Defensores y detractores de la Utopía. LAS DISTOPÍAS. Lo que pudiera venir. Parte 3.

Naturalmente, ha habido, hay y seguro que habrá, defensores y detractores del PENSAMIENTO UTÓPICO.

Los detractores, señalan que la imposibilidad de realización de las utopías ha causado grandes males anímicos y físicos al ser humano, al no reconocer los límites que impone la realidad antes de abordar la utopía. También argumentan, que la aplicación de ideas para lograr utopías ha perjudicado más a los que más debería haber beneficiado, porque normalmente, para la aplicación de utopías sociales son necesarios la implantación de regímenes totalitarios con fuertes dosis de planificación, recurriendo a la violencia para el establecimiento de la misma, con recortes enormes de libertades y mayores desigualdades. Algunos toman el poder para la aplicación utópica,  y se convierten en la nueva clase social privilegiada…, «porque para intentar alcanzar la utopía es necesario eliminar cualquier oposición»; la implantación utópica, suele llevar consigo la mochila del Totalitarismo -distinto de la Dictadura-, el más terrible de  todos los despotismos, que siempre suele llevar el disfraz de la Libertad, y es que el desempeño sin control e impuesto como necesario -con la excusa de conseguir el objetivo utópico- de la autoridad, genera más ambición de la misma, lateralizando entonces el objetivo  inicial para el que se aplicó.

De ahí, que los críticos utópicos, propugnen la necesidad de abandonar las utopías, sustituyéndolas por la resolución de problemas concretos, que sean realmente abordables.

Entonces, ¿hemos llegado al fin de la utopía social? Los filósofos actuales analizan los acontecimientos  sucedidos y les hace ser pesimistas, ya que el avance de la ciencia que se preveía la panacea, ha solucionado muchos problemas, pero también, como anunciaron los anti utópicos, ha llevado a situaciones de desastre  como las catástrofes nucleares o la destrucción del medio ambiente. También, que los intentos de conseguir una sociedad igualitaria, ha convertido a algunas sociedades en regímenes totalitarios y fuertemente burocratizados.

Por otra parte, la sociedad de mercado, que se muestra con frecuencia como la “única utopía realizable”, es incapaz –o no quiere- de hacer frente a una situación general, en la que muchos de los habitantes de nuestro planeta se encuentran en condiciones de extrema pobreza.

Por último, las posibilidades y la velocidad de comunicación entre pueblos y personas, llevan a ir unificando cada vez más las costumbres, las culturas y el conocimiento, homogeneizando las identidades individuales y colectivas, contribuyendo a la falta de imaginación para hacer frente a los problemas.

DADO el  agotamiento de la perspectiva utópica según los detractores del pensamiento utópico, ¿debemos renunciar a la utopía?

No se debería negar la posibilidad de la aplicación utópica, porque se considere que ya se ha realizado o que nunca se podrá realizar. Ambos extremos son erróneos: no se trata de convertir el pensamiento utópico en una teoría científica que debe aplicarse y cumplirse con precisión, ya que entonces desaparecería la iniciativa; se trata de intentar abrir nuevos caminos desde la utopía, descubriendo posibilidades diferentes en lo que sea realizable.

El modelo de una sociedad justa en el siglo XXI que sirviera como horizonte de referencia para el pensamiento utópico, debería estar sustentada sobre dos pilares básicos:

El pilar ético con los valores básicos de libertad, igualdad y solidaridad,  de los derechos humanos y el respeto al medio ambiente para establecer la posibilidad de un mundo duradero.

El contenido utópico, con utopías que incluyan propuestas concretas sobre cómo organizar la sociedad, la economía, la sociedad civil, el trabajo,  la vida en común, etc…

Todo debe conjugarse para que la utopía pueda cumplir su función básica de ayudarnos a superar lo existente en cada momento. Ser utópico, pudiera ser sinónimo de realista, ya que se debe buscar descubrir nuevas posibilidades que sean realizables; renunciar a la posibilidad de aplicar la utopía, sería ser conformista.

LAS DISTOPÍAS.

Una distopía es un relato que nos describe un lugar y situación imaginarios, que podría convertirse en real, donde las personas llevan una vida deshumanizada y siempre bajo el imperio del miedo; se denomina también utopía negativa y antiutopía.

En un momento en que los avances técnicos han crecido exponencialmente con relación a lo que había hace 30 años, se escriben historias y se hacen películas futuristas, en las que se ve a los  habitantes de Nueva York, en el año 2098 por ejemplo, con chaquetas de cuero con clavos, peinados punks y todo muy sucio y pobre, y quitando a algunos privilegiados –la mayor parte funcionarios y algún riquísimo- todos viviendo en los túneles del metro y pasando grandes penurias, o tipo películas Mad Max, un mundo prácticamente acabado; eso son distopías, que ya han recibido la consideración de género literario y cinematográfico.

Las utopías deben proponer alternativas que mejoren las cosas, mientras las distopías simplemente describen una situación que no parece la mejor para el ser humano y a la que se llegará si no cambia la forma de actuar del mundo. Las distopías son pesimistas, ofreciendo imágenes de futuro, involutivas, hacia tiempos de antes de las revoluciones industriales o directamente hacia el desastre total.

Las distopías tratan de crear situaciones que produzcan temor, mostrando las debilidades de nuestro mundo, cómo la explosión demográfica, las carreras armamentísticas, la degradación del medio ambiente, el mayor poder de la ciencia que aumenta por días hasta poder absorbernos, y la lucha por el poder entre las multinacionales tecnológicas y los gobiernos -estos últimos, cada vez más irrelevantes en favor de las primeras-, produciendo todo ello miedo ante un futuro incierto: las obras de Un mundo feliz, de Aldous Huxley –publicada en 1932-1984, de George Orwell –publicada en 1949- y Farenheit 451, de Ray Bradbury –publicada en 1953-, son distopías clásicas de la primera mitad del siglo XX.

CONCLUSIÓN PERSONAL DE LO QUE PUDIERA Y DEBIERA SER:

Se pasó de la lucha y  venganza del proletariado –desde principios del siglo XX– contra el intento de mantenimiento de los estatus establecidos por los conservadores o inmovilistas –lucha y defensa que hicieron avanzar al mundo-, a la política del postureo y de  la imagen actuales. 

Ahora, en la mirada de los ciudadanos de un lado y de los del otro, de todos, en el fondo, ya sólo hay miedo por el futuro -distopía-, y para la gestión de nuestro miedo, cualquiera puede ser malo o bueno o inerme.

Los políticos de un lado gritan desaforados por la revolución, y los del otro por lo contrario, pero todos lo hacen sin conocimiento alguno de lo que depararía lo que demandan con tanto ardor; de ahí quizá nuestros miedos.

Lo que ocurre, es que cuando se es joven, la manta se lía sola a la cabeza con facilidad y sin mucha reflexión, en la confianza –dada la juventud- de que habrá tiempo para rehacerse del fracaso si lo hubiere, pero  debe ser tenido en cuenta, que en esos movimientos con escasez de prudencia a nivel de conducción de las sociedades, se va a arrastrar también a los que ya no tendrán tiempo para recuperarse, y a los que aún no les ha dado tiempo ni a ser jóvenes…

Un cínico/irónico diría o podría pensar, que necesitamos una nueva demagogia o varias, pero no necesitamos demagogia alguna. Lo que realmente hace falta, es un grito político que haga frente a la aflicción de fondo que invade al ciudadano, pero no para romper sistemas, sino para hacerlos evolucionar contra el paralizante instinto de conservación que amenaza con consolidar las ruinas económicas,  morales y de valores que  tenemos ahora, a la que nos conducen con obstinación los de un lado y los de otro.

Alguien debe incluir el futuro en su programa político; no sólo para extraer la contaminación de las ciudades, ni para permitirnos viajar por fibra óptica a velocidades insospechadas, ni para que la fiesta Word Pride sea la más chupi del universo, ni para que haya ley de huelga  que permita las presencias holográficas, ni que no la haya, ni para subvencionar a los vagos, ni para expulsar a las pateras o lo contrario…ni aún para que a los políticos, y a los que roban se les pueda impedir robar. El futuro, abandonó la Política y DEBE REGRESAR: ya sólo se utiliza para las predicciones distópicas, cosa que produce  melancolía desmesurada…

La Democracia, ha liquidado conceptualmente la revolución/evolución social y política, y la solución de los graves problemas sociales no podrá llegar con las herramientas políticas y técnicas hoy utilizadas, sino con las que se creen a partir de ahora. Nacen nuevos políticos condenando nuestros males, pero sin creatividad, sin ofrecer soluciones plausibles, sin crear utopías…o sea más de lo mismo. Puede verse en Europa como los que van llegando al poder: ultraderechas, verdes, populismos de izquierda y media pensión…, en cuanto llegan a los Gobiernos…languidecen…aunque tengan que seguir vociferando su discurso, para no dar imagen de desestimiento.

Sin política es difícil que haya  futuro, y la política de hoy se ha vaciado de tal modo, que habrá que conceptualizar una nueva forma de hacerla para poder caminar hacia el porvenir;volver a las utopías, y por tanto al reaccionarismo de revoluciones firmes, aunque  pacíficas naturalmente, para cambiar los sistemas políticos de la Democracia actual. PUEDE que la democracia, tal y como hoy se entiende,  ya esté condenada a su desaparición, o  quizá NO…

La historia no debe ser olvidada:  Roma se pasó tras 249 años de Monarquía -7 reyes-, y 482 de República, con utopías, y más tarde el Imperio hereditario se disolvió porque dejaron de tenerlas…