La Utopía Realista como posible recurso de los jóvenes actuales

La Utopía como Último Recurso Intelectual para los jóvenes actuales.

En el contexto contemporáneo, los jóvenes se enfrentan a desafíos significativos que afectan su camino hacia la independencia y la inclusión social. Las crisis económicas, el desempleo, la precariedad laboral y la desigualdad social, son solo algunos de los obstáculos que dificultan su desarrollo. En este escenario, la utopía puede emerger como un concepto relevante de recurso intelectual, que permita a los jóvenes imaginar un futuro mejor, y quizá, si nada cambia, pudiera constituir el último recurso -intelectual- para la juventud de hoy.

Los jóvenes actuales se enfrentan a un panorama económico que, en muchos aspectos, es desalentador. Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil se sitúa en un promedio global de alrededor del 14%, lo que significa que uno de cada seis jóvenes está sin trabajo. Este fenómeno se ve agravado por la precariedad laboral, donde muchos jóvenes son empleados en trabajos de salarios muy por debajo de sus posibilidades y rendimientos, o temporales o de tiempo parcial, que no les permiten la estabilidad necesaria para alcanzar la independencia financiera. El informe también destaca que el acceso a empleos de calidad se ha vuelto más difícil, lo que afecta las oportunidades de desarrollo personal y profesional.

Además, el aumento del costo de la vida ha hecho que la independencia económica sea un objetivo inalcanzable para muchos, aun cuando tengan buenos trabajos. En ciudades de todo el mundo, los precios de la vivienda han aumentado disparatadamente, haciendo que los jóvenes y no tanto, se vean obligados a compartir habitaciones, apartamentos o a vivir con sus padres, debido a la imposibilidad de pagar el alquiler, ni por supuesto, optar a una compra.

La educación, que tradicionalmente ha sido vista como un posible camino en la movilidad social, también presenta obstáculos significativos. El costo de la educación superior ha aumentado drásticamente en las últimas décadas, y muchos jóvenes deben trabajar para estudiar simultáneamente, o en otros lugares donde la educación superior funciona bajo el paraguas de préstamos del Estado, se enfrentan a deudas estudiantiles abrumadoras. En Estados Unidos, por ejemplo, la deuda estudiantil total ha superado los 1.7 billones de dólares, lo que ha llevado a muchos licenciados que deben devolver lo prestado, a postergar su independencia y a aceptar empleos que no requieran un título universitario.

El creciente coste de la educación y la competencia feroz por los puestos de trabajo, han llevado a una generación de jóvenes que, a pesar de estar más educados que nunca, se sientan desilusionados y atrapados en un ciclo de inseguridad económica.

La inclusión social es otro aspecto crítico que afecta a los jóvenes. Las disparidades económicas han llevado a la marginación de ciertos grupos, incluidos aquellos de minorías étnicas, inmigrantes y personas de bajos ingresos. Según un informe de Eurofound, los jóvenes de grupos desfavorecidos se enfrentan a barreras adicionales que dificultan su integración en la sociedad y su acceso a oportunidades. Esto se traduce en una menor participación en el mercado laboral y en la vida cívica, lo que perpetúa el ciclo de pobreza y exclusión.

 La Utopía como Recurso Intelectual

La utopía, en su sentido clásico, se refiere a la creación de una sociedad ideal, un lugar donde las condiciones son perfectas y todos los individuos pueden prosperar. En el contexto de los jóvenes, la utopía puede verse como un refugio ante la adversidad y como un motor de cambio, de esperanza.

Ya Tomás Moro en su obra Utopía -1516-, presentaba una sociedad ideal que contrastaba con las injusticias de su tiempo. La idea de una sociedad justa y equitativa puede servir de inspiración para que los jóvenes imaginen un futuro diferente, promoviendo la esperanza y la acción social. Describe una sociedad donde la propiedad es compartida y los conflictos son resueltos de manera pacífica, lo que invita a los lectores a reflexionar sobre las posibilidades de un mundo mejor.

Ernst Bloch en El Principio Esperanza -1954-, sostiene que la esperanza y la imaginación son esenciales para el progreso humano. Para él, la utopía no es solo un destino, sino un impulso vital que motiva a las personas a luchar por un futuro mejor. La utopía proporciona un marco para cuestionar el statu quo y aspirar a un mundo mejor. Bloch argumenta que la esperanza -además de virtud teologal- es un componente fundamental del ser humano, y que imaginar un futuro ideal, es lo que impulsa a la humanidad a seguir adelante.

La utopía puede ser considerada como un motor para la transformación social. Inspirados por visiones utópicas, muchos movimientos sociales han surgido a lo largo de la historia, buscando cambiar realidades injustas. La utopía puede motivar a los jóvenes a participar activamente en la lucha por la justicia social y la igualdad.

Ejemplos de movimientos inspirados por ideales utópicos incluyen entre otros el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, el feminismo y los movimientos ambientalistas. Estos movimientos, utilizaron y utilizan, visiones de una sociedad más justa y equitativa para movilizar a las personas y generar cambios significativos en la política y la sociedad.

También los jóvenes están cada vez más preocupados por el cambio climático y la degradación ambiental, lo que puede inspirar visiones utópicas centradas en la sostenibilidad de nuestro mundo y la justicia ambiental.

También hay filósofos críticos con la utopía:

Friedrich Nietzsche critica a las ideologías utópicas, argumentando que estas pueden llevar a la frustración y al desencanto. La búsqueda de una sociedad ideal, puede desviar la atención de las luchas reales y cotidianas que enfrentan los jóvenes. Nietzsche sugiere que la obsesión con lo ideal puede llevar a la negación de la vida y sus desafíos, creando una desconexión entre la aspiración y la realidad. La utopía puede ser vista como un mecanismo de escape que evita enfrentar los problemas reales.

Evidentemente, puede ocurrir que, en lugar de trabajar para mejorar su situación, los jóvenes puedan quedar atrapados en un mundo de fantasía que no aborda los problemas estructurales a los que se enfrentan en la realidad. Esto puede llevar a la inacción y a una falta de compromiso con el cambio real.

En el análisis de las críticas modernas a la utopía, se deben incluir las de Karl Popper, quien argumenta que las utopías pueden llevar a regímenes totalitarios, y cómo esto puede afectar la percepción de los jóvenes sobre la posibilidad de alcanzar una sociedad ideal.

Ante todo esto, surge la necesidad de propuestas alternativas:

El Realismo Crítico con un enfoque pragmático: en lugar de aferrarse a una utopía ideal, los jóvenes pueden beneficiarse de un enfoque más realista y crítico. Esto implica reconocer las limitaciones del mundo actual y trabajar hacia cambios sostenibles y alcanzables. La filosofía del realismo crítico, promovida por pensadores como Raymond Williams, sugiere que es posible imaginar un futuro mejor mientras se enfrentan y se abordan los problemas existentes.

También los Movimientos Sociales, como el activismo ambiental y los derechos humanos, u otros, ofrecen un espacio para que los jóvenes participen activamente en la mejora de su entorno. Estos movimientos pueden inspirar a los jóvenes a actuar en lugar de soñar sin acción. La historia ha demostrado que la acción colectiva puede generar cambios significativos.

Por ejemplo, los movimientos ambientales, como el movimiento Fridays for Future liderado por jóvenes, están utilizando visiones utópicas para abogar por un futuro más sostenible

La Educación en su sentido amplio es, sin duda, también un poderoso recurso para hacer fuertes a los jóvenes. Fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis puede ayudar a la juventud a comprender mejor su realidad y a buscar soluciones efectivas. La pedagogía crítica de Paulo Freire se centra en la educación como un medio para la liberación y el empoderamiento, animando a los estudiantes a cuestionar su contexto y a participar activamente en el cambio social. La educación no solo debe centrarse en la adquisición de conocimientos, sino también en fomentar la creatividad y la capacidad de imaginar futuros alternativos.

Promover la creación de redes y comunidades entre jóvenes pudiera ser clave para abordar problemas comunes y generar un cambio social significativo. Estas redes pueden facilitar el intercambio de ideas, la colaboración y el apoyo mutuo en la búsqueda de soluciones a los desafíos a los que se enfrentan, cogiendo entre pinzas el concepto de Ciberutopías que pudiera surgir de estos contactos más o menos amplios, donde los jóvenes imaginan un mundo mejor a través de la tecnología y las redes sociales, aunque a contrario sensu, también se podría discutir el potencial de la tecnología para crear divisiones y desigualdades.

La cultura visual y los movimientos artísticos pueden inspirar visiones utópicas y servir como plataformas para la crítica social, así como el arte y la literatura, que reflejan y construyen visiones utópicas. Las obras de ficción especulativa, por ejemplo, pueden ofrecer a los jóvenes un espacio para imaginar futuros alternativos y explorar las implicaciones de sus aspiraciones.

También la interseccionalidad -intersección de diferentes identidades sociales- debiera utilizarse para influir en las visiones utópicas de los jóvenes, creando un enfoque más inclusivo y representativo.

 Lo ideal podría ser una Utopía Realista:

En lugar de ver la utopía como una fantasía inalcanzable, puede ser útil conceptualizarla como un objetivo a largo plazo. La utopía puede servir como una guía que inspire a los jóvenes a trabajar hacia un futuro mejor, mientras que se enfrentan a los desafíos presentes con realismo y pragmatismo.

La idea de un futuro ideal puede ser un poderoso motivador para la acción colectiva. Al unir fuerzas, los jóvenes pueden desafiar las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad y la injusticia. La utopía, en este sentido, se convierte en una herramienta que guía la acción y el compromiso social, naturalmente excluyendo siempre la violencia.

La conclusión de que la idea de la utopía pueda ser el último recurso intelectual para los jóvenes de hoy, es compleja y multifacética. Por un lado, la utopía puede servir como fuente de inspiración y esperanza, motivando a los jóvenes a imaginar un futuro mejor y a luchar por él. Por otro lado, su idealismo puede llevar a la desconexión de la realidad, haciendo que los jóvenes eviten enfrentar los problemas críticos que afectan sus vidas.

Es esencial encontrar un equilibrio entre la aspiración a una sociedad ideal y el trabajo práctico para abordar los desafíos actuales. La búsqueda de soluciones realistas, el empoderamiento a través de la educación, la creación de redes, el arte y la literatura y la interseccionalidad entre diferentes tipos sociales, pueden ser estrategias efectivas para enfrentar la situación de los jóvenes en el mundo contemporáneo. Con estas ideas, se puede enriquecer el análisis sobre la utopía como recurso intelectual, proporcionando un enfoque más amplio y multidimensional. Esto no solo permitiría una comprensión más profunda de la situación actual en los jóvenes, sino que también podría inspirar nuevas formas de acción y compromiso en la búsqueda de un futuro mejor.

Música: 3  Doors Down: Here without you.