Perdido en el tiempo a la búsqueda del Teatro Real de Madrid. Parte 1.

Con un par de entradas en el bolsillo para asistir a la ópera Das Rheingold de Wagner en el Teatro Real de Madrid, salimos de casa con tiempo bastante para ir en transporte público, pero tardamos 13 siglos en llegar…

En 852, Muhammad I, quinto emir independiente de Córdoba, hijo de Abderramán II, mandó construir en una colina al norte del río Manzanares -en donde hoy se encuentra el Palacio Real-, un puesto militar para controlar el paso hacia y desde el puerto de Guadarrama. Mayrit, así denominado el puesto, nació como enclave castrense de la Marca Media  musulmana -con capital en Toledo- que llegaba hasta la sierra de Madrid, frontera parcial entre las dos submesetas de la Meseta Central.

Para la defensa del puesto militar se  construyó una muralla, en fecha indeterminada entre los años 860 y 880, quedando fuera de la misma una amplia vega cultivable y de fácil acceso a reservas acuíferas. Para apoyar este sistema defensivo, se construyó  una atalaya islámica -como era habitual-, la Torre de los Huesos, de planta cuadrangular, construida en mampostería y sillares hechos de piedra caliza y sílex, localizada fuera de la ciudadela, vigilando la zona  del barranco del arroyo del Arenal, en la zona noroeste del puesto militar, próxima al lugar ocupado actualmente por el Palacio Real. La torre tomó su nombre, por la proximidad del antiguo cementerio islámico de la Huesa del Raf, y no como cuentan algunos, por despeñar presos y huesos cristianos, aunque naturalmente ese hecho pudiera haber sido  verídico.

Resto de la Torre de los Huesos, en el primer tramo del aparcamiento subterráneo de la Plaza de Oriente, en vitrina visible.

 

Restos de la muralla musulmana de Madrid en las inmediaciones del Palacio Real.

Mayrit, probablemente proviene del nombre de lengua romance Matric, que a su vez deriva del latín  Matrice –madre de aguas o arroyo matriz-, por el arroyo de San Pedro que discurría entre los dos cerros que hoy están a ambos lados de la calle Segovia, al que hay que añadir el sufijo it –abundancia, en árabe andalusí o mozárabe-.

El  puesto militar de Mayrit creció, dividiéndose  en dos núcleos muy próximos: El Alcázar o fortaleza para las tropas, se construyó en el cerro que hoy son los terrenos que ocupa el Palacio Real, con su propia muralla, y al sur del mismo, la al-mudayna o ciudadela, en donde vivía la población civil, separada de la fortaleza por una vaguada  y fortificada de manera independiente, para impedir sublevaciones de la población, en su mayoría de origen bereber, teniendo su propia mezquita mayor o aljama, la Mezquita Kebira.

Muralla musulmana desde el Alcázar  a la Puerta de la Vega.

Para el abastecimiento de aguas de Mayrit, los árabes diseñaron una serie de conductos y alcantarillados que llevaban el agua al centro de la población, en donde sus habitantes la utilizaban en caños y fuentes públicas, entre las que cabe mencionar la Fuente de los Caños del Peral, que se ha encontrado recientemente, creando un  museo para su exposición.

En el siglo X, Abd al Rahmman III, califa cordobés, ordenó reforzar la muralla, después de haber sufrido varios ataques de cierto peligro, como la del rey Ramiro II de León en 932, siendo empleada posteriormente la plaza de Mayrit por Al Mansur –Almanzor- en 977,  como base de partida de su campaña militar hacia el norte.

Toledo cayó en manos cristianas, siendo conquistado por Alfonso VI en 1085, por lo que Madrid –Mayrit-, que cayó en la misma  campaña, es posible que fuera ocupada por el rey Bravo  –ya entonces con las coronas de Castilla, León y Galicia  en sus sienes- un par de años antes -1083-. En 1085 -tres siglos después de ser escondida por los cristianos para hurtarla de la destrucción musulmana-, se encontró la imagen de Santa María la Real de la Almudena, antes denominada Santa María la Mayor, en uno de los cubos de la muralla, cercana a la llamada puerta de la Vega, siendo colocada por Alfonso VI en la antigua mezquita aljama -ya cristiana-, que fue denominada Santa María de la Almudena hoy Catedral de Madrid-para su culto y devoción por la Corte y el pueblo de Madrid.

El asedio a la fortaleza musulmana de Mayrit fue feroz y de ahí puede venir el nombre que se les da a los madrileños, “gatos”; en el asedio a la ciudad, un soldado cristiano escaló la muralla de defensa ayudado de una soga y su daga, clavando la misma en pequeños agujeros entre las uniones de las piedras, ayudándose así para subir, con bastante agilidad y rapidez. Sus compañeros de armas, asombrados de la valentía y agilidad del atacante, susurraban que subía como un gato. Consiguió entrar en la fortaleza, permitiendo a su ejército lanzar un ataque sorpresa. La leyenda cuenta, que gracias al intrépido y ágil Gato se pudo conquistar la población. Este especial gentilicio se ha hecho extensivo desde entonces, para cualquiera de los naturales de Madrid.

Tras la conquista de Madrid por Alfonso VI, se construyó una segunda muralla, de mayor perímetro conocida como muralla cristiana, constituyéndose la población madrileña en baluarte defensivo contra los musulmanes. Se construyó otra torre albarrana en la nueva muralla que se denominó Torre Alzapierna o Gaona, cumpliendo además de la misión de vigilancia, la de protección a las fuentes de los Caños del Peral -en la actual Plaza de Isabel II- y de seguridad a la Puerta de Valnadú, uno de los cuatro accesos de la nueva muralla, estando por tanto la puerta de Valnadú -derribada en 1567- flanqueada por las dos torres, la de los Huesos y la de Alzapierna.

Restos de muralla cristiana.

La  derrota en Uclés , frente a los almorávides en 1108, de las fuerzas de Alfonso VI,   comandadas por su hijo y heredero Sancho Alfónsez -que murió a consecuencia de la batalla-, al encontrarse el rey en Sahagún recién casado y convaleciente de las heridas recibidas en la batalla de Salatrices, supuso un frenazo de más de 30 años en la Reconquista. Poco después del contratiempo de Uclés, también murió el rey Alfonso VI El Bravo.

Animado por su éxito, Alí Ben Yusuf, rey almorávide, sitió Madrid en 1109, acampando frente al Alcázar en lo que hoy conocemos como Campo del Moro -de ahí su nombre- conquistando el alfoz  -término rural geográfico que quiere decir lo que pertenece al concejo de la población-, la muralla exterior y la medina, pero sin poder entrar en el Alcázar defendido por la muralla interior. Al tiempo,  el ejército almorávide fue diezmado por una epidemia de peste y regresó a  Sevilla.

Pero no fue hasta la victoria de las Navas de Tolosa -1212- cuando Madrid pudo encontrarse segura, sin temor a razzias o asedios esporádicos. Previamente, en 1202, le fue concedido por Alfonso VIII el fuero de villa, por necesidades de carácter administrativo, penal y procesal. Los ayuntamientos en Madrid aparecen con Alfonso XI, que instauró una corporación de doce regidores, celebrándose Cortes en la iglesia de San Martín y en la de  San Jerónimo. Madrid fue residencia habitual de Juan II -padre de Isabel la Católica- y Enrique IV -hermanastro de la misma y «padre» de la Beltraneja-, quien le concedió el título de “muy Noble y muy Leal»  villa.

Iglesia de San Martín.

Así creció Madrid, pero dejando extramuros la zona donde hoy se encuentra la plaza de Isabel ll, tras el Teatro Real y en frente del Palacio de Oriente, un arrabal abundante en arroyos y manaderos de agua, que dio lugar a la existencia de numerosas huertas y a la ubicación en la misma de industrias de curtidos –tenerías que producían grandes pestilencias fétidas y perniciosas para la salud, y otras de alfarerías, carnicerías y pescaderías, que podríamos considerar insalubres y poco agradables para estar cerca de la población.

Dibujo del Alcázar de Madrid de J. CorneliusVermeyenen. 1534-1535. A la izquierda en rectángulo muralla musulmana en estado avanzado de deterioro.

Cuando Felipe II decidió llevar su Corte a Madrid en 1561, se consideró necesario embellecer y adecentar los alrededores del Alcázar, ahora de los Austrias, y ello afectó a esa zona “industrial”. Los negocios de tenerías, fueron trasladas a la Ribera de Curtidores  -de ahí el nombre-, y para que los manaderos de agua fueran aprovechados, mandó construir en 1565 a Juan Bautista de Toledo una fuente -sobre la de los Caños del Peral-, que así se denominó, con seis fuentes y  lavaderos públicos de 57 pilas, para que se pudiera aprovechar el agua sobrante de la fuente. El uso del lavadero fue arrendado por el Ayuntamiento, hasta que en 1663 lo vendió, por los problemas que le suponía el alquiler.

Para hacer practicable el arroyo del Arenal ,se destruyó el edificio incluido en la elipse, con cuyos restos se niveló la zona y comenzó la calle del Arenal. El Alcázar y las Fuentes de los Caños del Peral  se señalan con rectángulos de vértices romos.

La Fuente de los Caños del Peral  constaba de seis caños, cinco estaban dispuestos en un frontispicio  y el sexto formaba  ángulo en su extremo norte -que es el que ha recuperado la modernidad y el museo-, estando el recinto rodeado de altos muros para proteger el lugar de arrastres de barro y basuras; vecinos y aguadores cogían agua o esperaban turno para llenar sus cántaros y cubos, mientras las lavanderas lavaban la ropa en los lavaderos. El trabajo de los aguadores era fundamental para el abastecimiento de la capital que no dispuso de agua corriente hasta la construcción, para traída de la misma, del Canal de Isabel II, a mediados del siglo XIX. Hasta entonces, el agua fue vendida en la calle o  trasladada de las fuentes a las casas por los aguadores, gremio formado por  gallegos y asturianos.

Madrid y su Alcázar en 1561, cuando Felipe II trasladó la Corte a la Villa.

La Fuente de los Caños del Peral desapareció de la vista de los madrileños a principios del siglo XIX; el espacio conocido como plazuela de los Caños del Peral fue nivelado -era un gran desnivel abarrancado- y ensanchado, dando lugar a la actual plaza de Isabel II -donde muere la calle del Arenal-, cuyo principal edificio es el Teatro Real -su parte trasera da a la plaza-, erigido sobre el solar donde estuvo hace casi 400 años el Teatro de los Caños del Peral, situado sobre el terreno antiguamente ocupado por los lavaderos públicos de la fuente del mismo nombre.

To be continued in part 2.