros más conocidas), nórdica –Nornas– o báltica –Laimas-,  que contienen una fábula en la que se explica como la vida del ser humano está controlada desde siempre por tres diosas hermanas hilanderas: una mueve la rueca, otra hila midiendo la longitud del hilo, y la tercera lo corta. Las hermanas eran las personificaciones del destino, controlando alegóricamente el hilo de la vida de todos los mortales y también el de los dioses, señalando el nacimiento, vida y muerte y llevando las almas –una vez cortado el hilo de la vida- al Cielo, Purgatorio o Infierno.

Moira significa «la porción asignada” y según casi todas las genealogías, son entidades preolímpicas hijas de Nicte -la Noche-, por tanto deidades primordiales en la mitología griega.

La primera de las Moiras, ClotoNona en la mitología romana- se sitúa en la puerta  del Cosmos, y preside los alumbramientos de todos los seres, su acceso a la vida, determinando el momento del nacimiento, llevando un ovillo de lana –blanca, negra y con hilos de oro-, haciendo girar una rueca e hilando el destino de los hombres y dioses: el hilo de oro señala los momentos felices, el negro los desdichados y el  blanco la normalidad.

La segunda, LáquesisDécima en Roma-, devana el hilo en un huso, controlando y determinando la longitud del hilo, dirigiendo el curso de la vida, siendo la patrona de los matrimonios, presidiendo las alianzas que acontecen en el seno del Ser; con el hilo que devana, realiza los matrimonios entre lo celeste y lo terrestre, lo divino, lo humano y lo infrahumano, tejiendo la malla cósmica y sus múltiples relaciones.

La tercera, ÁtroposMorta en Roma-, la INFLEXIBLE, corta el hilo de la vida con su tijera, eligiendo la forma de la muerte, situándose a la salida del Cosmos y a la entrada de la Eternidad, cerrando el ciclo vital.

Cloto, Átropos y Láquesis. Relieve romano. Schloss Tegel. Cerca de Berlín.

En la mitología nórdica, los nombres de las hilanderas son Urðr –lo que ha ocurrido-, Verðandi –lo que ocurre ahora- y Skuld –lo que ocurrirá-. En la báltica, Laima, Kārta y Dēkla.

Es por ello que la vida de cada uno de los mortales e inmortales pende de un hilo, y son esas tres divinidades quienes controlan el destino de todos. Según la propia fábula, los mismísimos Dioses las temen y están sujetos a los designios y caprichos de tan distinguidas hilanderas.

La muerte, dicen algunos poetas que nos iguala a todos, pero no parece muy preciso el aserto. Las muertes de Julio  César, Hitler, Sócrates, Rasputín, Alejandro Magno y tantos otros, llevan siglos, en algunos casos, sin haber sido olvidadas. Hay muertes sin nada que las recuerde, otras con esquela, las que se incluyen en un obituario y las que dan para mucho tiempo, aunque la inmensa mayoría de nosotros moriremos de forma anónima, fútil y en voz baja -por cortesía- bajo cualquier viento.

Y es que lógicamente, lejos de igualarnos, la muerte no hace más que rematar la inequidad que existe –afortunadamente, pienso- en vida, entre los seres humanos.

Es  posible que desde los neandertales, el humano ya soñara con la inmortalidad, y por eso, o por cualquier otra razón, nunca hemos aprendido a convivir con la muerte ni podemos tener experiencia propia de ella por motivos obvios. La muerte es un fenómeno biológico, pero no podemos evitar rodearla de valores simbólicos  y lecturas que tratan de ser trascendentes.

Giovanni Antonio Bazzi -Il Sodoma-. Las Parcas. 1535. Óleo sobre lienzo. Glería Nacional de Arte Antiguo. Roma.

En los tiempos actuales, la inmortalidad se analiza desde un ángulo científico y tecnológico, y ahí sí que se está progresando  a gran velocidad: la medicina regenerativa fabrica células, tejidos y órganos para sustituir a los que se han dañado por enfermedad, accidente o vejez. Si se perfeccionara sin límites esta vía, no nos moriríamos en el caso de que no lo deseáramos, debiendo  pagar, eso sí, esas sustituciones de órganos o células, o también podríamos hacer una huelga para que  lo pagara la seguridad social –incluso para los que no coticen, que somos muy humanos (al decir ser muy humano, siempre se quiere significar alguien con sentimientos muy buenos o extraordinarios, o sea una enantiosemia)-.

Si se te estropean los riñones, el corazón, los pulmones o cualquier otro  órgano, se cambian por nuevos y ya está; el cerebro comienza su deriva, y te inyectan poco a poco neuronas nuevas que vayan reemplazando a las muertas sin perder tu sustancialidad personal -faltaría más-, y todo esto completado con cremas antiarrugas hechas de células madre con el propio genoma, que rejuvenecerán nuestras pieles sin necesidad de operaciones estrafalarias.

Donatella Versace, antes y después. de sus operaciones.

Consentirán las Moiras un desarrollo total que daría al traste con su negocio? O quizá permitirán sólo la versión actual -mortal- de la inmortalidad, es decir, retrasar el envejecimiento, viviendo una vida plena y saludable mucho más larga cada vez, hasta que de repente fallezcamos, o nos fallezcan políticamente, por incapacidad presupuestaria para pagar pensiones…

Yo creo que las diosas, permitirán solamente la segunda opción, y en cuanto la ciencia perfeccione más y más la posible longevidad,  y siendo el de las parcas  el negocio -desde siempre- más seguro del mundo, tomarán medidas de marketing, apuntándose de forma inmediata a facebook, instagram, twiter,  vimeo, pinterest. flickr, ingur, linkedln y otros, publicando sus imágenes, pero no las de los museos y con pintas espantosas -como las de la pintura negra de Goya, que encima añadió una cuarta figura-, sino otras  en discotecas, playas haciendo kaysurf, o  en la nieve disfrutando del snowbord, y en los sitios más de moda, lo que hará morir de envidia a cualquiera de los influencers  top, que empezarán a apreciar lo esforzadas que son las Parcas o Moiras, que al margen de estar en sitios chupis, lo que hacen tampoco es TAN malo -por necesario- y que seguirán haciendo su trabajo noche y día,  festivos y lectivos.

Francisco de Goya y Lucientes. Atropos. 1819-1823. 123 x 266 cm. Óleo sobre muro al secco. Museo del Prado. Madrid.

Esta obra, es una de las catorce de las pinturas negras que el artista pintó en las paredes de su casa de la Quinta del Sordo, que fueron despegadas con la técnica del strappo  por Salvador Martínez Cubells y pasadas a tela, que hoy cuelgan en el Museo del Prado.  Aparece una cuarta  figura -además de las tres Parcas- con las manos atadas a la espalda, que podría  ser  un humano que es llevado por las Parcas a su destino,  la muerte.

Recomendaría a las Parcas, que en los textos que acompañen a las pics y en las propias fotos de sus redes, no utilicen mucho el humor negro, ni provoquen un espíritu trol, ya que se supone que lo suyo es una cosa muy seria y que sus constantes apariciones en sitios megaguays pueden hacer que surja la envidia y la controversia, e incluso, que en vez de diosas, les llamen brujas en las redes -sobre todo si se ha visto la obra del de Fuendetodos-.

Si reflexionamos sobre la vida, la muerte, el temor general que produce, y la búsqueda de la inmortalidad para poder escapar de la misma, se podría llegar a la conclusión, de que quizá lo bonito de la vida, su esencia, es el hecho de que sea finita, es decir, que tenga un final. Al estar condicionados por un tiempo, que inexorablemente tenga final, podemos tener sueños, esperanzas y deseos. A contrario sensu, si la vida fuera infinita, podríamos acabar con ausencia de ilusiones, y quizá ni queriendo vivirla.

Aviso: «En esta página está prohibido trolear».

Notas:

*Trol:

Por los de la generación Y y posteriores, se estableció  que un trol –en inglés troll (tipo de pesca: morder el anzuelo) es quien publica mensajes provocadores en un grupo en línea, con la intención de generar respuestas emocionales negativas, con fines diversos,​ o para alterar el tono normal en un tema de discusión, logrando que los usuarios se enfaden y se enfrenten entre sí.

*Expresión Irse al garete:

Posiblemente del francés, être égaré –andar perdido o extraviado-: cuando una embarcación pierde el control, va sin gobierno o es llevada por el viento o la corriente, se está yendo al garete, de ahí que con el tiempo se utilizase este término para referirnos a todo aquello que está predestinado al fracaso, a perderse, hundirse o malograse.