Los amores imposibles que sueño que quizá pude soñar. Parte 2.

Brujas fue durante mucho tiempo y hasta principios  del siglo XV, una ciudad muy importante y prácticamente el almacén textil de las ciudades hanseáticas. A principios del siglo XV, el crecimiento del puerto de Amberes hizo disminuir de forma clara su importancia en este sector, aunque el arte y la arquitectura continuaron floreciendo de forma creciente y sistemática, y la escuela de pintura flamenca, con Van Dyck y Hans Memling, entre otros,  produjeron obras de importancia singular, mientras que en  arquitectura se construyeron espléndidos edificios en estilo gótico tardío.

Iglesia de Nuestra Señora. Brujas. Terminada en siglo XV.

Te entregó tu padre en matrimonio, a pesar de mis súplicas para obtenerte,  a Adriaen Isenbrand, pintor flamenco del renacimiento nórdico, hombre de posibles -no como yo-, y no lo amaste a pesar de ser buen hombre,  y aunque el mundo opine que el amor puede nacer de la convivencia,  de tener un mismo objetivo en la vida y criterios similares para conseguirlos, y de un sentido del deber similar en un proyecto común,   pudiera ser  en realidad el tiempo vivido en común, que suele templar la pasión –con frecuencia- y que acerca la convivencia interior,   lo que pudiera permitir,  al menos o de algún modo, vivir juntos sin grandes sobresaltos, pero eso no es amor.

Adriaen Insembrand. María Magdalena leyendo. 1ª mitad del siglo XVI.. Óleo sobre ltabla. 45 x  34 cm. Museo del Prado. Madrid.

Tu marido Adriaen Isenbrand, se casó en segundas nupcias contigo, Clementine  de Haerne, en el año del señor de 1547, bellísima mujer de brillante cabello negro y ojos que parecían contener lirios por su color, tras llevar viudo diez años, desde 1537, y le diste en tres años  -no guardaste  el puerperio-, 2 hijas y un hijo. Murió Adriaen en 1551, dicen que por el exceso de polvo de cantáridas que se ponía en las tisanas, para poder proporcionarte mayor efervescencia amorosa.

Durante tu matrimonio, en el que fuiste tratada como noble relegada, se te consideró frívola, como a casi todas; cuando en tu viudedad fuiste noble sobre tu trono de la vida,  apareciste como mujer firme, inteligente e ingobernable.

Es claro que las mujeres viudas en esa época, aunque también las solteras y casadas, no solían tener voz ni voto, no disponiendo de sus vidas, haciéndolo por ellas sus padres, hijos o hermanos durante la viudedad y el marido, durante el matrimonio.

Por eso tuviste que casarte con quien no amabas, y al enviudar,  quisieron buscarte un nuevo enganche, y al negarte,  y ver tu rostro como un trasunto del dolor, te dieron la alternativa del recogimiento en un encierro semi-místico y entraste como beguina. Diste toda tu herencia a los cuatro hijos que quedaron en tu casa: los tres tuyos,  y el hijo de la primera mujer de la que enviudó  Adriaen -María Grandeel-, dejando una suma apartada para el mantenimiento de tu beguinaje hasta la muerte.

Por considerar la sociedad de la época, que por vuestra fisiología y natural, probada  y evaluada incapacidad  intelectual, las mujeres solo podíais dejar de ser la  encarnación del mal, si aceptabais la forma de vida impuesta por el hombre: ser obedientes, recatadas, humildes y enclaustradas, quedándote pues como alternativas, o un nuevo matrimonio o el claustro; elegiste el segundo con la modalidad aliviada del beguinaje, no teniendo ya más motor para vivir que la inercia de la desesperanza y la indolencia, sintiéndote enterrada en vida, y sin miedo al esperar el fin de la misma cuando llegara, ya que forma parte natural de los ciclos de la existencia,  y sabiendo que a donde fueres después, no habría nada nuevo ni distinto de lo de aquí: todo seguro que se parecerá a lo vivido, aunque con perspectiva distinta y quizá con diferentes parámetros temporales, siendo necesario recordar siempre, que para ser un poco felices, debemos poner límite a los anhelos y ambiciones personales, aquí y probablemente allí.

Amaneció otra vida para ti de forma lenta y perezosa,  viviendo  tu alma desvaída un lánguido y templado silencio durante un tiempo que debió ser escaso, pero en realidad para tí fue muy largo. Sentiste como todos seguían disponiendo de tu futuro, sin permitirte expresar cuales pudieran  ser tus sueños, deseos y anhelos. Yo mientras tanto, recordaba en la distancia, cómo deliraba de gozo mientras te abrazaba, enlazándote como una enredadera, y apretándome cuanto podía contra ti, para cubrir cada centímetro de tu cuerpo, que necesitaba para vivir.

Entiendo que quisieras alejarte de los hombres,  causantes principales de los males que te envolvieron a tí y a tantas otras mujeres, aunque te susurré en más de una ocasión, que a veces,  las normas sociales pueden condicionar la forma de ser de todos los seres humanos; en esa  época no había bien más preciado para el hombre que el honor, mucho más incluso que la vida. Un hombre sin honor no era nadie socialmente, y las mujeres, fueron las portadoras del honor del marido, su honra, siendo durante mucho tiempo las albaceas de la honra masculina. De ahí, el embridamiento de vuestras vidas ya que los hombres debían estar seguros de las actitudes de las mujeres que rodeaban su existencia, hijas, hermanas, esposas…

Los beguinages o beguinajes eran lugares donde  vivían las beguinas. Solían estar constituidos por un par de filas de casitas unidas por pasillos, con despensas, enfermería e iglesia, todo alrededor de un patio o jardín, estando rodeados de pequeñas murallas y separados de la ciudad por varias puertas que se cerraban por la noche; eran  poblados unidos a las poblaciones, típicos de Flandes y Países Bajos. Tú, Clementine te refugiaste en el beguinaje de Brujas.

Beguinaje  de los Países Bajos.

Las beguinas procedían de un amplio espectro social, aunque solo se admitía a mujeres pobres si tenían benefactor que pagara sus gastos, siendo todas mujeres devotas, tanto religiosas como laicas, que se comprometían por votos de tipo monástico, viviendo de forma autónoma y no dependiendo de ninguna jerarquía religiosa ni laica, y aunque dedicaban mucho tiempo a la oración, no eran de clausura, pudiendo salir a la ciudad durante el día, si lo deseaban.

Mientras y como siempre, yo te anhelaba…

To be continued in part 3.