Franco: DICTADOR, GOLPISTA y GENOCIDA? Introducción. Las dictaduras. Parte 1.

El maniqueísmo sesgado de algunos políticos y personajes de la información, que conducen el pensamiento de una sociedad inculta y sin ganas de aprender, y aún menos de reflexionar, sobre lo que le cuentan, ni de contrastar lo que oyen recordar lo de María Rey en Telemadrid 2 de mayo que se lo tragó el 72% de los que lo  vieron y oyeron , logran con éxito manipular nuestra historia -especialmente la cercana-, hasta conseguir que la opinión de una gran parte del pueblo español y de forma bastante generalizada -sin saber ni quien fue- tengan una opinión pésima del que fue Jefe del Estado hasta hace unos años, de asesino, genocida desalmado y militar ceporro; yo, que estoy harto de oír día tras día, mes tras mes y año tras año -desde que ni me acuerdo- y sin ser, ni haber sido franquista en vida del General, ni anti ahora, aunque me tocó por edad vivir esa fase de nuestra historia hasta los 28 años, me dejo llevar, y saliendo a la palestra -espero que sin borbotones-, pretendo decir algo, aunque sólo sea para contrapesar a esa gran mayoría de manipuladores de la incultura, que sin saber nada -y lo poco que saben es de oídas-, o de los que conociendo la historia por vivida, aprovecharon la ola sunámica que ellos mismos produjeron tras el fallecimiento del General en 1975, llevando 44 años en la tabla de surf, viviendo de explicar -mamandurria- lo mucho que lucharon para conseguir una sociedad de libertades, que por otra parte, y para una gran mayoría de españoles, maduros y menos, produce hoy desánimo, tristeza y algunas veces ganas de vomitar; lo que me anima a escribir acerca de este tema, es intentar ajustar los conceptos a la realidad y a la historia –derivando por cerros culturales  a veces ignotos, por lo que pido perdón-, y con la reflexión, aprender, señalando que las mentiras no deben obviarse nunca, aunque a veces dejemos la verdad en el olvido, excepto que  deseemos vivir en un mundo de irrealidades.

Creo que políticamente he estado SIEMPRE en el mismo sitio político desde que me alcanza el recuerdo, habiendo sido nuestra sociedad la que en general se movió hacia la izquierda desde los años 60 hasta ahora. Cuando era joven me decían que era insuficientemente de derechas, mientras que ahora me tildan de muy conservador; pues creo que yo me he estado quieto, y lo que ha derivado hacia la izquierda, ha sido la sociedad en general.

Es bastante obvio que puede juzgarse la historia de una época en cualquier momento, pero no debería hacerse con los parámetros de cinco décadas después -especialmente ahora que se producen cambios en los valores a una velocidad de vértigo-, ni con una cultura diferente de la que se vivió en el período juzgado. Es necesario juzgarla con los valores, costumbres, leyes y entornos de esa época, y eso siempre se obvia, para inculcar el odio histórico a los necios: “fíjate en la época de Franco se daban normas y había que cumplirlas por narices…y si no te daban…”. Entonces ser gay con publicidad, era malo de cárcel y ahora no, de lo que todos nos alegramos -supongo- y también lo hacemos de qué algunas gentes hayan peleado para que esto haya ocurrido…, pero el que eso fuera así, no descalifica a nadie, era otra época y otros valores sociales.

Los adjetivos que salen habitualmente de las bocas retorcidas y sucias, con lenguas aviesas, de los manipuladores -los más tontos e incultos hasta llegan a creérselas- para adornar la figura del general Franco, son dictador, genocida asesino y usurpador golpista.

Comenzaremos por el adorno de DICTADOR  y para ello analizaremos la historia. La definición de dictador aparece en el diccionario de la RAE, como persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica. También, como persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás.

Como se sabe LA DICTADURA, fue una magistratura excepcional creada por el pueblo de Roma durante la República -antes hubo 7 reyes y después 87 emperadores en el Imperio de Occidente que fueron dictadores, por ser su poder casi absoluto-.

El Senado romano se reunía con carácter extraordinario, cuando se producía un hecho vital y urgente -generalmente las reuniones ordinarias eran nada interesantes para los ciudadanos y sí de interés para los senadores y sus clientes al objeto de conseguir más riquezas y cuotas de poder-, para nombrar un dictador y senador del pueblo,  con todos los poderes durante un período de tiempo, para que les fuera resuelta una papeleta grave, y que con el poder atomizado, no era posible resolver.

La dictadura se creó en momentos de extrema necesidad, siendo utilizada esta magistratura especial durante los 482 años -509 a.C. a 27 a.C.- de duración de la República de  Roma, casi 90 veces; la mayoría de las veces en virtud de una Rei Gerundae Causa (para llevar a cabo una guerra), pero algunas otras, para sofocar sublevaciones latinas o desórdenes internos, para garantizar el orden en comicios complejos, o para cumplir ritos religiosos importantes.

El dictador era nombrado normalmente entre uno de los cónsules en ejercicio, a instancia del Senado, recibiendo poderes extraordinarios y BASTANTES para garantizar el cumplimiento de la misión, y acabar con la situación que generó la necesidad del nombramiento; entre esos poderes, estaba desde luego, el mando supremo del ejército –general de la infantería o magister populi, la capacidad para llevar a cabo cualquier acción sin necesidad de consultar al Senado o al Pueblo, y  la POTESTAD  de juzgar y castigar a quien fuere, sin opción a apelación, no pudiendo sin embargo disponer del Tesoro Público sin la autorización del Senado, ni abandonar la península itálica, estando obligados a rendir cuentas de sus acciones tan pronto terminaba el ejercicio de su autoridad.

El puesto llevaba incorporado la potestad de nombrar al magister equitum, su segundo al mando, para mandar la caballería,  disponiendo de un grupo de 24 lictores -el doble que los cónsules, que iban acompañados por 12- que marchaban siempre con él a todos los actos públicos, para su protección, honor, y ejecución, cuando procediera, de ciudadanos romanos, siendo los  portadores del imperium, es decir, de los derechos y prerrogativas inherentes a la autoridad del que acompañaban, constituyendo uno de los elementos más característicos del simbolismo constitucional romano.

Los fasceshaz de lictores, eran 30 varas de abedul u olmo -una por cada curia de la antigua Roma-, atadas de manera ritual con una cinta de cuero rojo, formando un cilindro que sujetaba un hacha.

Lictor portando fasces.

El poder absoluto que acumulaba el dictador, recomendaba la brevedad del cargo, que solía ser de un máximo de 6 meses.

Esta magistratura excepcional no tenía que estar asociada a la tiranía, habiendo cumplido casi siempre con éxito las misiones encomendadas, siendo la mayoría recordadas por la historia y por el pueblo, por su patriotismo.

Cabe destacar a Tito Larcio Flavo, primer dictador de la República, que fue investido para obligar a los plebeyos a presentarse a la recluta para las legiones, sofocando una sublevación de los mismos, y a Marco Furio Camilo, que fue dictador en cinco ocasiones, siendo considerado tras sus cinco dictaduras «Segundo Fundador de Roma».

Marco Furio Camilo.

Tras la Segunda Guerra Púnica -218 a.C. a 201 a.C. entre Roma y Cartago-, esta magistratura cayó en desuso, quizá por temor al abuso de la misma y posible derivación a una Tiranía. En momentos de emergencia se recurrió al Senatus Consultum Ultimum, un decreto que declaraba el estado de excepción, y ampliaba el poder de los cónsules, en lo considerado necesario.

En el año 90 a.C. se produjo la conocida como Guerra Social  o Civil del 90, consecuencia de la sublevación de los soldados latinos de Roma –itálicos no romanos- que terminó con SILA convertido en un héroe, aniquilando a las bandas samnitas de Esernia, presentándose en el Senado como el sofocador de la rebelión. Obtuvo así el consulado, en el año 88 a.C., junto a Quinto Pompeyo Rufo,  y se postuló para el mando de las legiones contra el rey Mitríades VI del Ponto.

Una vez nombrado cónsul Sila, Cayo Mario maniobró para que el Senado cambiara el nombramiento, y recibir él esta responsabilidad, lo cual fue considerado por Sila  una grave ofensa, lanzándose con las seis legiones que ya había alistado para la guerra en Oriente contra Roma, siendo la ciudad ocupada en el 88 a.C. Una vez Sila marchó hacia Oriente de nuevo, Mario -contumaz- reunió de nuevo apoyos y junto a Cinna, reconquistó Roma en el año 87 a.C., manchando las calles de sangre, en una represión interna sin precedentes contra los aliados de Sila. Mario y su aliado Cinna se declararon cónsules para maquillar el hecho de haber asumido el poder a la fuerza, consiguiendo que Sila fuera declarado enemigo de Roma, pero de forma repentina.  Cayo Mario falleció, dejando descabezado el bando de los Populares frente a los Optimates de Sila. Dos años después, también murió Cinna durante un motín militar, quedando los Populares sin  un líder carismático.

Al regreso de Oriente en el año 83 a. C., Sila vengó todas las afrentas sufridas, atacando a los Populares en una Guerra Civil que duró dos años. Al final del conflicto, los Optimates capturaron más de 12.000 Populares, que fueron recluidos en el Campo Marcio, siendo más de 3.000 ejecutados por orden de Sila. Su victoria fue seguida de una dictadura –posiblemente auto dictadura, POR PRIMERA VEZ por tiempo ilimitado, aunque sólo duró los años 82 y 81 a.C.

Lucio Cornelio Sila.

Sila llegó con el fantasma de la tiranía bajo el brazo: reformó las leyes y restableció el orden, pero todo eso llegó acompañado de proscripciones, confiscaciones y ejecuciones de sus enemigos. Tras dos años y medio, renunció voluntariamente al puesto y se retiró a una villa, donde no tardó en morir.

Por último mencionar a CAYO JULIO CESAR -también posiblemente auto nombrado por presión al Senado- investido primero por cinco años Dictador Rei gerundae causa, y en el año 44 a.C. Dictador Perpetuus. A su muerte por asesinato, la institución fue abolida por Marco Antonio, aunque 17 años más tarde llegó al trono el primer emperador de Roma, el hijo adoptivo de Cesar, Cayo Julio Cesar  Octaviano Augusto, teniendo a partir de ahí los  emperadores  un poder casi omnímodo.

Cayo Julio César. Nicolás Costou. Museo del Louvre. París

En resumen, la institución de LA DICTADURA fue de gran importancia y utilidad en el Imperio Romano, sin embargo, las virtudes del afán de servicio a los demás, de los primeros dictadores, dieron paso a ambiciones desmedidas, convirtiendo la dictadura en instrumento de tiranía con Sila y con Julio César.

To be continued  in part 2.